Martes semana 18ª Tiempo Ordinario (7 agosto 2018)

De Corazón a corazón: Jer 30,1-2.12-15.18-22 (“Me apiadaré… Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios”); Mt 14,22-36 (“Soy yo… ven… ¿por qué dudaste?”)

Contemplación, vivencia, misión: Los discípulos, en medio del mar, confundieron a Jesús con un fantasma. Pero el Señor siempre acompaña haciéndose presente: “Soy yo”. Para salir de las propias pesadillas y espejismos, hay que escuchar su voz (“ven”) y seguirle confiando en él. Apoyarse sólo en las propias fuerzas equivale a hundirse en el caos de la autosuficiencia o del escrúpulo. Dios nos ama tal como somos, queriendo compartir con nosotros su intimidad y su misma vida. “La primera de estas grandes notas (de santidad) es estar centrado, firme en torno a Dios que ama y que sostiene…A partir de tal solidez interior, el testimonio de santidad, en nuestro mundo acelerado, voluble y agresivo, está hecho de paciencia y constancia en el bien” (Gaudete et exsultate, n.112).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Quienes encontraron a Jesús, se dejaron sorprender por su bondad y cercanía: “Si quieres, puedes curarme”, “el que amas está enfermo”, “tú sabes que te amo”. Todo es armonía con la plegaria mariana: “Ha mirado la nada de su esclava” (Lc 1,48)

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