Jueves semana 23ª Tiempo Ordinario (13 septiembre S. Juan Crisóstomo)

De Corazón a corazón: 1Cor 8,1-7.11-13 (“¡El hermano, por quien murió Cristo!”); Lc 6,27-38 (“Amad… haced bien… bendecid… Sed compasivos como vuestro Padre”)

Contemplación, vivencia, misión:La regla de oro es el amor. En la comunidad eclesial de Corinto no se entendían, perdidos en discusiones estériles (como hoy). San Pablo invita a escuchar y comprender  a todo “hermano, por quien Cristo ha muerto”. Jesús había llamado a reaccionar siempre amando a todos y en toda circunstancia, para vivir en sintonía con la comprensión misericordiosa de Dios, quien nos pide amor y lo hace posible. “En contra de la tendencia al individualismo consumista que termina aislándonos en la búsqueda del bienestar al margen de los demás, nuestro camino de santificación no puede dejar de identificarnos con aquel deseo de Jesús: «Que todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti» (Jn 17,21)” (Gaudete et exsultate, n.146).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: La conversión al amor es el cambio del “corazón”, dispuesto a mirar a todos con la misma mirada de Jesús. En las bodas de Caná, María supo comprender las palabras y la mirada de su hijo, porque siempre las meditaba en su corazón. Y entonces se realizó el milagro del “vino bueno” (Jn 2,3), pero “en odres nuevos” (Mt 9,17), en nuestro corazón abierto al amor.

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