Exaltación de la Santa Cruz (viernes 14 septiembre 2018)

De Corazón a corazón: Núm 21,4-9 (“Moisés puso una serpiente de bronce en un mástil”); Fil 2,6-11 (Cristo “se humilló, por lo cual Dios lo exaltó”); Jn 3,13-17 (“Así tiene que ser levantado el Hijo del hombre”)

Contemplación, vivencia, misión: La “Cruz” es la máxima prueba del amor: darse a sí mismo llevándonos en su corazón. Así nos amó Jesús desde el seno de María y en toda su vida. Es la característica del amor de Dios, que se hace hombre para asumir la historia de cada uno, purificarla y hacerla partícipe de su misma vida. “De tal manera amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo unigénito” (Jn 3,16). La cruz es amor, es la matemática de Jesús. La “exaltación de la Cruz” indica la fecundidad de una vida gastada por amor. “La cruz, sobre todo los cansancios y los dolores que soportamos por vivir el mandamiento del amor y el camino de la justicia, es fuente de maduración y de santificación” (Gaudete et exsultate, n.92).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: María es la Madre más fecunda, de pie junto a la Cruz. “El Evangelio, donde deslumbra gloriosa la Cruz de Cristo, invita insistentemente a la alegría… La entrega de Jesús en la cruz no es más que la culminación de ese estilo que marcó toda su existencia” (Evangelii Gaudium, nn.5 y 269).

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