Domingo 27º Tiempo Ordinario, Año B (7 octubre, Virgen del Rosario)

De Corazón a corazón: Gen 2,18-24 (“No es bueno que el hombre esté solo… El Señor formó la mujer”); Heb 2,9-11 (“A Jesús le vemos coronado de gloria y dignidad por haber sufrido la muerte… en beneficio de todos”); Mc 10,2-16 (“Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”)

Contemplación, vivencia, misión: La humanidad entera y cada ser humano está llamado a ser reflejo de Dios Amor, donde cada persona es relación de donación. Ser familia y vivir en familia es nuestra razón de ser. Jesús “hermano” y “esposo”, “redentor” de toda la humanidad, hace posible que en el matrimonio resuene su “sí” al Padre, en el amor de Espíritu Santo. Él, desde la Encarnación, ha elevado el matrimonio de los “bautizados” al ámbito de este su “sí” de donación esponsal. Sólo los “niños” captan que todo esto es don de amor de Dios, Padre de todos. Para entender a Cristo, hay que vivir en sintonía con sus palabras y gestos sienciosos. “En ese silencio es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone” (Gaudete et exsultate, n.150).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Todos hemos vivido en un ámbito familiar, donde hombre y mujer se complementan y cada uno se hace donación para hacer felices a los demás. Las diferencias son para completarse y realizarse amando de verdad. La Sagrada Familia de Nazaret (Jesús, María y José) es el punto de referencia.

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