Martes semana 27ª Tiempo Ordinario (9 octubre 2018)

De Corazón a corazón: Gal 1,13-24 (“Me llamó por su gracia”); Lc 10,38-42 (“María – de Betania – sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra”)

Contemplación, vivencia, misión: La alegría del encuentro con Cristo (como en Pablo o en María de Betania) se convierte en el deseo sincero de amarle del todo y de hacerle amar de todos. La fe cristiana tiene inicio en una adhesión personal a Cristo. Es un don de Dios, totalmente inmerecido, pero necesita una colaboración a modo de opción fundamental y definitiva. La señal de haberle encontrado consiste en tener tiempo para estar con él y para servir a los hermanos. Todo el mundo tiene tiempo para la persona amada. “Y si ante el rostro de Cristo todavía no logras dejarte sanar y transformar, entonces penetra en las entrañas del Señor, entra en sus llagas, porque allí tiene su sede la misericordia divina” (Gaudete t exsultate, n.151).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: A Cristo se le capta sólo de corazón a corazón. No quiere ser un adorno ni un barniz, sino alguien profundamente conocido y amado. María compartió con él las sorpresas de la existencia dentro de un designio de amor para toda la humanidad, sin excluir a nadie.

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