Miércoles semana 27ª Tiempo Ordinario (10 octubre 2018)

De corazón a corazón: Gal 2,1-2.7-14 (Pablo “apóstol de los pueblos”); Lc 11,1-4 (“Cuando oréis, decid: Padre”)

Contemplación, vivencia, misión: Ya no hay fronteras en el corazón cuando se vive en sintonía con Cristo. Los dones, recibidos para compartir, son una vocación y una misión que da sentido a la vida. El panorama se abre al infinito cuando se puede decir “Padre” a Dios, en unión con todos los hermanos. Las vocaciones son distintas, como partes integrantes de un mismo mosaico maravilloso por su policromía, armonía y variedad. “Es la contemplación del rostro de Jesús muerto y resucitado la que recompone nuestra humanidad… Entonces, me atrevo a preguntarte: ¿Hay momentos en los que te pones en su presencia en silencio, permaneces con él sin prisas, y te dejas mirar por él? ¿Dejas que su fuego inflame tu corazón?” (Gaudete et exsultate, n.151).

Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Puede haber roces y tensiones, pero todo se suaviza y restaña amando a los demás con el mismo amor con que el Señor nos ha amado. Cuando faltó el vino en Caná, María evitó el bochorno de los esposos. Los detalles de atención amorosa construyen la historia.

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