Miércoles semana 31ª Tiempo Ordinario (7 noviembre 2018)

De Corazón a corazón: Fil 2,12-18 (“Que seáis hijos de Dios sin tacha en medio de una generación tortuosa”); Lc 14,25-33 (“Quien no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser mi discípulo”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús lleva en su Corazón a toda la humanidad, que es su prpia historia, en el día a día de cada persona concreta. En cada época histórica asume nuestro caminar y quiere que seamos transparencia de su amor para todos. No hay época histórica sin tormentas. Ni hay historias concretas sin dificultades. Ser “discípulo” de Jesús significa “escucharle” en el corazón, seguir “en pos” de él, compartir su mismo estilo de vida, dejarle ser compañero de viaje a nuestro lado. «En la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible» (Gaudete et exsultate, n.8, cita a Sta. Teresa Benedicta).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: El Señor no nos pide ir delante de él ni afrontar la vida solos. La “cruz” es ahora un retazo de su misma biografía y un toque de su amor en nuestra vida, como lo fue para María, su Madre y nuestra, “de pie junto a la cruz” (Jn 19,25).

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