Jueves semana 31ª Tiempo Ordinario (8 noviembre 2018)

De Corazón a corazón: Fil 3,3-8 (“Todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús”); Lc 15,1-10 (“Cuando la encuentra (a la oveja perdida) la pone contento sobre sus hombros”)

Contemplación, vivencia, misión: Cuando se ha experimentado el encuentro con Cristo, todo lo demás se relativiza, es decir, se coloca en su verdadero lugar. Entonces se aprende a vivir en sintonía con él y a mirar a los demás con su misma mirada. Propiamente es Él quien tiene la iniciativa de buscarnos. Y es también Él quien más se alegra por habernos encontrado. El camino del encuentro con Cristo es un proceso de ir quitando todo lo que es contrario a su modo de pensar, valorar y vivir, para aprende a mirar y amar como él. “La contemplación de estos misterios (de Cristo), como proponía san Ignacio de Loyola, nos orienta a hacerlos carne en nuestras opciones y actitudes” (Gaudete et exsultate, n.20).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Cada día tiene su peculiaridad, porque siempre hay polvo que limpiar, para que entre la luz de Cristo y nos haga su transparencia. María de Nazaret está especializada en estos servicios humildes; basta con dejarla entrar; ella, como buena madre, comprende mejor.

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