Domingo 4º de Adviento, Año C (23 diciembre 2018)

De Corazón a corazón: Mi 5,1-4 (“Belén… de ti ha de salir aquel que ha de reinar en Israel… El será la Paz”); Heb 10,5-10 ("Al entrar en este mundo dice… vengo, Señor, para hacer tu voluntad"); Lc 1,39-45 ("Apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. Bienaventurada la que ha creído")

Contemplación, vivencia, misión: En el seno de María, Jesús se ofrecía como oblación por todos. Y contagiaba a su Madre para hacer de ella la figura del Pueblo sacerdotal. Las circunstancias humanas ya tienen valor salvífico, aunque sean los pequeños servicios de María en la casa de Isabel. Después será Belén, Egipto y Nazaret. María, con Jesús en su seno, es figura de la Iglesia, cuya razón de ser es solo la de recibir, transparentar y recibir a Jesús. Este es el significado de “sacramento universal de salvación” (Lumen Gentium, n.48)

*Creer, esperar y amar, de camino hacia la Navidad con la Madre de Jesús: “En el tabernáculo del seno de María, Jesús moró durante nueve meses. En el tabernáculo de la fe de la Iglesia, permanece hasta el fin del mundo. En el conocimiento y amor del alma fiel, permanece por toda la eternidad” (Isaac de Stella, Sermón 51). Esta realidad futura se inicia en el presente, vivido con amor.

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