Lunes después de Epifanía (7 enero 2019)

De Corazón a corazón: 1Jn 3,22-4,6 (“En esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio… examinad si los espíritus vienen de Dios”) ; Mt 4,12-17.23-25 (“El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz… Jesús enseñando… proclamando la Buena Nueva de Reino y curando”)

Contemplación, vivencia, misión: El amor es la clave para discernir la verdad. Quien ama a los hermanos, descubre a Dios en todas las cosas y acontecimientos. La luz de Jesús va entrando en todos los rincones, a pesar de las dificultades. Cuando parece que llega la oscuridad, como cuando prendieron al Precursor, entonces se deja entender más la luz. Los que ya la han encontrado, quedan vocacionados para ser su transparencia. La inquietud del corazón es la señal de que Dios existe y que nos ama. Por donde pasa Jesús, deja siempre la huella de su luz y de su vida donada. Todos los que se encuentran con él, perciben algo original, que no se encuentra en ningún otro sitio: nos lleva en su corazón como parte de su mismo ser.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: Los “Magos”, “al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría… vieron al niño con María su madre… Se retiraron a su país por otro camino” (Mt 2,10-12). Es el camino de la fe, esperanza y caridad, en el que nos acompaña María. “Ella más que nadie sabía de cercanías” (Papa Framcisco 12,12,18).

 

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