Sábado semana cuarta Tiempo Ordinario (9 febrero 2019)

De Corazón a corazón: Heb 13,15-17.20-21 (“Ofrezcamos sin cesar, por medio de Él, un sacrificio de alabanza a Dios”); Mc 6,30-34 (“Venid a un lugar solitario para descansar… Vio mucha gente y sintió compasión de ellos”)

Contemplación, vivencia, misión: Siempre se puede hacer lo mejor: darse. Y siempre se puede evangelizar, dejando transparentar a Cristo en nuestra vida. La vida de Jesús es siempre “oblación” por nosotros, para ayudarnos a hacer de nuestra vida una “oblación” unida a la suya. Con él, el camino de la vida se emprende en el gozo de compartir, ayudar y también descansar. La pauta la da él: vivir en sintonía (“compasión”) con todos, porque en el fondo de cada corazón siempre hay búsqueda de verdad y de bondad. Quien busca la verdad y la bondad, busca a Jesús.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: El gesto mariano de colocar maternalmente a Jesús en el pesebre y de ofrecerlo en el templo (cfr. Lc 2,7.22), constituye también su actitud maternal respecto a nosotros, “bautizados” en Cristo. “Y también la Iglesia necesita renovar el asombro de ser morada del Dios vivo, Esposa del Señor, Madre que engendra hijos. De lo contrario, corre el riesgo de parecerse a un hermoso museo del pasado” (Papa Francisco, 1.1.2019).

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