Domingo quinto Tiempo Ordinario, Año C (10 febrero 2019)

De Corazón a corazón: Is 6,1-8 ("Santo Santo, Santo… Heme aquí, envíame"); 1Cor 15,1-11 ("No soy digno de ser llamado apóstol… Por la gracia de Dios, soy lo que soy"); Lc 5,1-11 ("Enseñaba a la muchedumbre desde la barca… Guía mar adentro… No soy digno… Serás pescador de hombres… Lo dejaron todo y lo siguieron")

Contemplación, vivencia, misión: Así es la cercanía y proximidad de Jesús: una presencia que parece ausencia; es un hablar que parece silencio. Pero Él es Palabra pronunciada en un silencio eterno (Verbo) y es presencia de “Dios con nosotros” (Emmanuel). Por esto, también la vida cristiana es siempre un ir “más allá” de los dones de Dios, hasta encontrar al mismo Dios que, en sus dones, se da Él tal como es. Es “el Santo” (más allá, el trascendente). Él está ahí purificando y transformando nuestra debilidad en fuerza suya. Dios elige a instrumentos de barro para transformarlos en instrumentos vivos y eficaces. Faltan mensajeros gozosos (“evangelizadores”) de esta “palabra” y “presencia” de Dios entre nosotros: Jesús, el Verbo Encarnado (Palabra) y el Emanuel (presencia especial de Dios).

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: Se necesita la fe de María para aceptar y anunciar la realidad de Cristo, muerto y resucitado, que se muestra siempre sorprendente, más allá de la lógica y de los proyectos humanos. Quienes en Nazaret le rechazaron, le calificaron como “el carpintero, hijo de María” (Mc 6,3). Es esas circunstancias se nos hizo y se nos hace presente y encontradizo.

Los comentarios están cerrados.