DOMINGO DE RAMOS, Año C (14 abril 2019)

De Corazón a corazón: Is 50,4-7 ("No me resistí, ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban"); Fil 2,6-11 ("Se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte de cruz"); Lc 22,14-23,56 (Pasión según S. Lucas: "Con gran deseo he deseado comer esta Pascua con vosotros")

Contemplación, vivencia, misión: La “Pasión” de Jesús hace evidente que él ha querido correr nuestra misma suerte, haciendo de nuestra vida su misma biografía. A cada uno nos espera en un rinconcito de su Pasión: sufrí por ti. La vida ya tiene sentido porque él la vive con nosotros, como Verbo "Encarnado", “Dios con nosotros”. Los zarandeos de la historia son también providenciales: nos permiten sentirle cercano, asumiendo y suavizando nuestra “Cruz”, que ya es también la suya y su “complemento”. Como “Cristo total”, corremos la misma suerte. Nos invita con sus ansias, que son su “gran deseo” (Lc 22,15) de hacer de nuestra vida un camino “pascual” como él suyo, de “pasar haciendo el bien” (Hech 10,38), transformando la vida en la verdad de la donación. La gloria del Domingo de las Palmas, lleva a la gloria “pascual” de la muerte y resurrección.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Nos invita a correr su misma suerte, comiendo y partiendo su mismo pan (que es Él mismo), el pan que “tiene el sabor de la Virgen Madre” (Juan Pablo II), para aprender con ella la fe viencial del seguimiento evangélico (cfr. Jn 2,11-12) y la actitud oblativa de “estar de pie junto a la cruz” (Jn 19,25).

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