Lunes Santo (15 abril 2019)

De Corazón a corazón: Is 42,1-7 ("He aquí mi Siervo… mi elegido en quien se complace mi alma"); Jn 12,1-11 (En Betania: "María… ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos… Jesús dijo: … para el día de mi sepultura")

Contemplación, vivencia, misión: El Padre se complace en Jesús, que desde el seno de María (cuando ella dijo que “sí”) había hecho de su vida una oblación total por nuestro amor: “Vengo para hacer tu voluntad” (Heb 10,7). Quienes se dejaron conquistar por la amistad íntima de Jesús, enrolaron sus propias vidas es esta misma oblación, concretada en “silencio” contemplativo (cfr. Lc 10,39) y en oferta de sí mismo y de todas sus cosas (cfr. Jn 11,2; 12,1). Esta oblación evangélica no estará nunca de moda. Toda la vida de Jesús y de quienes comparten la vida con él, es un camino hacia la Pascua. “El amor del Señor es más grande que todas nuestras contradicciones, que todas nuestras fragilidades y que todas nuestras pequeñeces” (Christus vivit, n.120).

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Las manos maternas que envolvieron en pañales al niño Jesús y lo recostaron en el pesebre (cfr. Lc 2,7), son las mismas que le acariciaron, lavaron, cuidaron y acompañaron hasta su muerte y sepultura. La vida de María era también itinerario de “Pascua”, para “pasar” con Jesús “de este mundo al Padre” (Jn 13,1).

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