Jueves semana cuarta de Pascua (16 mayo 2019)

De Corazón a corazón: Hech 13,13-25 (“Dios ha suscitado un Salvador, Jesús”); Jn 13,16-20 (“Yo conozco a los que he elegido… el que acoja a quien yo envíe, me acoge a mí”)

Contemplación, vivencia, misión: En realidad, no hay "salvación" plena si no es en "Jesús" ("Salvador"). Dios Amor ha sembrado semillas y huellas de esta salvación en todos los pueblos; pero todo lleva a Jesús, el único "Salvador". El que sigue al Señor, está llamado a ser su transparencia y destello. Nos ha elegido para amarle y hacerle amar. Entonces la vida ordinaria se hace fecunda en el gozo de la esperanza. Las palabras de Jesús pronunciadas en la última Cena siguen siendo recién salidas de su Corazón, especialmente en estos momentos eclesiales.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Toda vocación apostólica tiene que vivirse con el "amor maternal" de María y de la Iglesia: "La Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor maternal con que es necesario que estén animados todos aquellos que, en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres" (LG 65). Este amor maternal apostólico no existe sin un amor sincero a la Iglesia, concretado en “comunión” fraterna y en camino de fe y esperanza.

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