Viernes semana cuarta de Pascua (17 mayo 2019)

De Corazón a corazón: Hech 13,26-33 ("A vosotros ha sido enviada esta Palabra de salvación… Dios lo resucitó"); Jn 14,1-6 ("Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí" )

Contemplación, vivencia, misión: Desde que Dios, haciéndose hombre, ha asumido nuestra historia, el camino de la vida humana queda iluminado por su cruz y su resurrección. Se nos hace “camino” (y compañero de viaje), para llegar, con él, a la verdad y el bien definitivos. Jesús es “el” camino-verdad-vida. Sólo él, por ser Dios hecho hombre, puede asumir la historia humana insertándola en su propia historia y reorientarla hacia Dios, que es la suma verdad y el sumo bien, origen y meta de nuestra realidad e historia humana.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Las cinco pilastras de la espiritualidad mariana son: conocerla, amarla, imitarla, celebrarla y pedir su intercesión. Es decir, conocer y amar a Jesús tal como es, nacido de María. Meditando como ella las palabras de Jesús, vivimos en sintonía con su "sí", con su "Magníficat" y con su estar "de pie junto a la cruz". “Siempre llama la atención la fuerza del ‘sí’ de María joven. La fuerza de ese ‘hágase’ que le dijo al ángel. Fue una cosa distinta a una acep­tación pasiva o resignada” (Christus vivit, n.44).

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