Miércoles semana quinta de Pascua (22 mayo 2019)

De Corazón a corazón: Hech 15,1-6 ("Contaban lo que Dios había hecho por medio de ellos") ; Jn 15,1-8 ("Yo soy la vid, vosotros los sarmientos… Separados de mí, no podéis hacer nada")

Contemplación, vivencia, misión: El cristianismo no consiste principalmente en un conjunto de ideas y de estructuras (por necesarias que sean), sino en la presencia y en el amor de "Alguien" (Cristo Resucitado presente), con quien el creyente se encuentra todos los días y del que ya no se puede prescindir. "Cristo se llama a sí mismo vid, como si fuera la madre y nodriza de los sarmientos que proceden de él" (S. Cirilo de Alejandría). “Permanecer” él en nosotros y nosotros en él, equivale a relación, intimidad, amistad, inserción, participación en su misma vida y en su mismo amor. Sólo con esta sintonía de amor se pueden afrontar las vicisitudes de la vida y especialmente de la evangelización. Quien vive en esta onda, vive siempre contento y hace felices a los demás.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Colaboramos con Ella para que Jesús nazca en muchos corazones: “Por lo cual, también en su obra apostó­lica, con razón, la Iglesia mira hacia aquella que engendró a Cristo, concebido por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen, precisamente para que por la Iglesia nazca y crezca también en los corazones de los fieles” (LG 65). Se necesitan apóstoles que sean el rostro materno de María y de la Iglesia.

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