Sábado semana quinta de Pascua (25 mayo 2019)

De Corazón a corazón: Hech 16,1-10 (“Las iglesias se afianzaban en la fe… Pasa a Macedonia y ayúdanos”); Jn 15,18-21 (“Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros… todo esto lo harán por causa de mi nombre”)

Contemplación, vivencia, misión: No se da un paso certero en la santificación y en la misión, si no está marcado por la cruz del sacrificio asumido como donación generosa. Quien no piensa como Jesús, no entiende lo de sufrir amando y perdonando. El mejor premio que nos puede tocar es el de correr la misma suerte del Señor. Las correcciones de los defectos (correción fraterna) nos hacen bien, porque todavía nuestra vida cristiana no es transparencia del modo de amar de Jesús y debemos continuamente abrirnos (“convertirnos”) al Amor. Pero a la “Iglesia” (comunidad y familia de Jesús) se la criticará siempre, también desde dentro, especialmente cuando quiere ser más transparencia del Evangelio. Porque vivir el evangelio es una denuncia que no gusta a quien no busca sinceramente la verdad y el bien.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: En las dificultades descubrimos que Jesús nos invita, como a María, a correr su misma suerte, a sufrir su misma "espada" (Lc 2,35). Entonces a Ella la sentiremos muy cercana: "Os será muy verdadera Madre en todas vuestras necesidades" (S. Juan de Ávila, Audi Filia, cap.59)

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