Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote (jueves después de Pentecostés)

De Corazón a corazón: Is 52,13-53,12 (“Fue traspasado por nuestros pecados”) / Heb 10,12-23 (“Tenemos un Sumo Sacerdote”); Sal 39 (“Aquí estoy para hacer tu voluntad”); Lc 22,14-20 (“La copa de la Nueva Alianza, sellada con mi sangre”)

Contemplación, vivencia, misión: Desde el seno de María (“vengo para hacer tu voluntad”) hasta la cruz (“en tus manos, Padre”) y ahora en el seno del Padre, Jesús asume la historia humana como parte de su misma historia. Es el único “Mediador” como Dios hecho hombre, único Salvador. Su oblación consiste en un “sí” a los planes de Dios sobre la humanidad. Así ha sellado definitivamente con su sangre (vida donada en plenitud) el “pacto de amor” (Alianza). Nos llama a participar en esta “mediación sacerdotal”, cada uno según su propia vocación. El Señor nos pide unirnos a su oblación por el "gozo pascual" y la santificación de sus sacerdotes ministros: “por ellos yo me inmolo” (Jn 17,19).

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Participamos de su mismo sacerdocio (por el bautismo, confirmación, Orden) y hacemos de nuestra vida un “sí” como el de María, “Madre del Sumo y Eterno Sacerdote” (Presbyterorum Ordinis, n.18). Ella “ha sido llamada a la educación del único y Eterno Sacerdote”(Pastores dabo vobis, n.82).

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