Sábado semana quinta Tiempo Ordinario (15 febrero 2020)

De Corazón a corazón: 1Re 12,26-32; 13,33-34 (Jeroboam establece los templos idolátricos de Betel y Dan) Mc 8,1-10 (“Siento compasión de esta muchedumbre”)

Contemplación, vivencia, misión: Los latidos del Corazón de Jesús, compadeciéndose ante las muchedumbres, continúan en toda la historia. El corazón humano, a pesar de su búsqueda innata de la Verdad y del Bien (en Dios), se fabrica muchos ídolos: de materiales, de ideologías, de preferencias… Los males que se derivan de ahí son de todo tipo, originando tragedias en otras vidas humanas y en otros pueblos. Todo lo falso se puede ir purificando sin violencia; bastaría con ofrecer la propia colaboración al amor de Dios, sin buscar el propio interés. El Corazón de Cristo expresa, con su amor apasionado de ser humano, el mismo amor eterno de Dios. Para anunciar este mensaje del Reino, que se identifica con el mismo Jesús, se necesita vivir el estilo de vida de “comunión” de los Apóstoles, “de dos en dos”, como expresión del amor del Señor y continuación de su misma misión.

*Discípulos de la Palabra con la Madre de Jesús: La esperanza se lleva a efecto con la colaboración humilde y sacrificada del hombre. Es el Señor quien nos “salva”, pero poniendo sus manos en las nuestras y también su corazón en el nuestro, su “mirada” misericordiosa en nuestra “nada”, como en María (cfr. Lc 1,48), para que nos dejemos sorprender y llenar de él.

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