Domingo 6º Tiempo Ordinario, Año A (16 febrero 2020)

De Corazón a corazón: Sir 15,16-21 (“Grande es la sabiduría del Señor… todo lo ve”); 1Cor 2,6-10 (“Hablamos de una sabiduría de Dios… desconocida de todos los príncipes de este mundo”; Mt 5,17-37 (“No he venido a abolir la ley, sino a dar cumplimiento”)

Contemplación, vivencia, misión: Sólo Jesús, que es la Palabra personal y definitiva del Padre, puede explicar el sentido de la “revelación” (manifestación) de Dios en la creación, en la historia y, de modo especial, en la Sagrada Escritura. Todas las manifestaciones de Dios tienen su cumplimiento y su perfección en la ley del amor: las bienaventuranzas (“amad, sed misericordiosos”) y el mandamiento nuevo (“como yo os he amado”). Es la “sabiduría” cristiana, que pasa por la cruz de la donación total, para evidenciarse en la resurrección. “Cristo es el primer exegeta… toda la Escritura habla de Él. Su muerte y resurrección son indescifrables sin ella… La invitación que surge es la urgencia y la importancia que los creyentes tienen que dar a la escucha de la Palabra del Señor tanto en la acción litúrgica como en la oración y la reflexión personal” (Aperrui illis, nn.6-7).

*Discípulos de la Palabra con la Madre de Jesús: A María se la llama “Sede de la Sabiduría”, es decir, Madre de Cristo, que es la “luz del mundo”, “el camino, la verdad y la vida”, crucificado por nuestro amor y resucitado para nuestra salvación definitiva.

Los comentarios están cerrados.