Miércoles semana 24ª Tiempo Ordinario (16 septiembre, Stos. Cornelio y Cipriano)

De Corazón a corazón: 1Cor 12,31-13,13 (“Si no tengo caridad, nada soy… La caridad no acaba nunca”); Lc 7,31-35 (“Esta generación… se parece a los chiquillos”)

Contemplación, vivencia, misión: El “himno a la caridad” es como la expresión de la vida de Cristo (“inmolado”), que debe prolongarse en cada bautizado. La vida consiste en una dinámica y un “proyecto de amor” (“ordo amoris”, decía Sto. Tomás). La vida vale según “el peso del amor¨ (S. Agustín). “Ya sólo en amar es mi ejercicio” (S. Juan de la Cruz). Es el mensaje de Jesús hecho visibilidad en cada discípulo suyo que no sea superficial: “Amad… como vuestro Padre… como yo os he amado” (cfr. Mt 5,44-45; Jn 13,34). Es el don mejor que podemos pedir al Señor: “Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta” (S. Ignacio de Loyola).

*Discípulos de la Palabra con la Madre de Jesús: El “sí” permanente de María impregnó la vida de Jesús en Nazaret: en la familia, en sus juegos, en su trabajo… No está condicionado a la moda del momento y transforma todas las épocas, como reflejo del “sí” de Dios Amor. Ella “escuchaba” a Dios en todo y en todos.

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