Archivo del Autor: Juan Esquerda Bifet

Martes semana 15ª Tiempo Ordinario (17 julio 2018)

De Corazón a corazón: Is 7,1-9 (“Ha dicho el Señor… si no os afirmáis en mí, no seréis firmes”); Mt 11,20-24 (“Cafarnaún… Si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy”)

Contemplación, vivencia, misión: Tenemos la manía de construir castillos de naipes o de arena. Lo de “Sodoma” se repite con frecuencia. Nos falta el punto de apoyo y de referencia, para descifrar el sentido de la vida: quién somos, de dónde venimos, a dónde vamos. Cuando Jesús pasó haciendo el bien por aquellos lugares “turísticos” del lago de Galilea, los hombres vivían tan distraídos como nosotros. Ahora se hacen esfuerzos titánicos para encontrar detalles arqueológicos de lo poco que ha quedado. Pero Él ha dejado huellas imborrables en la historia, que no sabemos leer. La gran pena de Jesús, expresada en compasión de Buen Pastor, consistía en constatar que no querían abrirse a los nuevos planes de Dios Amor. “La persona que ve las cosas como son realmente, se deja traspasar por el dolor y llora en su corazón, es capaz de tocar las profundidades de la vida y de ser auténticamente feliz” (Gaudete et exsultate, n.76).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: El Señor nos lleva a todos en su Corazón y nos acompaña para que dejemos en la vida huellas imborrables de su amor. María de Nazaret es la Virgen de nuestra vida ordinaria, que se transforma en vida trascedente.

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Nuestra Señora del Carmen (lunes 16 julio 2018)

De Corazón, a corazón: Zac 2,14-17 (“Alégrate, Hija de Sión, vengo a morar en ti”); Lc 2,15-19 (llegada de los pastores a Belén, María “meditaba en su corazón”)

Contemplación, vivencia, misión: Las “montañas” han sido siempre una invitación para emprender una “subida”. Venimos de Dios (nos ha creado por amor y sin nuestra cooperación) y volvemos a Dios (caminando o subiendo con responsabilidad y “cantando” con “alegría”). Al menos desde el siglo XII, había eremitas en el monte Carmelo, que vivían este camino orando con María, la Madre de Jesús. La historia posterior es una historia de gracia para toda la Iglesia. María nos indica su presencia activa y materna por medio de todos los detalles de nuestra vida ordinaria de Nazaret (el “escapulario” era una parte del vestido de los campesinos).

*Dejarse sorprender y hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: En el Corazón de María resuenan todavía todas las palabras evangélicas, para hacerlas realidad en nuestra vida. Los “pastores”, que encuentran a Jesús con María, ahora somos nosotros.

Domingo 15º Tiempo Ordinario, Año B (15 julio 2018, S. Buenaventura)

De Corazón a corazón: Am 7,12-15 (“El Señor me tomó de detrás del rebaño, diciéndome: vete, profetiza a mi pueblo”); Ef 1,3-14 (“Nos ha elegido en Cristo antes de la creación del mundo… a ser sus hijos adoptivos”); Mc 6,7-13 (“Los envió de dos en dos… Se fueron a predicar”)

Contemplación, vivencia, misión: Ser visibilidad y ”olor” de Cristo, es el mejor encargo profético. Se necesita dejarlo todo por él, para no ser opacos y estorbos. Hemos sido elegidos y amados eternamente por Dios, para ser “hijos en el Hijo”, expresión de Dios Amor, gracias a la donación sacrificial de Jesús y a la prenda del Espíritu Santo. Vale la pena dejar la chatarra, para transparentar a Cristo y hacer que todos lo reciban y tengan en el centro de su corazón. “Dar y perdonar es intentar reproducir en nuestras vidas un pequeño reflejo de la perfección de Dios, que da y perdona sobreabundantemente … Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad” (Gaudete et exsultate, nn.81-82).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: La misión de Cristo es “itinerante”: el discípulo y apóstol de Cristo se desprende de todo lo que estorba, para ser expresión del modo de vivir del mismo Cristo. El camino hacia la casa de Isabel, hacia Belén, hacia Egipto, de regreso a Nazaret y hacia la Pascua anual, fue el itinerario de María, siempre y en todo portadora de Jesús.

Sábado semana 14ª Tiempo Ordinario (14 julio 218)

De Corazón a corazón:  Is 6,1-8 (“Santo, Santo, Santo… Esto ha tocado tus labios… Aquí estoy, envíame”); Mt 10,24-33 (“No temáis… Ni un solo pájaro se cae en tierra sin que lo quiera vuestro Padre”)

Contemplación, vivencia, misión: El Señor nos ama siempre más allá de sus dones, porque se nos quiere dar él mismo. Nuestro barro, gracias a su mirada de amor misericordioso, ya puede tener el reflejo de esta mirada divina. La misión de cada ser humano consiste en ser “gloria” o expresión de este amor para con todos. Todos somos “enviados” (“ángeles”) del Amor. Las flores se marchitan y todas las cosas pasan. Pero el amor que Dios nos tiene y que se refleja en todos sus dones, nunca pasa. “Felices los pobres de espíritu… Por eso Jesús llama felices a los pobres de espíritu, que tienen el corazón pobre, donde puede entrar el Señor con su constante novedad” (Gaudete et exsultate, n.68).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: La Providencia amorosa de Dios sólo se capta quitando del corazón todas las escorias y añadiduras inútiles. “Aquí estoy, envíame” (Isaías); “hágase en mí según tu palabra” (María).

Viernes semana 14ª Tiempo Ordinario (13 julio 2018)

De Corazón a corazón: Os 14,2-10 (“Vuelve, Israel, al Señor… Los amaré generosamente”); Mt 10,16-23 (“Os entregarán… por mi causa… El Espíritu de mi Padre hablará en vosotros”)

Contemplación, vivencia, misión: La vida es un entramado de sorpresas, no siempre agradables. La mejor sorpresa es la de encontrarse con algún signo sencillo (¡y hay tantos!) de la presencia y amor de Señor. Si el corazón se abre a él (conversión significa abrirse a su amor), entonces se descubre que todo es “mensaje” suyo para nosotros y para todos. “Volvamos a escuchar a Jesús, con todo el amor y el respeto que merece el Maestro. Permitámosle que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un cambio real de vida” (Gaudete et exsultate, n.66).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Sólo guiados por el Espíritu de amor sabremos vivir las sorpresas sin transformarlas en sustos y fantasmas. María nos enseña a ser portadores de la gran sorpresa: Jesús.

Jueves semana 14ª Tiempo Ordinario (12 julio 2018)

De Corazón a corazón: Os 11,1-4.8-9 (“De Egipto llamé a mi hijo… se enciende toda mi ternura”); Mt 10,7-15 (“Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratuitamente”)

Contemplación, vivencia, misión: La gran “sorpresa” de todos los días, si nos queda todavía el sentido de la “admiración”, consiste en constatar que “todo es gracia” (S. Agustín). Así lo vivieron los santos, como Sta. Teresita o S. Ignacio. Todo nos habla de un amor de “gratuidad”. Dios nos ama porque él es bueno, sin esperar a que nosotros seamos buenos, pero ayudándonos a que lo seamos. La “gratuidad” forma parte esencial del mensaje de Jesús. Uno aprende a darse (no sólo a dar cosas) cuando se descubre amado por Jesús con un amor de  totalidad. “Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas. Son como el carnet de identidad del cristiano… En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas” (Gaudete et exsultate, n.63).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Dios hace salir “su sol”, como signo de su amor para todos. La vida es hermosa y merece ser vivida con gozo, cuando se hace donación a los demás con la misma gratuidad aprendida de Dios Amor. Así lo canta y realiza María en su “Magníficat”.

SAN BENITO copatrono de Europa (miércoles 11 julio 2018)

De Corazón, a corazón: Prov 2,1-9 (“Presta tus oídos a la sabiduría… Entenderás el temor del Señor… Es el Señor quien da la sabiduría”); Mt 19,27-29 (“Lo hemos dejado todo y e hemos seguido”)

Contemplación, vivencia, misión: La verdadera sabiduría es la “ciencia del amor”: no anteponer nada al amor de Cristo. En él y con él se vive la sabiduría de la trascendencia: más allá de los dones de Dios está el mismo Dios, que se da a sí mismo como un don definitivo. Entrando en esta intimidad con Dios (“oración”) se encuentra sentido al “trabajo” y a la convivencia. La vida se hace peregrinación con los demás hermanos y “hospedería” para todos ellos. Es el mismo Cristo quien todos los días llama a nuestra puerta.

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: En todo hogar cristiano y en todo “monasterio”, resuena la “Salve Regina”, como saludo a la Madre del Señor y Madre nuestra. Sin ella, no habría verdadero hogar ni verdadera familia. “Algunos cristianos gastan sus energías y su tiempo, en lugar de dejarse llevar por el Espíritu en el camino del amor, de apasionarse por comunicar la hermosura y la alegría del Evangelio y de buscar a los perdidos en esas inmensas multitudes sedientas de Cristo” (Gaudete et exsultate, n.57).