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ESPERANZA Y DISCERNIMIENTO, ITINERARIO DE CUARESMA HACIA EL MISTERIO PASCUAL

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte…  una fuerte llamada a la conversión…crecer en la amistad con el Señor… En la base de todo está la Palabra de Dios” (Mensaje Cuaresma 2017)

Itinerario de discernimiento a la luz de la fe, esperanza, caridad:
Discernir, guiados por el Espíritu Santo hacia el “desierto” y los “pobres” (Lc 4,1.18)
Criterios, escala de valores, actitudes de Cristo: su “gozo” pascual (Lc 10,21)
El Misterio de Cristo, muerto y resucitado, presente en la Iglesia y en el mundo.
Bautismo: injertados en un proceso de discernimiento, sintonía y configuración con Cristo, en “la perfección de la caridad” (LG 40), pensar, sentir y amar como él.
“Discípulos”: ¿Movidos por el Espíritu Santo? (cfr. Rom 8,14; 1Jn 4,1-6). Dejarse sorprender por el Amor como María (Lc 1,29ss; 2,49; Jn 2,4); la Palabra escuchada en el corazón (cfr. Lc 2,19.51). “Rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Rom 15,13).
“El otro es un don … La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil” (Mensaje Cuaresma 2017)

Esperanza que purifica y consuela:

Cristo nos libera de temores, desconfianza, miedos, autosuficiencia, autorreferencia, pecados. Cristo “Salvador” (cfr. Mateo, Zaqueo… ). Un “perdón” sin medida. Su nombre  (Jesús), el “kerigma” (anuncio del Reino), parábolas, Eucaristía, Cruz, Resurrección, misión. “Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro” (1Jn 3,3). Experiencia de encuentro con Cristo Salvador, como Pablo (1Tim 1,15). La fuerza del Espíritu en la propia debilidad humana (2Cor 12,9-10). Itinerario del discipulado: hacer de la vida un “sí” y un “Magníficat”.

“La Palabra es un don. El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca… La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios” (Mensaje Cuaresma 2017)

Esperanza que ilumina y sostiene:

Más allá de la lógica humana, sentido de la vida y de la historia. Todo nos habla del amor de Dios. Cristo, Palabra personal, el Hijo, en la plenitud de los tiempos, concebido por obra del Espíritu en el seno de María. El itinerario de dejarse sorprender día a día por la novedad de la Palabra de Dios.

“Nacido de la mujer”, para hacernos “hijos” de adopción por obra del Espíritu Santo (cfr. Gal 4,4-7), “hijos en el Hijo” (Efes 1,5; cfr. GS 22), como regalo del Padre, con la “garantía del Espíritu” (Efes 1,13-14).

“La Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo” (Mensaje Cuaresma 2017)

Esperanza que transforma en “testigos” y “visibilidad” de Cristo:

Deseos sinceros de entrega y de identificación con Cristo (sus amores: en sintonía con la voluntad del Padre). “No anteponer nada al amor de Cristo” (San Cipriano y San Benito). “Vivir según el Espíritu, caminar según el Espíritu” (cfr. Gal 5,25). “Cristo vive en mí” (Gal 2,20). “Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2Cor 5,15). “La esperanza no delude, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5,5). Misión y esperanza: Testigos del gozo pascual; sin rebajas ni fronteras: los dones son para compartir. “Vivir… aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tito 2,13). “Vengo pronto” (Ap 3,11); “Ven, Señor Jesús” (Ap 22,20). “Cristo, nuestra esperanza” (1Tim 1,1). María Madre de la Esperanza, “signo de esperanza segura y de consuelo” (LG 68).

“Que el Espíritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados… Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua” (Mensaje Cuaresma 2017)

CENÁCULO DE PENTECOSTÉS CON LA MADRE DE JESÚS Un Pentecostés permanente

(Concilio Vaticano II) “Fue en Pentecostés cuando empezaron “los hechos de los Apóstoles“, como había sido concebido Cristo al venir al Espíritu Santo sobre la Virgen María, y Cristo había sido impulsado a la obra de su ministerio, bajando el mismo Espíritu Santo sobre El mientras oraba” (Ad Gentes, n.4) “Vemos a los Apóstoles antes del día de Pentecostés “perseverar unánimemente en la oración con las muje­res, y María la Madre de Jesús y los hermanos de Este” (Hech, 1,14); y a María implorando con sus ruegos el don del Espíritu Santo, quien ya la había cubierto con su sombra en la Anunciación” (Lumen Gentium, 59; cfr. n. 4)

(Bto Pablo VI) “En la mañana de Pentecos­tés ella presidió con su oración el comienzo de la evangelización bajo el influjo del Espíritu Santo. Sea ella la estrella de la evangelización siempre renovada que la Iglesia, dócil al mandato del Señor, debe promover y realizar, sobre todo en estos tiempos difíciles y llenos de esperanza” (Evangelii Nuntiandi, n.82)

(San Juan Pablo II) “Los Apóstoles, con la venida del Espíritu Santo, se sintieron idóneos para realizar la misión que se les había confiado” (Dominum et Vivificantem, n.25). “Las palabras que Jesús pronuncia desde lo alto de la cruz significan que la maternidad de su madre encuentra una nueva continuación en la Iglesia y a través de la Iglesia” (Redemptoris Mater, n.24). “María acoge, con su nueva maternidad en el Espíritu, a todos y a cada uno en la Iglesia, acoge también a todos y a cada uno por medio de la Iglesia. En este sentido María, Madre de la Iglesia, es también su Modelo” (ibid., n.47). “Plena docilidad al Espíritu… dejarse plasmar interiormente por él, para hacerse cada vez más semejantes a Cristo” (Redemptoris Missio, n.87). “Como los Apóstoles después de la Ascensión de Cristo, la Iglesia debe reunirse en el Cenáculo con «María, la madre de Jesús» (Act 1, 14), para implorar el Espíritu y obtener fuerza y valor para cumplir el mandato misionero. También nosotros, mucho más que los Apóstoles, tenemos necesidad de ser transformados y guiados por el Espíritu” (ibid., n.92)

(Benedicto XVI) “En el momento de Pentecostés, serán los discípulos los que se agrupen en torno a ella en espera del Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14)” (Deus Caritas est, n. 41). “Estuviste en la comunidad de los creyentes que en los días después de la Ascensión oraban unánimes en espera del don del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14), que recibieron el día de Pentecostés” (Spe Salvi, n.50). “El Espíritu desciende sobre los Doce, reunidos en oración con María el día de Pentecostés (cf. 2,1-4), y les anima a la misión de anunciar a todos los pueblos la Buena Nueva” (Verbum Domini, n.15). “Cuanto más sepamos ponernos a disposición de la Palabra divina, tanto más podremos constatar que el misterio de Pentecostés está vivo también hoy en la Iglesia de Dios. El Espíritu del Señor sigue derramando sus dones sobre la Iglesia para que seamos guiados a la verdad plena, desvelándonos el sentido de las Escrituras y haciéndonos anunciadores creíbles de la Palabra de salvación en el mundo” (ibid., n.123). “Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo ” (Porta Fidei, n.13)

(Papa Francisco) “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hech 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización” (Evangelii Gaudium, n.284).

(Prefacio Ascensión)Jesucristo, Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés”.

(San Juan de Ávila): “Cuando tengas el Espíritu Santo, él mata todo lo que daña; pero si hay pajitas, señal es que no hay fuego que las queme… y todo quema el Espíritu Santo cuando viene, y no hay cosa que se le resista” (Sermón 32). “¿Quién le quiere? Mirad que se da de balde” (Sermón ). “Si no está el Espíritu Santo, todo es perdido” (Sermón 28). “No sólo lo hemos de desear, pero hemos de aderezar la casa limpia” (Sermón 27).”Conoce muy bien el Espíritu Santo las entrañas de la Virgen, conoce muy bien aquel corazón tan limpísimo… No hizo la Virgen, ni pensó, ni habló cosa que en un solo punto desagradase al Espíritu Santo” (Sermón 30).

SAN PABLO: VIDA Y MISIÓN EN EL ESPÍRITU SANTO

La vida y misión de Pablo, a la sorpresa del Espíritu de amor: “Mirad que ahora yo, encadenado en el espíritu, me dirijo a Jerusalén, sin saber lo que allí me sucederá” (Hech 20,22).

En todo bautizado, la prenda y sello del Espíritu: “Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa” (Ef 1,13).“Él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho  nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de  regeneración y de renovación del Espíritu Santo” (Tit 3,5).

La presencia vivificante del Espíritu Santo: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5,5).

Insertados en la misma vida trinitaria de Dios Amor: “Por Cristo, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu edificados …  hasta ser morada de Dios en el Espíritu” (Ef 2,18.22).

Vida en el Espíritu, vida en Cristo: “La ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte” (Rom 8,2)

Hijos de Dios, partícipes de la filiación divina de Cristo: “Recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios” (Rom 8,15-16). “La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros  corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre!” (Gal 4,6)

Orar en el Espíritu, desde la propia pobreza: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom 8,26-27).

Dones y carismas de comunión eclesial y unidad:  “Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu;  a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad” (1Cor 12,8-11)

La vida cristiana, biografía de Cristo escrita por el Espíritu: “Sois, por medio de mi ministerio, una carta de Cristo… escrita por el Espíritu Santo” (2Cor 3,3).

Caminar con el gozo de la esperanza, a velas desplegadas: “No extingáis el Espíritu” (1Tes 5,19). “El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad,  mansedumbre, dominio de sí” (Gal 5,22-23).

NUEVA EVANGELIZACIÓN: DISCERNIMIENTO DE LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

“Lo que quiero ofrecer va más bien en la línea de un discernimiento evangélico. Es la mirada del discípulo misionero, que se alimenta a la luz y con la fuerza del Espíritu Santo” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.50)

Itinerario de amor para responder a Dios Amor

“Discernimiento de espíritus” (1Cor 12,10). “Cuanto son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Rom 8,14). “Distinguir entre el Espíritu de la verdad y el espíritu del error” (1Jn 4,6). “Examinad si los espíritus vienen de Dios” (1Jn 4,1). Búsqueda de la autenticidad cristiana, para acertar en “la voluntad de Dios” (Rom 12,2). La lógica del Espíritu no siempre sigue las reglas normales del pensar y del actuar humano. “Oiga la Iglesia qué dice el Espíritu” (Apo 2-3, siete veces)

A la luz del Evangelio, Palabra viva y actual de Dios:

Abrir el corazón a la Palabra, como la Madre de Jesús (cfr. Lc 2,19.51; 8,21). La “Palabra” hecha carne (Jesús): Encarnación y Redención. Riesgo de confundir las luces y mociones del Espíritu Santo con las preferencias personalistas o particularistas (de grupo)

El Espíritu Santo guía a la humildad, vida escondida, “desierto” (Lc 4,1), servicio, caridad (cfr. Lc 4,18), esperanza, paz, “gozo” verdadero (Lc 10,21)

El espíritu malo se “esconde” con apariencias de verdad y de bien: soberbia, vanidad, autosuficiencia, sentido de superioridad, falta de caridad, odio, desprecio, apego a los bienes de la tierra (riquezas, honores, cargos, ideas, proyectos), envidia, afectos desordenados, utilización del prójimo para el propio provecho o gusto, desánimo, tristeza, confusión…

El espíritu natural se muestra en: ansia exagerada de poseer, dominar, disfrutar, desánimo en  las debilidades, valoración excesiva del éxito y de la eficacia, entusiasmo superficial, sobre valorar lo que está de moda, instar al fruto inmediato, agresividad fuera de tono, etc. El Espíritu Santo puede purificar estas tendencias reorientándolas hacia la humildad, la confianza y la entrega.

Necesidad del discernimiento

A nivel más personal: itinerario de la vocación, oración, santidad, luces y mociones, cambio de situación…

A nivel comunitario: Cooperación y servicio, vida fraterna, simpatías y antipatías, diálogo, compartir…

Discernimiento comunitario: Oración compartida, diálogo sincero y respetuoso, atención respetuosa y fiel hacia el carisma de la Institución, programación en común. “El Espíritu Santo hace discernir los signos de los tiempos – signos de Dios – que la evangelización descubre y valoriza en el interior de la historia” (EN 75).

Medios de discernimiento:

Oración, sacrificio, humildad, caridad, confianza, búsqueda humilde y confiada. Desde el corazón en paz… (libertad interior, sin condicionamientos ni preferencias). Consulta, lectura y estudio. Actitud habitual de fidelidad al Espíritu Santo.

“La entrega sincera de sí mismo a los demás” (GS 24), buscando siempre que todos se sientan amados por Jesús y potenciados para amarle y hacerle amar.

NUEVA EVANGELIZACIÓN: FIDELIDAD AL ESPIRITU SANTO

“La mirada creyente es capaz de reconocer la luz que siempre derrama el Espíritu Santo en medio de la oscuridad, sin olvidar que «donde abundó el pecado sobreabundó la gracia» (Rm 5,20)” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.84)

Siguiendo el ejemplo de Cristo (cfr. Lc 4,1.14.18)

Cada apóstol, como Pablo, se siente “impulsado” por el Espíritu (Rom 15,19; Hech 20,22).

“Plena docilidad al Espíritu… dejarse plasmar interiormente por él, para hacerse cada vez más semejantes a Cristo” (RMi 87).

“Los Apóstoles, con la venida del Espíritu Santo, se sintieron idóneos para realizar la misión que se les había confiado” (Juan Pablo II. Dominum et Vivificantem 25).

La “audacia” de evangelizar (Hech 4,31) procede del Espíritu, “infundiéndoles una serena audacia que les impulsa a transmitir a los demás su experiencia de Jesús y la esperanza que los Anima… les da la capacidad de testimoniar a Jesús con « toda libertad” (RMi 24).

La dinámica de la fidelidad

Actitud de relación respecto a la presencia o inhabitación de Dios Amor en nosotros (cfr. Jn 14,16-17.23)

Apertura a las luces o inspiraciones para llegar a “la verdad completa” en Cristo (Jn 14,26; 16,13)

Sintonía generosa a su acción santificadora y evangelizadora que transforma al creyente en santo y testigo (Jn 15,27; Hech 1,5-8).

Adentrarse en la vida trinitaria: “En el Espíritu, por Cristo, al Padre” (Ef 2,18).

Virtudes (pensar, valorar, amar y obrar de Cristo). Dones como gracias especiales y permanentes del Espíritu para reforzar las virtudes.

Frutos como expresiones de sintonía con la voluntad salvífica de Dios.

Bienaventuranza como actitud permanente de perfección y de reaccionar en el amor. “Nosotros los cristianos estamos llamados a la valentía apostólica, basada en la confianza en el Espíritu” (RMi 30).

Las decisiones y compromisos se toman de acuerdo al mandato del amor.

La donación, es decir, “libertad” (Rom 8,2; Gal 5,1ss)

Fidelidad a la misión del Espíritu

Dejarse “guiar” y transformar por él en “testigo” creíble (Jn 15,26-27; Jn 16,3).

Nueva Evangelización: Encontrar nuevos métodos misioneros, nuevas expresiones de la doctrina evangélica, nuevo fervor del apóstol.

El Espíritu Santo lleva al apóstol al desierto de la oración y sacrificio (Lc 4,1), a la caridad evangelización de los pobres (Lc 4,18), al gozo de participar en el misterio pascual de Cristo (Lc 10,21).

“Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada uno a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo. Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin” (Porta Fidei, 15)

Bto. PABLO VI: Bajo el aliento del Espíritu Santo

“No habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo … Gracias al apoyo del Espíritu Santo, la Iglesia crece. Él es el alma de esta Iglesia. Él es quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio.

Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anuncia­do.

Las técnicas de evangelización son buenas pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no consigue absolu­tamente nada sin él. Sin él, la dialéctica más convincente es impotente sobre el espíritu de los hombres. Sin él, los esquemas más elaborados sobre bases sociológicas o sicológicas se revelan pronto despro­vistos de todo valor.

Nosotros vivimos en la Iglesia un momento privilegiado del Espíritu. Por todas partes se trata de conocerlo mejor, tal como lo revela la Escritura. Uno se siente feliz de estar bajo su moción. Se hace asamblea en torno a él. Quiere dejarse conducir por él…

Puede decirse que el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización : él es quien impulsa a cada uno a anunciar el Evangelio y quien en lo hondo de las conciencias hace aceptar y comprender la Palabra de salvación.

Pero se puede decir igualmente que él es el término de la evangelización : solamente él suscita la nueva creación, la humanidad nueva a la que la evangelización debe conducir, mediante la unidad en la variedad que la misma evangelización querría provocar en la comunidad cristiana. A través de él, la evangeliza­ción penetra en los corazones, ya que él es quien hace discernir los signos de los tiempos -signos de Dios- que la evangelización descubre y valoriza en el interior de la historia.

El Sínodo de los Obispos de 1974, insistiendo mucho sobre el puesto que ocupa el Espíritu Santo en la evangelización, expresó asimismo el deseo de que Pastores y teólogos -y añadiríamos también los fieles marcados con el sello del Espíritu en el Bautismo- estudien profundamente la naturaleza y la forma de la acción del Espíritu Santo en la evangelización de hoy día.

… Exhortamos a todos y cada uno de los evangelizadores a invocar constantemen­te con fe y fervor al Espíritu Santo y a dejarse guiar prudente­mente por él como inspirador decisivo de sus programas, de sus iniciati­vas, de su actividad evangelizadora”. (Exhor. Apost. Evangelii Nuntiandi, n.75)

“En la mañana de Pentecos­tés María presidió con su oración el comienzo de la evangelización bajo el influjo del Espíritu Santo. Sea ella la estrella de la evangelización siempre renovada que la Iglesia, dócil al mandato del Señor, debe promover y realizar, sobre todo en estos tiempos difíciles y llenos de esperanza” (Evangelii Nuntiandi, n.82)

EVANGELII GAUDIUM, Guiados por el Espíritu Santo (cap.IV-V)

Cap.IV: La dimensión social de la evangelización: 178… Confesar que el Espíritu Santo actúa en todos implica reconocer que Él procura penetrar toda situación humana y todos los vínculos sociales. 225… El Señor mismo en su vida mortal dio a entender muchas veces a sus discípulos que había cosas que no podían comprender todavía y que era necesario esperar al Espíritu Santo (cf. Jn 16,12-13). Ca.V: Evangelizadores con espíritu: 259. Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo. En Pentecostés, el Espíritu hace salir de sí mismos a los Apóstoles … infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresía) … Invoquémoslo hoy… 261… Ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu. En definitiva, una evangelización con espíritu es una evangelización con Espíritu Santo, ya que Él es el alma de la Iglesia evangelizadora … le ruego que venga a renovar, a sacudir, a impulsar a la Iglesia en una audaz salida fuera de sí para evangelizar a todos los pueblos. 279… El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere; nosotros nos entregamos pero sin pretender ver resultados llamativos. Sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria. Aprendamos a descansar en la ternura de los brazos del Padre … dejemos que sea Él quien haga fecundos nuestros esfuerzos como a Él le parezca. 280. Para mantener vivo el ardor misionero hace falta una decidida confianza en el Espíritu Santo, porque Él «viene en ayuda de nuestra debilidad» (Rm 8,26) … Pero no hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe bien lo que hace falta en cada época y en cada momento. 284. Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hch 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización. 288… Virgen y Madre María… Tú, que estuviste plantada ante la cruz con una fe inquebrantable y recibiste el alegre consuelo de la resurrección,recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu para que naciera la Iglesia evangelizadora. Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida…