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ESPERANZA, experiencia, y testimonio de MISERICORDIA

“Cristo, nuestra Esperanza” (1Tim 1,1). “Jesucristo ayer, hoy y siempre” (Heb 13,8). (Ayer, hoy, hacia el futuro): “El tiempo (de las promesas) se ha cumplido, el reino de Dios está cerca, cambiad el corazón y creed en el Evangelio” (Mc 1,15). Fe cristiana como adhesión personal a Cristo y respuesta a su llamada. Fe y discernimiento vocacional (Sínodo 2018, juventud). Camino mariano de las JMJ (2017-2019)

Del gozo de la misericordia, a la vivencia misionera como testigos de la esperanza: “La MISERICORDIA no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre” (Misericordia et misera, n.1). “No nos dejemos robar nunca la ESPERANZA que proviene de la fe en el Señor resucitado” (ibid. n.13)

1:Esperanza, experiencia gozosa de la Misericordia:

Jesucristo “ayer” en nuestra historia: Alegría, gratitud, disponibilidad, dejarse sorprender…

“La miseria del pecado ha sido revestida por la misericordia del amor” (Misericordia et misera, n.1). “La MISERICORDIA suscita alegría porque el corazón se abre a la ESPERANZA de una vida nueva. La alegría del perdón es difícil de expresar, pero se trasparenta en nosotros cada vez que la experimentamos. En su origen (del perdón) está el amor con el cual Dios viene a nuestro encuentro, rompiendo el círculo del egoísmo que nos envuelve, para hacernos también a nosotros instrumentos de misericordia” (ibid., n. 3)

Con María: “Confiemos en su ayuda materna y sigamos su constante indicación de volver los ojos a Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

2:Esperanza, vivencia confiada de la Misericordia:

Jesucristo “hoy” en nuestra realidad de aquí y ahora: confianza, intimidad, camina con nosotros (“contemporáneo”)

“Experimentar la MISERICORDIA produce alegría. No permitamos que las aflicciones y preocupaciones nos la quiten; que permanezca bien arraigada en nuestro corazón y nos ayude a mirar siempre con serenidad la vida cotidiana” (Misericordia et misera, n. 3). “Es él mismo quien nos da palabras de ESPERANZA, porque nada ni nadie podrán jamás separarnos de su amor (cfr. Rom 8,35)” (ibid., n. 15).

Con María: “Que los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios estén siempre vueltos hacia nosotros” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

3:Esperanza, testimonio misionero de la Misericordia:

Jesucristo “siempre” en nuestro caminar histórico: fidelidad, generosidad, compartir.

“Mirar el futuro con ESPERANZA y a estar lista para encaminar nuevamente su vida; de ahora en adelante, si lo querrá, podrá «caminar en la caridad» (cfr. Ef 5,2). Una vez que hemos sido revestidos de MISERICORDIA, aunque permanezca la condición de debilidad por el pecado, esta debilidad es superada por el amor que permite mirar más allá y vivir de otra manera” (Misericordia et misera, n.1). “Se necesitan TESTIGOS de la esperanza y de la verdadera alegría para deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales. El vacío profundo de muchos puede ser colmado por la ESPERANZA que llevamos en el corazón y por la alegría que brota de ella. Hay mucha necesidad de reconocer la alegría que se revela en el corazón que ha sido tocado por la MISERICORDIA” (ibid., n.3). “Que llegue una palabra de esperanza a cuantos sufren y padecen” (ibid., n.13).

Con María: “Ella es la primera en abrir camino y nos acompaña cuando damos testimonio del amor. La MADRE DE MISERICORDIA acoge a todos bajo la protección de su manto, tal y como el arte la ha representado a menudo” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

4:Camino de fe, esperanza y caridad (temas de JMJ), con María:

(Año 2017, mirada al pasado) “el Todopoderoso ha hecho en mí maravillas” (Lc 1,49); (año 2018, mirada al presente) “no temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios” (Lc 1,30); (año 2019, mirada al futuro) “he aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

Con la herencia mariana del Jubileo de la Misericordia, para vivirla y compartirla: “La dulzura de su mirada nos acompañe … para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios… Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús. Su canto de alabanza, en el umbral de la casa de Isabel, estuvo dedicado a la misericordia que se extiende « de generación en generación» (Lc 1,50). También nosotros estábamos presentes en aquellas palabras proféticas de la Virgen María… Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios. María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir ninguno. Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús” (Misericordiae Vultus, n.24).

Su presencia activa y materna en nuestro camino de oración, vocación, santidad, fraternidad y misión.

MISERICORDIA, CAMINO DE LA IGLESIA

Una herencia recibida para vivirla y compartirla

La compasión y misericordia de Jesús: “Tengo compasión” (Mt 15,32). “Dios es Amor… envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él…nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1Jn 4,8-10).  “Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres, él nos salvó… según su misericordia…  ” (Tit 3,4-7). “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra… Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor” (MisericodiaeVultus n.1)
= Encarnación y redención, misterio de amor misericordioso: Jesús “camino”, Buen Pastor que busca; el Padre espera, mira y se conmueve; el hijo vuelve al corazón del Padre (Lc 15)

1.Memoria de la misericordia, camino de vocación

La misericordia de Jesús al llamar a los suyos: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros” (Jn 15,16). “El Padre… nos ha elegido en Cristo antes de la creación del mundo” (Efes 1,3-4). “Dios, rico de misericordia, por el grande amor con que nos amó,  estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo” (Ef 2,4-5). “Doy gracias… a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me consideró digno de confianza al colocarme en el ministerio…  Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores; y el primero de ellos soy yo” (1Tim 1,12-15).
= “Miserando atque eligendo” (S. Beda, llamada a Mateo: Mc 2,18; Lc 5,32 )

2.Experiencia de la misericordia, camino de oración

Invita a la samaritana: Orar al Padre “en Espíritu y en verdad” (Jn 4,23; cfr. Lc 10,21). “Recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!” (Rom 8,15-16). “El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom 8,26).
= Orar reconociéndose “pobres” y “amados” (contentos con su presencia)

3.Actitud de misericordia, camino de santidad

“Sed misericordiosos –compasivos- como vuestro Padre celestial” (Lc 6,36) ); “sed perfectos como vuestro Padre celestial” (Mt 5,48). “Sed más bien buenos entre vosotros, misericordiosos, perdonándoos mutuamente como os perdonó Dios en Cristo” (Efes 4.32)
= Las bienaventuranzas y el mandato del amor: reaccionar amando como Él

4.Compartir la misericordia, camino de misión

(Jesús) “Se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismode conversión para perdón de los pecados” (Lc 3,3).  (Resurrección) “Como el Padre me envió, también yo os envío… Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados” (Jn 20,21-23). “¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,  Padre de los misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación” (2Cor 1,3-4)
= Que todos le conozcan, se sientan amados por él y le amen

5.Pasado, presente y futuro de la misericordia, clave del camino histórico de la Iglesia

“Jesucristo ayer, hoy y siempre” (Heb 13,8). “Cuando llegó la plenitud de los tiempos”… (Gal 4,19). El Magníficat: mirada de misericordia al presente, hacia el futuro, desde el pasado.

“La Iglesia … existe en este mundo y vive y actúa con él. Nacida del amor del Padre Eterno, fundada en el tiempo por Cristo Redentor, reunida en el Espíritu Santo, la Iglesia tiene una finalidad escatológica y de salvación, que sólo en el mundo futuro podrá alcanzar plenamente” (GS 40)

La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes… La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo… El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza” (MisericodiaeVultus n.10)
= La historia (del mundo y de la Iglesia) se construye amando

“AMORIS LAETITIA”, APERTURA COMPROMETIDA AL AMOR MISERICORDIOSO

Invitación a la lectura creyente y contemplativa de “Amoris Laetia”:

En la perspectiva Trinitaria de Dios Amor (cap.1): “Que conformen una comunión de personas que sea imagen de la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo” (n.29)

En la realidad actual iluminada por la misericordia divina (cap.2): “Alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo” (introd. n.5). “Tenemos que ser humildes y realistas, para reconocer que a veces nuestro modo de presentar las convicciones cristianas, y la forma de tratar a las personas, han ayudado a provocar lo que hoy lamentamos” (n.36)

A la luz de la realidad esponsal de Cristo, reflejada en la Iglesia y de modo especial en la familia (cap.3): “Contemplar a Cristo vivo presente en tantas historias de amor, e invocar el fuego del Espíritu sobre todas las familias del mundo” (n.59). “El matrimonio es una vocación… es una respuesta al llamado específico a vivir el amor conyugal como signo imperfecto del amor entre Cristo y la Iglesia” (n.72)

En la vivencia del himno de la caridad (cap.4): “El Espíritu que infunde el Señor renueva el corazón y hace al hombre y a la mujer capaces de amarse como Cristo nos amó. El amor conyugal alcanza de este modo la plenitud a la que está ordenado interiormente, la caridad conyugal” (n.120; FC n.13).

Con el servicio y discernimiento específico de cada vocación cristiana (cap.5-8): “Asumir el matrimonio como un camino de maduración, donde cada uno de los cónyuges es un instrumento de Dios para hacer crecer al otro” (n.221). “Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, «no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino»” (n.308; EG 45)

Ayudar y alentar a los matrimonios que vivan y comuniquen esta gracia con gozo y generosidad (cap.9): “La presencia del Señor habita en la familia real y concreta… la espiritualidad matrimonial es una espiritualidad del vínculo habitado por el amor divino” (n.315). “Si la familia logra concentrarse en Cristo, él unifica e ilumina toda la vida familiar” (n.317)

Reflexiones para compartir: Dar la mano al hermano necesitado para ayudarle a llegar a ser reflejo de la Trinidad y del amor esponsal de Cristo (santidad = “perfección de la caridad”). Es necesario realizar nuestro propio camino de perfección como experiencia y anuncio de misericordia. Sin deseo y compromiso sincero de santidad, no se captará ni aplicará bien “Amoris Laetitia”.

El compromiso por asumir es acuciante para todos: catequesis prematrimonial más adecuada, acompañamiento permanente. La comunidad eclesial está llamada a vivir el camino de santidad para realizar esta reforma. La familia cristiana necesita ver la vida de “comunión” eclesial y evangélica en las personas consagradas (que son “memoria del Verbo Encarnado”) y en quienes son signo personal del buen Pastor en la “fraternidad sacramental” del Presbiterio.

La reflexión teológica y el discernimiento son auténticos si tienen dimensión contemplativa y de caridad pastoral (especialmente para el sacerdote llamado a ser signo del Buen Pastor). Todos puedan ayudar, si viven en la caridad y en la fe, que es “conocimiento de Cristo vivido personalmente” (S. Pablo II, Veritatis Splendor, n.88).

Pedro en sus sucesores sigue presente hoy mediante el servicio de “presidir la caridad universal”. El Magisterio se sigue con fe viva y con el corazón enamorado y unificado: las expresiones magisteriales de cada época (siempre mejorables), por la gracia del Espíritu Santo están en armonía con el Magisterio anterior y así hay que leerlas. “Señor, yo no prestaría fe a tu Evangelio, si no me moviese a ello la autoridad de la Iglesia” (S. Agustín). “Quien abandona la cátedra de Pedro, sobre quien está fundada la Iglesia, se engaña si cree estar dentro de la Iglesia” (S. Cipriano). Los Santos Padres no anteponían nada (ni sus propias opiniones) al amor de Cristo.

Actitudes previas: Bajo la mirada materna de María, figura de la Iglesia… Quien ha experimentado la misericordia divina, no hace rebajas en las exigencias ni descarta a los hermanos necesitados.

Ver esquemas de “Amoris Laetitia” publicados en este blog (categorías): Misericordia, “Amoris Laetitia”, la lógica de la misericordia (12 abril). María, La Madre de Jesús en nuestra comunidad familiar (3 abril); La mirada de María (retiro sacerdotal, Papa Francisco, 2 junio, publicado 3 junio).