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CON LA MIRADA MISERICORDIOSA DE JESÚS

“Ver el mundo a través de la mirada de amor de Jesús y comprender la vida como una llamada a servir a Dios” (Amoris Letitia, n.279). “Los primeros discípulos, inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn 1,41)” (Evangelii Gaudium, n.120). “Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cfr. 19, 37) … Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar” (Deus Caritas est, n.12).

MIRAR: Con la misma mirada de Jesús, un proyecto de amor (Efes 1)

SONREIR: Ante un misterio de amor (Col 3,3; GS 22), admiración, escucha

SERVIR: Amar como Jesús (Jn 13 y 15). Todos los puestos son importantes para darse y compartir

CAMINAR: Iglesia peregrina, esperanza, acompañar, “canta y camina”, “soy yo”, “estoy contigo”, te acompaño, me quieres completar?… “de dos en dos”, “dos o más, yo en medio”, “un solo corazón”, “que sean uno”

LAS MIRADAS DE JESÚS EN EL EVANGELIO:

Jn 1,38: “viendo que le seguían”
Jn 1,48: “Cuando estabas debajo de la higuera, te vi”
Mc 10,21: “Le miró con amor”
Lc 5,27: “vio a un publicano llamado Leví”
Lc 19,5: “levantando la vista le dijo: Zaqueo, baja enseguida”
Mc 5,32: “Miraba a su alrededor”
Mt 14,14: “Vio mucha gente, sintió compasión de ellos”
Jn 11,35: “Se echó a llorar” (por Lázaro)
Lc 19,41: “Lloró por la ciudad” (Jerusalén)
Mt 14,19: “Levantando los ojos al cielo, dio gracias”…
Lc 22,61: “Miró a Pedro”
Jn 19,26: “Viendo a su Madre y al discípulo amado”

SÍNTESIS PARA COMPARTIR:

* La mirada de Jesús se dirige a todos y a cada uno:
– a sus amigos y discípulos, – a los alejados y pecadores, – a los enfermos y a los que sufren, – a su Madre y al discípulo amado.

* Las características de su mirada son:
– una llamada amorosa, – un examen sobre el fondo del corazón, – una exigencia de respuesta, – una sintonía de compasión, – una oferta de perdón, – una propuesta de amistad y donación mutua.

* Su mirada es actual, en el aquí y ahora de nuestra vida:
– en la eucaristía y en su evangelio, – en los signos sacramentales, – en nuestro Nazaret, Tabor y Calvario, – en el hermano necesitado, – comunicándonos su Espíritu, – haciéndonos reflejo de su mirada para mirar como él.

* ¿Cuál es mi experiencia personal de esta mirada? ¿Qué puedo compartir con los demás? ¿Qué huellas de esta mirada descubro en la vida de los hermanos? ¿Cómo ser trasunto de su mirada hacia todos los hermanos? ¿Cómo “mirar” a los demás para construir la comunidad como reflejo de la Trinidad de Dios Amor?

MARÍA, MADRE DE MISERICORDIA, en S. JUAN DE ÁVILA

(Selección) “Cuando nos dicen de la Virgen … que tiene puestos en nosotros sus ojos de misericordia, esto nos agrada y satisface más. ¿Quién será tan desagradecido que no os agradezca esto, y tan triste que no se alegre en veros misericordiosa?” (Sermón 58, n.1-2).

“Mas todo lo que en ella hay es blandura, no sólo para los justos que andan en lumbre, mas como luna perfecta y hermosa, llena de misericordia… y tan cercana para nuestro remedio, que [a] ninguna pura criatura en la tierra ni en el cielo tan presto le tocan nuestras miserias como a su virginal corazón, tan rico en misericordia, que la llama la Iglesia Madre de misericordia … y esta piadosa Señora está diputada por Dios para socorro de atribulados, y es universal limosnera de todas las misericordias que Dios hace a los hombres” (Sermón 60, Natividad de María, n.18).

“Ten, hermano, confianza en esta Virgen sagrada, que si tú quieres llamarla con ruegos, hacerla servicios, implorar su misericordia y oficio de interceder, sentirás que ni ella es sorda para oírte ni tus oraciones y servicios saldrán en balde” (Sermón 60, n.24).

“Señora, ponemos nuestras heridas para que las curéis, pues sois enfermera del hospital de la misericordia de Dios, donde los llagados se curan… creemos que os dotó Dios de tanta misericordia, que vuestra limpieza y pureza no se desdeña ni alanza de sí a los pecadores llagados, mas que cuanto es mayor su necesidad, tanto más vuestra misericordia os mueve a su remedio” (Sermón 60, n.32).

“Pues para tal día como este de la encarnación de Dios, tal mañana se requiere como la bienaventurada Virgen… ella es alba saludable; si día de misericordia, ella es madre de misericordia; si día de gracia, ella es madre de gracia” (Sermón 61 – natividad – , n.6).

“Es muy grande la misericordia de la Virgen, a muchos se extiende: para todos los que la llaman” (Sermón 62, n.48).

… “el día de la Purificación o Presentación; y compró un par de tórtolas o palominos como pobre, porque el oro que los reyes le habían dado ya lo había, como misericordiosa, expendido a pobres” (Sermón 64, n.4).

“Y aquel tiene a la Virgen, que tiene a su Hijo o lo quiere tener; el que está en gracia le tiene. Y quien gime sus pecados y los confiesa también le tendrá; que no sólo la Virgen es Madre de los justos, mas también abogada para alcanzar perdón al pecador” (Sermón 66, Visitación, n.17).

“Llama a San Juan: ­Di, hijo mío, ¿adónde están mis hijos? Vuestros hermanos, ¿dónde están? Los racimos de mi corazón, los pedazos de mis entrañas, ¿adónde están? … traédmelos, que yo les prometo perdón de mi Hijo … Calla, hermano, que perdonarte ha; ¿no conoces ya su misericordia? La Madre me ha prometido de alcanzar perdón… no hayas vergüenza” (Sermón 67, Soledad n.42-43).

“En sus entrañas tiene, aun estando en el cielo, entrañable compasión de nosotros … ¡Oh Virgen para siempre bendita! ¡Oh Madre de misericordia!” (Sermón 68, nn.18 y 20).

“Mas tengo hijos en el mundo, la salvación de los cuales deseo con muy amoroso y maternal corazón… no he perdido la compasión de ellos ni el deseo de su salvación que tenía en el mundo, antes se me ha acrecentado, porque el Señor me ha acrecentado la caridad” (Sermón 69, Asunción, n.39).

“De la Virgen se dice que estaba con Dios componiendo todas las cosas (Prov 8,30)… teniendo el sello de su misericordia abierto para recibir a todos… Mas no por eso en el día de su grande honra se olvida de los pobres hijuelos que son los cristianos, y desea que la llamásemos y pidiésemos misericordia y que supiésemos que tiene poder para nos la alcanzar de su Hijo bendito” (Sermón 71, Asunción, n.27).

“Corazón de madre tiene la Virgen contigo… las riquezas que ha enviado la Virgen a sus pobres hijos que en la tierra tenía, alcanzando a unos perdón de pecados por graves que fuesen, librando a otros de penosas y graves tentaciones, dando consuelo a los tristes, conforte a los de flaco corazón … Acuérdate de estas y otras muchas misericordias que ha hecho a los que de verdad la llaman” (Sermón 71, Asunción, n.29).

 

(Retiro VI) MIRADA DE MISERICORDIA

CONTAGIADOS POR LA MIRADA DE MISERICORDIA

(Experiencia de María) “Dios ha mirado la bajeza de su esclava… su miericordia de generación en generación” (Lc 1,48.50)

Experiencia de misericordia en Pedro: “Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos” (Lc 22,32). “El Señor miró a Pedro… Pedro lloró amargamente” (Lc 22,61-62)

Cuando la Iglesia ha experimentado la misericordia de Dios Amor, aprende a mirar a los demás y al mundo con los ojos de Jesús: “Toda la actividad de la Iglesia es una expresión de un amor que busca el bien integral del ser humano” (Deus Caritas est, n.19).

“La unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega. No puedo tener a Cristo sólo para mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que son suyos o lo serán” (Deus Caritas est, n.14).

“Entonces aprendo a mirar a esta otra persona no ya sólo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Su amigo es mi amigo. Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita” (Deus Caritas est, n.18).

“En una civilización paradójicamente herida de anonimato y, a la vez obsesionada por los detalles de la vida de los demás, impudorosamente enferma de curiosidad malsana, la Iglesia necesita la mirada cercana para contemplar, conmoverse y detenerse ante el otro cuantas veces sea necesario. En este mundo los ministros ordenados y los demás agentes pastorales pueden hacer presente la fragancia de la presencia cercana de Jesús y su mirada personal. La Iglesia tendrá que iniciar a sus hermanos –sacerdotes, religiosos y laicos– en este «arte del acompañamiento», para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro (cf. Ex 3,5). Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana” (Evangelii Gaudium, n.169)

Obras de misericordia: sin esperar otro premio, con audacia y sencillez (“tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”: Mt 6,4), sin ver el fruto, sin superioridad (somos “siervos inútiles”: Lc 17,10).

“Obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina” (Misercordiae Vultus, n.15)

La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4,10); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva” (Evangelii Gaudium, n.24)

La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio”(Evangelii Gaudium, n. 114)

“La Palabra de Dios enseña que en el hermano está la permanente prolongación de la Encarnación para cada uno de nosotros: «Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, lo hicisteis a mí» (Mt 25,40). Lo que hagamos con los demás tiene una dimensión trascendente: «Con la medida con que midáis, se os medirá» (Mt 7,2); y responde a la misericordia divina con nosotros: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará […] Con la medida con que midáis, se os medirá» (Lc 6,36-38)” (Evangelii Gaudium, n. 179)

“El Espíritu Santo que conduce los pasos de los creyentes para que cooperen en la obra de salvación realizada por Cristo, sea guía y apoyo del Pueblo de Dios para ayudarlo a contemplar el rostro de la misericordia” (Misercordiae Vultus, n.4)

“Día tras día, tocados por su compasión, también nosotros llegaremos a ser compasivos con todos” (Misercordiae Vultus, n.14)

“Sabemos que es el Señor quien nos ha amado primero. Pero sólo seremos de verdad bienaventurados, felices, cuando entremos en la lógica divina del don, del amor gratuito, si descubrimos que Dios nos ha amado infinitamente para hacernos capaces de amar como Él, sin medida” (Mensaje JMJ 2016, n.3)

El único camino para vencer el mal es la misericordia” (Mensaje JMJ 2016, n.3). “¡Vayan a Él y no tengan miedo! Vengan para decirle desde lo más profundo de sus corazones: «¡Jesús, confío en Ti!». Déjense tocar por su misericordia sin límites, para que ustedes a su vez se conviertan en apóstoles de la misericordia mediante las obras, las palabras y la oración, en nuestro mundo herido por el egoísmo, el odio y tanta desesperación” (Mensaje JMJ 2016, n.4)

(Ver el tema mariano en retiros anteriores y en Categorías de este blog)

“AMORIS LAETITIA”, LA LÓGICA DE LA MISERICORDIA

Papa Francisco intenta “alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo” (Amoris Laetitia,  n.5). “La paciencia de Dios es ejercicio de la misericordia con el pecador y manifiesta el verdadero poder” (ibid., n.91). “Ver el mundo a través de la mirada de amor de Jesús y comprender la vida como una llamada a servir a Dios” (ibid., n.279).

“El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero” (Amoris Laetitia,  n.296).

“Se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de una misericordia «inmerecida, incondicional y gratuita». Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio” (Amoris Laetitia, n.297)

“Una reflexión sincera puede fortalecer la confianza en la misericordia de Dios, que no es negada a nadie” (Amoris Laetitia, n.300). «Sin disminuir el valor del ideal evangélico, hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día», dando lugar a «la misericordia del Señor que nos estimula a hacer el bien posible» (ibid., n.308; cita EG 44)

«Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino» (Amoris Laetitia, n.308)

«La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona. La Esposa de Cristo hace suyo el comportamiento del Hijo de Dios que sale a encontrar a todos, sin excluir ninguno» (Amoris Laetitia, n.309, cita MV 5)

(La Iglesia) “Sabe bien que Jesús mismo se presenta como Pastor de cien ovejas, no de noventa y nueve. Las quiere todas. A partir de esta conciencia, se hará posible que «a todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros» (Amoris Laetitia, n.309, cita MV 12).

“No podemos olvidar que «la misericordia no es sólo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos. Así entonces, estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia» (Amoris Laetitia, n.310, cita MV 10)

“No es una propuesta romántica o una respuesta débil ante el amor de Dios, que siempre quiere promover a las personas, ya que «la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia» (Amoris Laetitia, n.310; cita MV 1).

“Es verdad que a veces «nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas» (Amoris Laetitia, n.310; cita EG 47).

“A veces nos cuesta mucho dar lugar en la pastoral al amor incondicional de Dios. Ponemos tantas condiciones a la misericordia que la vaciamos de sentido concreto y de significación real, y esa es la peor manera de licuar el Evangelio. Es verdad, por ejemplo, que la misericordia no excluye la justicia y la verdad, pero ante todo tenemos que decir que la misericordia es la plenitud de la justicia y la manifestación más luminosa de la verdad de Dios. Por ello, siempre conviene considerar «inadecuada cualquier concepción teológica que en último término ponga en duda la omnipotencia de Dios y, en especial, su misericordia» (Amoris Laetitia, n.311; cita Comis. Teol. Intern.).

“Esto nos otorga un marco y un clima que nos impide desarrollar una fría moral de escritorio al hablar sobre los temas más delicados, y nos sitúa más bien en el contexto de un discernimiento pastoral cargado de amor misericordioso, que siempre se inclina a comprender, a perdonar, a acompañar, a esperar, y sobre todo a integrar. Esa es la lógica que debe predominar en la Iglesia, para «realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales» (Amoris Laetitia, n.312; cita MV 15).

“Cuando la familia acoge y sale hacia los demás, especialmente hacia los pobres y abandonados, es «símbolo, testimonio y participación de la maternidad de la Iglesia» (Amoris Laetitia, n 324; cita FC 49).

(Retiro V) MISIÓN APOSTÓLICA, EXPRESIÓN DE LA MATERNIDAD DE LA IGLESIA

MISIÓN Y MATERNIDAD DE MISERICORDIA

En la última Cena, Jesús compara la misión apostólica a una maternidad, en el contexto de dolor y gozo (cfr. Jn 16,21: madre que sufre cuando va a dar a luz). El “verdadero gozo pascual” (Presbyterorum Ordinis, n.11) es la fecundidad que deriva de la cruz: “Estáis tristes… se alegrará vuestro corazón” (Jn 16,22).

San Pablo describe también su misión apostólica con términos de maternidad: “¡Hijos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros” (Gal 4,19). Contexto: maternidad de María (cfr. Gal 4,4), maternidad de la Iglesia (cfr. Gal 4,26). Así se explica el celo apostólico de San Pablo: “Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores; y el  primero de ellos soy yo” (1Tim 1,15). La experiencia de Pablo sobre el Amor, hasta entregarse del todo a él (itinerario de santidad), para hacerle conocer y amar (itinerario de misión): “Me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2,20); “el amor de Cristo nos apremia” (2Cor 5,14); “urge que él reine” (1Cor 15,25).

MATERNIDAD DE LA IGLESIA A IMITACIÓN DE MARÍA

(Santos Padres: Maternidad de María y de la Iglesia) “Por obra del Espíritu Santo nació él (Cristo) de una Virgen, y por obra del mismo Espíritu Santo fecunda también su Iglesia pura, a fin de que, a través del bautismo, dé a luz a una multitud innumerable de hijos de Dios, de quienes está escrito: Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios” (San León Magno, sermón 12). “Aquello que la potencia del Altísimo realizó en María cuando la cubrió con el Espíritu Santo, para que de ella naciera el Salvador, aquello mismo lo realiza en las aguas a fin de que el creyente se regenere” (idem, Sermón 25)

Vaticano II: La misión apostólica (y el ministerio sacerdotal) en relación con la maternidad de María y de la Iglesia (Lumen Gentium, nn.64-65). Contemplando el misterio de María e imitando sus virtudes, la Iglesia “se hace también madre mediante la Palabra de Dios aceptada con fidelidad, pues por la predicación y el bautismo, engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios” (Lumen Gentium, n. 64).

La Iglesia imita a María, “que engendró a Cristo, concebido del Espíritu Santo y nacido de la Virgen, para que también nazca y crezca por medio de la Iglesia en las almas de los fieles” (LG 65). “María es modelo de aquel amor maternal con que es necesario que estén animados todos aquellos que, en la misión de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres” (LG 65; Redemptoris Missio, n.92).

La maternidad de María se actualiza por medio de la acción misionera de la Iglesia, puesto que “encuentra una nueva continuación en la Iglesia y a través de la Iglesia” (Redemptoris Mater, n.24)

La Iglesia aprende de María la propia maternidad; reconoce la dimensión materna de su vocación, unida esencialmente a su naturaleza sacramental… Al igual que María está al servicio del misterio de la encarnación, así la Iglesia permanece al servicio de la adopción de hijos mediante la gracia” (RMa 43).

“Desde hace dos mil años, la Iglesia es la cuna en la que María coloca a Jesús y lo entrega a la adoración y contemplación de todos los pueblos” (Incarnationis Mysterium, n.11).

MISIÓN DE MISERICORDIA, PROFÉTICA, CELEBRATIVA, DIACONAL

“Es menester que la Iglesia de nuestro tiempo adquiera conciencia más honda y concreta de la necesidad de dar testimonio de la misericordia de Dios en toda su misión

La Iglesia debe dar testimonio de la misericordia de Dios revelada en Cristo, en toda su misión de Mesías, profesándola principalmente como verdad salvífica de fe necesaria para una vida coherente con la misma fe, tratando después de introducirla y encarnarla en la vida bien sea de sus fieles, bien sea -en cuanto posible- en la de todos los hombres de buena voluntad” (Dives in Misericordia, cap.VII)

“La Iglesia debe profesar y proclamar la misericordia divina en toda su verdad, la cual nos ha sido transmitida por la revela­ción… La Iglesia profesa la misericordia de Dios; la Iglesia vive de ella en su amplia experiencia de fe y también en sus enseñanzas, contemplando constantemente a Cristo, concentrándose en El, en su vida y en su evangelio, en su cruz y en su resurrección, en su misterio entero” (Dives in Misericordia, n.13)

“Jesucristo ha enseñado que el hombre no sólo recibe y experi­menta la misericordia de Dios, sino que está llamado a «usar misericordia» con los demás: «Bienaventurados los misericordioso, porque ellos alcanzarán misericordia». La Iglesia ve en estas palabras una llamada a la acción y se esfuerza por practicar la misericordia” (Dives in Misericordia, n.14)

“La Iglesia debe considerar como uno de sus deberes principales -en cada etapa de la historia y especialmente en la edad contemporánea- el de proclamar e introducir en la vida el misterio de la misericordia, revelado en sumo grado en Cristo Jesús” (Dives in Misericordia, n.14)

“La Iglesia considera justamente como propio deber, como finalidad de la propia misión, custodiar la autenticidad del perdón, tanto en la vida y en el comportamiento como en la educa­ción y en la pastoral. Ella no la protege de otro modo más que custodiando la fuente, esto es, el misterio de la misericordia de Dios mismo, revelado en Jesucristo” (Dives in Misericordia, n.14)

“Este «sacar de las fuentes del Salvador» no puede ser realizado de otro modo, si no es en el espíritu de aquella pobreza a la que nos ha llamado el Señor con la palabra y el ejemplo: «lo que habéis recibido gratuitamente, dadlo gratuitamente». Así, en todos los caminos de la vida y del ministerio de la Iglesia -a través de la pobreza evangélica de los ministros y dispensadores, y del pueblo entero que da testimonio «de todas las obras del Señor»- se ha manifestado aún mejor el Dios «rico en misericor­dia»” (Dives in Misericordia, n.14)

“Al continuar el gran cometido de actuar el Concilio Vaticano II, en el que podemos ver justamente una nueva fase de la auto­rrealización de la Iglesia -a medida de la época en que nos ha tocado vivir- la Iglesia misma debe guiarse por la plena concien­cia de que en esta obra no le es lícito, en modo alguno, replegar­se sobre sí misma. La razón de su ser (de la Iglesia) es en efecto la de revelar a Dios, esto es, al Padre que nos permite «verlo» en Cristo” (Dives in Misericordia, n.15)

La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona… Es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia. Su lenguaje y sus gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el corazón de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre. La primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo. De este amor, que llega hasta el perdón y al don de sí, la Iglesia se hace sierva y mediadora ante los hombres. Por tanto, donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre” (Misercordiae Vultus, n.12)

(Retiro IV) IGLESIA, MADRE DE MISERICORDIA

IGLESIA, PROLOGACIÓN DE CRISTO EN LA HISTORIA

“Familia” (madre, hermanos) de Jesús (Mc 3,33-35; cfr. Jn 13-17); Esposa, virgen (Ef 5,25ss)

Sacramento, misterio (Ef 3,9-10; 5,32); Pueblo (propiedad esponsal) (1Pe 2,9; Apoc 1,5-6)

Cuerpo (Místico), complemento (1Cor 12; Col 1,24; Ef 1,23); Comunión (Hech 4,32)

Reino (Mc 1,15; cfr. LG 5: inicio del Reino); Templo del Espíritu Santo (1Cor 3,16; 6,19; 11,26); Peregrina, Escatológica (2Cor 5,6; Col 3,1-4; cfr. LG VII). Madre (Gal 4,26)

Lumen Gentium, cap.I-II (misterio-sacramento, reino, templo, familia, peregrina, madre, cuerpo místico, pueblo…). Cfr. cap.VII (peregrina). Sentido y amor de Iglesia: Efes 5,25

MISTERIO DE LA IGLESIA, MISTERIO DE MISERICORDIA

Iglesia del Vaticano II: Misterio de comunión misionera… “Sacramento” (LG), de la Palabra (DV), del misterio pascual (SC), insertada en el mundo (GS) para todas las gentes (AG), personificada en cada vocación (PO, PC, AA). “Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen el perdón de la ofensa hecha a Dios por la misericordia de Éste, y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia… la cual, con caridad, con ejemplos y con oraciones, les ayuda en su conversión” (Lumen Gentium, n.11)

Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón … La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia” (Gaudium et Spes, n.1). “La misión de la Iglesia puede crear, mejor dicho, debe crear, obras al servicio de todos, particularmente de los necesitados, como son, por ejemplo, las obras de misericordia u otras semejantes” (Gaudium et Spes, n.42). “La exigente firmeza del mandamiento (“sed perfectos”: Mt 5,48) se basa en el inagotable amor misericordioso de Dios (Lc 6,36)… conducirnos, con la gracia de Cristo, por el camino de la plenitud de la vida propia de los hijos de Dios” (Veritatis Splendor, n.115)

MATERNIDAD DE MISERICORDIA

“La Iglesia, que es llamada también “la Jerusalén de ­arriba” y madre nuestra (Gal., 4,26; cf. Ap., 12,17), se represen­ta como la inmaculada “esposa” del Cordero inmaculado (Ap., 19,1; 21,2.9; 22,17), a la que Cristo “amó y se entregó por ella, para santifi­carla” (Ef., 5,26), la unió consigo con alianza indisoluble y sin cesar la “alimenta y abriga” (cf. Ef., 5,24)… para que podamos comprender la caridad de Dios y de Cristo para con nosotros que supera toda ciencia (cf. Ef., 3,19)” (Lumen Gentium, n.6)

“La maternidad de la Iglesia no puede separarse jamás de su misión docente, que ella debe realizar siempre como esposa fiel de Cristo, que es la verdad en persona… La Iglesia… ha de estar siempre atenta a no quebrar la caña cascada ni apagar el pabilo vacilante” (Veritatis Splendor, n.95).

«En nuestro tiempo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad … La Iglesia Católica, al elevar por medio de este Concilio Ecuménico la antorcha de la verdad católica, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella»” (Juan XXIII, Discurso apertura Vaticano II, Gaudet Mater Ecclesia, 11 oct. 1962)

“La Iglesia vive la comunión de los Santos. En la Eucaristía esta comunión, que es don de Dos, actúa como unión espiritual que nos une a los creyentes con los Santos y los Beatos cuyo número es incalculable (cfr Ap 7,4). Su santidad viene en ayuda de nuestra fragilidad, y así la Madre Iglesia es capaz con su oración y su vida de encontrar la debilidad de unos con la santidad de otros. Vivir entonces la indulgencia en el Año Santo significa acercarse a la misericordia del Padre con la certeza que su perdón se extiende sobre toda la vida del creyente” (Misericordiae Vultus, n.22)

LA MATERNIDAD DE LA IGLESIA FIGURADA EN MARÍA

“(María) Es verdadera­mente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella cabeza, por lo que también es saludada como miembro sobreeminente y del todo singular de la Iglesia, su prototipo y modelo destacadísimo en la fe y caridad y a quien la Iglesia católica, enseñada por el Espíritu Santo, honra con filial afecto de piedad como a Madre amantísima” (Lumen Gentium, n.53).

“En el Calvario a los pies de la cruz… por un don admirable de Cristo, (María) se convirtió también en Madre de la Iglesia” (Incarnationis Mysterium, n.14)

“María está en el corazón de la Iglesia” (Redemptoris Mater, n.27). Relación con la Palabra (el Verbo Encarnado en el seno de María). Relación con la Eucaristía (cuerpo y sangre recibidos de María, presencialización de la inmolación de Cristo asociando a María). Relación con la maternidad  de María (María Tipo de la Iglesia virgen, esposa, madre: LG 62-65; RMa 24)

“La Iglesia, meditando sobre ella con amor y contemplándola a la luz del Verbo hecho hombre, llena de veneración, penetra más íntimamente en el misterio supremo de la Encarnación y se identifica cada vez más con su Esposo” (Lumen Gentium, n.65; Tertio Millennio Adveniente, n.43).

“Porque en el misterio de la Iglesia que con razón también es llamada madre y virgen, la Bienaventurada Virgen María la prece­dió, mostrando en forma eminente y singular el modelo de la virgen y de la madre… cubierta con la sombra del Espíritu Santo… dio a luz al Hijo a quien Dios constituyó como primogénito entre muchos hermanos (Rom., 8,29), a saber, los fieles a cuya generación y educación coopera con materno amor” (Lumen Gentium, n.63)

“Ahora bien, la Iglesia, contemplando su arcana santidad e imitando su caridad, y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, también ella es hecha Madre por la palabra de Dios fielmente recibida: en efecto, por la predicación y el bautismo engendra para la vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios. Y también ella es virgen que custodia pura e íntegramente la fe prometida al Esposo, e imitando a la Madre de su Señor, por la virtud del Espíritu Santo conserva virginalmente la fe íntegra, la sólida esperanza, la sincera caridad” (LG 64).

 “Recurramos al amor paterno que Cristo nos ha revelado en su misión mesiánica y que alcanza su culmen en la cruz, en su muerte y resurrección. Recurramos a Dios mediante Cristo, recordando las palabras del Magnificat  del María, que proclama la misericordia “de generación en generación “. Implore­mos la misericordia divina para la generación contemporánea. La Iglesia que, siguiendo el ejemplo de María, trata de ser también madre de los hombres en Dios, exprese en esta plegaria su materna solicitud y al mismo tiempo su amor confiado, del que nace la más ardiente necesidad de la oración” (Dives in Misericordia, n.15)

 

(Retiro III) MARÍA, MADRE DE MISERICORDIA, FIGURA DE LA IGLESIA MADRE

MARÍA MEDITA EL MENSAJE DE LA MISERICORDIA:

“Le pondrás por nombre Jesús (Salvador)” (Lc 1,31). “Salvará a su pueblo de sus pecados” ( Mt 1,21)

(Magníficat) “Su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen” (Lc 1,50), “acordándose de la misericordia” (Lc 1,54). “Su canto de alabanza, en el umbral de la casa de Isabel, estuvo dedicado a la misericordia que se extiende « de generación en generación » (Lc 1,50). También nosotros estábamos presentes en aquellas palabras proféticas de la Virgen María” (Misericordiae Vultus, n.24)

María, la “llena de gracia” e Inmaculada, ha experimentado la “misericordia” divina en su propia “nada”. Se dejó “tocar” por quien es “la Misericordia” y estaba en su seno, dispuesto a nacer por todos nosotros, como “Salvador” (Lc 1,31). “Una gran alegría… para todo el pueblo… Os ha nacido un Salvador, que es Cristo, el Señor… María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lc 2,10-11.19; cfr. 2,33.51). (Simeón) “Han visto mis ojos tu salvación… dijo a María… una espada te atravesará el alma” (Lc 2,30-35)

MARÍA PRACTICA EL MENSAJE DE LA MISERICORDIA

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). “El Padre de las Misericordias quiso que precediera a la Encarnación la aceptación de parte de la Madre predestinada, para que así como la mujer contribuyó a la muerte, así también contri­buirá a la vida” (LG 56)

“Se fue con prontitud a la región montañosa… y saludó a Isabel” (Lc 1,39-40). “Dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le  acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento” (Lc 2,7). (Los pastores) “Encontraron a María y a José, y al  niño acostado en el pesebre” (Lc 2,16; cfr. Mt 2,11: los Magos). “No tienen vino” (Jn 2,3). “En la vida pública de Jesús, su Madre aparece significativa­mente; ya al principio durante las nupcias de Caná de Galilea, movida a misericordia, consiguió por su intercesión el comienzo de los milagros de Jesús Mesías (cf. Jn., 2,1-11)” (LG 58)

(Cenáculo de Pentecostés) “Perseveraban en la oración, con un mismo espíritu… con María, la madre de Jesús” (Hech 1,14)

VIVE EN SINTONÍA CON LA MISERICORDIA DE JESÚS

(Los Magos) “Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre” (Mt 2,11). (El ángel a S. José) “Toma contigo al niño y a su madre” (Mt 2,13.20). (En el templo) “Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón” (Lc 2,49-51). “Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús” (Misericordiae Vultus, n.24). (Caná) «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora»… «Haced lo que él os diga» (Jn 2,4-5)

(Calvario) “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,25-26). (La túnica de una pieza) “Se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca» Para que se cumpliera la Escritura” (Jn 19,24). (El mensaje del perdón, oído y vivido por ella) “Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen». Se repartieron sus vestidos, echando a suertes” (Lc 23.34). “Esta maternidad de María en la economía de la gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anuncia­ción, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consu­mación perpetua de todos los elegidos… Con su amor materno cuida a los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada” (Lumen Gentium, n.62)

“Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios” (Misericordiae Vultus, n.24)

SU EXPERIENCIA PECULIAR DE LA MISERICORDIA:

Experiencia de sintonía con la misericordia de su Hijo. Experiencia del sufrimiento y pecado de los demás (ver enfermos y pecadores). Experiencia de que todo es gracia, don de Dios, más allá de los males. Experiencia de la oscuridad del Misterio, adoración (“no entendían”: Lc 2,50). Experiencia de su totalidad de donación, “limitada” por ser creatura. Experiencia de ver que el Amor no es amado. “Ha experimentado como nadie la misericordia” … (Cruz) “Ha hecho posible con el sacrificio de su corazón la propia participación en la revelación de la misericordia­ divina”… “Ha experimentado el ‘beso’ dado por la misericordia a la justicia”… “María es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina”…Puede “llegar a todos aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de una madre” (DM 9)

“María es Madre de misericordia porque Jesucristo, su Hijo, es enviado por el Padre como revelación de la misericordia de Dios (cf. Jn 3, 16-18)” (Veritatis Splendor, n.118). “María es también Madre de misericordia porque Jesús le confía su Iglesia y toda la humanidad… Se convierte en la Madre que nos alcanza la misericordia divina” (idem 120)

“Ninguno como María ha conocido la profundidad el misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne” … “la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios” (Misericordiae Vultus, n.24). “La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor”…  “Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús” (Misericordiae Vultus, n.24). Ver otros textos: Dives in Misericordia, n.9; Veritatis Splendor, n.118, 120; Evangelii Gaudium, n.285; Misericordiae Vultus, n.3 y 24.