Martes primera semana Tiempo Ordinario (15 enero 2019)

De Corazón a corazón: Heb 2,5-12 (“A Jesús, le vemos coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte para bien de todos… no se avergüenza de llamarlos hermanos”); Mc 1,21-28 (“Les enseñaba como quien tiene autoridad”)

Contemplación, vivencia, misión: En toda la historia de la humanidad no hay otra figura igual: Jesús comparte nuestra propia existencia como quien recoge del suelo un estropajo y lo lava cariñosamente, para insertarlo en su misma vida. Su amor de donación total le lleva a asumir todo lo nuestro para hacernos partícipes de todo lo que es él (Dios hecho hombre). Por esto puede hablar “con autoridad”, con la libertad de la verdadera donación, que disipa las tinieblas del egoísmo. El evangelio acontece cuando se lee dejándose sorprender por Dios.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: Estamos todos en el Corazón de Cristo, con su Madre: “mi madre”, “mis hermanos”, “mi Iglesia”, “mis ovejas”. “María nos enseña que, en el arte de la misión y de la esperanza, no son necesarias tantas palabras ni programas, su método es muy simple: caminó y cantó” (Papa Francisco, 12.12.18).

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Lunes primera semana Tiempo Ordinario (14 enero 2019)

De Corazón a corazón: Heb 1,1-6 ("Nos ha hablado por medio de su Hijo"); Mc 1,14-20 ("El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva… Venid conmigo")

Contemplación, vivencia, misión: En nuestro caminar histórico, celebramos especialmente el “día del Señor Resucitado”, el “domingo”, cuando se actualiza su presencia en su Palabra y su Eucaristía. Todos los días tienen esta resonancia de encuentro vivencial con Él. “Tiempo ordinario” significa que aquí y ahora nos dejamos sorprender por el Señor, sin esperar fiestas especiales. Si está Él presente, la vida es una fiesta de “Pascua”. La historia humana camina hacia una plenitud programa por Dios Amor, que respeta, espera y hace posible la respuesta libre del ser humano. Dios sigue hablando al corazón de todas las culturas y de todos los pueblos. Cristo es el cumplimiento de todos los anhelos de la humanidad y, de modo especial, de las esperanzas mesiánicas del Antiguo Testamento.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: Él es el “Reino” ya presente, realizado “en la plenitud de los tiempos”, nacido de María, “nacido de la mujer” (Gal 4,4). La vida del apóstol de Cristo (como Pablo) ya tiene sentido y es entusiasmante: “He de formar a Cristo en vosotros” (Gal 4,19)

BAUTISMO DEL SEÑOR, domingo 3º de Navidad , Año C (13 enero)

De Corazón a corazón: Is 42,1-4.6-7 (“Éste es mi elegido… no apagará la mecha que humea… Te he destinado a ser luz de las gentes”); Hech 10,34-38 (“A Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo… pasó haciendo el bien”); Lc 3,15-16.21-23 (“Os bautizará con Espíritu Santo y fuego… Tú eres mi Hijo amado”)

Contemplación, vivencia, misión: El Padre nos mira, nos ama y nos incluye a nosotros en Cristo (“mi Hijo amado”), porque Cristo asume nuestra vida y nuestro pecado, para transformarnos en él por participación en su misma vida. Así es la obra del Espíritu de amor, el mismo que guió toda la vida de Jesús. El bautismo es el inicio de un proceso hacia la perfección de la caridad, que repercute en toda la Iglesia y en toda la humanidad. “En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero … es un agente evangelizador” (Evangelii Gaudium, n.120). Es el camino comprometido de santidad y misión.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: Cristo “trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado” (Gaudium et Spes, 22)

Sábado después de Epifanía (12 enero 2019)

De Corazón a corazón: 1Jn 5,14-21 (“En esto está la confianza que tenemos en él: en que si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha”); Jn 3,22-30(“He sido enviado delante de él… el amigo del novio, el que asiste y le oye, se alegra mucho con la voz del novio. Esta es, pues, mi alegría”)

Contemplación, vivencia, misión: La actitud auténtica del apóstol y amigo de Cristo consiste en no buscar su propio interés, sino sólo que Cristo sea conocido y amado. “Es preciso que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30). Es el gozo de dar, dándose. Cuando se vive así, al apóstol no le falta nada de lo que verdaderamente necesita. La humanidad y la misma Iglesia sería un paraíso, si todos buscaran ser felices haciendo felices a los demás. La regla es sencilla, pero hoy no tiene fuerza “mediática”.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: La alegría, que María canta en el Magníficat, expresa su fe, confianza y amor. “Es mujer que camina con delicadeza y ternura de madre, se hace hospedar en la vida familiar, desata uno que otro nudo de los tantos entuertos que logramos generar, y nos enseña a permanecer de pie en medio de las tormentas” (Papa Francisco, 12,12.18).

 

Viernes después de Epifanía (11 enero 2019)

De Corazón a corazón: 1Jn 5,5-13 (“¿quien es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?); Lc 5,12-16 (“Señor, si quieres, puedes limpiarme… le tocó, y dijo: Quiero, queda limpio”)

Contemplación, vivencia, misión: La “vida nueva” es vida “en” Cristo, como participación en su misma filiación divina,; somos hijos en el Hijo. Todo lo que no lleva a esta vida nueva se convierte en lepra, ceguera, parálisis. La oración confiada y humilde es la clave para entrar en el Corazón de Cristo. Bastaría con sentirse pobre ante su mirada, pero confiando en su amor. Los “métodos” de oración sirven si ayudan a orar con “una sencilla mirada del corazón” (Santa Teresa de Lisieux).

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: El “Magníficat” de María es ahora la oración y el canto de los “pobres”, que creen en Jesús, esperando y amando. “La Virgen María abre de par en par los brazos de su amor maternal para escuchar la súplica de cada uno y concederla” (Papa Francisco, 29/11/18).

Jueves después de Epifanía (10 enero 2019)

De Corazón a corazón: 1Jn 4,19-5,4 (“Él nos amó primero… quien ama a Dios, ame también a su hermano”); Lc 4,14-22 (Vino a Nazaret, donde se había criado… y se levantó para hacer la lectura… El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva”)

Contemplación, vivencia, misión: Así es la gran sorpresa de todos los días: Dios nos ama porque él es bueno. La iniciativa del amor la tiene él. Amor pide amor. Jesús nos ama asumiendo nuestra historia desde su Belén y su Nazaret, para recuperar el valor divino y extraordinario de nuestra vida ordinaria. Pero esta lógica de Dios no siempre es aceptada y vivida gozosamente. Quien cree en Cristo verdadero Dios, verdadero hombre y único Salvador, comprende y vive el misterio de la vida y dignidad de todo ser humano.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: Aquella escena de Nazaret, de aceptación inicial y de rechazo final, cuando Jesús se presentó para evangelizar a los pobres, quedó gravada en el Corazón de María de Nazaret. “En María, el Señor desmiente la tentación de dar protagonismo a la fuerza de la intimidación y del poder, al grito del más fuerte o del hacerse valer en base a la mentira y a la manipulación” (Papa Francisco, 12.12.18).

Miércoles después de Epifanía (9 enero 2019)

De Corazón a corazón: 1Jn 4,11-18 (“Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros… el Padre envió a su Hijo, como Salvador del mundo… nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es amor”); Mc 6,45-52 (“¡Animo!, soy yo, no temáis”)

Contemplación, vivencia, misión: Continuamente descubrimos la novedad del amor, personificado en Cristo, el Hijo de Dios Amor hecho nuestro hermano. Cristo es siempre fiel al amor y no deja a nadie solo. El miedo a las cosas y a los acontecimientos humanos pierde su consistencia, cuando se descubre esta presencia amorosa de un Dios que lo llena todo. Jesús nos salva de nuestros miedos e inseguridades. Hemos conocido su amor a través de la creación, de la historia y especialmente a través de su misma vida y mensaje, como Palabra personal del Padre. La fe y la esperanza abren los oídos del corazón a la voz entrañable de quien continúa diciendo: “Soy yo”.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: “Su fe (de María) vive la alegría de la Anunciación, pero también pasa a través de la oscuridad de la crucifixión del Hijo, a fin de llegar hasta la luz de la Resurrección” (Benedicto XVI, 19.12.12)