Domingo tercero de Cuaresma, Año A (19 marzo 2017)

De Corazón a corazón: Ex 17,3-7 (“Golpearás la peña y saldrá de ella agua”); Rom 5,1-2.5-8 ("El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado"); Jn 4,5-42 (“Jesús, fatigado del camino… Dame de beber… si conocieras el don de Dios”)

Contemplación, vivencia, misión: El "agua" que brota del costado de Cristo muerto en cruz, es fruto de su "sangre" como expresión de su vida donada, el "don de Dios". Es el "agua viva", vida nueva en el Espíritu Santo, que Jesús prometió para todos (Jn 7,38), y que ofreció a la Samaritana (cfr. Jn 4,14). Por esta agua "bautismal", por la que se nos comunica el Espíritu Santo, podemos "renacer" (Jn 3,5) y compartir la vida con Cristo. Nuestra vida relacional con Dios y con los hermanos ya puede ser "en Espíritu y en verdad" (Jn 4,23).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El encuentro de la sed de Dios con la sed del hombre, concretado en el encuentro de Jesús con la Samaritana, había comenzado en el seno de María para bien de toda la humanidad. “Y es Él (el Espíritu Santo) quien modela nuestras comunidades, en un perenne Pentecostés, como signos vivos de esperanza para la familia humana” (Papa Francisco, 8 febrero 2017).

Sábado semana segunda de Cuaresma (18 marzo 2017)

De Corazón a corazón: Miq 7,14-15,18-20 (“Volverá a compadecerse de nosotros”); Lc 15,1-3.11-32 (“Su padre lo vio y, conmovido, fue corriendo… lo cubrió de besos”)

Contemplación, vivencia, misión: La "compasión" es como la autobiografía de Dios Amor y del mismo Jesús, Dios hecho hombre. Pero esa compasión va más allá de nuestras ideas y expresiones psicológicas y religiosas. Dios se compadece siempre, con ternura de madre, al ver a sus hijos embarrados. Nuestro barro había sido amasado cariñosamente en sus manos, pero luego se deslizó hasta lo más hondo y se hizo añicos. La máxima expresión de la "compasión" divina se encuentra en la descripción que hace Jesús del "padre" del hijo pródigo. Es que el Padre nos ve a todos nosotros en el corazón de su Hijo que "vuelve" a la casa paterna. Por el bautismo (el de Jesús y el nuestro), somos "hijos en el Hijo" (cfr. Ef 1,5; GS 22). Al pródigo se le cambió el corazón cuando pronunció esta palabra clave: “Padre”. En ella están los latidos del Corazón de Jesús, nuestro hermano.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: En el Magníficat, por dos veces hace alusión a la "misericordia" divina, que ella ha experimentado en sí misma y que sabe que es también para todos. “Haciendo memoria de las «cosas grandes» que el Todopoderoso ha realizado en Ella (cfr. Lc 1,49), la Virgen no se siente sola, sino plenamente amada y sostenida por el «no temas» del ángel (cfr. Lc 1,30)” (Documento preparatorio Sínodo 2018).

Viernes semana segunda Cuaresma (17 marzo, S. Patricio)

De Corazón a corazón: Gén 37,3-28 (Historia de José); Mt 21,33-46 ("A mi hijo lo respetarán… Lo echaron fuera de la viña y lo mataron")

Contemplación, vivencia, misión: Las figuras emblemáticas del sufrimiento humano en la historia salvífica (Abel, José, algunos Profetas, los Inocentes…) recobran su verdadero sentido a la luz de Cristo. La agonía de Cristo continúa en la humanidad sufriente. La humanidad entera (simbolizada por Israel y la Iglesia) sigue siendo la viña amada. En cada criatura y en cada acontecimiento, el Padre nos da a su Hijo como “consorte” (que comparte nuestra vida) y como razón de ser de todas las cosas. “Crucificamos” al Hijo (y a muchos hermanos con él) cuando no tenemos tiempo según nuestra escala de valores equivocada y cuando campean nuestras preferencias al margen de los planes salvíficos de Dios Amor.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María experimentó este rechazo cuando en Nazaret quisieron despeñar a Jesús (cfr. Lc 4,29). “Ella, joven mujer de Nazaret, que en cada etapa de su existencia acoge la Palabra y la conserva, meditándola en su corazón (cfr. Lc 2,19), fue la primera en recorrer este camino” (Documento preparatorio Sínodo 2018).

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Jueves semana segunda de Cuaresma (16 marzo 2016)

De Corazón a corazón: Jer 17,5-10 (“El que se fía del Señor es como el árbol plantado a las orillas del agua”); Lc 16,19-31(“Había un hombre rico… y un pobre llamado Lázaro”)

Contemplación, vivencia, misión: Ser árbol seco o árbol fecundo, todo depende de la tierra, del aire y especialmente del "agua". Se trata del "agua viva" (vida nueva en el Espíritu Santo) que brota del Corazón de Cristo, muerto en cruz. "Ricos" y pobres", es nuestra clasificación artificial. Para Dios sólo es "rico" de verdad quien sabe apreciar y compartir los dones recibidos. El camino de la cruz lleva a la resurrección. “La Palabra es un don. El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca” (Mensaje Cuaresma 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María llevó en su seno "la fuente" del agua viva (Jn 4,14); la compartió y la sigue compartiendo generosamente. Desde el día de la Encarnación, nos llevaba en su seno con Cristo. Con su “sí” hasta el pie de la Cruz, ella hizo desbordar los “ríos de agua viva” (Jn 7,38), la vida nueva del Espíritu que brota del Corazón de Cristo muerto en Cruz (cfr. Jn 19,34).

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Miércoles semana segunda de Cuaresma (15 marzo 2917)

De Corazón a corazón: Jer 18,18-20 (“Tramemos algo contra Jeremías, hirámosle”); Mt 20,17-28 (“El hijo del hombre será entregado… le condenarán a muerte… al tercer día resucitará… ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber?”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús asume en sí mismo todas la injusticias y los crímenes de la historia humana. Su objetivo es sanar a todos sin discriminación; da su vida amando y perdonando. Desde la Encarnación hasta la cruz, su vida es un "sí" de donación total, fundamento del pacto definitivo ("Alianza") de amor. Nos ha injertado en su muerte y también en su resurrección. “La tribulación de la Iglesia y del cuerpo de Cristo continúa hasta el fin de los tiempos” (S. Agustín, Com. Salmo 140). El secreto de nuestra felicidad está en el "compartir" la vida con él, para beber su mismo cáliz, correr su misma suerte. La vida tiene sentido con él.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La madre de Santiago y Juan se prestó al juego de la ambición de sus hijos sobre los primeros puestos. La Madre de Jesús, nuestra esperanza, entiende mejor y nos ayuda a hacer de la vida un "sí" en unión con su Hijo, imitando su humildad y entrega. Las profecías del Antiguo Testamento (y los anhelos y esperanzas de los pueblos) se purifican y llegan a su cumplimiento en Jesús Redentor, el “Siervo sufriente” (cfr. Is 53).

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Martes semana segunda de Cuaresma (14 marzo 2017)

De Corazón a corazón: Is 1,10.16-20 (“Aprended a hacer el bien… Si fueren vuestros pecados como la grana, como la nieve blanquearán”); Mt 23,1-12 (“El mayor entre vosotros sea vuestro servidor”)

Contemplación, vivencia, misión: Los dones de la creación y de la nueva creación tienen la “marca de fábrica”: Dios Amor. Todo los dones que no se conviertan en servicio y en solidaridad, se nos escaparán de las manos. La vida se puede rehacer siempre. Las sombras se diluyen ante la Luz; las manchas se purifican en Jesús que "ha venido para servir y para dar su vida en rescate por todos" (Mc 10,45). La Misericordia tiene la última palabra.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La "llena de gracia" y la "Madre del Señor" se ha hecho la "sierva", especialmente desde que llevaba al "Siervo del Señor" en su seno. “Cada joven puede descubrir en la vida de María el estilo de la escucha, la valentía de la fe, la profundidad del discernimiento y la dedicación al servicio (cfr. Lc 1,39-45)” (Documento preparatorio Sínodo 2018).

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Lunes semana segunda de Cuaresma (12 marzo 2017)

De Corazón a corazón: Dan 9,4-10 (“A nosotros la vergüenza en el rostro… al Señor la piedad y el perdón”); Lc 6,36-38 (“Sed misericordiosos como vuestro Padre”)

Contemplación, vivencia, misión: Dios Amor es así: se apiada con ternura de madre cuando reconocemos nuestros pecados y defectos. “Su sol” nos lo da a todos sin distinción. Vivimos entre innumerables dones de su amor. Nuestra ceguera y nuestro sonambulismo se curan mirando a los demás como hijos amados de Dios. Si cerramos el corazón a los hermanos, no es posible “creer” de verdad en Dios, ni tampoco hablar de él con autenticidad y coherencia. “La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios” (Mensaje Cuaresma 2017).

* Con María “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María vivió su “día a día” dejando entrar la luz del “sol” (la “mirada” de Dios) en su propia “nada”. Así lo expresó en su canto del “Magníficat”, cuando llevaba a Jesús (la misericordia) en su seno para bien de “todas las generaciones”. La esperanza vivida se convierte en armonía entre el pasado, el presente y el futuro.