Lunes semana 32ª Tiempo Ordinario (12 noviembre 2018)

De Corazón a corazón: Tit 1,1-9 (“Pablo, siervo de Dios, apóstol de Jesucristo, para llevar a los escogidos de Dios a la fe y al pleno conocimiento de la verdad”); Lc 17,1-6 (“Señor, aumenta nuestra fe”)

Contemplación, vivencia, misión: Frecuentemente oímos hablar o hablamos de la “fe”. Pocas veces somos conscientes de que se trata de una “adhesión” personal a Cristo y, consecuentemente, de una aceptación sincera y total de su mensaje. Es la fe “vivida”. La ilusión del apóstol Pablo consistía en anunciar y comunicar esta fe, es decir, anunciar una persona, Jesús, para invitar a conocerlo y amarlo. Los discípulos de Jesús, por el hecho de convivir con él, se daban cuenta de que su fe tenía que ser más comprometida y vivencial. “San Basilio Magno remarcaba que el fiel se gloría solo en Dios, porque «reconoce estar privado de la verdadera justicia y que es justificado únicamente mediante la fe en Cristo»” (Gaudete et exsultate, n.52).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Oración y fe se postulan mutuamente: “Aumenta nuestra fe”, “enséñanos a orar”, “Señor que vea”, “tú tienes palabras de vida eterna”, “Señor mío y Dios mío”… Santa Isabel alabó la fe de María: “Bienaventurada tú que has creído”. La fe de María forma parte de nuestra herencia, y ella no ayuda a vivirla como adhesión a Cristo.

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Domingo 32º Tiempo Ordinario (11 noviembre 2018)

De Corazón a corazón: 1Re 17,10-16 (Elías a la viuda de Sarepta: “La tinaja de harina no se vaciará”); Heb 9,24-28 (“Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez… aparecerá para dar la salvación a los que le esperan”); Mc 12,38-44 (“Esta pobre viuda ha dado de su indigencia todo cuanto tenía para vivir”)

Contemplación, vivencia, misión: Las dos “viudas” son un símbolo de una realidad frecuente: los más pobres son siempre los que entienden mejor el compartir y la gratuidad. Dar de la propia pobreza, es recordar y ponerse en manos del Alfarero para que moldee nuestro pobre barro con su aliento de amor paternal y universal. La realidad de Jesús “Sacerdote” resume y hace posible nuestra oblación “sacerdotal”. Es la verdadera libertad, la verdad de la donación. Como enseñaba san Agustín, Dios te invita a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas; o bien a decirle al Señor humildemente: «Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras»”(Gaudete et exsultate, n.49)

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: La vida es un aprendizaje para decir que “sí” y darse sin condicionamientos. Esta donación es fuente de gozo: “Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador” (Lc 1,47).

Sábado semana 31ª Tiempo Ordinario (10  noviembre, S. Leon Magno)

De Corazón a corazón: Fil 4,10-19 (“Todo lo puedo en aquel que me conforta”); Lc 16,9-15 (“No podéis servir a Dios y al dinero”)

Contemplación, vivencia, misión: Los problemas de la sociedad (o de una comunidad cualquiera) no se arreglan con simples adornos, componendas y equilibrios de poder. El mundo (y nuestra comunidad) será un hogar familiar, sólo cuando nos decidamos a compartir los bienes con solidaridad (“caridad en la verdad”). Somos sólo administradores de unos bienes recibidos de Dios Amor, para compartirlos con todos y con gratuidad. “San Juan Crisóstomo decía que Dios derrama en nosotros la fuente misma de todos los dones antes de que nosotros hayamos entrado en el combate” (Gaudete et exsultate, n.52).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Los problemas se redimensionan y aclaran cuando descubrimos a Cristo presente que comparte nuestro caminar. María, en las circunstancias nuevas de todos los días, indica el Camino: “Haced lo que él os diga” (Jn 2,5).

Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán (9 noviembre)

De Corazón a corazón: Ez 47,1-2.8-9.12 (“Esta agua viene del santuario)  / 1Cor 3,9-11.16-17 (“Somos edificación de Dios… el cimiento es Jesucristo… el Espíritu habita en vosotros”); Jn 2,13-22 (“La casa de mi Padre”)

Contemplación, vivencia, misión: Somos “casa” de Dios, “cuerpo” o expresión de Cristo, “consortes” (Iglesia “esposa”) de Cristo para correr su misma suerte. En el corazón y en la familia cristiana resuena la oración de Cristo (el “Padre nuestro” como actitud filial), las bienaventuranzas (la actitud de donación ante la historia) y el mandato del amor (el mismo amor de Cristo). La “casa de mi Padre” (Jn 2,16; cfr. Lc 2,49) indica que toda la creación es morada de Dios, manifestada especialmente en el signo del templo. Pero el “templo” es el mismo Jesús (Jn 2,21). Ahora el templo de Dios tiene que ser especialmente el corazón, donde mora el mismo Dios y hace de todos nosotros su misma familia divina, de “piedras vivas” cimentadas en Cristo. Jesús se “reedifica” constantemente en nosotros, por el perdonar y la fe vivida. “Un templo es la única cosa digna de representar el sentir de un pueblo” (Antoni Gaudí

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: El templo (como el de San Juan de Letrán) simboliza toda esta realidad de Iglesia que es caridad (presidida por el sucesor de Pedro) y que encuentra en María su modelo y Madre, el primer “templo” del “Emmanuel”. El bautismo es una celebración de la Iglesia madre como María.

Jueves semana 31ª Tiempo Ordinario (8 noviembre 2018)

De Corazón a corazón: Fil 3,3-8 (“Todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús”); Lc 15,1-10 (“Cuando la encuentra (a la oveja perdida) la pone contento sobre sus hombros”)

Contemplación, vivencia, misión: Cuando se ha experimentado el encuentro con Cristo, todo lo demás se relativiza, es decir, se coloca en su verdadero lugar. Entonces se aprende a vivir en sintonía con él y a mirar a los demás con su misma mirada. Propiamente es Él quien tiene la iniciativa de buscarnos. Y es también Él quien más se alegra por habernos encontrado. El camino del encuentro con Cristo es un proceso de ir quitando todo lo que es contrario a su modo de pensar, valorar y vivir, para aprende a mirar y amar como él. “La contemplación de estos misterios (de Cristo), como proponía san Ignacio de Loyola, nos orienta a hacerlos carne en nuestras opciones y actitudes” (Gaudete et exsultate, n.20).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Cada día tiene su peculiaridad, porque siempre hay polvo que limpiar, para que entre la luz de Cristo y nos haga su transparencia. María de Nazaret está especializada en estos servicios humildes; basta con dejarla entrar; ella, como buena madre, comprende mejor.

Miércoles semana 31ª Tiempo Ordinario (7 noviembre 2018)

De Corazón a corazón: Fil 2,12-18 (“Que seáis hijos de Dios sin tacha en medio de una generación tortuosa”); Lc 14,25-33 (“Quien no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser mi discípulo”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús lleva en su Corazón a toda la humanidad, que es su prpia historia, en el día a día de cada persona concreta. En cada época histórica asume nuestro caminar y quiere que seamos transparencia de su amor para todos. No hay época histórica sin tormentas. Ni hay historias concretas sin dificultades. Ser “discípulo” de Jesús significa “escucharle” en el corazón, seguir “en pos” de él, compartir su mismo estilo de vida, dejarle ser compañero de viaje a nuestro lado. «En la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible» (Gaudete et exsultate, n.8, cita a Sta. Teresa Benedicta).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: El Señor no nos pide ir delante de él ni afrontar la vida solos. La “cruz” es ahora un retazo de su misma biografía y un toque de su amor en nuestra vida, como lo fue para María, su Madre y nuestra, “de pie junto a la cruz” (Jn 19,25).

Martes semana 31ª Tiempo Ordinario (6 noviembre, Mártires de España)

De Corazón a corazón: Fil 2,5-11 (“Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo… se humilló… Dios lo exaltó”); Lc 14,15-24 (“Una gran cena… ya está todo preparado”)

Contemplación, vivencia, misión: Dios Amor nos invita a la “boda” de la Encarnación redentora de su Hijo, que tiene lugar aquí y ahora: Cristo Esposo comparte nuestra historia asumiéndola como suya. Todos están invitados; la mayoría no lo saben; otros están preocupados por sus propios intereses (falsos o irrelevantes). Urge que todos conozcan y amen a Cristo, para formar en él un solo Cuerpo dinamizado por el mandato del amor, una “comunión” familiar, donde Cristo sea el punto de referencia de los criterios, valores y actitudes. “Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión” (Gaudete et exsultate, n.4). Los mártires sellaron su vida con un “sí” hecho oblación, amando y perdonando.

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Sin la actitud “oblativa” de María (cfr. Lc 2,22;  Jn 19,25), unida a la oblación de Cristo, no es posible vivir en sintonía con los sentimientos y amores del Señor.