Jueves semana 19ª Tiempo Ordinario (17 agosto 2017)

De Corazón a corazón: Jos 3,7-11.13-17 (“El arca del Señor va a pasar el Jordán delante de vosotros”); Mt 18,21-19,1 (Perdonar: “Compadecerte… como yo me compadecí de ti”)

Contemplación, vivencia, misión: Si tuviéramos más memoria histórica, veríamos que nuestra vida es un tejido maravilloso de la misericordia divina. El mismo sol, “su sol”, es para todos, como prueba que nos lleva a todos y a cada uno en su corazón. Si su amor es para todos, ¿por qué nuestro amor impregnado de su mismo amor, no es para todos? Nos hacemos ilusiones cuando pensamos en privilegios exclusivos; el paso del mar Rojo y del Jordán es ahora el “bautismo” que nos puede hacer a todos hijos de Dios y hermanos de una misma familia. La garantía del gran milagro es el amor. “Esta es nuestra esperanza cristiana. La luz de Jesús, la salvación que nos lleva a Jesús con su luz y que nos salva de las tinieblas” (Papa FrAncisco, 2 agosto 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor:Que María, en su “Magníficat”, se sintiera amada en su “nada” y objeto de la misericordia divina, es la base de su título de “Madre de misericordia”. Sólo ella comprende bien a su Hijo, “el Salvador del mundo”, que es la misericordia personificada.

Miércoles semana 19ª Tiempo Ordinario (16 agosto 2017)

De Corazón a corazón: Deut 34,1-12 (Muerte de Moisés ante la Tierra Prometida); Mt 18,15-20 (Corrección fraterna: “a solas tú con él”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús está “en medio” de los hermanos, cuando intentamos amarnos con su mismo amor: perdonar como él, compartir la misma vida, darse con gratuidad. Es siempre una asignatura pendiente, pero abierta el infinito del amor de Dios. La historia tendría que ser una herencia de gracia que se comparte ahora y se lega al futuro, hasta llegar a la plenitud de vida en Cristo. “Nuestra historia de Iglesia, que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio” (Evangelii Gaudium, n.96).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Las “dudas” de San José serían también una prueba dolorosa para la Virgen María. Los dos reaccionaron con caridad y verdad, y se hizo la luz: “lo engendrado en ella es obra del Espíritu Santo” (Mt 1,20).

ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN (15 agosto 2017)

De Corazón a corazón: Ap 11,19-12,10 (“Una gran señal… Una mujer vestida de sol”); 1Co 15,20-27 (“Cristo resucitado… primicias… todos revivirán en Cristo”); Lc 1,39-56 “Bendita entre las mujeres… feliz la que ha creído”)

Contemplación, vivencia, misión: María Asunta es la prenda que Cristo nos da sobre nuestra futura resurrección. A ella ya la ha glorificado en cuerpo y alma, como “primicias” de todos los que viven en Cristo. Ella es el “icono” o figura de lo que debe ser la Iglesia, plenamente glorificada en Cristo, “mujer vestida de sol” (Apoc 12,1). Quien cree en Cristo resucitado no tiene dificultad en admitir este regalo a su Madre y nuestra. Celebramos el triunfo de Cristo resucitado sobre el pecado y la muerte: María es Inmaculada y Asunta. Al darnos a María, Jesús nos da las primicias de lo que seremos, pero también quiere encontrar en nosotros la sintonía con su Corazón materno: recibir la Palabra, hacer nacer la Palabra en nuestro corazón y en el mundo.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: “Ella vive con Jesús completamente transfigurada, y todas las criaturas cantan su belleza. Es la Mujer « vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza » (Apoc 12,1)” (Laudato sì, n.241)

Lunes semana 19ª Tiempo Ordinario (14 agosto, S. Maximiliano Kolbe)

De Corazón a corazón: Deut 10,12-22 (“Tu Dios te pide que sigas sus caminos, que le ames”); Mt 17,22-27 (“El hijo del hombre va a ser entregado, lo matarán y al tercer día resucitará…Se entristecieron”)

Contemplación, vivencia, misión: Es Jesús mismo quien paga por nosotros como “Redentor”, es decir, Esposo enamorado. Nuestra vida la comparte para hacerla su complemento. Dios, que se hace mendigo de amor, gracias a Jesús que vive en nosotros ya puede encontrar en nuestro corazón su mismo amor como eco del suyo. El verdadero creyente en Cristo es testigo del gozo de la esperanza: “Ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo” (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, n.80).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Al anuncio de la pasión, los discípulos se entristecieron, olvidando que Jesús anunció también la resurrección. María, en la ausencia y pérdida de Jesús niño, supo admirar y adorar en su corazón el proyecto de entrar y “estar en la casa del Padre” (Lc 2,49), para correr la misma suerte de su Hijo.

Domingo 19º Tiempo Ordinario (13 agosto 2017)

De Corazón a corazón: 1Re 19,9.11-13 (Dios se muestra a Elías “en el susurro de una brisa suave”); Rom 9,1-5 (“Desearía ser anatema por mis hermanos israelitas… de los cuales procede Cristo según la carne”); Mt 14,22-33 (“Los discípulos… a la otra orilla… Él subió al monte a solas para orar”)

Contemplación, vivencia, misión: Dios habla por medio de sus dones, también los más sencillos como el “susurro de una brisa suave”. A cada ser humano y a cada pueblo lo lleva en su corazón de Padre. El pueblo de Israel sigue siendo “su” pueblo de modo especial, porque de esa “raíz de Jesé” nació Jesús. Ahora ya todos los pueblos están bendecidos y llamados a encontrar a Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Pero hay que aprender a pasar a “la otra orilla”, es decir, a los nuevos planes de Dios Amor sobre toda la humanidad. “Nunca es demasiado tarde para tocar el corazón del otro y nunca es inútil. Así se aclara aún más un elemento importante del concepto cristiano de esperanza” (Spe Salvi, n.48).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Sólo quien entra en el silencio del corazón encuentra la Palabra personal y definitiva de Dios. Es la Palabra pronunciada “en eterno silencio” y ahora ya concebida en el corazón y en el seno de María, figura de la Iglesia.

Sábado semana 18ª Tiempo Ordinario (12 agosto 2017)

De Corazón a corazón: Deut 6,4-13 (“Escucha, Israel, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón”); Mt 17,14-20 (“Señor, ten piedad de mi hijo… si tenéis fe como un grano de mostaza…”)

Contemplación, vivencia, misión: A todos llega la ternura materna (“misericordiosa”) de Jesús. Las enfermedades son efecto del primer pecado (“original”) cometido bajo la tentación del espíritu del mal. Pero la paz en el corazón, infundida por Jesús para vivir según el proyecto del Padre, puede producir milagros y momentos providenciales. La mejor curación es la de vivir escuchando y respondiendo al amor. Después de una curación milagrosa o providencial, todavía queda lo mejor: cuando de nuevo llegue la enfermedad y la misma muerte, saber completar a Cristo en su pasión y muerte, sabiendo que él nos acompaña.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La fe confiada de María (y de los santos) no nace de la autosuficiencia, sino del saberse amados por Dios misericordioso tal como somos (cfr. Lc 1,48ss); es la fe  que traspasa las montañas. “Nuestra esperanza es siempre y esencialmente también esperanza para los otros; sólo así es realmente esperanza también para mí” (Spe Salvi, n.48)

Viernes semana 18ª Tiempo Ordinario (11 agosto, Sta Clara)

De Corazón a corazón: Deut 4,32-40 (“El Señor es el verdadero Dios… desde el cielo te ha hecho oír su voz… para que seas feliz”); Mt 16,24-28 (“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”)

Contemplación, vivencia, misión: Dios nos examina de amor. Él ama dándose a sí mismo y nos hace el don de poder amarle y amar a los hermanos con su mismo amor. La elección de Israel es fruto de un amor irreversible. Jesús nos invita a seguirle, detrás de él, no delante. Esto supone dejar toda la chatarra por amor a él, porque nadie ni nada le puede suplir. “Como cristianos, nunca deberíamos preguntarnos solamente: ¿Cómo puedo salvarme yo mismo? Deberíamos preguntarnos también: ¿Qué puedo hacer para que otros se salven y para que surja también para ellos la estrella de la esperanza? Entonces habré hecho el máximo también por mi salvación personal” (Spe Salvi, n.48).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Todo santuario mariano es una historia de la presencia activa y materna de María, quien “antecede con su luz al Pueblo de Dios peregrinante como signo de esperanza y de consuelo hasta que llegue el día del Señor” (LG 68).