Miércoles semana 10ª Tiempo Ordinario (12 junio 2019)

De Corazón a corazón: 2Cor 3,4-11 ("Nuestra capacidad viene de Dios"); Mt 5,17-19 (“No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento”)

Contemplación, vivencia, misión: Podemos y debemos seguir caminando y superar las dificultades de la vida. Pero transformarlo todo en amor de donación, sólo es posible unidos al Señor. “El amor viene de Dios” (1Jn 4,7). Al abrir los ojos ante la creación y la historia, se pueden encontrar siempre muchas gotitas que salpican de la “fuente” y muchas “semillas del Verbo”. Con Jesús, todas estas gotitas y esas semillas, remiten a una plenitud fontal: Dios Amor. Él personifica las “bienaventguranzas” y ha venido para renovar toda la creación y toda la historia, amando y perdonando. La “Iglesia” (comunidad familiar de Jesús) es auténtica cuando es el rostro de Jesús. Entonces sabe testimoniar y anunciar el evangelio de Jesús.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Son pocos los que saben integrar los valores de los demás sembrando la concordia, sin relativismo ni sincretismos, ayudando a purificar y abrirse del todo al Amor. Es cuestión de vivir en Cristo y amar como él. Con María, se aprende a mirar a los demás (también a los “pastores” de Belén y “magos” de Oriente), encuadrándolos en el designio de Dios Amor en Cristo, “su misericordia de generación en generación” (Lc 2,50).

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San Bernabé, Apóstol (martes 11 junio 2019)

De Corazón a corazón: Hech 11,21-13,3 (“Bernabé era un hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe”); Mt 10,7-13 (“Lo que habéis recibido gratuitamente, dadlo gratuitamente”)

Contemplación, vivencia, misión: Nuestra historia de “comunión” eclesial enraíza en los Apóstoles. Bernabé dejó su huella imborrable, especialmente en Antioquía y Chipre. Pablo reencontró o fue “restablecido” en su vocación “ad gentes”, gracias a él; Bernabé compartió con Pablo el primer viaje apostólico. Todos los Apóstoles obraron “gratuitamente” en una especie de “itinerancia” espiritual, a la sorpresa de Dios: servir a la comunidad sin servirse de ella. El nombre “cristiano” (surgido en Antioquía) aúna a todos en Cristo, de quien participamos, a quien imitamos, con quien nos relacionamos y por quien compartimos todo con todos. El Espíritu Santo obra siempre en esta línea del amor desinteresado y hace de la Iglesia el “rostro” de Cristo. El mejor premio del apóstol consiste en gastar la vida para amar y hacer amar a Amor.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: No hay fecundidad apostólica sin comunión eclesial y sin fidelidad al Espíritu de amor. "La fe eclesial tiene su paradigma en el sí de María" (Benedicto XVI, Verbum Domini, n.29). Ella es la escuela de la “gratuidad”.

MARÍA MADRE DE LA IGLESIA (lunes después de Pentecostés, 10.6.19)

De Corazón a corazón: Gen 3, 9-15.20 (“Madre de todos los vivientes”); Hech 1, 12-14 (“Perseveraban en la oración, con un mismo espíritu… con María la madre de Jesús”); Jn 19, 25-34 («Mujer, ahí tienes a tu hijo» … «Ahí tienes a tu madre»)

Contemplación, vivencia, misión: Bautizados en Jesús, hemos recibido del Padre el Espíritu Santo para ser “hijos en el Hijo” (Efes 1,5). Somos la comunidad y familia de Jesús, su “Iglesia, su cuerpo y complemento” (Efes 1,22-23), con Jesús “en medio” (Mt 18,20). Y como tales (familia eclesial), de él hemos sido confiados al cuidado de su misma madre: “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27). Somos herederos del amor de Cristo hacia su madre, que es también la nuestra. “María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cfr. Hech 1,14)” (Congregación del Culto, 11.2.18). Ella es “Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa” (Pablo VI, 21.11.64). “La Iglesia católica, enseñada por el Espíritu Santo, la honra con filial afecto de piedad como a Madre amantísima” (Lumen Gentium, n.53)

Con la Madre de Jesús, la Iglesia misionera y madre: La misión de la Iglesia consiste en recibir a Jesús y transmitirlo a toda la humanidad. Es misión de “maternidad”, que tiene como punto de referencia a María. La maternidad de María "encuentra una nueva continuación en la Iglesia y por medio de la Iglesia" (Redemptoris Mater, n.24). Por esto la Iglesia “aprende de María su propia maternidad ministerial”, que “se lleva a cabo no sólo según el modelo y la figura de la Madre de Dios, sino también con su cooperación” (ibídem, nn.43-44). Resumen catequético sobre María Madre de la Iglesia:

https://compartirencristo.files.wordpress.com/2010/09/madre-de-iglesia.doc

Domingo de PENTECOSTÉS (9 junio 2019)

De Corazón a corazón:Hech 2,1-11 (“Todos quedaron llenos del Espíritu Santo… Todos oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”); Rom 8,8-17 (“El Espíritu de Dios habita en vosotros”); Jn 14,15-16.23-26 (“Os enseñará todo”)

Contemplación, vivencia, misión: Se recibe el Espíritu Santo, enviado por Jesús de parte del Padre, como fruto pascual de su muerte y resurrección. Entonces la vida nueva del Espíritu es presencia, luz y acción transformadora, que reclama fidelidad de relación, de apertura y de entrega generosa. Un nuevo Pentecostés acontece continuamente en el caminar eclesial, en las nuevas situaciones, para suscitar nuevo fervor de los apóstoles. ¿Cómo discernir y seguir la acción del Espíritu Santo? Es un proceso de oración, vida oculta, caridad, esperanza… Porque el Espíritu Santo conduce siempre hacia el “desierto” (Lc 4,1), hacia los “pobres” (Lc 4,18), hacia el “gozo” oblativo de la Pascua (Lc 10,21). El encuentro contemplativo con Cristo se hace comunión de hermanos y entrega gozosa a la misión.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús:La preparación y la celebración de todo “nuevo Pentecostés” consiste siempre en orar armónicamente “con María la Madre de Jesús”. “Fue en Pentecostés cuando empezaron ‘los hechos de los Apóstoles’, como había sido concebido Cristo al venir al Espíritu Santo sobre la Virgen María, y Cristo había sido impulsado a la obra de su ministerio, bajando el mismo Espíritu Santo sobre El mientras oraba” (Ad Gentes, n.4).

Sábado semana séptima de Pascua (8 junio 2019)

De Corazón a corazón: Hech 28,16-31 (“Por la esperanza de Israel llevo estas cadenas… predicaba con toda valentía”); Jn 21,20-25 (“Tú, sígueme… Su testimonio es verdadero”)

Contemplación Vivencia Misión: El último “sígueme” del Evangelio puede resumir la vida de Pedro y Pablo, como la de todo apóstol. La vida de los apóstoles de Cristo (como Pedro, Pablo y Juan) está escrita en el corazón de Dios. No necesitan placas conmemorativas. Pedro siguió al Señor dejándolo todo por Él. Pablo, “encadenado”, daba testimonio de Jesús. Juan nos ha dejado un Evangelio, donde siguen palpitando los latidos del Corazón del Señor, auscultados en sintonía con sus amores. Estos testimonios son “verdaderos”, ratificados con una vida de fidelidad al Espíritu de Amor.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Se necesita una actitud de “Cenáculo” con María, para hacer de la vida un “sí”, materno y fecundo. “Vemos a los Apóstoles antes del día de Pentecostés ‘perseverar unánimemente en la oración con las muje­res, y María la Madre de Jesús y los hermanos de Este’ (Hech, 1,14); y a María implorando con sus ruegos el don del Espíritu Santo, quien ya la había cubierto con su sombra en la Anunciación” (Lumen Gentium, n.59).

Viernes semana séptima de Pascua (7 junio 2019)

De Corazón a corazón: Hech 25,13-21 (“Jesús… de quien Pablo dice que vive”); Jn 21,15-19 (“¿Me amas más?… Apacienta mis ovejas… Sígueme”)

Contemplación, vivencia, misión: El examen de amor para la misión recuerda la declaración de amistad mutua en la Última Cena (cfr. Jn 15). “Esta vocación misionera tiene que ver con nuestro servicio a los demás… Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo” (Christus vivit, n.254). Los Apóstoles vivían pendientes de la presencia real de Cristo resucitado. Su primer encuentro se actualizaba continuamente en la vida ordinaria. A Cristo se le ama en la medida en que uno se preocupa por hacerle amar. El pasado, que tiene sus luces y sus sombras, queda diluido y transformado en el Corazón de Cristo Amigo. Es el mejor recuerdo y resumen de los dos años de cárcel de Pablo en Cesarea: “Jesús vive”. Es toda una biblioteca vivencial, sobre “alguien” de quien ya no se puede prescindir, porque se ha hecho nuestro “contemporáneo”..

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: El último "sígueme" recuerda el "seguimiento" evangélico de Cristo "con su Madre" (Jn 2,12). "Te pido, Virgen Santa, que yo reciba a Jesús de aquel mismo Espíritu Santo por el que tú has concebido a Jesús” (San Ildefonso de Toledo, De virginitate V.M., cap. XII).

Jueves semana séptima de Pascua (6 juio 2019)

De Corazón a corazón: Hech 22,30;23,6-11 (“Se me juzga por esperar la resurrección de los muertos… Has dado testimonio de mí”); Jn 17,20-26 (“Como tú Padre en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea… los has amado como a mi… yo estoy en ellos”)

Contemplación, vivencia, misión: Pablo fue siempre un destello de Cristo Resucitado. Un corazón unificado en el amor a Cristo y una comunidad unificada, con Cristo en medio, es la garantía de una fe vivida que no hace rebajas a la entrega. El mandato del amor, puesto en práctica en la fraternidad, es un signo eficaz de santificación y de evangelización. El mundo necesita este testimonio y “memoria” viviente de Cristo, pero no siempre lo encuentra en quienes decimos ser “cristianos”. Necesiamos una nueva venida del Espíritu Santo, un “nuevo Pentecostés”. “Por obra del Espíritu Santo nació él (Jesús) de una Virgen, y por obra del mismo Espíritu Santo fecunda también su Iglesia pura, a fin de que, a través del bautismo, dé a luz a una multitud innumerable de hijos de Dios” (San León Magno, Sermón 12).

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: En el Cenáculo, preparando la venida del Espíritu Santo, resonaban en el Corazón de María y de la Iglesia, las palabras de Jesús: "Los has amado como a mi… yo estoy en ellos". Era la explicación del encargo recibido en el Calvario: "He aquí a tu hijo… he aquí a tu Madre" (Jn 19,26).