Archivo de la categoría: Liturgia

Viernes semana novena Tiempo Ordinario (5 junio, s. Bonifacio)

De Corazón a corazón: 2Tim 3,10-16 (“Todos los que quieran vivir en sintonía con Cristo Jesús, sufrirán persecuciones”); Mc 12,35-37 (“La muchedumbre le oía con agrado”)

Contemplación, vivencia, misión: La vida de Jesús está tocada por la “cruz”: todas las circunstancias las transformaba en atención a los demás, en donación según el proyecto del Padre, como “pan partido” que se da. No se buscaba a sí mismo. Vivía con el gozo de dar y darse. Todos podían constatar que amaba llevando a cada uno en su Corazón. “Cuando seré levantado, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32). El sufrimiento no tiene sentido, si no es a la luz del costado abierto de Jesús, muerto en cruz por amor y preanunciando la resurrección. Nos pide que le “completemos”, con el gozo de la esperanza, dejándonos acompañar por él. La Iglesia esposa está llamada a compartir la suerte del Esposo. "No hay sino una manera de darse a Dios… y es darse enteramente” (Cura de Ars).

*Discípulos de la Palabra con la Madre de Jesús: Así es el camino fecundo, doloroso y esperanzado, de la Iglesia tocada por la cruz y la persecución, “de pie” y ofreciéndose como María.La esperanza de Jesús es distinta (de la nuestra), infunde en el corazón la certeza de que Dios conduce todo hacia el bien, porque incluso hace salir de la tumba la vida” (Papa Francisco, Vigilia Pascual 2020)

Jueves semana novena Tiempo Ordinario (4 junio, Cristo Sacerdote)

De Corazón a corazón: 2Tim 2,8-15 (“Acuérdate de Jesucristo resucitado… la Palabra de Dios no está encadenada”); Sal 25,4; Mc 12,28-34 (“Escucha… amarás… no estás lejos del Reino de Dios”)

Contemplación, vivencia, misión: Lo que importa es amar de verdad, hacer de la vida una donación, en Cristo resucitado y con Él. Entonces es siempre posible dar testimonio de su resurrección, aunque sea entre cadenas como Pablo, preparándose para el martirio. Hay mucha gente que está “cerca” de Jesús, sin saberlo. Necesitan encontrar el “signo” o destello de Jesús. El Cura de Ars “estaba convencido de que para hacer bien a los hombres es necesario amarles". Esta es la vocación apostólica de todo cristiano. “Necesitamos retomar el camino, recordando que nacemos y renacemos de una llamada de amor gratuita … sobre todo en las crisis y en los tiempos de prueba” (Papa Francisco, 11 abril 2020). Nuestro pasado es una historia de amor, por parte de “alguien” que siempre nos ha llevado en su Corazón Cristo Buen Pastor, Sacerdote y Víctima.

*Discípulos de la Palabra con la Madre de Jesús: “Escuchar” la Palabra “en el corazón” como María (cfr. Lc 2,19.51), equivale a dejarse sorprender y conquistar por los latidos del Corazón de Cristo, para ser signo y reflejo de cómo ama Él. (Para la fiesta de Cristo Sacerdote:

https://compartirencristo.files.wordpress.com/2011/05/cristo-sacerdote1.doc

https://oblatasdecristosacerdote.com/4-de-junio-2020-fiesta-de-jesucristo-sumo-y-eterno-sacerdote/

Miércoles semana novena Tiempo Ordinario (3 junio. S.Carlos Lwanga)

De Corazón a corazón: 2Tim 1,1-3.6-12 (“Te recomiendo que avives la gracia de Dios que está en ti”); Sal 123,1; Mc 12,18-27 (“Cuando resuciten serán como ángeles en el cielo”)

Contemplación, vivencia, misión: No se puede entender la persona de Jesús y su mensaje, si no es en sintonía con su “Corazón”, con sus sentimientos más íntimos. Él ha venido para hacernos partícipes de la vida divina, preparando y anticipando, ya desde ahora, lo que será luego visión y posesión plena. El “sí” que Dios espera de nosotros (en cada estado de vida, también en la vida matrimonial) está insertado en el “sí” de Jesús al Padre. Las gracias recibidas hay que reavivarlas continuamente. Quien, como sacerdote, ha recibido la imposición de manos (ahora por el sacramento del Orden) presta a Jesús su voz, sus gestos, todo su corazón, para ser “signo” y “memoria” de su amor esponsal.

*Discípulos de la Palabra con la Madre de Jesús: “El sacerdocio, ¡ved el amor del Corazón de Jesús!” (decía el Cura de Ars). Señal de amor a Jesús es alegrarse y darle gracias por este don concedido a su Iglesia, sin caer en la trampa de noticias distorsionadas. María ve en cada sacerdote un “Jesús viviente” (San Juan Eudes), siempre en elaboración y con la ayuda de todos.

Martes semana novena TiempoOrdinario (2 junio 2020)

De Corazón a corazón: 2Pe 3,12-15.17-18 (“Esperamos nuevos cielos y nueva tierra”); Mc 12,13-17 (“Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”)

Contemplación, vivencia, misión: La vida es un camino de discernimiento y de sorpresas. No es posible que se marchiten y disipen tantas cosas bellas (como las flores, las auroras y los atardeceres) ni que pasen sin dejar huella tantas personas y cosas buenas (como la sonrisa inocente de los niños). Nosotros mismos “gemimos” con la creación, “esperando la adopción de hijos y la redención” (cfr. Rom 8,23). Las palabras de Jesús están iluminadas por su amor y por su misterio pascual (encarnación y redención). La “autonomía de las realidades terrestres” (GS 36) no cancela la orientación de todas las cosas hacia la gloria de Dios y hacia el bien de toda la humanidad: “Recapitular todas las cosas en Cristo” (Ef 1,10). La Providencia divina, respetando la libertad humana, lo orienta todo “hacia el bien” de todos (cfr. Rom 8,28). “Que se abra el corazón del que tiene, para llenar las manos vacías del que carece de lo necesario” (Papa Francisco, 11 abril 2020).

*Discípulos de la Palabra con la Madre de Jesús: La “mujer vestida de sol” es “la gran señal” (Apo 12,1), como expresión y fruto de Jesús Redentor. Una vida gastada por amor a Dios y a los hermanos, es la única que construye la historia, en marcha hacia “un cielo nuevo y una tierra nueva” (Apo 21,1) donde reinará la justicia y el amor.

MARÍA MADRE DE LA IGLESIA(lunes 1 junio 2020)

De Corazón a corazón: Gen 3, 9-15.20 (“Madre de todos los vivientes”); /Hech 1, 12-14 (“Perseveraban en la oración, con un mismo espíritu… con María la madre de Jesús”); Jn 19, 25-34 («Mujer, ahí tienes a tu hijo» … «Ahí tienes a tu madre»)

Contemplación, vivencia, misión: Bautizados en Jesús, hemos recibido del Padre el Espíritu Santo para ser “hijos en el Hijo” (cfr. Efes 1,5). Somos la comunidad y familia de Jesús, su “Iglesia, su cuerpo y complemento” (Efes 1,22-23), con la presencia de Jesús “en medio” (Mt 18,20). Y como tales, de él hemos sido confiados al cuidado de su misma madre: “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27). Somos herederos del amor de Cristo hacia su madre, que es también la nuestra. “María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cfr. Hech 1,14)” (Congregación del Culto, 11.2.18). Ella es “Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa” (Pablo VI, 21.11.64). “La Iglesia católica, enseñada por el Espíritu Santo, la honra con filial afecto de piedad como a Madre amantísima” (Lumen Gentium, n.53)

*Discípulos de la Palabra con la Madre de Jesús, para ser Iglesia misionera y madre: La misión de la Iglesia consiste en recibir a Jesús y transmitirlo a toda la humanidad. Es misión de “maternidad”, que tiene como punto de referencia a María. La maternidad de María "encuentra una nueva continuación en la Iglesia y por medio de la Iglesia" (Redemptoris Mater, n.24). Por esto la Iglesia “aprende de María su propia maternidad ministerial”, que “se lleva a cabo no sólo según el modelo y la figura de la Madre de Dios, sino también con su cooperación” (ibídem, nn.43-44).

Resumen catequético sobre María Madre de la Iglesia:

https://compartirencristo.files.wordpress.com/2010/09/madre-de-iglesia.doc

DOMINGO DE PENTECOSTÉS,Año A (31 mayo, Visitación)

De Corazón a corazón: Hech 2,1-11 (“Todos quedaron llenos del Espíritu Santo… Todos hemos oído hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”); 1Cor 12,3-7.12-13 (“Hay diversidad de dones… todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu”); Jn 20,19-23 (“La paz con vosotros… Recibid el Espíritu Santo”)

Contemplación, vivencia, misión: Hay “Nueva Evangelización” cuando el corazón se abre a las nuevas gracias del Espíritu Santo, que corresponden a las nuevas situaciones del aquí y del ahora. Sin esta actitud de fidelidad al Espíritu, no habría “nuevos” evangelizadores. El Evangelio brillaría por su ausencia y sólo quedarían andamios, más o menos técnicos y sofisticados. El Espíritu de amor construye la unidad del corazón, de las comunidades, de toda la Iglesia y de toda la humanidad. Es la “paz” como destello del modo de amar de Dios: darse a sí mismo. "Este día (Pentecostés) es tan grande, de tanta dignidad, que quien en él no tiene parte, no la tiene en ningún otro día de Jesucristo; ya que la muerte de Jesucristo ganó perdón de pecados; pero sin la gracia que hoy se da, no te aprovecha nada" (S. Juan de Ávila, Sermón 32).

*Discípulos de la Palabra con la Madre de Jesús: Todo empezó el día de la “Anunciación”, cuando María, figura y Madre de la Iglesia, dijo que “sí” a la Palabra personal de Dios y a la nueva acción del Espíritu Santo. Para la misión de hoy, hay que "temer la prontitud de María", en su visita a Isabel (cfr. Mensaje de Papa Francisco a las OMP, 21 mayo 2020). “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hech 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés” (Evangelii Gaudium, n.284).

Sábado semana séptima de Pascua (30 mayo 2020)

De Corazón a corazón: Hech 28,16-31 (“Por la esperanza de Israel llevo estas cadenas… (Pablo) predicaba con toda valentía”); Jn 21,19-25 (“Tú, sígueme… Su testimonio es verdadero”)

Contemplación, vivencia, misión: Las vidas concretas de los apóstoles de Cristo (como Pedro, Pablo y Juan) están escritas en el corazón de Dios. No necesitan placas conmemorativas. Pedro siguió al Señor dejándolo todo por Él. Pablo, “encadenado”, daba testimonio de Jesús. Juan nos ha dejado un Evangelio donde siguen palpitando los latidos del Corazón del Señor, auscultados en sintonía con sus amores. Estos testimonios son “verdaderos”, ratificados con una vida de fidelidad al Espíritu de Amor. “A pesar de la tristeza que podamos albergar, sentiremos que debemos esperar, porque contigo la cruz florece en resurrección, porque Tú estás con nosotros en la oscuridad de nuestras noches, eres certeza en nuestras incertidumbres, Palabra en nuestros silencios, y nada podrá nunca robarnos el amor que nos tienes” (Papa Francisco, 11 abril 2020).

*Discípulos de la Palabra con la Madre de Jesús: La audacia de la esperanza nace de la humildad y de la verdad de la donación. Se necesita una actitud de “Cenáculo” con María, para hacer de la vida un “sí” materno y fecundo. Jesús explicó la maternidad apostólica como “gozo”, fruto del dolor de donación (cfr. Jn 16,21-22). Es el gozo del Espíritu Santo, que nos hace “testigos” y “gloria” de Cristo (cfr. Jn 15,26-27; 16,14).