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Domingo cuarto de Cuaresma , Año A (26 marzo 2017)

De Corazón a corazón: 1Sam 16,1.6-7.10-13 (David, “el más pequeño que está guardando el rebaño”); Ef 5,8-14 (“Ahora sois luz; vivid como hijos de la Luz”); Jn 9,1-41 (En la curación del ciego. “Yo soy luz del mundo”)

Contemplación, vivencia, misión: En la noche de la Pascua cantaremos a “la Luz del mundo”, recibiéndola en nuestras vidas y anunciándola a toda la humanidad. Hay que abrir la ventana, reconociendo nuestra pequeñez y oscuridad. Jesús hace siempre el milagro de restaurar nuestra vista, dándonos una nueva luz: la luz de ver las cosas desde Él y como Él. En el camino de cuaresma hacia la Pascua, la Iglesia nos invita a pregustar la “alegría” (“laetare”) de Jesús resucitado.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La “luz” comunicada por Jesús es un tema muy meditado por María, como signo de esperanza, en la visitación, en Belén y en la presentación. Asistió al nacimiento de Juan el Bautista y escuchó el canto de Zacarías: “Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de lo alto, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte” (Lc 1,78-79; cfr. 2,9.30-32).

ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR (sábado 25 marzo 2017)

De Corazón a corazón: Is 7,10-14 (“Le pondrá por nombre Emmanuel, Dios con nosotros”); Heb 10,4-10 (“Al entrar en este mundo dice… vengo para hacer tu voluntad”); Lc 1,26-38 (“Vas a dar a luz un hijo… Jesús… El Espíritu Santo vendrá sobre ti… Hágase en mí según tu palabra”)

Contemplación, vivencia, misión: Todos los detalles de la historia de la humanidad recobran su sentido en el "sí" de Jesús al Padre desde el seno de María, el día de la Anunciación, cuando tuvo lugar la Encarnación del Verbo por obra del Espíritu Santo. "El Verbo se hizo carne" como "Emmanuel", Dios con nosotros, que hace de la historia humana su misma biografía. Nuestra fe, esperanza y amor tienen su paradigma en el "sí" de María. Con ella, ya podemos hacer de la vida un "sí" insertado en el de Cristo.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María, "con su sí a la Palabra de la Alianza y a su misión, cumple perfectamente la vocación divina de la humanidad" (Verbum Domini 27). “Consciente de que Dios está con ella, María abre su corazón al “Heme aquí” y así inaugura el camino del Evangelio (cfr. Lc 1,38)” (Documento preparatorio Sínodo 2018).

Viernes semana tercera de Cuaresma (24 marzo 2017)

De Corazón a corazón: Os 14,2-10 (“Vuelve al Señor tu Dios… Yo los amaré de todo corazón”); Mc 12,28-34 (“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo”)

Contemplación, vivencia, misión: Es muy importante darse cuenta de que la Palabra que Dios nos dirige es una declaración de amor, que espera y hace posible una respuesta de donación total: "Yo los amaré", "amarás al Señor tu Dios". En la última cena, Jesús se hace portador de esta declaración: "Os he amado", "permaneced en mi amor" (Jn 15,9). Sólo en Jesús, Dios hecho hombre (el "Verbo Encarnado"), descubrimos que Dios se ha hecho "mendigo" de amor. La respuesta a su declaración de amor es posible, por estar "insertados" ("bautizados") en Jesús. El fiel creyente "está dando a Dios al mismo Dios en Dios… dando al Amado la misma luz y calor de amor que recibe" (San Juan de la Cruz).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La expresión profética de Oseas ("les amaré de todo corazón") tiene significado nupcial. Nuestra relación íntima con María (Nueva Eva, figura de la Iglesia esposa), nos ayuda a vivir en sintonía con el amor tierno (maternal y nupcial) de Dios. Con ella se aprende a esperar en el Amor.

Jueves semana tercera Cuaresma (23 marzo, Sto. Toribio)

De Corazón a corazón: Jer 7,23-28 (“Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo”) Lc 11,14-23 (“Si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios”)

Contemplación, vivencia, misión: El "Reino" de Dios es el mismo Jesús, con su doctrina y con los dones del Espíritu Santo que nos comunica. Su Reino ya comienza en su comunidad eclesial, como Pueblo propiedad esponsal de Dios; pero tiene que llegar a ser toda la humanidad, llamada a formar parte de su Reino definitivo en el más allá. La clave consiste en escuchar su voz con un corazón abierto y disponible. “También hoy el Espíritu siembra en nosotros el deseo del Reino, a través de muchos «canales» vivientes, a través de las personas… y son como faros en la oscuridad de este mundo, que iluminan el camino y abren nuevos senderos de confianza y esperanza” (Papa Francisco 24 enero 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María escuchó del ángel que el "Reino" de Jesús "no tendrá fin" (Lc 1,33). Ella sabe que Jesús está en nuestro corazón, en medio de la comunidad y que nos espera en el más allá. Su tarea materna consiste en ayudarnos a "escuchar" la voz de Dios.

Miércoles semana tercera de Cuaresma (22 marzo 2017)

De Corazón a corazón: Deut 4,1.5-9 (“Escucha, Israel… esta ley que yo os expongo hoy”); Mt 5,17-19 (“No he venido a abolir la ley, sino a dar su cumplimiento”)

Contemplación, vivencia, misión: La “ley” era para Jesús la expresión de la voluntad amorosa de Dios para su Pueblo y para toda la humanidad. Dios tiene sed del hombre, invitándole a entrar en la verdadera libertad del amor. Jesús, que es la Palabra personal y definitiva del Padre, pronunciada en el amor del Espíritu Santo, “encarna” toda la ley en su propio ser y la lleva al cumplimiento más perfecto. Ofreciendo su propia vida en sacrificio, nos puede dar el mandamiento del amor. Nosotros, al “escuchar” a Jesús, nos insertamos en él y nos hacemos, con él, respuesta personal y comunitaria a Dios: amar como Él.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María estaba siempre a la “escucha” de la “Palabra”. Su vida consistía en acoger y responder a la “Palabra” hecha carne en su seno y nacida para salir al encuentro de todo ser humano. “Ella (María) también está llamada a vivir el éxodo de sí misma y de sus proyectos, aprendiendo a entregarse y a confiar” (Documento preparatorio Sínodo 2018).

Martes semana tercera de Cuaresma (21 marzo 2017)

De Corazón a corazón: Dan 3,25.34-43 (“No nos retires tu misericordia… tenemos un corazón contrito”); Mt 18,21-35 (Perdonar “hasta setenta veces siete… del mismo modo que yo me he compadecido de ti”)

Contemplación, vivencia, misión: Perdonar es la característica de quien ha encontrado a Cristo de verdad. Es la garantía de haber experimentado su misericordia. Él vivió y murió amando y perdonando, porque asumió en sí mismo toda nuestra historia mezclada de luces y sombras. El mensaje de las "bienaventuranzas" ("perdonad… sed misericordiosos como vuestro Padre") lo vivió en su carne mortal y crucificada ("perdónales, Padre"). Si no se ha tenido experiencia de la misericordia divina (que es de ternura materna), no es posible perdonar, comprender, “olvidar”.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María y José repitieron miles de veces el nombre de "Jesús", quien "salvaría a su pueblo de sus pecados" (Mt 1,21). En este nombre se modeló, de sorpresa en sorpresa, la ternura materna de María.

SAN JOSÉ (lunes 20 marzo 2017)

De Corazón a corazón: 2Sam 7,4-5.12-14.16 (“Yo seré para él Padre”)/ Rom 4,13.16-18.22 (“Esperando contra toda esperanza, creyó”); Mt 1,16-24 (“No temas tomar contigo a María como esposa… Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús”) / Lc 2,41-51 (“Tu padre y yo te buscábamos angustiados”)

Contemplación, vivencia, misión: El “silencio” de San José queda explicado por la “Palabra” de Dios: su vida era ya sólo para Jesús, el “Salvador”, nacido de María por obra del Espíritu Santo. Fue el hombre “justo”, siempre abierto a los nuevos planes de Dios. En su vida “callada” resonó la “Palabra” personal de Dios, Jesús, a quien José pudo siempre llamar “hijo” de un modo totalmente nuevo. El “esposo” de María compartió con ella los mismos avatares de Jesús (cfr. Mt 2,13).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Ella caminó siempre animada por la esperanza. “En su «pequeñez», la Virgen esposa prometida a José, experimenta la debilidad y la dificultad para comprender la misteriosa voluntad de Dios (cfr. Lc 1,34)” (Documento preparatorio Sínodo 2018). María compartió siempre con José el gozo y el dolor de pertenecer exclusivamente a Jesús: “Tu padre y yo te buscábamos angustiados” (Lc 2,48).