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Miércoles semana 20ª Tiempo Ordinario (23 agosto, Sta Rosa)

De Corazón a corazón: Jue 9,6-15 (Abimelek proclamado rey); Mt 20,1-16 (“Id a mi viña”)

Contemplación, vivencia, misión: Cuando Dios no es el punto de referencia en la vida, entonces los poderes humanos se convierten en opresores. En la comunidad eclesial puede ocurrir el mismo error, cuando olvidamos que la obra es suya: su viña, sus ovejas, su familia eclesial. Somos invitados a trabajar en “su” viña (“id a mi viña”) con su mismo amor. La viña no es un feudo nuestro, sino un campo de servicio. El premio es el mismo Jesús, no hay otro mejor. Buscar otras ventajas sería como entronizar en nuestro corazón a un intruso (Abimelek). Un conocimiento vivido de Cristo abre horizontes sin fronteras: “El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia” (Benedicto XVI, JMJ).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María oyó decir a Jesús: “mi madre, mis hermanos” (Mt 12,48). Ella comprendió siempre que el “Salvador” era sólo “Jesús”, a quien ella pertenecía en cuerpo y alma como “asociada”, “la mujer”.

Virgen Reina (22 agosto 2017)

De Corazón a corazón Is 9,1-6 ("Un niño nos ha nacido… Estará el señorío sobre su hombro"); Lc 1,26-38 ("Vas a dar a luz un hijo… Jesús… su reino no tendrá fin")

Contemplación, vivencia, misión: María es Reina “Madre”: por ser Madre del Rey, por excelencia y por haber colaborado a nuestra redención como “asociada” al Redentor (“Nueva Eva”, según San Ireneo). Su realeza hace más concreta y cercana a nuestro corazón la realeza fundamental de Cristo Mesías Rey, “cuyo reino tendrá fin”. Lo más importante es que Cristo reine en los corazones y en los pueblos: “urge que él reine” (1Cor 15,15). La misión del bautizado consiste en “hacer que todo tenga a Cristo por cabeza” (Ef 1,10). “Los cristianos no están exentos de las tinieblas, externas e internas. No viven fuera del mundo, pero, por la gracia de Cristo recibida en el Bautismo… no sucumben a la noche, sino que esperan la aurora; no son derrotados por la muerte, sino que anhelan el resurgir; no están plegados por el mal, porque confían siempre en las infinitas posibilidades del bien” (Papa Francisco, 2 agosto 2017)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: “Elevada al cielo, es Madre y Reina de todo lo creado. En su cuerpo glorificado, junto con Cristo resucitado, parte de la creación alcanzó toda la plenitud de su hermosura” (Laudato sì, n.241). Decimos a la Virgen Reina: “Soy todo tuyo” para que me enseñes a no anteponer nada al amor de Cristo. Es Madre de nuestra Esperanza que es Jesús. (Ver martes semana 20ª Tiempo Ordinario en Año Litúrgico).

Lunes semana 20ª Tiempo Odinario (21 agosto, S.Pío X)

De Corazón a corazón: Jue 2,11-19 (“Abandonaron al Señor”. Institución de los jueces); Mt 19,16-22 (“Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, ven y sígueme”)

Contemplación, vivencia, misión: No tiene sentido la vida cuando anteponemos algo o alguien al amor de Cristo. Nada ni nadie puede suplirle. “Dejarlo todo” o venderlo todo equivale a desprenderse de todas las preferencias que no sean los latidos de su Corazón. Las infidelidades y las guerras comienzan todas en un corazón dividido. “En el futuro, cuando se escriba la historia de nuestros días, ¿qué se dirá de nosotros? ¿Que hemos sido capaces de esperanza, o que hemos ocultado nuestra luz? Si seremos fieles a nuestro Bautismo, difundiremos la luz de la esperanza, el Bautismo es el inicio de la esperanza, la esperanza de Dios y podremos transmitir a las generaciones futuras razones de vida” (Papa Francisco, 2 agosto 2017)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El seguimiento evangélico de los Apóstoles después de Caná fue con la Madre de Jesús (cfr. Jn 2,12). El “vino nuevo” había entrado en “odres nuevos”.

Domingo 20º Tiempo Ordinario,, Año A (20 agosto, S. Bernardo)

De Corazón a corazón: Is 56,1.6-7 (“Mi casa será casa de oración”); Rom 11,13-15.29-32 (“Los dones y la vocación de Dios son irreversibles”); Mt 15,21-28 (La mujer cananea: “¡Ten piedad de mí, Hijo de David!”)

Contemplación, vivencia, misión: En el corazón de Dios cabemos todos. Cada uno tiene su lugar reservado, en armonía familiar con los demás. La vida es una relación: con Dios, con los demás, con la creación, consigo mismo. Los dones recibidos de Dios son expresión de su amor que nunca pasa. Los templos, las celebraciones y las oraciones son expresiones de esta relación auténtica con Dios, que incluye la relación familiar con los hermanos. Sin esta relación de escucha y donación, la vida no tendría sentido. “Vivir en la esperanza y vivir en la luz, en la luz de Dios Padre, en la luz de Jesús Salvador, en la luz del Espíritu Santo que nos empuja a seguir adelante en la vida” (Papa Francisco. 2 agosto 2017)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Recitando el “Magníficat” con ella, nuestra oración es auténtica porque es humilde (desde la propia realidad), confiada (sabiendo que Dios nos ama) y generosa (de donación y entrega).

Sábado semana 19ª Tiempo Ordinario (19 agosto, S. Juan Eudes)

De Corazón a corazón: Jos 24,14-29 (“Servid al Señor con fidelidad… Nosotros serviremos al Señor y escucharemos su voz”); Mt 19,13-15 (“Dejad que los niños vengan a mí… de los que son como ellos es el Reino de los cielos”)

Contemplación, vivencia, misión: La vida es un cruce de dos miradas: Dios que nos mira y habla con amor, y nosotros que estamos invitados a mirarle y escucharle amándole, para ser reflejo de su mirada hacia los demás. Fuera de estas perspectivas, todo es oropel y, a veces, hojarasca. La mirada de un niño refleja admiración, búsqueda, deseo de algo más (su pregunta ansiosa: “¿por qué?”). La vida sería más hermosa si recuperáramos la mirada de un niño donde se refleja la mirada de Dios. “Creemos que cada ser querido, cada amistad, cada buen deseo, cada amor, incluso los más pequeños y descuidados, un día encontrarán su cumplimiento en Dios: ¡esta es la fuerza que nos empuja a abrazar con entusiasmo nuestra vida de todos los días. Y esta es nuestra esperanza” (Papa Fancisco,

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Desde niña, María aprendió de su padres (Joaquín y Ana) a escuchar a Dios y decirle que “sí”. Ante la Palabra del Señor, ella “se admiraba” (Lc 1,28) y se dejaba sorprender.

Viernes semana 19ª Tiempo Ordinario (18 agosto 2017)

De Corazón a corazón: Jos 24,1-13 (“Saqué a vuestros padres de Egipto”); Mt l9,3-12 (Matrimonio: “Lo que Dios unió no lo separe el hombre”)

Contemplación, vivencia, misión: Los proyectos de Dios sobre nosotros van más allá de nuestros planes y preferencias. Nos quiere sacar del atolladero de nestro egoísmo suicida, para hacernos pasar a la construcción de un mundo más humano hecho solidario. La familia unida, fiel y generosa, es la base de la sociedad. La relación entre pueblos y entre personas (especialmente entre hombre y mujer) está programada según el modelo de la vida trinitaria de Dios Amor: cada persona es auténtica si si hace donación. “En medio a la tormenta, el cristiano no debe perder la esperanza, pensando de haber sido abandonado. Jesús conforta a los suyos diciendo: «todos sus cabellos están contados» (Mt 10,30)” (Papa Francisco, 28 junio 2017)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Toda vida familiar, como la de María y José con Jesús, tiene como base la “Alianza”, que es pacto de amor y desposorio de Dios con su Pueblo. La vida comunitaria y familiar es auténtica, cuando Jesús está “en medio” y cada unno busca hacer felices a los demás.

Jueves semana 19ª Tiempo Ordinario (17 agosto 2017)

De Corazón a corazón: Jos 3,7-11.13-17 (“El arca del Señor va a pasar el Jordán delante de vosotros”); Mt 18,21-19,1 (Perdonar: “Compadecerte… como yo me compadecí de ti”)

Contemplación, vivencia, misión: Si tuviéramos más memoria histórica, veríamos que nuestra vida es un tejido maravilloso de la misericordia divina. El mismo sol, “su sol”, es para todos, como prueba que nos lleva a todos y a cada uno en su corazón. Si su amor es para todos, ¿por qué nuestro amor impregnado de su mismo amor, no es para todos? Nos hacemos ilusiones cuando pensamos en privilegios exclusivos; el paso del mar Rojo y del Jordán es ahora el “bautismo” que nos puede hacer a todos hijos de Dios y hermanos de una misma familia. La garantía del gran milagro es el amor. “Esta es nuestra esperanza cristiana. La luz de Jesús, la salvación que nos lleva a Jesús con su luz y que nos salva de las tinieblas” (Papa FrAncisco, 2 agosto 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor:Que María, en su “Magníficat”, se sintiera amada en su “nada” y objeto de la misericordia divina, es la base de su título de “Madre de misericordia”. Sólo ella comprende bien a su Hijo, “el Salvador del mundo”, que es la misericordia personificada.