Archivo de la categoría: Liturgia

Domingo sexto de Pascua, Año C (26 mayo, S Felpie Neri)

De Corazón a corazón: Hech 15,1-2.22-29 (“Han entregado sus vidas… hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros”); Apo 21,10-14.22-23 (“la Ciudad Santa… su lámpara es el Cordero”); Jn 14,23-29 (“Si alguno me ama, mi Padre le amará… vendremos a él y haremos morada en él”)

Contemplación, vivencia, misión: El mensaje evangélico de Jesús es siempre sorprendente, cuando se recibe con el corazón abierto a un “conocimiento vivo” y comprometido. Jesús nos ha enseñado una verdad trascendental: Dios que es Amor (Padre, Hijo, Espíritu Santo) y que ya está presente en todas las cosas y en todos los corazones (presencia de inmensidad), se comunica a sí mismo, dándose él, haciéndonos partícipes de su misma vida (presencia de inhabitación). Estamos llamados a ser su “hogar” o “casa solariega”. Y esto acontece cuando un corazón se abre a su proyecto de amor (vivir en “gracia”). La historia ya queda iluminada por Cristo (el Cordero inmolado). Cuando lleguemos al encuentro definitivo con él, entonces será la luz que hace entrar (como visión y posesión) en la luz inficnita de Dios Amor.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Ella “fue la mujer fuerte del ‘sí’, que sostiene y acompaña, cobija y abraza. Ella es la gran custodia de la esperanza. De ella aprendemos a decir ‘sí’ en la testaruda paciencia y creatividad de aquellos que no se achican y vuelven a comenzar” (Christus vivit,n.45).

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Sábado semana quinta de Pascua (25 mayo 2019)

De Corazón a corazón: Hech 16,1-10 (“Las iglesias se afianzaban en la fe… Pasa a Macedonia y ayúdanos”); Jn 15,18-21 (“Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros… todo esto lo harán por causa de mi nombre”)

Contemplación, vivencia, misión: No se da un paso certero en la santificación y en la misión, si no está marcado por la cruz del sacrificio asumido como donación generosa. Quien no piensa como Jesús, no entiende lo de sufrir amando y perdonando. El mejor premio que nos puede tocar es el de correr la misma suerte del Señor. Las correcciones de los defectos (correción fraterna) nos hacen bien, porque todavía nuestra vida cristiana no es transparencia del modo de amar de Jesús y debemos continuamente abrirnos (“convertirnos”) al Amor. Pero a la “Iglesia” (comunidad y familia de Jesús) se la criticará siempre, también desde dentro, especialmente cuando quiere ser más transparencia del Evangelio. Porque vivir el evangelio es una denuncia que no gusta a quien no busca sinceramente la verdad y el bien.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: En las dificultades descubrimos que Jesús nos invita, como a María, a correr su misma suerte, a sufrir su misma "espada" (Lc 2,35). Entonces a Ella la sentiremos muy cercana: "Os será muy verdadera Madre en todas vuestras necesidades" (S. Juan de Ávila, Audi Filia, cap.59)

Viernes semana quinta de Pascua (24 mayo 2019)

De Corazón a corazón: Hech 15,22-31 (“Bernabé y Pablo… han entregado su vida a la causa de Nuestro Señor Jesucristo”); Jn 15,12-17 (“Nadie tiene mayor amor que quien da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos”)

Contemplación, vivencia, misión: Amistad es "darse" y apreciar a la persona amada tal como es según el proyecto de Dios. Para Jesucristo, cada uno de nosotros es irrepetible, amado de modo peculiar, para llegar a ser un destello de su amor en el servicio a los hermanos. Así es el verdadero amor que da sentido y llena de gozo la vida. La historia se construye amando con Él y como Él. Si no somos expresión de su amor, toda nuestra vida sería chatarra. La vocación de cada uno es iniciativa de un amor eterno, que respeta nuestra libertad, mientras también hace posible una respuesta generosa y gozosa.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: El "amor más hermoso", de no anteponer nada al amor de Cristo, se aprende de María: “Se asoció con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado" (LG 58).

Jueves semana quinta de Pascua (23 mayo 2019)

De Corazón a corazón: Hech 15,7-21 ("Comunicándoles el Espíritu como a nosotros… Creemos que nos salvamos por la gracia del Señor Jesús"); Jn 15,9-11 ("Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor")

Contemplación, vivencia, misión: Es la declaración de amor más solemne del evangelio: "Como mi Padre me amó… yo también os he amado". La consecuencia será una amistad hasta "dar la vida". Pero esta declaración de amor pide y hace posible nuestra respuesta. Quien vive de esta amistad sabe que es la salvación ofrecida por el Señor a toda la humanidad, hasta hacer de toda la humanidad la familia "convocada" ("ecclesia", Iglesia) de Jesús. Este amor entrañable de Jesús se capta sólo dejándole que viva en nostros para amar a los demás con su mismo amor.

“Y yo pregunto a cada uno de ustedes. ¿Se sienten portadores de una promesa? ¿Qué promesa tengo en el corazón para llevar adelante?” (Christus vivit, n.44).

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Aquel amor de Jesús a sus "amigos" y "hermanos", se refleja en el amor de su Madre hacia todos nosotros: "Todos los que somos hermanos de Jesucristo… somos hijos de la Virgen" (S. Juan de Ávila, Sermón 62). Quien ama a la Virgen, ama a la Iglesia tal como es.

Miércoles semana quinta de Pascua (22 mayo 2019)

De Corazón a corazón: Hech 15,1-6 ("Contaban lo que Dios había hecho por medio de ellos") ; Jn 15,1-8 ("Yo soy la vid, vosotros los sarmientos… Separados de mí, no podéis hacer nada")

Contemplación, vivencia, misión: El cristianismo no consiste principalmente en un conjunto de ideas y de estructuras (por necesarias que sean), sino en la presencia y en el amor de "Alguien" (Cristo Resucitado presente), con quien el creyente se encuentra todos los días y del que ya no se puede prescindir. "Cristo se llama a sí mismo vid, como si fuera la madre y nodriza de los sarmientos que proceden de él" (S. Cirilo de Alejandría). “Permanecer” él en nosotros y nosotros en él, equivale a relación, intimidad, amistad, inserción, participación en su misma vida y en su mismo amor. Sólo con esta sintonía de amor se pueden afrontar las vicisitudes de la vida y especialmente de la evangelización. Quien vive en esta onda, vive siempre contento y hace felices a los demás.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Colaboramos con Ella para que Jesús nazca en muchos corazones: “Por lo cual, también en su obra apostó­lica, con razón, la Iglesia mira hacia aquella que engendró a Cristo, concebido por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen, precisamente para que por la Iglesia nazca y crezca también en los corazones de los fieles” (LG 65). Se necesitan apóstoles que sean el rostro materno de María y de la Iglesia.

(IVº) MARÍA NOS MIRA «TEJIENDO» CON ATENCIÓN DE MODO «ÍNTEGRO»

(Jubileo de la Misericordia, Santa María Mayor, retiro sacerdotal 2 junio 2016)

Como dice en el Magníficat: se sabe mirada con bondad en su pequeñez y sabe ver cómo la misericordia de Dios alcanza a todas las generaciones … Es el Magníficat de un corazón íntegro, no agujereado, que mira la historia y a cada persona con su misericordia maternal. En aquel rato a solas con María que me regaló el pueblo mexicano, mirando a nuestra Señora la Virgen de Guadalupe y dejándome mirar por ella, le pedí por ustedes, queridos sacerdotes …

María nos mira de modo tal que uno se siente acogido en su regazo. Ella nos enseña que «la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios … Lo que sus pueblos buscan en los ojos de María es «un regazo en el cual los hombres, siempre huérfanos y desheredados, están en la búsqueda de un resguardo, de un hogar». Y eso tiene que ver con sus modos de mirar: el espacio que abren sus ojos es el de un regazo, no el de un tribunal … vuelvan a mirarla a ella; mírenla con los ojos de los más pequeños de su gente, que mendiga un regazo, y ella les limpiará la mirada de toda «catarata» que no deja ver a Cristo en las almas, les curará toda miopía que vuelve borrosas las necesidades de la gente, que son las del Señor encarnado, y les curará de toda presbicia que se pierde los detalles, «la letra chica» donde se juegan las realidades importantes de la vida de la Iglesia y de la familia. La mirada de la Virgen cura.

Otro «modo de mirar de María» tiene que ver con el tejido: María mira «tejiendo», viendo cómo puede combinar para bien todas las cosas que le trae su gente … Al ver cómo tejió Dios el rostro y la figura de la Guadalupana en la tilma de Juan Diego podemos rezar contemplando cómo teje nuestra alma y la vida de la Iglesia … cada hilo que ocupó su lugar fue transfigurado, asumiendo los detalles que brillan en su sitio y, entretejido con los demás, de igual manera transfigurados, hacen aparecer el rostro de nuestra Señora y toda su persona y lo que la rodea. La misericordia hace eso mismo con nosotros … entretejidos con amor de Padre, nos teje de tal manera que nuestra alma se renueva recuperando su verdadera imagen, la de Jesús.

El tercer modo de mirar de la Virgen es el de la atención: María mira con atención, se vuelca toda y se involucra entera con el que tiene delante, como una madre cuando es todo ojos para su hijito que le cuenta algo … la Morenita custodia las miradas de aquellos que la contemplan, refleja el rostro de aquellos que la encuentran. Es necesario aprender que hay algo de irrepetible en cada uno de aquellos que nos miran en la búsqueda de Dios …

Por último, ¿cómo mira María? María mira de modo «íntegro», uniendo todo, nuestro pasado, presente y futuro. No tiene una mirada fragmentada: la misericordia sabe ver la totalidad y capta lo más necesario. Como María en Caná, que es capaz de «compadecerse» anticipadamente de lo que acarreará la falta de vino en la fiesta de bodas y pide a Jesús que lo solucione, sin que nadie se dé cuenta, así toda nuestra vida sacerdotal la podemos ver como «anticipada por la misericordia» de María, que previendo nuestras carencias ha provisto todo lo que tenemos … La lectura que hace María es la de la historia como misericordia … Déjense mirar por la Virgen. Sus ojos misericordiosos son los que consideramos el mejor recipiente de la misericordia, en el sentido de poder beber en ellos esa mirada indulgente y buena de la que tenemos sed como sólo se puede tener sed de una mirada. Esos ojos misericordiosos son también los que nos hacen ver las obras de la misericordia de Dios en la historia de los hombres y descubrir a Jesús en sus rostros …  Señor, mi única exaltación es que tu Madre me alce a su regazo, me cubra con su manto y me ponga junto a su corazón. Quiero ser amado por ti como uno más de los más humildes de tu pueblo, colmar con tu pan a los que tienen hambre de ti. Acuérdate, Señor, de tu alianza de misericordia con tus hijos, los sacerdotes de tu pueblo. Que con María seamos signo y sacramento de tu misericordia.

*Ver texto completo: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2016/june/documents/papa-francesco_20160602_giubileo-sacerdoti-seconda-meditazione.html *Ver todos los demás esquemas en: https://compartirencristo.files.wordpress.com/2019/02/papa-francisco-marc3ada-esquemas-1.doc

Martes semana quinta de Pascua (21 mayo 2019)

De Corazón a corazón: Hech 14,19-28 ("Es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios"); Jn 14,27-31 ("No se turbe vuestro corazón… Me voy y volveré a vosotros")

Contemplación, vivencia, misión: Quien vive en sintonía con Cristo, con su amor al Padre, encuentra el gozo del Espíritu de amor y se siente llamado a comunicarlo a todos. La vida es un juego de luces y sombras, de presencias y ausencias. Jesús es la clave: cuando sentimos su ausencia, es que está más presente para hacernos colaboradores de la redención. La salvación del mundo no se realiza sin la ofrenda de la propia vida (cfr. Heb 9,22). Sería iluso quien quisiera cambiar el mundo sin cambiar su corazón. La debilidad humana se hará sentir, pero los nubarrones se disipan cuando Jesús hace sentir su presencia de amigo y hermano.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Afrontando nuestras dificultades con amor, colaboramos con Ella a construir la nueva creación: "Se consagró totalmente a sí misma, cual, esclava del Señor, a la Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al misterio de la Redención con El y bajo El, por la gracia de Dios omnipotente" (LG 56). “Era decidida, supo de qué se trataba y dijo ‘sí’, sin vueltas. Fue algo más, fue algo dis­tinto” (Christus vivit, n.44)