Archivo de la categoría: Liturgia

Jueves semana 24ª Tiempo Ordinario (20 septiembre 2018)

Contemplación, vivencia, misión: 1Cor 15,1-11 (“El evangelio que os prediqué… Cristo murió por nuestros pecados… resucitó… se me apareció también a mí”); Lc 7,36-50 (“Una mujer pecadora… a los pies de él comenzó a llorar”)

Contemplación, vivencia, misión: La lógica del evangelio es desconcertante. Pablo, que se compara a un “abortivo” (como perseguidor convertido), es el apóstol que ama y anuncia a Cristo apasionadamente. La mujer pecadora, perdonada, “mostró mucho amor” para agradecer el perdón. La Magdalena forma parte del grupo de mujeres que siguieron incondicionalmente a Cristo (cfr. Lc 8,2) y será después mensajera y testigo de la resurrección, apóstol de los apóstoles: “ve a mis hermanos” (Jn 20,17). “La comunidad está llamada a crear ese espacio teologal en el que se puede experimentar la presencia mística del Señor resucitado” (Gaudete et exsultate, n.142).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: El secreto del amor a Cristo es la experiencia de haberle encontrado resucitado y presente en los signos sencillos de la vida ordinaria, gracias a su palabra y su Eucaristía. Necesitamos la actitud “contemplativa” de María (cfr. Lc 2,19.51), que sabía admirar y dejarse sorprender por el “más allá” del misterio de Jesús.

Anuncios

Miércoles semana 24ª Tiempo Ordinario (19 septiembre 2018)

De Corazón a corazón: 1Cor 12,31-13,13 (“Si no tengo caridad, nada soy… La caridad no acaba nunca”); Lc 7,31-35 (“Esta generación… se parece a los chiquillos”)

Contemplación, vivencia, misión: El “himno a la caridad” es como la expresión de la vida de Cristo (“inmolado”), que debe prolongarse en cada bautizado. La vida consiste en una “dinámica de amor” (“ordo amoris”, decía Sto. Tomás). La vida vale según “el peso del amor¨ (S. Agustín). “Ya sólo en amar es mi ejercicio” (S. Juan de la Cruz). Es el mensaje de Jesús, hecho visibilidad en cada discípulo suyo que no sea superficial: “Amad… como vuestro Padre… como yo os he amado”. El amor nos abre a todos los hermanos. “Es tal el bombardeo que nos seduce que, si estamos demasiado solos, fácilmente perdemos el sentido de la realidad, la claridad interior, y sucumbimos” (Gaudete et exsultate, n.140).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: El “sí” permanente de María impregnó la vida de Jesús en Nazaret: en la familia, en sus juegos, en su trabajo… Este “sí” no está condicionado a la moda del momento; por esto transforma todas las épocas, como reflejo del “sí” de Dios Amor.

Martes semana 24ª Tiempo Ordinario (18 septiembre 2018)

De Corazón a corazón: 1Cor 12,12-14.27-31 (“Fuimos bautizados en un solo Espíritu, para formar un solo Cuerpo… sois el Cuerpo de Cristo”); Jn 7,11-17 (Resurrección del hijo único de una viuda en Naim: “Se compadeció… No llores… Joven, levántate”)

Contemplación, vivencia, misión: Cuando se vive la “unidad” del corazón y de la comunidad, entonces se auscultan con facilidad los latidos del Corazón de Cristo, que pide nuestra colaboración desde cada hermano que sufre o necesita de nosotros. No hay casos imposibles cuando se vive esta sintonía del mandato del amor. La “cruz” (del Señor y nuestra) es la puerta para la resurrección. La situación social y eclesial en cada época puede dar la impresión de que todo está perdido, por falta de justicica. “Tal justicia empieza por hacerse realidad en la vida de cada uno siendo justo en las propias decisiones, y luego se expresa buscando la justicia para los pobres y débiles” (Gaudete et exsultate, n.79).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: San Pablo, desde la cárcel de Roma y después de tantos contratiempos, todavía seguía anunciando que “Cristo Jesús es nuestra esperanza” (1Tim 1,19). Se necesitan corazones de madre (Gal 4,19), como el de María junto a la cruz, para llorar por tantas almas alejadas de Dios y conseguir el milagro de su resurrección.

Lunes semana 24ª Tiempo Ordinario (17 septiembre 2018)

De Corazón a corazón: 1Cor 11,17-26.33 (“Yo recibí del Señor lo que os he transmitido…«esto es mi cuerpo… mi sangre»… hasta que vuelva”); Lc 7,1-10 (“Señor, no soy digno”).

Contemplación, vivencia, misión: Nos “acostumbramos” rutinariamente a las cosas más maravillosas. Para San Pablo, transmitir las palabras de Jesús, era como invitar a recibir aquí y ahora los latidos de su Corazón. Nosotros las oímos con frecuencia (“mi cuerpo… mi sangre”). Se trata de la vida donada de Jesús, a modo de “pan partido”, que invita a un encuentro y adhesión personal. “Si Cristo está conmigo ¿a quién temeré?” (S. Juan Crisóstomo). La oración de un “pagano” (el centurión romano) se ha convertido en  modelo de oración eucarística: “No soy digno”. “No creo en la santidad sin oración, aunque no se trate necesariamente de largos momentos o de sentimientos intensos” (Gaudete et exsultate, n.147)

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: La rutina, tan traicionera como el cáncer,  se disipa con la actitud humilde y auténtica de quien sabe admirar, en y desde la propia pobreza, la inmensidad del amor de Dios. Así fue la actitud de María en su “Magníficat”, que es ya la “escuela” y “Alma Mater” de la Iglesia.

Domingo 24º Tiempo Ordinario, Año B ( 16 septiembre 2018)

De Corazón a corazón: Is 50,5-9 (“He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban”); Sant 2,14-18 (“Si la fe no tiene obras, está muerta en sí misma”); Mc 8,27-35 (“El Hijo del hombre tiene que padecer… morir y resucitar al tercer día”)

Contemplación, vivencia, misión: Es el examen de todas las épocas y en toda situación: “¿Qué dicen… qué decís?” A Jesús le interesa nuestra “opinión” comprometida, es decir, nuestra fe. Las modas no tienen ningún valor. Pedro reconoce a Jesús como Mesías, pero tiene la debilidad de no captar el misterio de su cruz. Si no se mira hacia la resurrección, la cruz sería un absurdo. A Jesús se le comprende cuando se le ama presente en los hermanos. La fuerza de la resurrección de Jesús transforma todas nuestras cruces en la suya, como aurora de resurrección. “Como decía san Buenaventura refiriéndose a la cruz: «Esta es nuestra lógica»” (Gaudete et exsultate, n.174).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: El misterio de Jesús que sufre en todos los hermanos es un misterio permanente. La cruz se ilumina en la resurrección. “Mirar” al crucificado (Jn 19,37) con este espíritu de fe contemplativa, sólo es posible acompañando a María “de pie junto a la cruz” (In 19,25), como el discípulo amado.

Ntra Señora Virgen Dolorosa (sábado 15 septiembre 2018)

De Corazón a corazón:  Heb 5,7-9 (“Hijo… inmolado… causa de salvación… Sacerdote Eterno”); Jn 19,25-27 (“Junto a la cruz, su madre de pie”); Lc 2,33-35 (“Una espada te atravesará el alma”)

Contemplación, vivencia, misión: El sacerdocio de Cristo es de “oblación” como fuente de nuestra salvación. Su dolor es la máxima expresión de la fecundidad apostólica, que quiere compartir con nosotros, como la compartió con su Madre y nuestra. Ella corrió su misma suerte (la mism “espada”), para llegar a ser Madre de Cristo Sacerdote, Madre de todo el Pueblo Sacerdotal, Madre especial de los sacerdotes. “Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada” (Gaudete et exsultate, n.176).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Compartir la misma suerte de Cristo, su “espada”, es el secreto de su Madre y nuestra: desde su “sí” (en la Anunciación) hasta el “estar de pie” (ofreciéndose con él en el Calvario). “Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas” (Evangelii Gaudium, n.286).

Exaltación de la Santa Cruz (viernes 14 septiembre 2018)

De Corazón a corazón: Núm 21,4-9 (“Moisés puso una serpiente de bronce en un mástil”); Fil 2,6-11 (Cristo “se humilló, por lo cual Dios lo exaltó”); Jn 3,13-17 (“Así tiene que ser levantado el Hijo del hombre”)

Contemplación, vivencia, misión: La “Cruz” es la máxima prueba del amor: darse a sí mismo llevándonos en su corazón. Así nos amó Jesús desde el seno de María y en toda su vida. Es la característica del amor de Dios, que se hace hombre para asumir la historia de cada uno, purificarla y hacerla partícipe de su misma vida. “De tal manera amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo unigénito” (Jn 3,16). La cruz es amor, es la matemática de Jesús. La “exaltación de la Cruz” indica la fecundidad de una vida gastada por amor. “La cruz, sobre todo los cansancios y los dolores que soportamos por vivir el mandamiento del amor y el camino de la justicia, es fuente de maduración y de santificación” (Gaudete et exsultate, n.92).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: María es la Madre más fecunda, de pie junto a la Cruz. “El Evangelio, donde deslumbra gloriosa la Cruz de Cristo, invita insistentemente a la alegría… La entrega de Jesús en la cruz no es más que la culminación de ese estilo que marcó toda su existencia” (Evangelii Gaudium, nn.5 y 269).