Archivo de la categoría: Liturgia

Martes semana segunda Tiempo Ordinario (22 enero, San Vicente)

De Corazón a corazón: Heb 6,10-20 ("Asiéndonos a la esperanza propuesta… segura y sólida… adonde entró por nosotros como precursor Jesús… Sumo Sacerdote para siempre"); Mc 2,23-28 ("El Hijo del hombre es también señor del sábado")

Contemplación, vivencia, misión: Cristo es siempre “nuestra esperanza” (1Tim 1,1; cfr. Heb 6,18), que camina con nosotros hacia una realidad definitiva de encuentro con Dios Amor. Él fue siempre cumplidor de las normas, pero indicó el sentido de las mismas: el amor al Padre y a los hermanos (cfr. Mt 5,44.48). Las normas son un estímulo y una ayuda para realizarse amando. Sin esta verdad de la donación, las normas serían un peso insoportable. Jesús ha dado la verdadera orientación a las normas, como "Señor del sábado", "principio y fin" de la historia (Apo 21,6). Sólo Él hace posible la armonía entre la confianza y la tensión hacia un “más allá”, entre el “ya” y el “todavía no”.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: Después del nacimiento de Jesús, sus padres estuvieron pendientes de cumplir con la circuncisión (a los ocho días) y con la presentación en el templo (a los cuarenta días), pero lo más importante era el significado de "ofrecer" y ofrecerse con Cristo (cfr. Lc 2,22), quien es Sacerdote y oblación para nuestro bien.

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Lunes semana segunda Tiempo Ordinario (21 enero, Sta. Inés)

De Corazón a corazón: Heb 5,1-10 (“Aunque era hijo, en el sufrimiento aprendió a obedecer… y se convirtió para todos aquellos que le obedecen en principio de salvación eterna… Sumo Sacerdote a la manera de Melquisedec”); Mc 2,18-22 (“Vendrán días en que les quiten al esposo, y entonces ayunarán… el vino nuevo se echa en odres nuevos”)

Contemplación, vivencia, misión: El modo de hablar que tiene Jesús nos podría desconcertar si no entráramos en su onda. Sólo él, por ser el Mediador que ora y se ofrece en sacrificio (Sacerdote y Víctima), puede transformar y dar sentido a nuestra vida. Él se llama “esposo”, es decir, que “comparte nuestra suerte”, para darnos un “vino nuevo” o vida nueva en el Espíritu. Lo importante es dejarse sorprender como “odres nuevos”, por el "vino nuevo". Es el “Hijo de Dios”, que asume nuestra historia de sufrimiento releyéndola desde los proyectos de Dios Amor y ofreciendo su propia vida para restaurarla. Esta realidad suya es “sacerdotal”, de Mediador que comparte su filiación dando la propia vida en sacrificio.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: Esta realidad sacerdotal comenzó en el seno de María, cuando Él se ofreció por nosotros (cfr. Heb 10,5-7), y ahora continúa con su “intercesión” sacerdotal ante el Padre (cfr. Heb 7,25).“En la escuela de María aprendemos que su vida está marcada no por el protagonismo, sino por la capacidad de hacer que los otros sean protagonistas” (Papa Francisco, 12.12.18).

Domingo segundo Tiempo Ordinario, Año C (20 enero 2019)

De Corazón a corazón: Is 62,1-5 ("Se te llamará mi complacencia y a tu tierra desposada… Tu constructor se casará contigo"); 1Co 12,4-11 ("Hay diversidad de dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo"); Jn 2,1-11 ("No tienen vino… Todavía no ha llegado mi hora… Haced lo que él os diga"):

Contemplación, vivencia, misión: Hoy podría ser la fiesta de “Cristo Esposo”. Se manifestó en Belén, en el Bautismo y ahora en Caná, para compartir la historia de cada uno, como parte de su misma historia. María es la figura de una Iglesia (o de una humanidad) “esposa” del Cristo. Dios ya se manifestó así desde el A.T.: quiere a su Pueblo como esposa amada. María supo acertar en los deseos de Jesús, intuyendo que lo que su Corazón quería era que ella actualizara su “sí”: “Haced lo que él os diga”. En este sentido ella anticipa el “sí” de la Iglesia esposa, que recibirá el Espíritu Santo, el agua viva, cuando Jesús Esposo muera en le cruz por amor. El Espíritu Santo comunica a la Iglesia, esposa de Cristo, toda serie de dones para compartir y construir la unidad familiar.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: Si está presente María, no faltará el “vino” de la caridad fraterna, de la santidad y de la misión. “De esta manera ella se vuelve trasparencia del rostro del Señor que muestra su poder invitando a participar y convoca en la construcción de su templo vivo” (Papa Francisco, 12.12.18).

Sábado semana primera Tiempo Ordinario (19 enero 2019)

De Corazón a corazón: Heb 4,12-16 (“Es viva y eficaz la Palabra de Dios… Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos – Jesús, el Hijo de Dios – mantengamos firmes la fe que profesamos”); Mc 2,13-17 (“Vio a Leví… Sígueme… No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”)

Contemplación, vivencia, misión: Es la Palabra “encarnada” e insertada en nuestras circunstancias históricas y sociológicas. Jesús resucitado, presente bajo signos pobres de la Iglesia y de todos los demás hermanos, sigue hablando al corazón y llamando a compartir su misma vida. Su palabra refleja los latidos de su corazón, donde cada uno tiene un lugar reservado. Llama y mira a todos con amor, como el Padre que “hace salir su sol sobre justos y pecadores” (Mt 5,45) porque todos son sus hijos. Sólo Jesús es el “Mediador”, Dios y hombre. Es el único Sacerdote, “trono de gracia”, que forma parte de nuestra historia, “probado en todo igual que nosotros”.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: La Palabra de Dios, cuando se recibe con el corazón abierto, como María, muestra toda su eficacia (cfr. Lc 2,19.51). Por esto, María “brinda coraje, enseña a hablar y sobre todo anima a vivir la audacia de la fe y la esperanza” (Papa Francisco, 12.12.18)

Viernes semana primera Tiempo Ordinario (18 enero 2019)

De Corazón a corazón: Heb 4,1-5.11 (“Hemos recibido una buena nueva… hemos creído”); Mc 2,1-12 (Jesús “les anunciaba la palabra… Le trajeron un paralítico… Hijo, tus pecados te son perdonados”)

Contemplación, vivencia, misión: La “palabra” que Jesús anuncia, como “buena nueva”, es él mismo, cercano y compartiendo nuestra misma vida. Nuestros verdaderos problemas, aunque tengan repercusión corporal y externa, anidan en el corazón. Jesús ofrece el “perdón” para construir un corazón unificado por el amor; quien ha experimentado su amor, se hace sembrador de su paz.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: “Creer” es dejarse sorprender por la persona y el mensaje de Jesús, como María (cfr. Lc. 1,29.38). Entonces la vida se convierte en “adhesión” personal a Cristo. “Con corazón de madre, ella busca levantar y dignificar a todos aquellos que, por distintas razones y circunstancias, fueron inmersos en el abandono y el olvido” (Papa Francisco, 12.12.18)

Jueves semana primera Tiempo Ordinario (17 enero S. Antonio Abad)

De Corazón a corazón: Heb 3,7-14 (“Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones… hemos venido a ser partícipes de Cristo”); Mc 1,40-45 (“Si quieres, puedes curarme… Compadecido le dijo: Quiero, queda limpio”)

Contemplación, vivencia, misión: El “quiero” compasivo de Jesús es “contemporáneo” de nuestro presente. Caminamos entre luces y sombras, a veces algo embarrados, mientras él se nos hace “camino”, “salvación”, “luz”, “verdad” y “vida”, “hermano” y compañero de viaje. Nuestro “hoy” forma parte de su biografía, y en nuestro aquí y ahora nos habla de corazón a corazón. Sólo se le puede ver, encontrar y entender, cuando “participamos” de sus “sentimientos”, porque sólo le conoce quien le ama. La acción amorosa de Dios toca nuestra realidad limitada por medio de la mirada de Cristo.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: Con María en su “Magníficat”, se aprende a dejarse sorprender confiadamente por su cercanía y su amor. El abismo de nuestra nada recibe la visita del abismo de la misericordia. “María camina llevando la alegría de quien canta las maravillas que Dios ha hecho con la pequeñez de su servidora” (Papa Francisco, 12.12.18).

Miércoles primera semana Tiempo Ordinario (16 enero 2019)

De Corazón a corazón: Heb 2,14-18 (“Tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser misericordioso y Sumo Sacerdote”); Mc 1,29-39 (“Curó a muchos… Fue a un lugar solitario y se puso a hacer oración… Todos te buscan… Vayamos a otra parte”)

Contemplación, vivencia, misión: A nosotros nos parece una dinámica extraña la de Jesús; pero es su lógica de verdadero amor. La dinámica de su cercanía va desde la atención a un caso concreto (la suegra de San Pedro) hasta la multitud y hasta el más allá de las fronteras. Como hermano y mediador (“Sacerdote”), comparte nuestra vida sanándola, se adentra en el diálogo de donación al Padre, todos se sienten atraídos hacia él, describe un horizonte universalista sin fronteras. Es la lógica de quien sabe que todos estamos en el corazón de Dios. Sólo con él, se aprende a superar los propios esquemas, para gastar la vida por el bien de los demás.

*Creer, esperar y amar, dejarse sorprender como la Madre de Jesús: La Virgen, con su confianza y humildad, hace suya nuestra oración, encuadrándola en la perspectiva de la voluntad de Dios. “En la escuela de María aprendemos a estar en camino para llegar allí donde tenemos que estar: al pie y de pie entre tantas vidas que han perdido o les han robado la esperanza” (Papa Francisco, 12.12.18).