Jueves semana 21ª Tiempo Ordinario (25 agosto, S. José de Calasanz)

De Corazón a corazón: 1Cor 1,1-9 (“Pablo apóstol de Cristo a los llamados a ser santos… enriquecidos en todo”); Mt 24,42-51 (“Velad… no sabéis qué día vendrá vuestro Señor”)

Contemplación, vivencia, misión: Los dones recibidos son para servir y así construir la propia vida en la verdad de la donación. Toda la vida es un examen de amor, para vivir de sorpresa en sorpresa. Propiamente vivimos un “presente”, sin prisas en el corazón, ensayándonos para entrar en el “presente” de Dios Amor. A este encuentro definitivo estamos llamados todos como familia humana reflejo de la “comunión familiar” de Dios “Trinidad”. El futuro se construye en el “hoy” de un tiempo recibido para realizarse amando. Necesitamos “un discernimiento pastoral cargado de amor misericordioso, que siempre se inclina a comprender, a perdonar, a acompañar, a esperar, y sobre todo a integrar” (Amoris Laetitia, n.312)

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Estamos invitados a vivir con amor el “afán” de “cada día” (cfr. Mt 6,34), dejándose sorprender por Dios Amor. María de “Nazaret” vivió así, sin prisas en el corazón y “de prisa” para servir (cfr. Lc 1,39).

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San Bartolomé Apóstol (24 agosto 2016)

De Corazón a corazón: Apo 21,9-14 (“La ciudad santa… se asienta sobre doce piedras que llevan los nombres de los doce Apóstoles del Cordero”); Jn 1,45-51 (“Natanael… Un israelita de verdad en quien no hay engaño… Antes que Felipe te llamara, te conocí”)

Contemplación, vivencia, misión: Los Apóstoles y sus sucesores son los puntos de referencia y de apoyo de toda comunidad eclesial. A ellos, como a Natanael (Bartolomé), se les hizo encontradizo Cristo y los llamó para compartir su mismo estilo de vida y su misma misión. La “comunión” o fraternidad familiar de la Iglesia se construye apoyándose en Cristo, hecho presente por los Apóstoles bajo signos eclesiales. La fe cristiana es también gozo de saber y vivir que Cristo “está en medio” de “los suyos” para comunicarse a toda la humanidad.

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: El corazón de la Madre de Jesús sigue siendo la "memoria" del corazón contemplativo y misericordioso de la Iglesia: "María, con perfecta docilidad al Espíritu, experimenta la riqueza y universalidad del amor de Dios, que le dilata el corazón y la capacita para abrazar a todo el género humano" (Veritatis Splendor, n.120).

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Martes semana 21ª Tiempo Ordinario (23 agosto, Sta Rosa de Lima)

De Corazón a corazón: 2Tes 2,1-3.14-17 (“Dios os ha escogido desde el principio para salvaros por la acción santificadora del Espíritu… nos ha amado”); Mt 23,23-26 (“Descuidáis lo más importante: la justicia, la misericordia, la fe”)

Contemplación, vivencia, misión: Todos estamos “vocacionados” según un designio de Dios, que nos ama en Cristo su Hijo y nos comunica la vida nueva del Espíritu Santo. Todo lo que no corresponda a este proyecto de Dios, es hojarasca o fantasía. Sin esta perspectiva, se inventan “mesianismos” y anuncios de desastres apocalípticos, que no tienen que ver nada con los latidos del Corazón de Cristo. «Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia» (Amoris Laetitia, n.310; cita MV 1)

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: María (con José y el niño Jesús) cumplía todos los años con la fiesta de Pascua, peregrinando a Jerusalén (Lc 2,41); de la presencia y de la “ausencia” de Jesús (cuando se perdió en el templo) aprendió el sentido del dolor, profundizando en su maternidad de misericordia para todos los que buscan la verdad y el bien. Esta búsqueda mariana está en el corazón de la Iglesia.

Santa María Reina (22 agosto 2016)

De Corazón a corazón Is 9,1-6 (“Un niño nos ha nacido… Estará el señorío sobre su hombro”); Lc 1,26-38 (“Vas a dar a luz un hijo… Jesús… su reino no tendrá fin”)

Contemplación, vivencia, misión: María es Reina “Madre”: por ser Madre del Rey, por excelencia y por haber colaborado a nuestra redención como “asociada” al Redentor (“Nueva Eva”, según San Ireneo). Su realeza hace más concreta y cercana a nuestro corazón la realeza fundamental de Cristo, Mesías Rey, “cuyo reino tendrá fin”. Lo más importante es que Cristo reine en los corazones y en los pueblos: “urge que él reine” (1Cor 15,15). La misión del bautizado consiste en “hacer que todo tenga a Cristo por cabeza” (Ef 1,10). María meditó en su corazón (cfr. Lc 2,19) el mensaje del ángel a los pastores (cfr. Lc 2,10-12) sobre el niño, “el Salvador”,  recién nacido (cfr. Is 9,16).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: “Elevada al cielo, es Madre y Reina de todo lo creado. En su cuerpo glorificado, junto con Cristo resucitado, parte de la creación alcanzó toda la plenitud de su hermosura” (Laudato sì, n.241)

Domingo 21º Tiempo Ordinario (21 agosto 2016, S.Pío X)

De Corazón a corazón: Is 66,18-21 (“Vengo a reunir a todas las naciones”); Heb 12,5-7.11-13 (“A quien ama el Señor, le corrige”); Lc 13,22-30 (“Esforzaos por entrar por la puerta estrecha”)

Contemplación, vivencia, misión: Todas las muestras de amor por parte de Dios son siempre para el bien de todos, para “todas las naciones”. Para captar ese amor, hay que entrar por la “puerta estrecha” del Corazón de Cristo: sólo él es “la puerta” (cfr. Jn 10,7). Es “estrecha” porque por ahí no entra ningún tipo de egoísmo. Pero está siempre abierta a quienes quieren hacerse aprendices de un amor que es siempre de totalidad. Todo es “gracia” o signo del amor de Dios, quien nos trata siempre como a hijos en el Hijo. “Es verdad que la misericordia no excluye la justicia y la verdad, pero ante todo tenemos que decir que la misericordia es la plenitud de la justicia y la manifestación más luminosa de la verdad de Dios” (Amoris Laetitia, n.311).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: En las pruebas, el Señor nos dice: “Soy yo”. Entonces nos hace testigos de su amor para los demás. Decimos a la Virgen María: “Soy todo tuyo” para que me enseñes a ser una Iglesia que no antepone nada al amor de Cristo.

Sábado semana 20ª  Tiempo Ordinario (20 agosto 2016, S. Bernardo)

De Corazón a corazón: Ez 43,1-7 (“La gloria de Dios… con ruido como el de las aguas”); Mt 23,1-12 (“Uno es vuestro Maestro… El mayor entre vosotros será vuestro servidor”)

Contemplación, vivencia, misión: La naturaleza tiene su lenguaje, hecho de sonidos y de luces. El correr de las aguas es melodía que abre el corazón a la “Fuente” de cuyo amor procede todo. “Que bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche” (S. Juan de la Cruz). Reconocer esto es dar “gloria” a Dios, que es principio de la vida de todo ser humano. El secreto de los santos fue su enamoramiento de Cristo. Su vida consistió en servir a todos con la alegría de dar y darse. “No es una propuesta romántica o una respuesta débil ante el amor de Dios, que siempre quiere promover a las personas, ya que «la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia»” (Amoris Laetitia, n.310; cita MV 1).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Los dones recibidos son para compartir. No es más quien posee más, sino quien ama más y quien contagia a los demás de este amor a Cristo y a los hermanos. María compartió los dones recibidos sin compases de espera (cfr. Lc 1,39).

Viernes semana 20ª Tiempo Ordinario (19 agosto, S. Juan Eudes)

De Corazón a corazón: Ez 37,1-14 (Los huesos secos: “Infundiré mi espíritu en vosotros y viviréis”); Mt 22,34-40 (“Amarás al Señor con todo tu corazón… amarás a tu prójimo como a ti mismo”)

Contemplación, vivencia, misión: Los santos han sabido entrar en el corazón de la Escritura, desde el corazón de María. Su secreto consiste en creer en el amor que Dios nos tiene. Entonces, hasta las hojas secas nos hablan de una historia de amor eterno, que reclama y hace posible nuestra respuesta. La persona y la comunidad humana o se realizan amando o se destruyen. Amor es darse gratuitamente, también y especialmente en los pequeños servicios, porque nada es pequeño si se hace con ese amor verdadero. “No podemos olvidar que «la misericordia no es sólo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos. Así entonces, estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia» (Amoris Laetitia, n.310, cita MV 10).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: El modelo de este amor de totalidad  y quien lo hace posible es el mismo Jesús, cuyo corazón se formó en el seno de María. Y “su Corazón está en el tuyo” (S.  Juan Eudes).