Viernes semana segunda de Cuaresma (22 marzo 2019)

De Corazón a corazón: Gén 37,3-28 (Historia de José); Mt 21,33-46 ("A mi hijo lo respetarán… Lo echaron fuera de la viña y lo mataron")

Contemplación, vivencia, misión: Las figuras emblemáticas del sufrimiento humano en la historia salvífica (Abel, José, Profetas, los Inocentes…) recobran su verdadero sentido a la luz de Cristo. La agonía de Cristo continúa en la humanidad sufriente. La humanidad entera (simbolizada por Israel y la Iglesia) sigue siendo la viña amada. En cada criatura y en cada acontecimiento, el Padre nos da a su Hijo como “consorte” (que comparte nuestra vida) y como razón de ser de todas las cosas. “Crucificamos” al Hijo cuando no tenemos tiempo para el hermano, según nuestra escala de valores equivocada, y cuando campean nuestras preferencias al margen de los planes salvíficos universales de Dios Amor. “Tendrán respeto de mi Hijo”, es el compendio de todo el evangelio: “De tal manera ha amado Dios al mundo, que le ha dado a su Hijo unigénito” (Jn 3,16). Lo que hacemos a los hermanos, lo hacemos a él: “A mí me lo hicisteis” (Mt 25,40).

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Si Dios se hace uno de nosotros por amor, es señal de que Dios se da a sí mismo. Es su modo de amar. Al aceptar o rechazar este amor de donación, el hombre se refleja a sí mismo en bien o en mal. María también experimentó este rechazo cuando en Nazaret quisieron despeñar a Jesús (cfr. Lc 4,29). Los nazaretanos, que esperaban "otro" Mesías, hicieron un discernimiento equivocado.

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Jueves semana segunda de Cuaresma (21 marzo 2019)

De Corazón a corazón: Jer 17,5-10 (“El que se fía del Señor es como el árbol plantado a las orillas del agua”); Lc 16,19-31(“Había un hombre rico… y un pobre llamado Lázaro”)

Contemplación, vivencia, misión: Dos modos de vivir contrapuestos. Los dos árboles y los dos caminos recuerdan la enseñanza y la vida de Jesús. Él se comparó al árbol verde (junto a las aguas) en el camino del Calvario (cfr. Lc 23,31). Ser árbol seco o árbol fecundo, todo depende de la tierra, del aire y especialmente del "agua". En nuestro caso, se trata del "agua viva" (vida nueva en el Espíritu Santo) que brota del Corazón de Cristo, muerto en cruz. "Ricos" y “pobres", "poderosos" y "débiles", es nuestra clasificación artificial. Para Dios sólo es "rico" quien sabe apreciar y compartir los dones recibidos. Los dones que no se compartan, se perderán. El “nombre” del pobre “Lázaro” está en el corazón de Dios. Los demás “nombres” son pura hojarasca y oropel para la moda pasajera del momento.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: María llevó en su seno "la fuente" del agua viva (Jn 4,14); la compartió y la sigue compartiendo generosamente. Desde el día de la Encarnación, nos llevaba en su seno con Cristo. Con su “sí” hasta el pie de la Cruz, ella hizo desbordar los “ríos de agua viva” (Jn 7,38), la vida nueva del Espíritu que brota del Corazón de Cristo muerto en Cruz (cfr. Jn 19,34).

Miércoles semana 2ª de Cuaresma (20 marzo 2019)

De Corazón a corazón: Jer 18,18-20 (“Tramemos algo contra Jeremías, hirámosle”); Mt 20,17-28 (“El hijo del hombre será entregado… le condenarán a muerte… al tercer día resucitará… ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber?”)

Contemplación, vivencia, misión: La narración evangélica es un mosaico de impresiones diversas y opuestas. Jesús confía su futuro de Cruz a los suyos. Algunos se aprovechan de las circunstancias para medrar. Jesús asume en sí mismo todas la injusticias y los crímenes de la historia humana. Su objetivo es sanar a todos sin discriminación; Él da su vida amando y perdonando. Desde la Encarnación hasta la cruz, su vida es un "sí" de donación total, fundamento del pacto definitivo ("Alianza") de amor. Nos ha injertado en su muerte y también en su resurrección. “La tribulación de la Iglesia y del cuerpo de Cristo continúa hasta el fin de los tiempos” (S. Agustín, Com. Salmo 140). El secreto de nuestra felicidad está en el "compartir" con él, para beber su mismo cáliz o correr su misma suerte. Otra opción no es válida para un seguidor de Cristo.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: La madre de Santiago y Juan se prestó al juego de la ambición de los primeros puestos. La Madre de Jesús (y nuestra) entiende mejor y nos ayuda a hacer de la vida un "sí" en unión con su Hijo. La felicidad está en el dar y darse. La cuestión es saber discernir y liberarse de las mallas de nuestros enredos y preferencias.

SAN JOSÉ (martes 19 marzo 2019)

De Corazón a corazón: 2Sam 7,4-5.12-14.16 (“Yo seré para él Padre”)/ Rom 4,13.16-18.22 (“Esperando contra toda esperanza, creyó”); Mt 1,16-24 (“No temas tomar contigo a María como esposa… Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús”) / Lc 2,41-51 (“Tu padre y yo te buscábamos angustiados”)

Contemplación, vivencia, misión: A José le tocó en suerte compartir la misma vida de Jesús con María. Aceptó el reto del verdadero amor: recibir a la esposa tal como era según los planes de Dios Amor. El “silencio” de San José queda explicado por la “Palabra” de Dios: su vida era ya sólo para Jesús, el “Salvador”, nacido de María por obra del Espíritu Santo. Fue el hombre “justo”, siempre abierto a los nuevos planes de Dios. En su vida “callada” resonó la “Palabra” personal de Dios, Jesús, a quien José pudo siempre llamar “hijo” de un modo totalmente nuevo. Y se sintió a amado por él de modo especial. El “esposo” de María compartió con ella la misma vida de Jesús: “toma al niño y a su madre” (Mt 2,13). Con María, supo gozar y sufrir, siempre haciendo de la vida una donación virginal, de no anteponer nada al amor de Cristo. Es la lógica del evangelio, la lógica de la fe en Cristo, más allá de nuestros esquemas recortados.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: María compartió siempre con José el gozo y el dolor de pertenecer exclusivamente a Jesús: “Tu padre y yo te buscábamos angustiados” (Lc 2,48). Supo discernir, porque nada ni nadie podía suplir a Jesús en el centro del corazón. Sin esta perspectiva centrada en el Señor, todo discernimiento resulta un fracaso.

Lunes semana segunda de Cuaresma (18 marzo 2019)

De Corazón a corazón: Dan 9,4-10 (“A nosotros la vergüenza en el rostro… al Señor la piedad y el perdón”); Lc 6,36-38 (“Sed misericordiosos como vuestro Padre”)

Contemplación, vivencia, misión: Dios Amor e así: se apiada con ternura de madre cuando reconocemos nuestros pecados y defectos, y los queremos corregir. “Su sol” nos lo da a todos sin distinción. Vivimos entre dones innumerables de su amor. Nuestra ceguera y nuestro sonambulismo se curan mirando a los demás como hijos amados de Dios (porque para Dios no hay “estropajos”, sino sólo hijos). Si cerramos el corazón a los hermanos, no es posible “creer” de verdad en Dios, ni tampoco hablar de él con autenticidad y coherencia. Condenar los defectos de los demás sin misericordia, no es cristiano. La salud espiritual del cristiano está en el perdonar, como el Señor nos ha perdonado. Quien ha experimentado esta misericordia, se conmueve ante las miserias de los demás, pero no hace rebaja a la entrega.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: María vivió su “día a día” dejando entrar la luz del “sol” (la “mirada” de Dios) en su propia “nada”. Así lo expresó en su canto del “Magníficat”, cuando llevaba a Jesús (la misericordia) en su seno para bien de “todas las generaciones”. En ella se refleja la ternura materna de Dios.

Domingo 2º de Cuaresma, Año C (17 marzo 2019)

De Corazón a corazón: Gen 15,5-12.17-18 ("Cuenta las estrellas… así será tu descendencia… Selló el Señor una alianza con Abraham"); Fil 3,17-4,1 ("Esperamos como Salvador al Señor Jesucristo, el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo"); Lc 9,28-36 ("Su rostro se transfiguró… Conversaban con él Moisés y Elías sobre su pasión")

Contemplación, vivencia, misión: El camino de pasión es camino de Pascua. La historia de dolor sólo se explica a la luz de Jesús muerto y resucitado. Somos ciudadanos del cielo, todavía peregrinos entre luces y sombras, pero con "pasaporte" auténtico. La cruz ilumina el camino. Todos los anhelos del corazón humano y de los pueblos, así como todas las promesas antiguas, se desvelan en Jesús, el único Salvador. Escuchar la Palabra de Dios en el corazón, como María, y decir que «sí», ilumina los derroteros de la historia para convertirla en historia de salvación. La vida se “transfigura” y se hace fecunda, más allá de estadísticas y baremos del “marketing” y de los propagandas “mediáticas”.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: Ella “era decidida, supo de qué se trataba y dijo «sí», sin vueltas… Fue el «sí» de quien quiere comprometerse y de quien quiere arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa” (Papa Francisco, JMJ 26 enero 2019). Y esta promesa es para el bien de todos, un "patrimonio" de toda la humanidad.

Sábado semana 1ª de Cuaresma (16 marzo 2019)

De Corazón a corazón: Deut 26,16-19 ("Tu Dios te manda hoy cumplir estos preceptos… de corazón"); Mt 5,43-48 ("Amad… sed perfectos como vuestro Padre celestial")

Contemplación, vivencia, misión: La vida es hermosa cuando se hace donación imitando el amor de Dios que nos da “sus” creaturas como preparación para una donación de Él mismo. Sólo Dios es Amor y el amor viene de Él. La vida cristiana se desarrolla amando como Jesús. Todo puede convertirse en donación, porque todo es don del amor de Dios. La ley del amor sólo se puede practicar con todo el corazón y, por tanto, de corazón a corazón, aprendiendo del mismo Jesús a amar al Padre (en el Espíritu Santo) y a los hermanos, desde su mismo Corazón. La perfección consiste en amar al estilo de Dios, ser “misericordiosos” como él (cfr. Lc 6,36). Este modo de amar sólo es posible si Cristo vive en nosotros.

*Dejarse sorprender para discernir como la Madre de Jesús: “Bienaventurados” quienes, por escuchar la Palabra de Dios en el corazón, como María, se dejan modelar por el amor. “Ella no solo creyó en Dios y en sus promesas como algo posible, le creyó a Dios y se animó a decir «sí» para participar en este ahora del Señor. Sintió que tenía una misión, se enamoró y eso lo decidió todo” (Papa Francisco JMJ 27 enero 2019).