Martes semana 12ª Tiempo Ordinario (27 junio, S. Cirilo)

De Corazón a corazón: Gen 13,2.5-18 (Acuerdo entre Abraham y Lot; Dios promete a Abraham descendencia innumerable); Mt 7,6.12-14 (“Cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos”)

Contemplación, vivencia, misión: Dios ha dejado en la creación huellas de su modo de amar. Ese amor es siempre más allá de lo que podamos imaginar. La gran sorpresa consiste en que Cristo nos ama con el mismo amor con que el Padre le ama a él (cfr. Jn 15,9). Por esto el mandato del amor es “nuevo”, como nueva es la realidad de la Encarnación y redención. Cuando se vive en esta perspectiva, de amar como él, es posible afrontar los problemas humanos como Abraham y disipar la niebla de las tragedias reales o imaginarias. Basta con mirar primero qué necesitan los demás y esforzarse por amarles con el mismo amor con que Dios nos ama.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: En la visitación a Isabel y en Caná, María estaba atenta a la necesidad de los demás. Es "la mujer" (la "Nueva Eva"), que, con su fe confiada y audaz, comparte el modo de amar y de vivir de Jesús.

Lunes semana 12ª Tiempo Ordinario (26 junio, S. José Mª Escrivá)

De Corazón a corazón: Gen 12,1-9 ("Vete de tu tierra… y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré…. Abraham marchó"); Mt 7,1-5 ("No juzguéis y no seréis juzgados… con la medida con que midiereis, se os medirá")

Contemplación, vivencia, misión: Cada hermano es una historia de un amor eterno, que empezó y continúa en el corazón de Dios. El “misterio” de Dios, manifestado en Cristo, es “amor que supera toda ciencia” (Ef 3,19). El misterio de la “comunión” incluye también el saberse parte de una familia, donde lo positivo es para compartir, y lo negativo es para conllevar y corregir. El gran descubrimiento de los santos (como gracia especial de Dios) consiste en conocer que somos todos del mismo barro, y que Jesús ha asumido toda nuestra existencia como parte de su misma biografía. Hay que aprender a “salir” de sí mismo y de las propias preferencias, para insertarse en la “comunión” de Dios Amor manifestada y comunicado por Cristo. En la Eucaristía, “Jesús nos toma, “parte” nuestra vida, porque no hay amor sin sacrificio, y la ofrece a los demás, la ofrece a todos” (Papa Francisco, 24 mayo 2017)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La vida de fe de María es más profunda que la de Abraham (cfr. Lc 2,45). A Ella le pidieron adentrarse en la sorpresa de Dios que quiso hacerse hombre en su seno por obra del Espíritu Santo. Al pronunciar con Ella nuestro “sí” (“amén”), el corazón se abre a la esperanza.

Domingo 12º Tiempo Ordinario (25 junio 2017)

De Corazón a corazón: Jer 20,10-13 ("El Señor está conmigo… ha salvado la vida de un pobrecillo"); Rom 5,12-15 ("¡Cuánto más la gracia de Dios… el don otorgado por la gracia de un solo hombre Jesucristo, se han desbordado sobre todos!"); Mt 10,26-33 ("Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados… vosotros valéis más que muchos pajarillos")

Contemplación, vivencia, misión: El pecado del "primer Adán" arruinó la historia humana. Jesús, el "nuevo Adán", ha recuperado con creces los dones de Dios, que nos hizo a su imagen y semejanza. Si Dios cuida con amor de una florecilla que pronto se seca, mucho más cuida de quienes ya somos una página de la biografía de su Hijo. Todo es Providencia y designio de amor, aunque no lo entendamos con nuestras pobres luces del presente.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María la "Nueva Eva", es figura de la Iglesia, llamada a colaborar en la obra salvífica del Señor. “La Iglesia escucha las historias de todos, como emergen del cofre de la conciencia personal; para luego ofrecer la Palabra de vida, el testimonio del amor, amor fiel hasta el final. Y entonces el corazón de las personas vuelve a arder de esperanza” (Papa Francisco, 24 mayo 2017)

Natividad de San Juan Bautista (sábado 24 junio 2017)

De Corazón a corazón: Is 49,1-6 (“Desde el seno materno me llamó”); Hech 13,22-26 (“Juan predicó como Precursor”); Lc 1,57-66.80 (“Juan es su nombre” = el Señor ha sido bueno)

Contemplación, vivencia, misión: Desde el seno de nuestra madre, ya empezamos a ser plasmados por el amor de Dios, que nos quiere convertir a todos en un “don” para los demás. Nuestro verdadero “nombre” sólo lo sabe el Señor. Cada día es “cumpleaños” de una gracia o don recibido, que se suma a una herencia familiar, en la “comunión” de los santos. Amar a los hermanos es alegrarse por sus dones recibidos del mismo Dios Amor. “La verdadera esperanza no es jamás a poco precio: pasa siempre a través de la derrota. La esperanza de quien no sufre, tal vez no es ni siquiera eso” (Papa Francisco, 24 mayo 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: A Juan, el Precursor, le tocó en suerte ser santificado por el Espíritu Santo por medio del saludo de María. Su vida ya no sería más que anuncio de Jesús, prescindiendo de sí mismo. Se necesitan “servidores” al estilo de María y del Bautista: “disminuir” para que se oiga la “Palabra”.

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS (viernes 23 junio 2017)

De Corazón a corazón: Deut 7,6-11 ("El Señor te ha elegido para que seas el pueblo de su heredad personal… por el amor que os tiene") ; 1Jn 4,7-16 ("Dios es Amor… nos envió a su Hijo para que vivamos por él"); Mt 11,25-30 ("Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón")

Contemplación Vivencia Misión: Cuando Jesús habló de su Corazón “manso y humilde” (Mt 11,29), manifestó el significado del momento en que abrieron su costado (su Corazón) con una lanza, y del que salió “sangre y agua” (Jn 19,34). Su vida fue siempre “donada” (“sangre”), para comunicarnos una vida nueva, su misma vida divina (“agua”). Así nos ama Dios, dándose él, con “lazos de amor” (Os 11,4) y corazón materno. Es un amor que “supera todo conocimiento” (Ef 3,19). “A veces el cántaro se convierte en una pesada cruz, pero fue precisamente en la cruz donde, traspasado, el Señor se nos entregó como fuente de agua viva. ¡No nos dejemos robar la esperanza!” (Papa Francisco, Evangelii Gaudiium, n.86)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El compromiso de vivir en sintonía con los latidos del Corazón de Jesús por la santificación de todos los bautizados y especialmente de todos los sacerdotes, se inspira en su oración sacerdotal: “Padre… los que tú me has dado… son mi expresión (mi gloria)… YO ME INMOLO POR ELLOS para que sean santos… que sean uno como nosotros… les amas como a mí… yo estoy en ellos” (Jn 17,10-28). Son palabras que encontraron eco en el Corazón materno de María y ahora en el de la Iglesia.

VOCACIÓN, ÍNTIMA AMISTAD CON CRISTO

La vocación, amistad con Cristo

“Hemos visto su gloria” (Jn 1,14). “Hemos conocido el amor” (1Jn 4,16). “Lo que hemos visto y oído… el Verbo de la vida” (1Jn 1,1ss). “Estuvieron con Él (Jn 1,39;cfr. Jn 1.35-51). “Llamó a los que quiso… para que estuvieran con él” (Mc 3,13-14); “habéis estado conmigo desde el principio” (Jn 15,27).

Su declaración de amistad, el amor más hermoso:

Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, ofrece su amistad, como declaración de amor, participación en su misma vida y entrega de su vida por sus amigos como señal del amor más hermoso (Jn 15,4-17).  “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Jn 15,13-14). “Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él… Verdaderamente, nada hay más hermoso que encontrar a Cristo y comunicarlo a los demás” (Sacramentum Caritatis, n.84).

Nada y nadie puede ocupar su puesto en nuestro corazón:

“Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68). “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor” (Jn 15,9). “Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios” (Ef 3,17-20).

Una vida toda para Él:

“Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí ‑ que quiere decir,  “Maestro” ‑ ¿dónde vives?». Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima” (Jn 1,38-39). A los santos se les ha llamado “amigos de Dios” (cfr. Sal 31,24; 37,28; 89,20).

En las dificultades:

“Soy yo, no temáis” (Jn 6,20). “Precisamente porque es « enviado », el misionero experimenta la presencia consoladora de Cristo, que lo acompaña en todo momento de su vida. « No tengas miedo … porque yo estoy contigo » (Hech 18, 9-10). Cristo lo espera en el corazón de cada hombre” (RMi 88). “Con tan buen amigo presente, todo se puede sufrir” (Sta Teresa de Ávila). Amigo de todas las horas, especialmente de las que parecen más oscuras y sin sentido.

Actitudes de amistad con Él:

No dudar de su amor. No abandona. No sentirse nunca solo. No anteponer nada a su amor. La oración como “tratar de amistad… estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama” (Sta Teresa de Ávila). Amar a todos con su mismo amor: “como yo os he amado” (Jn 13,34). Hacer todo “por Él, con Él, en Él”. Una vida gastada para hacerle conocer y amar: “El Espíritu Santo dará testimonio de mi, vosotros daréis testimonio porque habéis estado conmigo desde el principio” (Jn 15,26-27). Intimidad en dimensión mariana, su Madre es nuestra Madre: “he aquí a tu hijo”(Jn 19,26); había escuchado: “y estoy en ellos” (Jn 17,26)

(Cfr. Encuentro con Cristo, Madrid, Edibesa, 2012)

 

Jueves semana 11ª Tiempo Ordinario (22 junio, Bta Mª Inés Teresa)

De Corazón a corazón: 2Cor 11,1-11 ("Os tengo desposados con un solo esposo… Cristo"); Mt 6,7-15 (“Vuestro Padre sabe lo que necesitáis… Padre nuestro”)

Contemplación, vivencia, misión: El mejor regalo que nos ha hecho Jesús es el de compartir con nosotros su misma filiación divina, para hacer de nuestra vida un “sí” al Padre. Orar el “Padre nuestro” equivale a vivir en sintonía con Cristo, mirando, amando como él. El Padre sigue todos los movimientos de nuestro corazón y sólo le agrada lo que suene a Jesús, porque nos ha hecho sus “consortes”. El Padre “conoce” amando, porque nos conoce y nos ama en Cristo y en el Espíritu Santo. La historia del “Padre nuestro” continúa bajo la acción del Espíritu de Amor (cfr. Gal 4,7; Rom 8,15), no sólo en los comentarios, sino especialmente en la vida de quienes se deciden a injertarse en la mirada amorosa de Jesús al Padre (cfr. Lc 10,21). "Dame que te ame, Dios mío, como tú mismo me amas" (Bta. Mª Inés Teresa).

*Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Desde el seno de María, Jesús comparte, como “consorte”, nuestro caminar. Como en el camino de Emaús, “Jesús comienza su terapia de la esperanza…Sobre todo pregunta y escucha” (Papa Francisco, 24 mayo 2017).