Sábado semana quinta de Pascua (30 abril 2016)

De Corazón a corazón: Hech 16,1-10 (“Las iglesias se afianzaban en la fe… Pasa a Macedonia y ayúdanos”); Jn 15,18-21 (“Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros… todo esto lo harán por causa de mi nombre”)

Contemplación, vivencia, misión: No se da un paso certero en la santificación y en la misión, si no está marcado por la cruz del sacrificio asumido como donación. Quien no piensa como Jesús, no entiende lo de sufrir amando y perdonando. El mejor premio que nos puede tocar es el de correr la misma suerte del Señor. A Cristo no se le encuentra sin la cruz. Y sólo con Él, las dificultades, afrontadas con amor, se convierten en fecundidad materna. La verdadera cruz existe siempre con Jesús en ella.

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: En las dificultades descubrimos que Jesús nos acompaña y nos invita, como a María, a correr su misma suerte, a sufrir su misma "espada" (Lc 2,35). Entonces a Ella la sentiremos muy cercana: "Os será muy verdadera Madre en todas vuestras necesidades" (S. Juan de Ávila, Audi Filia, cap.59)

Santa Catalina de Siena (viernes 29 abril 2016)

De Corazón a corazón: 1Jn 5-2,2; (“La sangre de su Hijo Jesús nos limpia de los pecados”); Mt 11,25-30 (“Te doy gracias, Padre… has escondido estas cosas a los sabios… y se las has revelado a la gente sencilla”)

Contemplación, vivencia, misión: A Cristo sólo le conoce quien le ama: “Si alguno me ama, o me manifestaré a él” (Jn 14,21). “Trinidad eterna, tú eres como un océano profundo, en el que, cuanto más se busca, más encuentro, y cuanto más encuentro, más te busco a ti. Tú sacias de modo insaciable mi espíritu” (Santa Catalina de Siena). Jesucristo nos ha redimido con su “sangre” (Ef 1,7), es decir, con su vida donada en sacrificio, para establecer la Nueva Alianza. Jesús ha realizado la salvación redentora “mediante su sangre” (Rom 5,9; Ef 1,7), que es “sangre de la Nueva Alianza” (Lc 22,20; Mt 26,28), “estableciendo la paz por medio de su sangre” (Col 1,20).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: “La Redención nos viene ante todo por la sangre de la cruz, pero este misterio está actuando en toda la vida de Cristo” (Catecismo, n.517), ya desde su concepción en el seno de María. La fe de los “sencillos” y de los “santos” es vivencia auténtica del Evangelio, como y con María.

Jueves semana quinta de Pascua (28 abril 2016)

De Corazón a corazón: Hech 15,7-21 ("Comunicándoles el Espíritu como a nosotros… Creemos que nos salvamos por la gracia del Señor Jesús"); Jn 15,9-11 ("Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor")

Contemplación, vivencia, misión: Es la declaración de amor más solemne del evangelio: "Como mi Padre me amó… yo también os he amado". La consecuencia será una amistad hasta "dar la vida". Pero esta declaración de amor pide y hace posible nuestra respuesta. Quien vive de esta amistad sabe que es la salvación ofrecida por el Señor a toda la humanidad, hasta hacer de todos la familia "convocada" ("ecclesia", Iglesia), la familia de Jesús. “Es verdad que a veces nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas" (Amoris Laetitia, n.310; cita EG 47).

*En el día a día con la Madre de Jesús: Aquel amor de Jesús a sus "amigos" y "hermanos", se refleja en el amor de su Madre hacia todos nosotros: "Todos los que somos hermanos de Jesucristo… somos hijos de la Virgen" (S. Juan de Ávila, Sermón 62).

Miércoles semana quinta de Pascua (27 abril 2016, Montserrat)

De Corazón a corazón: Hech 15,1-6 ("Contaban lo que Dios había hecho por medio de ellos") ; Jn 15,1-8 ("Yo soy la vid, vosotros los sarmientos… Separados de mí, no podéis hacer nada")

Contemplación, vivencia, misión: El cristianismo no consiste principalmente en un conjunto de ideas y de estructuras (por necesarias que sean), sino en la presencia y en el amor de "Alguien" (Cristo Resucitado presente) con quien el creyente se encuentra todos los días y de quien ya no se puede prescindir. "Cristo se llama a sí mismo vid, como si fuera la madre y nodriza de los sarmientos que proceden de él" (S. Cirilo de Alejandría). “Cuando la familia acoge y sale hacia los demás, especialmente hacia los pobres y abandonados, es «símbolo, testimonio y participación de la maternidad de la Iglesia» (Amoris Laetitia, n 324; cita FC 49)

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Colaboramos con Ella para que Jesús nazca en muchos corazones: “Por lo cual, también en su obra apostó­lica, con razón, la Iglesia mira hacia aquella que engendró a Cristo, concebido por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen, precisamente para que por la Iglesia nazca y crezca también en los corazones de los fieles” (LG 65).

Martes semana quinta de Pascua (26 abril 2016, S.Isidoro)

De Corazón a corazón: Hech 14,19-28 ("Es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios"); Jn 14,27-31 ("No se turbe vuestro corazón… Me voy y volveré a vosotros")

Contemplación, vivencia, misión: La vida es un juego de luces y sombras, de presencias y ausencias. Jesús es la clave: cuando sentimos su ausencia, es que está más presente para hacernos colaboradores de la redención. La salvación del mundo no se realiza sin la ofrenda de la propia vida (cfr. Heb 9,22). Sería iluso quien quisiera cambiar el mundo sin cambiar su corazón.

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Afrontando nuestras dificultades con amor, colaboramos con Ella a la nueva creación: "Se consagró totalmente a sí misma, cual, esclava del Señor, a la Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al misterio de la Redención con El y bajo El, por la gracia de Dios omnipotente" (LG 56).

San Marcos Evangelista (lunes 25 abril 2016)

De Corazón a corazón: 1Pe 5,5-14 ("Dios os ha llamado en Cristo… Os saluda mi hijo Marcos"); Mc 16,15-20 ("Id por todo el mundo… Ellos salieron a predicar… el Señor con ellos"):

Contemplación, vivencia, misión: La vocación peculiar de cada uno se armoniza en la “comunión de los santos”. Todos hemos sido llamados por una declaración de amor, para anunciar este mismo amor sin fronteras. Y Cristo acompaña a todos: envía, acompaña y espera en el corazón de cada ser humano y en todos los pueblos. La humildad y confianza en el amor de Dios hace el milagro de convertir al apóstol en signo personal y comunitario de Jesús. “Jesús mismo se presenta como Pastor de cien ovejas, no de noventa y nueve. Las quiere todas. A partir de esta conciencia, se hará posible que «a todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros» (Amoris Laetitia, n.309, cita MV 12).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Lo “poquito” que nos dice San Marcos sobre la Virgen es muy aleccionador. Durante su visita a Nazaret, Jesús fue tildado de “carpintero, hijo de María” (Mc 6,3). Ella compartió su misma vida escondida durante treinta años, siempre fiel a la “voluntad de Dios” (Mc 3,33-35).

Domingo quinto de Pascua (24 abril 2016)

De Corazón a corazón: Hech 14,21-27 (“Es necesario pasar muchas tribulaciones para entrar en el Reino”); Apo 21,1-5 (“Hago nuevas todas las cosas”); Jn 13,31-35 (“Que os améis como yo os he amado”).

Contemplación, vivencia, misión: Afrontar la realidad para construirla amando, es el secreto de nuestro caminar histórico, donde Cristo, clave de la historia (“alfa y omega”), construye con nosotros un mundo nuevo en el que reinará el amor. La vida es hermosa cuando se convierte en el “sí” de donación a Dios y a los hermanos, con el mismo amor de Cristo. Es el milagro que Cristo hace todos los días en el corazón de quienes le siguen de verdad. “El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero” (Amoris Laetitia, n.296).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Esta donación resumida en un “sí” fue la respuesta de María. Es la “utopía” cristiana, porque “para Dios no hay nada imposible” (Lc 1,37).