Miércoles semana segunda de Pascua (14 abril 2021)

De Corazón a corazón: Hch 5,17-26 (“Id y decid al pueblo todo lo referente a esta nueva vida”); Jn 3,16-21 (“Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único”)

Contemplación, vivencia, fraternidad, misión: Dios lo dirige todo para el bien de todos sus hijos. Quien se ha dejado conquistar por Cristo, ya no puede prescindir de él. En Jesús, desde Encarnación hasta la cruz, todo es epifanía personal de Dios Amor. Con esta perspectiva, la creación y la historia se insertan en un designio de amor. Es la “nueva vida”. Dios se nos da él mismo en sus dones. Las expresiones pasan, como las flores que se marchitan. La Palabra amorosa de Dios (que es Jesús) es su don permanente, que no pasa nunca. En Cristo, el Verbo Encarnado, se cumplen los anhelos que Dios ya ha sembrado en el corazón humano y en todos los pueblos.

*Todos hermanos, somos signo de esperanza con la Madre de Jesús: Este “misterio” de amor abre sus secretos a quien se une al “sí” de María. “A partir del «fiat» de la humilde Esclava del Señor, la humanidad comienza su retorno a Dios” (Pablo VI, MC 28)

Martes semana segunda de Pascua (13 abril 2021)

De Corazón a corazón: Hch 4,32-37 (“La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma”); Jn 3,7-15 (“Tiene que ser levantado el hijo del hombre” )

Contemplación, vivencia, fraternidad, misión: Jesús resucitado, que murió en la cruz, es el punto de referencia para la propia salvación y para la vida de comunión fraterna. “Mirarle” levantado de la tierra, equivale a salir de sí mismo, para vivir en él una vida nueva. Sólo así se aprende a compartir la misma vida con todos los hermanos, hasta ser “un solo corazón y una sola alma” (Hch 4,32). “Pedimos a Dios que afiance la unidad dentro de la Iglesia, unidad que se enriquece con diferencias que se reconcilian por la acción del Espíritu Santo. … donde cada uno hace su aporte distintivo. … No podemos olvidar aquel deseo que expresó Jesucristo: «Que todos sean uno» (Jn 17,21)” (Fratelli tutti, n.280).

*Todos hermanos, somos signo de esperanza con la Madre de Jesús: Vivir en comunidad teniendo “un solo corazón”, es posible si María está presente (Hch 1,14). “Mirar” con fe viva a Jesús muerto y resucitado, se aprende “estando de pie junto a la cruz”, con la Madre de Jesús (Jn 19,25).

Lunes segunda semana de Pascua (12 abril 2021)

De Corazón a corazón: Hch 4,23-31 (“Quedaron llenos del Espíritu Santo y predicaban la palabra de Dios con audacia”); Jn 3,1-8 (“El que no nazca de agua y de Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios”)

Contemplación, vivencia, fraternidad, misión: Jesús Resucitado nos regala lo mejor que tiene: su misma vida divina como relación de donación al Padre y en el Espíritu Santo. Es la “vida nueva” como “nacimiento nuevo”. Nacemos a esta nueva vida recibiendo la Palabra en el corazón y en medio de la comunidad fraterna; entonces no hay rebajas en la entrega ni fronteras en la misión. La vida y la misión cristiana es un nuevo nacimiento continuo, para hacerse sólo transparencia de Jesús bajo la acción del Espíritu Santo. “San Francisco de Asís «escuchó la voz de Dios, escuchó la voz del pobre, escuchó la voz del enfermo, escuchó la voz de la naturaleza. Y todo eso lo transforma en un estilo de vida. Deseo que la semilla de san Francisco crezca en tantos corazones»” (Fratelli tutti, n.48).

*Todos hermanos, somos signo de esperanza con la Madre de Jesús: Todos juntos estamos invitados a aceptar su “mediación materna” en “comunión de vida” con ella, cuya “presencia” es “activa y materna”. Esta devoción o “espiritualidad mariana” consiste en imitarla y “dejarla entrar”, para prolongar en nosotros (en la Iglesia) su “nueva maternidad”, instrumento de “vida nueva”.