Martes semana 20ª Tiempo Ordinario (21 agosto, S. Pío X)

De Corazón a corazón: Ez 28,1-10 (“Me fue dirigida la Palabra de Dios”); Mt 19,23-30 (“Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”)

Contemplación, vivencia, misión: Para escuchar a Dios, que nos habla de corazón a corazón, hay que quitar los enredos que obstaculizan su llamada de amor eterno. Nuestras preferencias engañosas sólo se disipan en sintonía con el corazón de Cristo, que nos tiene a todos en él como parte de su misma existencia. Seguirle “de corazón” equivale a no anteponer nada a su amor. A Cristo no se le encuentra elaborando una teoría sobre él, sino en un proceso de conocerle amando. “No caigamos en la tentación de buscar la seguridad interior en los éxitos, en los placeres vacíos, en las posesiones, en el dominio sobre los demás o en la imagen social: «Os doy mi paz; pero no como la da el mundo» (Jn 14,27)” (Gaudete et exsultate, n.121).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Los momentos más privilegiados del encuentro con Cristo suelen ser cuando hemos sido tocados por su “cruz” y la hemos acogido “de pie”, como María (Jn 19,25). Entonces nace la paz en el corazón y nos disponemos a contagiar a lo demás del amor a Cristo.

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Lunes semana 20ª Tiempo Ordinario (20 agosto 2018, S. Bernardo)

De Corazón a corazón: Ez 24,15-24 (“No te lamentarás… Sabréis que yo soy el Señor”); Deut 32,6; Mt 19,16-22 (“Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, ven y sígueme”)

Contemplación, vivencia, misión: Dios nos comunica sus dones como prenda de un don mayor: se nos quiere dar Él mismo. La Providencia es desconcertante sin esta perspectiva. Las flores se marchitan, los dones pasan, pero el amor que Dios puso en ellos no pasa. Por esto no nos pide cosas, sino a nosotros mismos, vida por vida, sin quejas ni añoranzas. El desprendimiento de las cosas significa la propiedad y el uso de las mismas en la perspectiva de amar a Dios y a los hermanos, compartiendo los bienes que son de toda la familia humana. Así es “esa alegría que se vive en comunión, que se comparte y se reparte, porque «hay más dicha en dar que en recibir» (Hech 20,35) y «Dios ama al que da con alegría» (2Cor 9,7)” (Gaudete et exsultate, n.128).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Toda vocación cristiana es de entrega sin descuento, porque tiene inicio en un encuentro personal con Cristo, que se hace relación, amistad y seguimiento. Algunos son llamados a compartir su mismo estilo de vida radical, que él vivió y también su Madre con él.

Domingo 20º Tiempo Ordinario, Año B (19 agosto 2018)

De Corazón a corazón: Prov 9,1-6 (“La sabiduría ha aderezado su mesa… Venid y comed de mi pan”); Efes 5,15-20 (“Llenaos del Espíritu Santo… dando gracias continuamente a Dios Padre”) ; Jn 6,51-58 (“Yo soy el pan vivo para la vida del mundo”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús, “pan de vivo (pan de vida) para la vida del mundo”, nos hace partícipes de su misma vida divina y permanece presente en nuestro corazón y en medio de nosotros. Su vida nueva reclama vivir como él. Se nos da como alimento para hacer posible esta realidad de gracia. Sin participación en la vida de Cristo, el cristiano es un absurdo. "Hay que recibir a Cristo para que nos engendre, como lo afirma el apóstol san Juan: Cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios" (San Ponciano, Sermón sobre el bautismo).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: La sabiduría cristiana, obra y don del Espíritu Santo, consiste en hacer de la vida una “Eucaristía” continuada, una acción de gracias por los dones recibidos. Así se recibe el “pan partido” que se formó en el seno de María.

Sábado semana 19ª Tiempo Ordinario (18 agosto 2018)

De Corazón a corazón: Ez 18,1-10.13.30-32 (“Todas las vidas son mías… haceos un corazón nuevo”); Mt 19,13-15 (“Dejad que los niños se acerquen a mí”)

Contemplación, vivencia, misión: A los niños sólo se les puede amar con un corazón nuevo. Hay que romper las cadenas que no dejan aflorar y madurar la inocencia de los niños. Esto sólo es posible haciéndose niño como ellos: admirar, esperar, no buscar otra cosa que el rostro y el corazón de Jesús. No estaría bien hacer catecismo a los niños sin hablar de Jesús que les espera presente en el Sagrario. El Señor “nos invita a gastar nuestra vida en su servicio. Aferrados a él nos animamos a poner todos nuestros carismas al servicio de los otros” (Gaudete et exsultate, n.130).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: La inocencia de los niños no se ha perdido. Esperan con el corazón abierto que alguien les transmita la invitación de Jesús o que, como María, les indique: “Haced lo que él os diga”.

Viernes semana 19ª Tiempo Ordinario (17 agosto 2018)

De Corazón a corazón: Ez 16,1-15.60-63 (“Pasé junto a ti… hice Alianza contigo y fuiste mía”) ; Is 12,2; Mt l9,3-12 (“Lo que Dios unió no lo separe el hombre”)

Contemplación, vivencia, misión: Frecuentemente oímos la palabra “Alianza”, como cuando celebramos (en la Misa) el sacrifico eucarístico de Cristo. Dios ha querido establecer un “pacto de amor”, que él mismo compara al amor matrimonial. Todo ser humano está llamado a entrar en esta intimidad de Dios. Gracias al sacrificio redentor de Cristo, es posible vivir esta realidad familiar con Dios. Sin este amor nupcial de Dios, manifestado en Cristo, no se entiende nada del cristianismo. Todo corazón humano ha sido creado para reflejar el amor de Dios, que es la máxima unidad vital.

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: En el matrimonio cristiano, la unidad es posible gracias el “sí” de Cristo pronunciado por los esposos en su nombre, en día de la boda. Quienes son llamados a la virginidad son “memoria” del amor de Cristo y de su Madre la Virgen.

Jueves semana 19ª Tiempo Ordinario (16 agosto 2018)

De Corazón a corazón: Ez 12,1-12 (“Prepárate un equipo de deportado y sal”); Mt 18,21-19,1 (Perdonar: “Como yo me compadecí de ti”)

Contemplación, vivencia, misión: Saber perdonar es un don de Dios. No es una conquista de equilibrio ni tampoco una actitud de indiferencia o de táctica. Sólo sabe perdonar quien en su propia limitación (o pecado) ha experimentado el amor misericordioso de Dios. El perdón se aprende al contemplar el amor del Señor, quien nos ama porque él es bueno y no porque nosotros somos buenos. Perdonar es “salir” de los propios esquemas y entrar en sintonía con los amores del Corazón de Cristo. “Dar y perdonar es intentar reproducir en nuestras vidas un pequeño reflejo de la perfección de Dios, que da y perdona sobreabundantemente” (Gaudete et exsultate, n.81).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Perdonar es dejar entrar en el propio corazón el modo de amar de Jesús. En el “Magníficat” de María se refleja la misericordia de Jesús cuando todavía estaba en el seno de la Madre de Misericordia.

ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA (15 agosto 2018)

De Corazón a corazón: Ap 11,19-12,10 (“Una gran señal… Una mujer vestida de sol”); 1Co 15,20-27 (“Cristo resucitado… primicias… todos revivirán en Cristo”); Lc 1,39-56 “Bendita entre las mujeres… feliz la que ha creído”)

Contemplación, vivencia, misión: María Asunta es la prenda que Cristo nos da sobre nuestra futura resurrección. Lo que hizo en ella, como fruto de su muerte y resurrección, lo quiere hacer en nosotros con su ayuda materna. A ella ya la ha glorificado en cuerpo y alma, como “primicias” de todos los que viven en Cristo. Ella es el “icono” o figura de lo que debe ser la Iglesia, plenamente glorificada en Cristo, “mujer vestida de sol”. Quien cree en Cristo resucitado no tiene dificultad en admitir este regalo a su Madre y nuestra. Alegrarse por los dones que ella ha recibido de Dios, es señal de amor.

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Celebramos el triunfo de Cristo resucitado sobre el pecado y la muerte: María es Inmaculada y Asunta. Lo que ella ha recibido es porque Dios nos ama; y es también para nosotros. “Ella vive con Jesús completamente transfigurada, y todas las criaturas cantan su belleza” (Laudato sì, n.241)