CONVERSIÓN DE S.PABLO (miércoles 25 enero 2017)

De Corazón a corazón: Hech 22,3-16 (cfr. 9,1-22) (“Yo soy Jesús a quien tú persigues”); Mc 16,15-18 (“Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva… Salieron… colaborando el Señor con ellos”)

Contemplación, vivencia, misión: Para San Pablo, el punto de partida y de referencia es siempre el encuentro vivencial con Cristo: “Me amó, se entregó por mí” (Gal 2,20). Este amor apasionado por Cristo le lleva al anuncio apasionado de Cristo: “La caridad de Cristo me urge” (2Cor 5,14).

Sólo este amor de entrega y de misión construye la unidad en el corazón y en las comunidades: “La caridad no busca su interés” (1Cor 13,4ss). “¿Está dividido Cristo? ” (1Cor 1,10ss). El apóstol espera siempre más allá de toda humana esperanza, porque sabe que Cristo lo acompaña y fortalece: “No temas, estoy contigo” (Hech 18,9; cfr. Mt 28,20; Mc 16,18).

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El amor del apóstol tiene la característica del “amor materno de María” (LG 65). En las dificultades transformadas en donación, San Pablo se sentía esperanzado como una madre fecunda, como María y como la Iglesia misionera: “Sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros” (Gal 4,19; cfr. 4-7.26; Jn 16,21-22).

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Martes semana tercera Tiempo Ordinario (24 enero, S. Francisco de Sales)

De Corazón a corazón: Heb 10,1-10 (“Al entrar en el mundo dice: No has querido sacrificio, pero me has formado un cuerpo… Vengo para hacer tu voluntad”); Mc 3,31-35 (“Quien cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”)

Contemplación, vivencia, misión: La actitud filial de Jesús, desde el día de la Encarnación (cfr. Heb 10,7), continuó toda su vida (“sí, Padre”: Lc 10,21), hasta el momento final: “Padre, en tus manos” (Lc 23,46). “Esperar para el cristiano significa la certeza de estar en camino con Cristo hacia el Padre que nos espera. La esperanza jamás está detenida, la esperanza siempre está en camino y nos hace caminar” (Papa Francisco, 21.12.16)

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El Espíritu Santo comunicó esta actitud a María; ella lo vivió especialmente desde su “sí” (Lc 1,38), hasta el momento en que “estaba de pie junto a la Cruz” (Jn 19,25). La “Madre” de Jesús es figura de una Iglesia, también madre, que hace de la vida un sí permanente y fecundo (cfr. Mc 3,35), trasunto del “sí” de Cristo nuestra esperanza.

Lunes semana tercera Tiempo Ordinario (23 enero 2017)

De Corazón a corazón: Heb 9,15.24-28 (“Mediador de una nueva Alianza… para presentarse – ofrecerse – ante Dios a favor nuestro”); Mc 3,22-30 (Algunos decían que Jesús estaba endemoniado; respondió: “Si una casa está dividida… no podrá subsistir”, – pecado contra el Espíritu Santo -)

Contemplación, vivencia, misión: Lo más opuesto al ser humano sería transformarse en “no-amor”. A Jesús, con esta clave absurda del ser humano “al revés”, le malinterpretaron su modo de hacer el bien sin discriminación. Ya antes le habían calificado de “loco”; ahora, al sanar a los endemoniados, le tienen como influido por el espíritu del mal. A ese abismo de maldad se puede llegar deslizándose por la falta de verdad y de caridad. Pero la “oblación” de Jesús al Padre, a favor nuestro, puede disipar cualquier absurdo y devolver la paz al corazón, si le dejamos entrar.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Anunciar a Cristo (“Jesús”, Salvador), es anunciar su misericordia y perdón. El milagro de la unidad entre los cristianos es posible. “No hay nada imposible para Dios”, había escuchado María, antes de decir su “sí” (Lc 1,37).Ella, más que Abraham, “creyó, esperando contra toda esperanza” (Rom 4,18; cfr. Lc 1,45).

Domingo tercero Tiempo Ordinario (22 enero 2017)

De Corazón a corazón: Is 8,23-9,3 (“El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande… Alegría por tu presencia”); 1Co 1,10-13.17 (“Que estéis unidos en un mismo sentir… ¿está dividido Cristo?”); Mt 4,12-17 (“Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado”).

Contemplación, vivencia, misión: La “luz” es el mismo Jesús, el “Reino” prometido, que origina la unidad y la alegría en un corazón y en una comunidad que quiera “abrirse” (“convertirse”) a su presencia. Nos empeñamos en quedarnos a oscuras, cuando cerramos la ventana a la luz. Sin esta luz, los caminantes no podrían reconocerse como hermanos en Cristo, no sabrían compartir los dones recibidos y correrían el riesgo de perderlos.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: “Esta es la esperanza de la unidad de los cristianos que tiene su fuente divina en la unidad Trinitaria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (S. Juan Pablo II, UUS 8). El “sí” de María a Dios Amor, Uno y Trino, unifica el corazón y la comunidad (cfr. Lc 1,38). Es el “sí” que construye la vida como “himno de caridad” (cfr. 1Cor 13,1-13).

Sábado semana segunda Tiempo Ordinario (21 enero, Sta. Inés)

De Corazón a corazón: Heb 9,2-3.11-14 (“Cristo Sumo sacerdote… penetró en el santuario un vez para siempre… con su propia sangre… por el Espíritu Santo se ofreció a sí mismo”); Mc 3,20-21 (“Sus parientes decían: Está fuera de sí”)

Contemplación, vivencia, misión: Quien busca sencillamente la verdad y el bien, se topa con opiniones desconcertantes. A Jesús, sus parientes le tuvieron por loco. En un mundo de “locos”, quien es cuerdo desentona. Pero lo importante es gastar y dar la vida con humildad y por amor, como Jesús, “con su propia sangre”. Correr la misma suerte de Jesús, sólo es posible con su presencia y aliento de Amigo que nunca falla. “Sangre” significa una vida donada. Sólo Jesús, que “da la vida por amor”, puede asumir la historia humana, transformándola bajo la acción del Espíritu Santo. Entonces la humanidad entera puede llegar a ser una verdadera familia de hermanos, reflejo de la vida trinitaria. Pero este ideal parece una “utopía” o una locura.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Las rupturas y tensiones las han soldado mejor los “mártires”, acompañando e imitando a “la Madre de Jesús, de pie junto a la cruz” (Jn 19,25). “Cada elemento de división se puede trascender y superar en la entrega total de uno mismo a la causa del Evangelio” (San Juan Pablo II, UUS 1).

Viernes semana 2ª Tiempo Ordinario (20 enero, Stos. Sebastián y Fabián)

De Corazón a corazón: Heb 8,6-13 (“Alianza mejor… pondré mis leyes en sus corazones”); Mc 3,13-19 (“Llamó a los que quiso… para que estuvieran con él… y para enviarlos a evangelizar”)

Contemplación, vivencia, misión: La unidad de las familias y de las comunidades se fragua en lo más íntimo del corazón. La referencia a Jesús, “camino, verdad y vida” (Jn 14,6), nunca divide. La fe, como adhesión y como “conocimiento de Cristo vivido personalmente” (San Juan Pablo II), nunca es fuente de división. Las rupturas las producen las propias preferencias, cuando se ponen por encima de la llamada a la intimidad con Cristo y a la misión evangelizadora. La identidad apostólica es muy clara: del encuentro con Cristo, a la misión, siguiendo el ejemplo de los Apóstoles. Con Cristo, por él y en el Espíritu Santo, ya es posible vivir con un corazón nuevo que acepte a Dios en el centro.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Por el hecho de habernos elegido él, por propia iniciativa y amor, ya es posible encontrar en él a Dios Amor y ser, para los hermanos, testigos y portadores de la “buena nueva”. María fue portadora del “gozo” salvífico y esperanzado en la casa donde nacería el Precursor, Juan Bautista.

Jueves semana segunda Tiempo Ordinario (19 enero 2017)

De Corazón a corazón: Heb 7,25-8,6 (“Siempre vive para interceder por nosotros… Se ofreció a sí mismo… Mediador de una mejor Alianza”); Mc 3,7-12 (“Curó a muchos”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesucristo es siempre sorprendente, “misterio” de un amor infinito. También ahora nos lleva en su Corazón y nos presenta al Padre, “lleno de gozo en el Espíritu Santo” (Lc 10,21), unidos a su “sí” de donación. El pacto de amor de Dios con la humanidad se está realizando, gracias a Cristo “Mediador”, en la medida en que la humanidad entera quiera ser de verdad una sola familia. Él sigue “curando” todas las lacras que brotan de un corazón dividido. Jesús vivió y sigue viviendo en sintonía esponsal con la historia de cada persona y de la humanidad entera.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La unidad entre los cristianos y en toda la familia humana será fruto de una “sosegada y limpia mirada a la verdad” (San Juan Pablo II, UUS 2). María sigue invitando a dejarse sorprender por la Palabra del Señor: “Haced lo que él os diga” (Jn 2,5).