Lunes semana tercera Adviento (12 diciembre N.S. Guadalupe)

De Corazón a corazón: Num 24,2-7.15-17 (Balaam: “De Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel”); Mt 21,23-27 (A Jesús, mientras enseñaba le preguntaron: “¿Con qué autoridad haces esto?”)

Contemplación, vivencia, misión: Las enseñanzas de Jesús son siempre sorprendentes, más allá de nuestros cálculos y preferencias “religiosas” o “culturales”. Su “estrella” no ofusca nuestra luz, sino que la aquilata y la potencia hasta el infinito. Pero su mensaje “navideño” (de “gloria a Dios” y de “paz” verdadera) no estará nunca de moda. La verdadera Navidad se prepara y se vive en el “silencio” de una donación gozosa, la única que llena el corazón, no de cosas, sino de “alguien”.

*Con María, “Madre de la Esperanza”, caminar a la sorpresa de Dios: Ella siempre se dejó sorprender por la Palabra de Dios. Ahora nos invita a preparar la nueva venida de Cristo: “Haced lo que él os diga” (Jn 2,5). La Virgen de Guadalupe dijo a Juan Diego: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? Tú estás en mi regazo”. Hay que dejarse mirar por ella, porque nos gesta juntamente con Jesús. Ver Virgen de Guadalupe en Año Litúrgico, María.

Domingo tercero Adviento, Año A (11 diciembre 2016)

De Corazón a corazón: Is 35,1-6.8.10 (“Regocíjese y florezca la estepa”); Sant 5,7-10 (“Tened paciencia hasta la venida del Señor”); Mt 11,2-11(“¿Eres tú el que ha de venir?”… “A los pobres se anuncia la Buena Nueva”)

Contemplación, vivencia, misión: La vida se presenta, a veces, como un amasijo de dilemas y retos, difíciles o insolubles. Conviene salir de nuestra madeja enredada. La “espera” confiada de la venida de Cristo, con María, disipa todos los quebraderos de cabeza. El Señor ya está presente y sólo nos pide abrir los ojos de la fe y recibir su perdón. La Buena Nueva, “la gran alegría”, la captan sólo los que se hacen pequeños, camino de Belén. “En su origen (del perdón) está el amor con el cual Dios viene a nuestro encuentro” (Misericordia et misera, n.3)

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María “es verdaderamente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella cabeza” (LG 53).

Sábado semana segunda Adviento (10 diciembre 2016)

De Corazón a corazón: Sir 48,1-4.9-11 (“Sus palabras (de Elías) eran fuego encendido”); Mt 17,10-13 (“Elías ya ha venido… y lo trataron a su antojo”)

Contemplación, vivencia, misión: Cada persona humana está llamada a dejar una huella imborrable de Dios Amor. Los profetas, como Elías, tenían una misión especial con vistas a preparar la venida de Cristo; no se amilanaron ante las dificultades. Juan Bautista es el último eslabón del profetismo del Antiguo Testamento, como Precursor de Cristo ya presente. Para transparentar a Cristo (“pan de vida”) y ser expresión de su amor, hay que aprender a no buscarse a sí mismo y a dejarse triturar como los granitos de trigo en el molino. “Dios viene a nuestro encuentro, rompiendo el círculo del egoísmo que nos envuelve, para hacernos también a nosotros instrumentos de misericordia” (Misericordia et misera, n.3)

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Ella con Jesús en su seno, preparó su nacimiento ocupada en los detalles cotidianos de trabajo y convivencia, siempre abierta a la sorpresa de Dios. Jesús ha querido correr nuestra suerte histórica, para poder decirnos: “te acompaño”.

Viernes semana segunda Adviento (9 diciembre, S. Juan Diego)

De Corazón a corazón: Is 48,17-19 (“Yo, el Señor, te marco el camino por donde debes ir”); Mt 11,16-19 (“Esta generación se parece a los chiquillos, sentados en las plazas”)

Contemplación, vivencia, misión: A veces caminamos entre chismes y caprichos, como los chiquillos aguafiestas. El “camino” que nos indica Dios Amor es más sencillo. Basta con hacer las cosas que tenemos que hacer, con la verdad de la donación. “El que ama a Dios se contenta con agradarlo, porque el mayor premio que podemos desear es el mismo amor; el amor, en efecto, viene de Dios, porque Dios mismo es Amor” (San León Magno).

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María y José prepararon la “gruta” o “establo” de Belén, limpiando, adornando, calentando. Se nos invita a “mirar el futuro con esperanza… «caminar en la caridad» (cfr. Ef 5,2)” (Misericordia et misera, n.1).

Inmaculada Concepción de María (8 diciembre 2016)

De Corazón a corazón: Gen 3,9-20 (“Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre su descendencia y la suya”); Efes 1,3-12 (“Nos ha elegido en Cristo para ser santos e inmaculados”); Lc 1,26-38 (“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”)

Contemplación, vivencia, misión: Después del pecado de los primeros padres, Dios prometió el redentor. Nos ha elegido en Cristo para recuperar en nosotros su misma imagen. Todo esto se ha cumplido de modo especial en María, la Inmaculada, la llena de gracia desde el primer momento de su concepción. Ella es la primicia de lo que Dios quiere hacer en nosotros. Podemos cantar a nuestra Madre con alegría y a pleno pulmón: “Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha de pecado original”. Creer en la Inmaculada significa creer que Jesús ha vencido totalmente el pecado y la muerte.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Ella, Inmaculada y Asunta (glorificada en cuerpo y alma), es la primicia de la redención, como anticipo de nuestra restauración final. “No nos dejemos robar nunca la esperanza que proviene de la fe en el Señor resucitado” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.13).

Miércoles semana segunda Adviento (7 diciembre, S. Ambrosio)

De Corazón a corazón: Is 40,25-31 (“El Señor reanima al cansado y reconforta al débil”); Mt 11,28-30 (“Venid a mí todos los que estáis cansados y oprimidos, y yo os aliviaré… mi yugo es suave”)

Contemplación, vivencia, misión: La gran sorpresa del Evangelio consiste en captar los latidos siempre inéditos del Corazón de Cristo. Invita a todos a participar de su misma vida y amor. En Él encontramos el fundamento de nuestra confianza inquebrantable en el amor de Dios. Ha venido para todos, “ha muerto por todos” (2Cor 5,14). Nos lleva a todos en su Corazón, pagando, como esposo enamorado (“Redentor”), haciéndose pan partido (cfr. Mt 26,28), “por la vida del mundo” (Jn 6,51). No son ideas, sino vivencias de quien de verdad “tiene compasión” (Mt 15,32). “La misericordia tiene también el rostro de la consolación: «Consolad, consolad a mi pueblo» (Is 40,1)” (Misericordia et misera, n.13).

*Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El Señor ha hecho suya nuestra historia, como “yugo” que él, al asumirlo (como la cruz sobre sus hombros: Jn 19,17), lo ha suavizado para nosotros. Es el “yugo” que compartió con su Madre y nuestra, para hacérnoslo más suave.

Martes semana segunda Adviento (6 diciembre 2016, S. Nicolás)

De Corazón a corazón: Is 40,1-11( “Consolad a mi pueblo… abrid camino al Señor… como un pastor pastorea su rebaño”; Mt 18,12-14 (“Si un pastor tiene cien ovejas y se le descarría una”…)

Contemplación, vivencia, misión: Así es el Señor: nos ama a cada uno de modo irrepetible. Nos ha creado y redimido porque nos ama. El corazón humano respira cuando se siente amado así. Pero en todas las cosas y en todas las personas hay una chispita de este amor divino. A veces, hay que soplar en el rescoldo para que brote la llama. Lo que Dios ha hecho en su Madre y nuestra, la Inmaculada, es para nuestro bien. Tenemos una herencia común. Para Jesús no hay “cosas”, sino personas amadas entrañablemente: los pequeños (en el contexto de San Mateo).

*Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: San Ambrosio invitaba a hacerse eco “gozoso” del “Magníficat” de María: “Que el alma de María esté en cada uno para alabar al Señor; que su espíritu esté en cada uno para que se alegre en Dios” (Expos. San Lucas; ciado en MC 21). “Hay mucha necesidad de reconocer la alegría que se revela en el corazón que ha sido tocado por la misericordia” (Misericordia et misera, n.3).