Martes semana séptima Tiempo Ordinario (21 febrero, S. Pedro Damián)

De Corazón a corazón: Sir (Eccli) 2,1-11 ("Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba… Confíate a él"); Mc 9,30-37 ("El Hijo del hombre será entregado… resucitará… Si uno quiere ser el primero, sea el servidor de todos… El que reciba a un niño en mi nombre, a mí me recibid")

Contemplación, vivencia, misión: Jesús ha querido correr nuestros mismos riesgos, insertándose sin privilegios en una historia humana donde hay división y muerte. Pero la última palabra no la tiene la humillación ni la muerte, sino el mismo Jesús que muere amando y perdonando. En él, Dios se muestra compasivo y misericordioso con nosotros. Sólo conviviendo con Cristo es posible afrontar las pruebas de la vida amando. El mejor modo de garantizar la propia perseverancia consiste en ayudar a los demás hermanos, con la oración, la cercanía y la escucha, a sentirse amados y acompañados por Jesús.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El secreto del éxito consiste en saberse pequeño y limitado, pero también amado y capacitado para amar. «María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19)… “Lejos de querer entender o adueñarse de la situación, María es la mujer que sabe conservar, es decir proteger, custodiar en su corazón el paso de Dios en la vida de su Pueblo” (Papa Francisco, 1 enero 2017).

Lunes semana séptima Tiempo Ordinario (20 febrero 2017)

De Corazón a corazón: Sir 1,1-10 ("La sabiduría viene del Señor"); Mc 9,14-29 ("Todo es posible para quien cree”… “Creo, ayuda mi poca fe")

Contemplación, vivencia, misión: En las dificultades, a veces uno se siente obnubilado sin acertar el camino. La verdadera actitud de fe es un milagro y un regalo que hay que pedir. Los acontecimientos históricos quedan iluminados sólo por el misterio pascual de Cristo, muerto y resucitado. Mirar a la cruz y ver en ella el preludio de la resurrección, es “sabiduría de Dios” (1Cor 1,24). Sabio es quien se deja sorprender por Dios, cuyo misterio (también reflejado en la creación y en la historia) es más allá de nuestros cálculos y proyectos. Dios es siempre más".

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María es “modelo de fe vivida” y nos ayuda a pedir confiadamente el don de la fe y de la esperanza, con la “mirada” puesta en Cristo con su costado abierto, preludio de la resurrección (cfr. Jn 19,25.37). “Donde está la madre hay unidad, hay pertenencia, pertenencia de hijos” (Papa Francisco, 1 enero 2017).

Domingo séptimo Tiempo Ordinario (19 febrero 2017)

De Corazón a corazón: Lv 19,1-2.17-18 (“Sed santos porque yo, vuestro Dios, soy santo”); 1Cor 3,16-23 (“El Espíritu de Dios habita en vosotros… vosotros sois de Cristo”); Mt 5,38-48 (“Amad… sed perfectos como vuestro Padre celestial”)

Contemplación, vivencia, misión: La palabra “santidad” parece abstracta, pero la realidad que anuncia es muy concreta y entusiasmante: realizarse amando a imagen de Dios Amor, participar de su misma vida divina por Cristo y en el Espíritu Santo. Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, en el sermón de la montaña ha cambiado el parámetro para interpretar y llevar a su cumplimiento la ley y los mandamientos. Éstos ya no son un peso ni tampoco admiten rebajas en la donación, porque ya se pueden traducir en actitud sincera de “amar de todo corazón” a Dios y a los hermanos. Las enseñanzas evangélicas proclamadas por la Iglesia (como Amoris Laetitia) no se aplicarían correctamente sin el deseo sincero de santidad.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La “llena de gracia”, amada sin medida, es Madre nuestra, modelo de santidad e intercesora, que nos acompaña para hacer de la vida una donación gozosa e incondicional. “Donde hay madre, hay ternura. Y María con su maternidad nos muestra que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes” (Papa Francisco, 1 enero 2017).

Sábado semana sexta Tiempo Ordinario (18 febrero, Sta. Bernardita)

De Corazón a corazón: Heb 11,1-7 ("La fe es garantía de lo que se espera"); Mc 9,2-13 ("Éste es mi Hijo amado, escuchadlo")

Contemplación, vivencia, misión: "Toda la vida de un buen cristiano es un santo deseo" (San Agustín). Los dones de Dios no son Dios. Por medio de sus dones, Él se nos hace cercano y nos ensancha el corazón para recibirle a Él mismo. Nos habla al corazón de muchas maneras, para ayudarnos a escuchar su misma Palabra personal, su Hijo Jesús, y disponernos a la visión y encuentro definitivo. La vida tiene sentido cuando el deseo se llama esperanza cristiana. Dios habla al corazón del ser humano, desde las cosas creadas por amor, desde la historia dirigida por su Providencia y especialmente por medio de su Hijo (cfr. Heb 1,1-2).

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La vivencia de la fe es transmisora del gozo de la esperanza: "Dichosa tú que has creído" (Lc 1,45). "La alegría que María recibe de la Palabra se puede extender ahora a todos los que, en la fe, se dejan transformar por la Palabra de Dios" (Benedicto XVI, VDo 124). “Somos un pueblo con Madre, no somos huérfanos” (Papa Francisco, 1 enero 2017). Sta. Bernardita se sintió mirada y amada por María; y se dedicó a reflejar esta mirada materna.

Viernes semana sexta Tiempo Ordinario (17 febrero 2017)

De Corazón a corazón: Gen 11,1-9 (Babel: "que no entienda cada cual a su prójimo"); Mc 8,34-9,1 ("Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame")

Contemplación, vivencia, misión: La verdadera "autoestima" consiste en realizarse amando, para quitar del corazón la maraña complicada de nuestro egoísmo y ser más comprensivos con los hermanos. Esto sólo es posible compartiendo la vida con Cristo, dejándose conquistar por su amor. El amor de Cristo urge y hace posible nuestra respuesta de donación alegre y generosa. Esta actitud disipa sin dejar rastro cualquier "torre de Babel". La confusión y las tensiones nacen de un corazón dividido. Bastaría una sonrisa auténtica y un apretón de manos sincero, para comenzar a construir la paz.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Los gestos silenciosos de María son un lenguaje inteligible a toda cultura: "Fue con prontitud" (a visitar y servir a Isabel) (Lc 1,39), "lo envolvió (al niño) en pañales y lo reclinó en un pesebre" (Lc 2,7), "estaba de pie junto a la cruz" (Jn 19,25). “En los evangelios María aparece como mujer de pocas palabras, sin grandes discursos ni protagonismos pero con una mirada atenta que sabe custodiar la vida y la misión de su Hijo y, por tanto, de todo lo amado por Él” (Papa Francisco 1 enero 2017).

Jueves semana sexta Tiempo Ordinario (16 febrero 2017)

De Corazón a corazón: Gen 9,1-13 ("Pongo mi arco en las nubes, y servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra"); Mc 8,27-33 ("¿Qué dicen?… Vosotros, ¿quién decís que soy yo?")

Contemplación, vivencia, misión: En todo momento nos invade la palabra y la presencia del Señor, especialmente por medio de Cristo resucitado, que con su muerte sacrificial ha renovado el pacto de amor (“Alianza”). La belleza de las creaturas es la expresión permanente del pacto de amor ("Alianza") de Dios con toda la humanidad. Todos somos para los demás una expresión de este amor. Los que hemos encontrado a Cristo, porque él se nos ha hecho encontradizo, le anunciamos cuando somos auténticos en su seguimiento y amistad.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: En el Corazón de María resuena la ternura materna de Dios Amor. Ella es el "arca de la Alianza", portadora de Jesús para todos. “Desde sus entrañas aprendió a escuchar el latir del corazón de su Hijo y eso le enseñó, a lo largo de toda su vida, a descubrir el palpitar de Dios en la historia” (Papa Francisco, 1 enero 2017).

Miércoles semana sexta Tiempo Ordinario (15 febrero 2017)

De Corazón a corazón: Gen 8,6-13.20-22 ("La paloma traía en el pico un ramo verde de olivo"); Mc 8,22-26 (El ciego "comenzó a ver perfectamente")

Contemplación, vivencia, misión: La paloma con el ramo de olivo es ya patrimonio de la humanidad como símbolo de la paz. Nunca habrá paz, si el corazón humano no está unificado. Sólo Cristo puede unificar el corazón por la donación y la gratuidad. "Él es nuestra paz" (Ef 2,14). El corazón está ciego cuando se centra en sus propios puntos de vista y en sus intereses sin la perspectiva del amor fraterno y de los planes de Dios Amor. La paz nace en y desde un corazón unificado, a veces por medio de la purificación o de la prueba. Todo es providencial, en un contexto de gracia y de amor de Dios. Todo invita a dar gracias al Señor y a contagiar de gratitud nuestra convivencia.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María es "Reina de la paz". Ella, al dar a luz a Jesús, meditó en su corazón el himno de Navidad: "Gloria a Dios… paz en la tierra" (Lc 2,14.19). El corazón humano se fracciona y siembra la discordia cuando se cierra al amor de Dios y de los hermanos. Un corazón en paz es siempre fecundo.