ASCESIÓN DEL SEÑOR, Año A (jueves 25 mayo o domingo 28)

De Corazón a corazón: Hech 1,1-11 (“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo… seréis mis testigos… así vendrá”); Ef 1,17-23 (“Le constituyó cabeza… de su Iglesia”); Mt 28,16-20 ("Id… estaré con vosotros")

Contemplación, vivencia, misión: Nuestra vida está injertada en la misma vida de Cristo. Ya no estamos solos. Ocupamos un puesto peculiar en su Corazón, participando de su misma vida. Él ya comparte con nosotros su glorificación. Quiere seguir construyendo la historia por medio de nosotros, que somos su familia (“Iglesia”), su “complemento”, la visibilidad de su donación. La Ascensión del Señor indica su nueva presencia entre nosotros (cfr. Mac 16,20; Mt 28,20). Con el envío del Espíritu Santo, nos hace ser su expresión (“testigos”) y su “complemento”.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El Espíritu Santo nos transforma ahora (en el corazón de María y de la Iglesia) en testigos del nuevo proyecto de Dios Amor. “Cuando el Señor nos llama no se fija en lo que somos, en lo que hemos hecho. Al contrario, en el momento en que nos llama, él está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de ofrecer” (Papa Francisco, Mensaje JMJ 2017) (Donde ya se ha celebrado la Ascensión el jueves, ver domingo séptimo de Pascua en Año Litúrgico).

Jueves semana sexta de Pascua (25 mayo 2017)

De Corazón a corazón: Hech 18,1-8 (En Corinto “Pablo se entregó por completo a la predicación de la Palabra”); Jn 16,16-20 (“Un poco y no me veréis, y otro poco y me veréis… vuestra tristeza se cambiará en gozo”)

Contemplación, vivencia, misión: Compartir la cruz y la resurrección de Cristo, significa vivir en sintonía con su Corazón "manso y humilde" (Mt 11,29), abierto en la cruz para comunicar la salvación a toda la humanidad. “Sobre todo, metámonos, y no para luego salir, mas para morar, en las llagas de Cristo, y principalmente en su costado, que allí en su corazón, partido por nos, cabrá el nuestro y se calentará con la grandeza del amor suyo“ (S. Juan de Ávila, Carta 74)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amo: El dolor de la aparente "ausencia" de Cristo lleva al gozo de compartir su misma "espada" (cfr. Lc 2,35), junto a la cruz (cfr. Jn 19,25) y en el cenáculo de Pentecostés (Hech 1,14ss). “Como la joven María, podéis hacer que vuestra vida se convierta en un instrumento para mejorar el mundo. Jesús os llama a dejar vuestra huella en la vida, una huella que marque la historia, vuestra historia y la historia de muchos” (Papa Francisco, JMJ 2017). (Donde se celebre la Ascensión en este jueves, ver Año Litúrgico)

Miércoles sexta semana de Pascua (24 mayo 2017)

De Corazón a corazón: Hech 17,15.22-18,1 (Areópago: Pablo anuncia al "Dios desconocido" revelado por Jesús resucitado); Jn 16,12-15 (“El Espíritu de la verdad os guiará a la verdad plena… recibirá de lo mío y os lo anunciará”)

Contemplación, vivencia, misión: Predicar a Cristo Resucitado tiene sus riesgos. En el Areópago de Atenas, algunos se mofaron de Pablo. Pero sólo Jesús es el Hijo que ha visto al Padre y que nos lo puede dar a conocer. La búsqueda y el deseo de Dios (o de la trascendencia) está en todos los corazones y en todas las culturas; a veces es búsqueda dolorosa y entre nubarrones. La novedad que aporta Jesús es que Dios viene en busca del hombre; en el misterio de Cristo, muerto y resucitado, se ha desvelado todo el misterio del hombre y de su historia. “Mira la cruz, mira al Cristo Crucificado y de ahí te llegará la esperanza que no desaparece jamás, aquella que dura hasta la vida eterna. Y esta esperanza ha germinado justamente por la fuerza del amor” (Papa Francisco, 12 abril 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El Espíritu Santo, que formó a Jesús en el seno de María, es quien guía a la verdad plena, que es el mismo Jesús como epifanía personal del Padre. Cuando se medita el evangelio con el corazón abierto como el de María (cfr. Lc 2,19.41), Jesús entra como en su propia casa.

Martes sexta semana Pascua (23 mayo 2017)

De Corazón a corazón: Hech 16,22-34 (“Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa”); Sal 138,1; Jn 16,5-11 (“Os conviene que yo me vaya… el Paráclito… os lo enviaré”)

Contemplación, vivencia, misión: En nuestra vida hay una “ausencia”, que sólo la sienten los “enamorados”. Sentimos dolorosamente la “ausencia” de Cristo, porque lo amamos. Pero este amor lo sostiene él, que está presente y resucitado. Su “presencia” parece “ausencia” porque es especial, más allá de nuestro modo de pensar y de sentir. Esta presencia suya sostiene la vida de todo creyente y de todo apóstol. El “gozo” de su presencia es un don de Espíritu Santo, que quiere comunicarse a toda la humanidad. “Nosotros creemos que justamente en el Crucificado nuestra esperanza ha renacido … Es una esperanza diversa de aquellas que se derrumban, de aquellas del mundo” (Papa Francisco, 12 abril 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La fe en la presencia de Cristo, cuando parece ausente, se aprende dejándose sorprender diariamente por su Palabra, su Eucaristía y su Iglesia amada. Somos guiados por el mismo Espíritu Santo que formó a Cristo en el seno de María y que ahora nos transforma en él también con la colaboración materna de María.

Lunes sexta semana de Pascua (22 mayo 2017)

De Corazón a corazón: Hech 16,11-15 (“A Lidia… el Señor le abrió el corazón para que se adhiriese a las palabras de Pablo”); Jn 15,26-16,4 (“El Espíritu dará testimonio de mí… también vosotros daréis testimonio”)

Contemplación, vivencia, misión: El mismo Espíritu de amor que, de algún modo, ya se derramó en la creación entera, se nos comunica ahora como participación en la misma vida divina de Dios Amor. Este amor es el único que puede abrir el corazón humano para recibir al mismo Jesús como Palabra personal del Padre. A Jesús sólo se le conoce amando. La prueba de “conocer” a Jesús y de haberle encontrado, es la capacidad de transformar la propia vida en verdadera donación. “Jesús ha traído al mundo una esperanza nueva y lo ha hecho a la manera de la semilla: se ha hecho pequeño… como un grano de trigo; ha dejado su gloria celestial para venir entre nosotros: ha “caído en la tierra”… Justamente ahí… ha germinado la esperanza” (Papa Francisco, 12 abril 2017)

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María "es muy amiga del Espíritu Santo, y Él de ella. En sus entrañas el incomprensible cupo… y esto todo por obra del Espíritu Santo… Conoce muy bien el Espíritu Santo las entrañas de la Virgen, conoce muy bien aquel su corazón tan limpísimo" (S. Juan de Ávila, Sermón 30).

Domingo sexto de Pascua, Año A (21 mayo 2017)

De Corazón a corazón: Hech 8,5-8.14-17 (Conversión en Samaría: "Oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo"); 1Pe 3,15-18 ("Cristo, para llevarnos a Dios, murió… justo por los injustos"); Jn 14,15-21 ("El Espíritu de la verdad mora en vosotros… Si alguno me ama, yo me manifestaré a él")

Contemplación, vivencia, misión: La vida que Cristo nos comunica con su muerte y resurrección, es "vida nueva" (Rom 6,4), vida "según el Espíritu" (Gal 5,25). Es la misma vida divina participada, "por Cristo y en el Espíritu", que nos da "acceso al Padre" (Ef 2,18). Por gracia, "formamos parte de la familia de Dios" (Ef 2,19). Jesús pide encuentro, relación personal, aceptación de su mensaje y vivencia personal y comunitaria. En su corazón sólo se entra con la ciencia del amor. “Cuando elegimos la esperanza de Jesús, poco a poco descubrimos que el modo de vivir vencedor es aquel de la semilla, aquel del amor humilde. No hay otra vía para vencer el mal y dar esperanza al mundo” (Papa Francisco, 12 abril 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Es difícil curar de nuestras actitudes enfermizas y de nuestras preferencias atrofiantes. Cristo nos dio a su Madre como "Madre de misericordia" y "enfermera del hospital de la misericordia de Dios" (S. Juan de Ávila, Sermón 60).

Sábado quinta semana de Pascua (20 mayo 2017)

De Corazón a corazón: Hech 16,1-10 (“Las iglesias se afianzaban en la fe… Pasa a Macedonia y ayúdanos”); Jn 15,18-21 (“Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros… todo esto lo harán por causa de mi nombre”)

Contemplación, vivencia, misión: No se da un paso certero en la santificación y en la misión, si no está marcado por la cruz del sacrificio asumido como donación. Quien no piensa como Jesús, no entiende lo de sufrir amando y perdonando. El mejor premio que nos puede tocar es el de correr la misma suerte del Señor. “Es por esto, que en la cruz, ha nacido y renace siempre nuestra esperanza; es por esto que con Jesús toda nuestra oscuridad puede ser transformada en luz, toda derrota en victoria, toda desilusión en esperanza” (Papa Francisco, 12 abril 2017).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: En las dificultades descubrimos que Jesús nos invita, como a María, a correr su misma suerte, a sufrir su misma "espada" (Lc 2,35). Entonces a Ella la sentiremos muy cercana: "Os será muy verdadera Madre en todas vuestras necesidades" (S. Juan de Ávila, Audi Filia, cap.59)