Lunes semana 12ª Tiempo Ordinario (25 junio 2018)

De Corazón a corazón: 2Re 17,5-18 (“Volveos de vuestros malos caminos”); Mt 7,1-5 (“Saca primero la viga de tu ojo”)

Contemplación, vivencia, misión: Desde los inicios de la creación y de la historia humana, Dios, que ha creado al ser humano a su imagen, nos ama dándose él y espera que el corazón del hombre se abra libremente a la verdad de la donación. A esta realidad, que da sentido a la vida humana, Jesús la ha llamado “conversión”, a modo de apertura generosa y comprometida a los planes de Dios Amor. Somos todos caminantes y necesitamos darnos la mano para no caer. “¿Puede ser sano un fervor espiritual que conviva con una acedia en la acción evangelizadora o en el servicio a los otros?” (Gaudete et exsultate, n.30).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: María se dejaba sorprender por la “mirada” misericordiosa de Dios, como canta en su “Magníficat”. Cuando nosotros reconocemos lo poco que hemos amado a Dios y a los hermanos, entonces “reparamos” al Corazón de Cristo, para empezar una vida nueva.

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Natividad de S. Juan Bautista (domingo 24 junio 2018)

De Corazón a corazón: Is 49,1-6 (“Desde el seno materno me llamó”); Hech 13,22-26 (“Juan predicó como Precursor”); Lc 1,57-66.80 (“Juan es su nombre”: el Señor ha sido bueno)

Contemplación, vivencia, misión: Desde el seno de nuestra madre, ya empezamos a ser plasmados por el amor de Dios, que nos quiere convertir a todos en un “don” para los demás. Nuestro verdadero “nombre” sólo lo sabe el Señor. Cada día es “cumpleaños” de una gracia o don recibido, que se suma a una herencia familiar, en la “comunión” de los santos. Amar a los hermanos es alegrarse por sus dones recibidos del mismo Dios Amor, Padre de todos. “No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser” (Gaudete et exsultate, n.32.

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: A Juan, el Precursor, le tocó en suerte ser santificado por el Espíritu Santo por medio del saludo de María. Su vida ya no sería más que anuncio y comunicación de Jesús. Cada uno somos un ”don” de Dios, un “pensamiento” de su amor, para realizarnos dándonos a los demás con el reflejo de ese amor divino. Se necesitan “servidores” al estilo de María y del Bautista.

Sábado semana 11ª Tiempo Ordinario (23 junio 2018)

De Corazón a corazón: 2Cro 24,17-25 (“El Señor les envió profetas… pero no les prestaron oídos”); Mt 6,24-34 (“Mirad las aves… los lirios… Ya sabe vuestro Padre celestial… buscad primero su reino y su justicia”)

Contemplación, vivencia, misión: Dios sigue hablando al corazón de cada persona y de cada pueblo. Para captar su mensaje de amor eterno y providente, bastaría con “mirar” las flores con un corazón unificado. Nuestros deseos y nuestra escala de valores nos definen como auténticos o como falsos. La historia no se descifra, sino es a la luz del amor, recibido y donado, por Cristo, con él y en él, que es la Palabra definitiva del Padre. “La palabra «feliz» o «bienaventurado», pasa a ser sinónimo de «santo», porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha” (Gaudete et exsultate,n.64).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: La Palabra de Dios se convierte en especulación estéril, si no se escucha en sintonía con los latidos del Corazón de Cristo Resucitado, presente en la Eucaristía, hecho pan partido “para la vida del mundo”. María era portadora de la Palabra, “pan de vida” que nos hace felices en la donación a los demás.

Viernes semana 11ª Tiempo Ordinario (22 junio, Bta MªInes)

*De Corazón, a corazón*: 2Re 11,1-20 (“Alianza… pueblo del Señor”, a pesar de las intrigas); Mt 6,19-23 (“Atesorad más bien tesoros en el cielo”)

*Contemplación, vivencia, misión*: La historia humana está llena de intrigas, que son fruto de ambiciones. Cuando el corazón está dividido, origina dolor, rupturas y opresiones. Pero el tiempo es la “paciencia” de Dios, que sigue actualizando su pacto de amor por medio de la oblación de Jesús y en bien de toda la humanidad. Nuestro “presente” es sólo un ensayo maravilloso para construirnos amando y entrar en el “presente” infinito de Dios Amor. “En cada hermano, especialmente en el más pequeño, frágil, indefenso y necesitado, está presente la imagen misma de Dios” (*Gaudete et exsultate*, n.61).

**Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús*: Todo lo que no se pese con la balanza del amor de donación, es pura chatarra. “Mi peso es el amor” (San Agustín). María “atesoraba” la Palabra de Dios en su Corazón “virgen”. “Me llamase, robaste mi corazón” (Bta Mª Ines)

Jueves semana 11ª Tiempo Ordinario (21 junio 2018, S. Luís)

De Corazón a corazón: Ecli (Sir) 48,1-14 (Elías: “Su palabra abrasaba como antorcha”); Mt 6,7-15 (“Vuestro Padre sabe lo que necesitáis… Padre nuestro”)

Contemplación, vivencia, misión: La historia de la humanidad está amasada de presencia de Dios que habla al corazón, también por medio de nuestros hermanos y de los acontecimientos. Para relacionarse con Dios, basta con abrir el corazón dejando entrar en él su mirada de Padre; entonces es posible devolverle el reflejo de su mirada. Pero esto sólo es posible si Jesús, la Palabra personal de Dios, vive en nosotros. Orar es alegrarse filialmente de su presencia. Desde los inicios del cristianismo, la comunidad cristiana ha orado prestando su voz y su corazón a Cristo resucitado presente. “La oración es preciosa si alimenta una entrega cotidiana de amor” (Gaudete et exsultate,n.104).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: La oración del “Padre nuestro” construye la historia personal y comunitaria, moldeada según el mandato del amor. Desde el seno de María, Jesús se ofrecía al Padre con la actitud filial resumida en esta oración, que es suya y nuestra (cfr. Heb 10,5-7).

Miércoles semana 11ª Tiempo Ordinario (20 junio 2018)

De Corazón a corazón: 2Re 2,1-14 (“Eliseo tomó el manto de Elías”); Mt 6,1-6.16-18 (“Tu Padre, que ve en los secreto, te recompensará”)

Contemplación, vivencia, misión: La “familia” humana es o tiende a ser “comunión” solidaria, a modo de reflejo de la “comunión” familiar de Dios Amor (Padre, Hijo, Espíritu Santo). En Cristo, somos todos coherederos y vasos comunicantes, si el egoísmo y el personalismo no lo impiden. Las gracias o carismas recibidos por cada uno, son para el bien de toda la familia. La actitud más coherente es la de relación personal con Dios y con los hermanos, en solidaridad, servicio y gratuidad, dejando de lado la autosuficiencia y los feudalismos. “No es que la vida tenga una misión, sino que es misión” (Gaudete et exsultate, n.27).

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: Dios nos ama y nos acompaña, como un Padre lleva de la mano a su pequeño y lo estrecha contra su corazón. María oyó de los labios de Jesús la expresión "mi Padre" (Lc 2,49) y a ella nos encomendó como hijos, cuando él se ponía en manos del Padre (Lc 23,46).

Martes semana 11ª Tiempo Ordinario (19 junio 2018)

De Corazón a corazón: 1Re 21,17-29 (castigo de Acab); Mt 5,43-48 (“Amad… sed perfectos – misericordiosos – como vuestro Padre”)

Contemplación, vivencia, misión: La luz del sol que nos ilumina es mensaje del amor de Dios; es “suya”, como lo es el aire que respiramos y el presente histórico que vivimos. Nuestra arcilla es quebradiza. El amor de Dios sólo espera un pequeño gesto de verdadero arrepentimiento para remodelarnos de nuevo. Cada persona es recuperable porque es una historia de un amor eterno. La perfección humana consiste en ser reflejo de este amor y misericordia divina para con todos los hermanos, especialmente los más pequeños. Las “bienaventuranzas” se engloban entre dos afirmaciones: “Bienaventurados los pobres”, “amad… como vuestro Padre”. Es el resumen de la vida de Jesús. “El desafío es vivir la propia entrega de tal manera que los esfuerzos tengan un sentido evangélico y nos identifiquen más y más con Jesucristo” (Gaudete et exsultate, n.28)

*Dejarse sorprender para hacer de la vida un “sí” como la Madre de Jesús: La verdadera “conversión” consiste en “abrirse” con un “sí” a este proyecto de Dios sobre cada persona. Dios Amor, que hace salir “su” sol sobre cada uno, nos dice también por medio de Cristo: “mis hermanos”, “mis ovejas”, “a mí me lo hicisteis”, “he aquí a tu Madre” (discípula y maestra).