Viernes semana 33ª Tiempo Ordinario (22 noviembre, Sta. Cecilia)

De Corazón a corazón: 1Mac 4,36-37.52-59 (Victoria de Judas y de sus hermanos, purificación del templo); Lc 19,45-48 (Jesús expulsa a los vendedores en el templo: “Mi casa será casa de oración”)

Contemplación, vivencia, misión: “Mi casa” en relación con “la casa de mi Padre”, es lugar que expresa la relación personal y comunitaria con Dios, reflejo y fuente de la relación fraterna. Todo lo demás sería o escoria o baratijas. Hay que purificar continuamente, ahondando en las relaciones fraternas sencillas, de respeto, comprensión, colaboración, perdón, donación. Entonces los campos de misión se aclaran y facilitan. La oración como “sencilla mirada del corazón” (Santa Teresa de Lisieux), “de corazón a corazón” (Bta. M. Inés T. Arias), hace posible mirar a los demás con el mismo amor de Jesús. La paz sólo se siembra con esta mirada.

*Somos Iglesia misionera y madre como María: En el templo del “Corazón” de María, su Madre y nuestra, Jesús encontró siempre la aceptación respetuosa de aceptar su sorpresa misteriosa y amorosa. El camino eclesial misionero es siempre de sorpresa en sorpresa; la “renovación” evangélica es ley de vida materna y misionera.

Presentación de la Santísima Virgen (jueves 21 noviembre, pro orantibus)

De Corazón a corazón: “Grita de gozo y regocíjate, hija de Sión, pues he aquí que yo vengo a morar dentro de ti” (Zac 2,14); “Escucha, hija, mira y pon atento oído, olvida tu pueblo y la casa de tu padre, y el rey se prendará de tu belleza. El es tu Señor” (Sal 45,11-12); «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mt 12,49-50).

Contemplación, vivencia, misión: Desde el primer momento de su existencia, María fue “llena de gracia” (Inmaculada). El primer momento “consciente” (cuándo?) fue totalmente para Dios. Así preparó su “fiat”, para recibir al Verbo, antes en su Corazón que en su seno. Recibió a Dios Amor y se hizo templo del Amor para todos. Su “sí” es el nuestro, el único que da sentido gozoso a la vida. Los años de infancia de María (prescindiendo de sus circunstancias concretas), fueron el ensayo de un “sí” de donación total (repitiendo la “shemá” -"escucha"- y la respuesta a la Alianza). Las personas llamadas a la “vida contemplativa” (especialmente claustral) son una “memoria viva” o una “exégesis viviente” de esta realidad y vocación de toda la Iglesia, anticipada por María, la Madre de Jesús.

*Somos Iglesia misionera y madre como María:Aquella realidad vivencial y consciente de la “llena de gracia” (quizá practicada desde sus tres años en el templo) forma parte de nuestra biografía. Ella era toda querida por Dios para ser Madre de Jesús y nuestra. Jesús nos la dio tal como era. “María es dichosa también porque escuchó la Palabra de Dios y la cumplió, llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es la verdad” (San Agustín, Sermón 25).

Miércoles semana 33ª Tiempo Ordinario (20 noviembre 2019)

De Corazón a corazón: 2Mac 7,1.20-31 (Martirio de los siete jóvenes hermanos con su madre: “Estamos dispuestos a morir antes que violar las leyes de nuestros padres”); Lc 19,11-28 (Parábola del señor que entrega dinero a su criados: “Negociad hasta que vuelva”)

Contemplación, vivencia, misión: “Poco” nos pide el Señor, pero es el “todo” de nuestra vida cotidiana vivida con amor de donación. Los grandes “martirios” se preparan con los pequeños “martirios” del día a día. Cuando falta la alegría e incluso el buen humor, es que se ha desterrado la caridad. La trascendencia da sentido a la inmanencia de la vida ordinaria. El verdadero “negocio” sin bancarrota ni crisis financiaria es el de la donación, “siendo sinceros en el amor” (Ef 4,15). Pero nos empeñamos en soluciones facilonas, sin dar en el clavo de la entrega condicional a la santidad y a la misión.

*Somos Iglesia misionera y madre como María: La respuesta de Jesús a María y José, al encontrarle en el templo (“¿no sabíais que me había de ocupar de las cosas de mi Padre”?), suenan a una actitud “martirial” de camino hacia “la hora” del sacrificio final. María entiende y vive de modo materno nuestras dificultades. La Iglesia misionera, si no es “itinerante” en la búsqueda de santidad y misión, no es ni misionera ni materna.

EL SEGUIMIENTO EVANGÉLICO DE LOS APÓSTOLES: COMPARTIR LA VIDA Y MISIÓN DE CRISTO

(Con ocasión de la fiesta de la Presentación de la Santísima Virgen, 21 noviembre).
Fiesta entrañable de muchos santos sacerdotes, especialmente a partir de la escuela francesa de espiritualidad sacerdotal (siglo XVII), que, continuando la obra sacerdotal de San Juan de Ávila, suscitó un gran resurgir espiritual y apostólico en toda la Iglesia. Es una entrega sacerdotal al estilo de María siempre Virgen: nosotros somos “los amigos del Esposo” (sentido de la castidad evangélica, celibato sacerdotal).

La presencia activa y materna de María desde el primer encuentro con Cristo: “En Caná de Galilea … Jesús manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos. Después bajó a Cafarnaúm con su madre … y sus discípulos” (Jn 2,11-12). “Ahí tienes a tu madre… el discípulo la recibió como algo propio” (Jn 19,27). “Perseveraban unánimes en oración –en sintonía- … con María la Madre de Jesús” (Hech 1,14) (La Virgen del “sí” de fidelidad virginal, del “magníficat” misionero, del “meditar en el corazón” contemplativo, del “estar de pie junto a la cruz” como oblación y amor de totalidad, del Cenáculo de Pentecostés esperando activamente al Espíritu Santo que hace a la Iglesia misionera y madre como María)

Seguimiento evangélico de amistad y totalidad en la entrega: “Se quedaron con él” (Jn 2,39). “Llamó a los que quiso… para que estuvieran con él” (Mc 3,13-14). “Dejándolo todo, le siguieron” (Lc 5,11); “a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68); “lo hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mt 19,27).

(Experiencia renovada de encuentro que dio sentido a la vida. Ser signo, memoria y visibilidad de cómo ama Él: dándose a sí mismo – pobreza -, según el proyecto del Padre –obediencia -, como esposo enamorado que da la vida por la esposa, por la Iglesia y la humanidad – castidad-).

Compartir su misma “suerte”, sentido “esponsal”, compartir sus amores:

“Los amigos del Esposo” (Mt 9,15). “Podéis beber el cáliz que yo he de beber?” (Mc 10,38). “Permaneced en mi amor… mi gozo en vosotros… dar la vida… vosotros sois mis amigos” (Jn 15,9-14). “Haced esto en memoria mía… el cáliz de la Alianza en mi sangre” (Lc 22,19-20). “Padre … los que tú me has dado… he sido glorificado en ellos…  como tú me enviaste, yo los envío… por ellos me ofrezco… los has amado como a mí… yo estoy en ellos” (Jn 17,1-26). “Como el Padre me envió, así yo os envío” (Jn 20,21).

(Misión, compartir y comunicar sus amores: que el Padre sea conocido y amado, vivir en Cristo guiados por el Espíritu Santo, que en todo corazón humano y en toda comunidad humana resuene el “Padre nuestro” – orar como Jesús -, las “bienaventuranzas” – vivir como Jesús -, el “mandato del amor” – amar virginalmente como Jesús – porque nada ni nadie puede suplir a Jesús).

Para promover las vocaciones, presentar “el verdadero gozo pascual” por parte de quien es signo del modo de amar del Buen Pastor:

Gozo que nace de la profunda amistad con Cristo, y es fuente de vocaciones: “Ante todo, preocúpense los presbíteros de exponer a los fieles, por el ministerio de la palabra y con el propio testimonio de la vida, que manifieste abiertamente el espíritu de servicio y el verdadero gozo pascual, la excelencia y necesidad del sacerdo­cio” (Presbyterorum Ordinis, n.11).

“Hace falta sobre todo tener la valentía de proponer a los jóvenes la radicalidad del seguimiento de Cristo, mostrando su atractivo” (Sacramentum Caritatis, n.25). “En muchos lugares escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Frecuentemente esto se debe a la ausencia en las comunidades de un fervor apostólico contagioso, lo cual no entusiasma ni suscita atractivo. Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas” (Evangelii Gaudium, n.107).

“El sacerdote está llamado a ser imagen viva de Jesucristo Esposo de la Iglesia… está llamado a revivir en su vida espiritual el amor de Cristo Esposo con la Iglesia esposa … y, por eso, ser capaz de amar a la gente con un corazón nuevo, grande y puro, con auténtica renuncia de sí mismo, con entrega total, continua y fiel, y a la vez con una especie de «celo» divino (cf. 2 Cor 11, 2), con una ternura que incluso asume matices del cariño materno, capaz de hacerse cargo de los «dolores de parto» hasta que «Cristo sea formado» en los fieles (cf. Gál 4, 19)” (Pastores dabo vobis, n.22).

Martes semana 33ª Tiempo Ordinario (19 noviembre 2019)

De Corazón a corazón: 2Mac 6,18-31 (Martirio del anciano Eleazar “ejemplo de nobleza y recuerdo de virtud”); Lc 19,1-10 (“Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa… El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús se invita a sí mismo para compartir nuestra existencia. Su misión es salvar lo que estaba perdido. Sin él, no se encuentra sentido a la vida. Quien ha experimentado su cercanía, su amor y su perdón, está preparado para afrontar cualquier dificultad, aunque sea el martirio como Eleazar. Nuestra debilidad es máxima y se experimenta continuamente. La fuerza sólo puede venir de una presencia del Señor: “No temas, estoy contigo” (Hech 18,9-10). Con esta fe vivida, todas las nieblas se disipan y dan paso a la luz que es el mismo Jesús. Los problemas “misioneros” no se arreglan con parches, sino con corazones generosos.

*Somos Iglesia misionera y madre como María: Durante las persecuciones hay muchos mártires que dan la vida. Y hay también muchas madres que sufren en su corazón el mismo martirio. El “Salvador” (Jesús) ha querido a su Madre y nuestra como “cooperadora a la salvación” (LG 56); ella “se asoció con corazón maternal a su sacrificio” (LG 58). Es el camino de la Iglesia madre y misionera.

Dedicación Basílicas S. Pedro y S. Pablo (lunes 18 noviembre)

De Corazón a corazón: Hech 28,11-16.30-31 ("Pablo – preso en Roma – enseñaba lo referente al Señor Jesucristo"); Mt 14,22-33 (Pedro: "¡Señor, sálvame!”. Jesús: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?")

Contemplación, vivencia, misión: Los "templos" son signo de una realidad más sencilla y profunda: nuestro corazón y nuestras comunidades deben ser casa de familia donde se vive en intimidad con Dios Amor y con todos los hermanos. Allí resuena la Palabra y especialmente se “actualiza” el sacrificio de Cristo presente en la Eucaristía. Jesús, con su donación total (su "sangre" derramada en la cruz), ha hecho de nosotros el verdadero templo de Dios, donde el mismo Jesús está "en medio" cuando vivimos como hermanos. Somos un "pueblo sacerdotal". Las Basílicas de Pedro y Pablo conservan los restos mortales de estos Apóstoles que "sacrificaron" su vida por Cristo. Fueron “pan partido” porque habían asimilado el “pan de vida”.

*Somos Iglesia misionera y madre como María: Después de recordar a la Madre del Hijo de Dios, Pablo afirma: “Sufro dolores de parto hasta que Cristo se forme en vosotros” (Gal 4,19). Es la maternidad apostólica que concretiza la maternidad misionera de la Iglesia (cfr. Gal 4,26)

Domingo 33º Tiempo Ordinario, Año C (17 noviembe 2019)

De Corazón a corazón: Mal 3,19-20 (“Brillará el sol de justicia”); 2Tes 3,7-12 (“Trabajen con sosiego para comer su propio pan”); Lc 21,5-19 (“No quedará piedra sobre piedra… No perecerá ni un cabello de vuestra cabeza”)

Contemplación, vivencia, misión: El “juicio” de Dios tiene lugar de modo inicial ya en cada momento de nuestra vida: “Estoy a la puerta y llamo” (Apo 3,20). Él nos ama entrañablemente y nos quiere hacer expresión de su amor. Todo lo que no corresponda a este proyecto de amor, es caduco. En la vida humana hay mucho oropel y muchas injusticias. El trabajo humano no vale por las ganancias económicas, ni por el aprecio de los demás; vale si la persona humana y la comunidad se realiza amando. Esta realidad de donación de tantas personas que nos rodean en su trabajo cotidiano, y que no se valora en el “mercado”, no se perderá, porque queda para siempre en el corazón de Dios. La verdadera y definitiva historia comenzará cuando nos juzgue el Amor, a todos y a cada uno. “Que cada jornada nuestra esté marcada por el encuentro renovado con Cristo, Verbo del Padre hecho carne” (Benedicto XVI, Verbum Domini 124).

*Somos Iglesia misionera y madre como María: La Santísima Virgen, figura de la Iglesia madre, es el “templo” en el que está presente Jesús. “En María, Hija de Sión, se cumple la larga historia de fe del Antiguo Testamento, que incluye la historia de tantas mujeres fieles. En la plenitud de los tiempos, la Palabra de Dios fue dirigida a María, y ella la acogió con todo su ser, en su corazón, para que tomase carne en ella y naciese como luz para los hombres” (Lumen Fidei, n.58)