Martes semana octava Tiempo Ordinario (26 mayo 2015, S.Felipe Neri)

De Corazón a corazón: Sir 35,1-15 "En todos tus dones pon tu rostro alegre… Da al Señor como él te ha dado a ti"); Mc 10,28-31 ("Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido")

Contemplación, vivencia, misión: La "mirada" de Jesús a Pedro (cfr. Jn 1,42) le había conquistado y, por esto, le siguió sin condiciones. Lo que vale más no es "dejarlo todo", sino "seguirle", porque ya nada ni nadie puede ocupar en el corazón el puesto de Jesús. Entonces se da todo con alegría, como respuesta a una mirada de amor (cfr. Mc 10,21). "Es urgente volver a proponer el ideal de la misión en su centro: Jesucristo, y en su exigencia: la donación total de sí mismo a la proclamación del Evangelio” (Mensaje Domund 2015).

*El Evangelio en el Corazón de la Madre de Jesús y de la Iglesia: El "discipulado" es escucha comprometida. María es "la primera discípula", porque su escucha se concretó en un "sí" de opción fundamental y gozosa, expresión de toda su existencia. Así es el “amén” (“sí”) de la Iglesia, pronunciado en el amor del Espíritu Santo (cfr. Apoc 22,17-21)

Lunes semana octava Tiempo Ordinario (25 mayo 2015)

De Corazón a corazón: Sir 17,20-28 (“El Señor es bueno y conoce a su criatura… Vuélvete al Señor”); Mc 10,17-27 (“Vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres… ven y sígueme”)

Contemplación, vivencia, misión: Cada ser humano está llamado para una misión maravillosa e irrepetible. La cuestión es acertar. Nos ha creado y llamado quien es “Amor”, para que nos realicemos amando. En Jesús, Dios se nos hace encontradizo, nos acompaña y nos invita a compartir su misma vida. Pero hay que dejar de lado todo lo que no sea amor de donación. Es fácil dejarlo “todo”, cuando uno se siente amado por “quien” es nuestro “Todo”.

*El Evangelio en el Corazón de la Madre de Jesús y de la Iglesia: El “ven y sígueme” se estrena todos los días. “María… mejor que nadie ha correspondido a la vocación de Dios; se ha hecho sierva y discípula de la Palabra hasta concebir en su corazón y en su carne al Verbo hecho hombre para darlo a la humanidad” (PDV 82). El corazón que se deja sorprender por la llamada, se realiza amando.

DOMINGO DE PENTECOSTÉS (24 mayo 2015)

De Corazón a corazón:  Hech 2,1-11 (“Todos quedaron llenos del Espíritu Santo… Todos oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”); Gal 5,16-25 (“Si vivimos según el Espíritu, caminemos según el Espíritu”); Jn 15,26-27 (“El Espíritu Santo… dará testimonio de mí”); 16,12-15 (“Tomará de los mío y os lo anunciará”)

Contemplación, vivencia, misión: En la ”Iglesia madre”, en el cenáculo con María, “todos quedaron llenos del Espíritu Santo” (Hech 2,4). Cada uno tiene carisma y misión diferentes; pero todo queda en familia, en “comunión de los santos”, como vasos comunicantes. Lo importante es ser coherentes con los carismas recibidos: vivir, caminar, compartir la  misma vida y misión de Cristo. “En Pentecostés, el Espíritu hace salir de sí mismos a los Apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios, que cada uno comienza a entender en su propia lengua” (Evangelii Gaudium, n.259).

*El Evangelio en el Corazón de la Madre de Jesús y de la Iglesia: La Iglesia se hace madre como María, “Madre de la misericordia”. “El Espíritu Santo que conduce los pasos de los creyentes para que cooperen en la obra de salvación realizada por Cristo, sea guía y apoyo del Pueblo de Dios para ayudarlo a contemplar el rostro de la misericordia” (Misericordiae vultus n.4).

Sábado semana séptima de Pascua (23 mayo 2015)

De Corazón a corazón: Hech 28,16-31 (“Por la esperanza de Israel llevo estas cadenas… predicaba con toda valentía”); Jn 21,20-25 (“Tú, sígueme… Su testimonio es verdadero”)

Contemplación, vivencia, misión: Las vidas de los apóstoles de Cristo (como Pedro, Pablo y Juan) están escritas en el corazón de Dios. No necesitan placas conmemorativas. Pedro siguió al Señor dejándolo todo por Él. Pablo, “encadenado”, daba testimonio de Jesús. Juan nos ha dejado un Evangelio donde siguen palpitando los latidos del Corazón del Señor, auscultados en sintonía con sus amores. Estos testimonios son “verdaderos”, ratificados con una vida de fidelidad al Espíritu de Amor.

*En el Cenáculo con María hacia Pentecostés: La audacia nace de la humildad y de la verdad de la donación. Se necesita experiencia de “Cenáculo” con María, para hacer de la vida un “sí” materno y fecundo, que va más allá del éxito inmediato.

CENÁCULO DE PENTECOSTÉS CON LA MADRE DE JESÚS Un Pentecostés permanente

(Concilio Vaticano II) “Fue en Pentecostés cuando empezaron “los hechos de los Apóstoles“, como había sido concebido Cristo al venir al Espíritu Santo sobre la Virgen María, y Cristo había sido impulsado a la obra de su ministerio, bajando el mismo Espíritu Santo sobre El mientras oraba” (Ad Gentes, n.4) “Vemos a los Apóstoles antes del día de Pentecostés “perseverar unánimemente en la oración con las muje­res, y María la Madre de Jesús y los hermanos de Este” (Hech, 1,14); y a María implorando con sus ruegos el don del Espíritu Santo, quien ya la había cubierto con su sombra en la Anunciación” (Lumen Gentium, 59; cfr. n. 4)

(Bto Pablo VI) “En la mañana de Pentecos­tés ella presidió con su oración el comienzo de la evangelización bajo el influjo del Espíritu Santo. Sea ella la estrella de la evangelización siempre renovada que la Iglesia, dócil al mandato del Señor, debe promover y realizar, sobre todo en estos tiempos difíciles y llenos de esperanza” (Evangelii Nuntiandi, n.82)

(San Juan Pablo II) “Los Apóstoles, con la venida del Espíritu Santo, se sintieron idóneos para realizar la misión que se les había confiado” (Dominum et Vivificantem, n.25). “Las palabras que Jesús pronuncia desde lo alto de la cruz significan que la maternidad de su madre encuentra una nueva continuación en la Iglesia y a través de la Iglesia” (Redemptoris Mater, n.24). “María acoge, con su nueva maternidad en el Espíritu, a todos y a cada uno en la Iglesia, acoge también a todos y a cada uno por medio de la Iglesia. En este sentido María, Madre de la Iglesia, es también su Modelo” (ibid., n.47). “Plena docilidad al Espíritu… dejarse plasmar interiormente por él, para hacerse cada vez más semejantes a Cristo” (Redemptoris Missio, n.87). “Como los Apóstoles después de la Ascensión de Cristo, la Iglesia debe reunirse en el Cenáculo con «María, la madre de Jesús» (Act 1, 14), para implorar el Espíritu y obtener fuerza y valor para cumplir el mandato misionero. También nosotros, mucho más que los Apóstoles, tenemos necesidad de ser transformados y guiados por el Espíritu” (ibid., n.92)

(Benedicto XVI) “En el momento de Pentecostés, serán los discípulos los que se agrupen en torno a ella en espera del Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14)” (Deus Caritas est, n. 41). “Estuviste en la comunidad de los creyentes que en los días después de la Ascensión oraban unánimes en espera del don del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14), que recibieron el día de Pentecostés” (Spe Salvi, n.50). “El Espíritu desciende sobre los Doce, reunidos en oración con María el día de Pentecostés (cf. 2,1-4), y les anima a la misión de anunciar a todos los pueblos la Buena Nueva” (Verbum Domini, n.15). “Cuanto más sepamos ponernos a disposición de la Palabra divina, tanto más podremos constatar que el misterio de Pentecostés está vivo también hoy en la Iglesia de Dios. El Espíritu del Señor sigue derramando sus dones sobre la Iglesia para que seamos guiados a la verdad plena, desvelándonos el sentido de las Escrituras y haciéndonos anunciadores creíbles de la Palabra de salvación en el mundo” (ibid., n.123). “Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo ” (Porta Fidei, n.13)

(Papa Francisco) “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hech 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización” (Evangelii Gaudium, n.284).

(Prefacio Ascensión)Jesucristo, Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés”.

(San Juan de Ávila): “Cuando tengas el Espíritu Santo, él mata todo lo que daña; pero si hay pajitas, señal es que no hay fuego que las queme… y todo quema el Espíritu Santo cuando viene, y no hay cosa que se le resista” (Sermón 32). “¿Quién le quiere? Mirad que se da de balde” (Sermón ). “Si no está el Espíritu Santo, todo es perdido” (Sermón 28). “No sólo lo hemos de desear, pero hemos de aderezar la casa limpia” (Sermón 27).”Conoce muy bien el Espíritu Santo las entrañas de la Virgen, conoce muy bien aquel corazón tan limpísimo… No hizo la Virgen, ni pensó, ni habló cosa que en un solo punto desagradase al Espíritu Santo” (Sermón 30).

Viernes semana séptima de Pascua (22 mayo 2015)

De Corazón a corazón: Hech 25,13-21 (“Jesús… de quien Pablo dice que vive”); Jn 21,15-19 (“¿Me amas más?… Apacienta mis ovejas… Sígueme”)

Contemplación, vivencia, misión: Los Apóstoles vivían pendientes de la presencia real de Cristo resucitado. Su primer encuentro se actualizaba continuamente en la vida ordinaria. A Cristo se le ama en la medida en que uno se preocupa por hacerle amar. El pasado, que tiene sus luces y sus sombras, queda diluido y transformado en el Corazón de Cristo Amigo. Por el amor, el Espíritu Santo nos hace “expresión” o destello del mismo Cristo (Jn 16,14).

*En el Cenáculo con María hacia Pentecostés: El examen de amor para la misión (cfr. Jn 21) recuerda la declaración de amistad mutua en la Última Cena (cfr. Jn 15). El último "sígueme" recuerda el "seguimiento" evangélico de Cristo "con su Madre" (Jn 2,12). El Espíritu Santo, invocado “en oración con María” (Hech 1,14), guía a la “verdad plena” (Jn 16,13) para vivir del encuentro con Cristo a la misión.

Jueves semana séptima de Pascua (21 mayo 2015, S.Cristóbal Magallanes)

De Corazón a corazón: Hech 22,30;23,6-11 (“Se me juzga por esperar la resurrección de los muertos… Has dado testimonio de mí”); Jn 17,20-26 (“Como tú Padre en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea… los has amado como a mi… yo estoy en ellos”)

Contemplación, vivencia, misión: Pablo fue siempre un destello de Cristo Resucitado. Su testimonio dejó huella imborrable, desde Jersualén hasta Roma. Un corazón unificado en el amor a Cristo y una comunidad unificada con Cristo en medio, es la garantía de una fe vivida que no hace rebajas a la entrega. El mandato del amor, puesto en práctica en la fraternidad, es un signo eficaz de santificación y de evangelización.“El Espíritu Santo se manifiesta distinto en cada uno, pero nunca distinto de sí mismo” (San Cirilo de Jerusalén).

*En el Cenáculo con María hacia Pentecostés: En el Cenáculo, preparando la venida del Espíritu Santo, resonaban en el Corazón de María y de la Iglesia, las palabras de Jesús: "Los has amado como a mi… yo estoy en ellos". Era la explicación del encargo recibido en el Calvario: "He aquí a tu hijo… he aquí a tu Madre".