Miércoles semana 16ª Tiempo Ordinario (26 julio, Stos Joaquín y Ana)

De Corazón a corazón: Ex 16,1-15 (Llueve “maná” en el desierto: “¿Qué es esto?”); Mt 13,1-9 (“Salió el sembrador a sembrar”)

Contemplación, vivencia, misión: La cercanía de Jesús da la sensación de ser “lejanía”, también y especialmente cuando se oculta y manifiesta en los signos “pobres” de su amada Iglesia. La semilla de su palabra es semilla “buena”, pero es más allá de nuestros baremos. Y esa semilla espera encontrar un “corazón bueno”, más allá de la moda, de la utilidad y de la eficacia inmediata. Su amor “excesivo” puede dar la impresión de ausencia, pero es que siempre nos ama dándose él, más allá de sus dones. Con Cristo caminamos por el desierto de una historia humana, donde él mismo se nos hace pan de vida, nuevo maná, pan partido. Nuestra única queja legítima sería la de reconocer que le amamos poco. “Se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente, aunque sea un presente fatigoso” (Spe Salvi, n.1).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El “corazón bueno” de María recibió la “buena semilla” (la Palabra), es decir, el mismo Jesús (el Verbo). Al recibir la Palabra, el Espíritu Santo la hizo Madre de la Palabra. Recibir y dar Jesús a los demás, es la esencia de la vocación cristiana: saberse amado, amarle y hacerle amar.

SANTIAGO APÓSTOL (25 julio 2017)

De Corazón a corazón: Hech 4,33; 5,12.27-33; 12,2 (Martirio de Santiago); 2Cor 4,7-15 (“Llevamos siempre en nuestros cuerpos el morir de Cristo”); Mt 20,20-28 (“Mi cáliz, sí lo beberéis”)

Contemplación, vivencia, misión: “Beber el cáliz” significa correr la misma suerte, compartir la misma vida. Cristo se comparó a un granito de trigo que, sepultado en la tierra, “muere”, aunque, en realidad se transforma en una nueva vida. Santiago fue el primer apóstol de Cristo que dio la vida por él, aunque el primer mártir cristiano había sido San Esteban. Aparentemente todo fue por el capricho y las preferencias de los que llevaban las riendas del momento, como Herodes. Es lo que ocurre en todas las épocas y “culturas”, de un modo o de otro. La vida cristiana es un injerto en la vida de Cristo, para vivir, morir y resucitar con él, amando y perdonando. Juan y Santiago amaron y anunciaron a Cristo con pasión. Al principio del seguimiento evangélico, de modo exagerado (pidiendo que bajara fuego del cielo, buscando los primeros puestos…); pero el Señor los fue limando y les ofreció beber su copa, correr su misma suerte.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Santiago y Juan sintieron la presencia activa y materna de María, que sigue acompañando a todos los redimidos y especialmente a quienes lo han dejado todo por Cristo. Cada uno es una historia peculiar e irrepetible de la presencia de María. Su Corazón, tierno como ninguna madre, no cede a nuestros caprichos (como cedió la madre de los Zebedeos), sino que conoce muy bien nuestro barro y lo transforma en objeto de las misericordias de Dios.

Lunes semana 16ª Tiempo Ordinario (24 julio 2017)

De Corazón a corazón: Ex 14,5-18 (“El Señor combatirá por vosotros”); Canto: 15,1-6 (“El Señor es mi fuerza y mi salvación”); Mt 12,38-42 (“No se os dará otro signo que el del profeta Jonás”)

Contemplación, vivencia, misión: La clave para interpretar la historia personal y comunitaria es el “misterio pascual” de Jesús, su muerte y resurrección (el “signo de Jonás”). El paso del mar Rojo era figura del “bautismo”, como “inserción” en Jesús, para entrar en relación íntima con él, imitarle, configurarse con él. La vida es plena y auténtica, sólo cuando es vida en Cristo. Las persecuciones o malentendidos, también quedan incluidos en la Providencia de Dios, Padre y Salvador de todos (de “egipcios” y de “israelitas”). “Quien ha sido tocado por el amor empieza a intuir lo que sería propiamente « vida ». Empieza a intuir qué quiere decir la palabra esperanza que hemos encontrado en el rito del Bautismo… Entonces « vivimos »” (Spe Salvi, n.27).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: En el “Magníficat”, María canta la “fuerza” misericordiosa de Dios hacia su pueblo Israel, como signo de salvación para todos los pueblos. Estará bien acostumbrarse a rezar el “Magníficat” teniendo en cuenta el ambiente multicultural y multirreligioso que nos rodea.

Domingo 16º Tiempo Ordinario (23 julio, Sta. Brígida)

De Corazón a corazón: Sab 12,13.16-19 (“No hay otro Dios que cuide de todos… Colmaste a tus hijos de una feliz esperanza”); Rom 8,26-27 (“No sabemos orar… El Espíritu ora por nosotros con gemidos inenarrables”); Mt 13,24-43 (“El Reino de Dios… buena semilla… grano de mostaza… puñado de levadura”)

Contemplación, vivencia, misión: Al leer los textos evangélicos, caminamos guiados por la mano de nuestro Padre, que nos lleva en su Corazón y que potencia nuestra libertad y responsabilidad. Dios “cuida” de nosotros, en el sentido de que “en todas las cosas interviene Dios para el bien de los que le aman” (Rom 8,28). Siempre queda lugar para la esperanza. Incluso cuando no sabemos orar ni reaccionar amando, el Espíritu Santo hace que oremos y amemos como Jesús. La cuestión consiste en no dejar crecer la cizaña egoísta en medio de esa “buena semilla”.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Desde niño, Jesús vio diariamente cómo María preparaba el pan, poniendo un puñado de levadura en la masa de harina. La Madre de Jesús es la patrona de las cosas pequeñas en nuestro Nazaret cotidiano. “La fe cristiana ¿es también para nosotros ahora una esperanza que transforma y sostiene nuestra vida?” (Spe Salvi, n.10).

Sábado semana 15ª Tiempo Ordinario (22 julio Sta. Magdalena)

De Corazón a corazón: Ex 12,37-42 (Israel sale de Egipto); Mt 12,14-21 (“Los curó a todos… En su nombre pondrán las naciones su esperanza”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús es nuestra esperanza, nuestro punto de apoyo en el camino hacia la Verdad y la Vida. Él se nos hace camino en nuestro éxodo. Con él resulta llevadero el proceso de ir dejando atrás lo que ya no es necesario ni válido. Con Él nos vamos purificando de enfoques equivocados. Nuestro barro no le espanta, como tampoco nuestra realidad quebradiza y nuestra poca vitalidad. Él llena nuestros vacíos y carencias con su amor desinteresado. Todos los pueblos y culturas encuentran en Él la esperanza definitiva.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La “Virgen del Camino” es un título muy extendido en la devoción mariana popular. Ella está también en el “camino” del Calvario (Jerusalén) y en el camino que llega a la Ciudad Eterna (“La Madonna della Strada”). Muchos caminos (y calles) tienen una capillita mariana que alienta en la peregrinación Ella es “memoria” del objetivo de nuestro caminar. (Para Sta Magdalena: Cant 3,1-4/2Cor 5,14-17; Jn 20,1-18; ver en Año Litúrgico, Santos)

Viernes semana 15ª Tiempo Ordinario (21 julio 2017)

De Corazón a corazón: Ex 11,10-12,14 (El sacrificio del cordero pascual antes de salir de Egipto); Mt 12,1-8 (“Misericordia quiero… el Hijo del hombre es Señor del sábado”)

Contemplación, vivencia, misión: La historia es un camino: desde Dios creador y redentor, hasta Dios encontrado definitivamente. El camino tiene un protagonista, Cristo el Cordero inmolado, “nuestra Pascua”, cuya vida es donada por nosotros (derramando su sangre). La vida está marcada por quien le da sentido definitivo. Los acontecimientos parecen irreversibles, pero, en realidad, todo puede ser cambiado de orientación si Cristo está presente. Las normas parecen un peso insoportable, pero Jesús Resucitado, como “Señor del sábado”, lo transforma todo en amor de donación. “Saber que existe Aquel que me acompaña incluso en la muerte” (Spes Salvi, n.6).

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Anualmente la Sagrada Familia (José, María, Jesús) iba a Jerusalén para celebrar la “Pascua”. Cuando Jesús, a sus doce años, se perdió en el templo, sus palabras (“me había de ocupar en la casa de mi Padre”) dejaban entrever su “misterio pascual” de “cordero” inmolado.

Jueves semana 15ª Tiempo Ordinario (20 julio 2017)

De Corazón a corazón: Ex 3,13-20 (“Yo soy el que soy”); Mt 11,28-30 (“Venid a mí todos los que estáis fatigados y atribulados, y yo os aliviaré”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús ha venido para “todos”, para la “muchedumbre”, para toda la humanidad. No excluye a nadie e invita de modo especial a los que se sienten agobiados, débiles, pecadores, enfermos… La solución es el mismo Jesús, “manso y humilde de corazón”. Ante las dificultades, no sirve la agresividad, ni la indiferencia, ni el desánimo; hay que transformarlas en una nueva posibilidad de amar y de darse. La paz nace en el corazón cuando se reacciona amando. La sonrisa verdadera, que gana todas las guerras y desarma todas las tensiones, nace de un corazón unificado por el amor en Cristo.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Sólo Él “es”: “Yo soy” (luz, verdad, vida, camino, puerta, pastor)… La presencia activa y materna de María hace posible la actitud de recibir a Jesús en el corazón y comunicarlo a los demás, dando seguridad y sentido a la vida. “Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo” (Fil 3,20).