Lunes semana 25ª Tiempo Ordinario (23 septiembre, S. Pio dePietrelcina)

De Corazón a corazón: Esd 1,1-6 (Decreto del rey Ciro: el regreso a Jerusalén); Lc 8,16-18 ("Una lámpara se pone sobre el candelero, para que los que entren tenga luz")

Contemplación, vivencia, misión: La historia, en su superficie, es un trasiego de pueblos movidos por ideales o también por ambiciones propias y ajenas. Pero toda persona y todo pueblo deja un destello de los dones de Dios, a modo de lucecita que ilumina el camino de los demás. Las narraciones escritas u orales sólo cuentan la superficie de los hechos. Los retazos de vida son destello de Dios Amor, revelado por Jesús. Un "día" tendremos la sorpresa de ver la realidad toda entera, como puñaditos de barro amasado por la mano de quien nos ama entrañablemente. La paz universal la construimos entre todos.

*Somos Iglesia misionera y madre como María: María, como todas las mamás de Palestina, encendía la lámpara o candil todas las mañanas, para iluminar la levantada e invitar a alabar a Dios. “La Madre de Dios, llena de alegría, muestra a los pastores y a los Magos a su Hijo primogénito, que lejos de disminuir consagró su integridad virginal” (LG 57). María y la Iglesia son portadorars de Jesús, “la luz de las gentes”.

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Domingo 25º Tiempo Ordinario, Año C (22 septiembre 2019)

De Corazón a corazón: Am 8,4-7 (“Escuchad los que pisoteáis al pobre”); 1Tim 2,1-8 (“Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad… un solo Mediador, Cristo Jesús”); Lc 16,1-13 (“No podéis servir a Dios y al dinero”)

Contemplación, vivencia, misión: Hoy las palabras del Señor suenan a algo “extraño”. Pero la Verdad, que es él mismo, tiene la última palabra. Dios se ha hecho hombre y, como tal, es el único Mediador y Salvador. Los bienes de la tierra son dones de Dios Amor para compartir y para crear convivencia familiar y social. Riquezas, poder, honores, todo termina en basura cuando no se convierte en amor de donación. Las crisis económicas no se solucionan con protestas, parches y sucedáneos. Si no cambia el corazón, no se construyen las comunidades. La historia demuestra que las crisis renacen con más virulencia cuando el corazón, la familia y la sociedad siguen divididos.

*Somos Iglesia misionera y madre como María: María compartió con Jesús la pobreza de Belén, del exilio, de la vida oculta en Nazaret, del seguimiento evangélico (cfr. Jn 2,12) y del Calvario. La túnica de Jesús se perdió; el amor con que se elaboró la túnica no se ha perdido. Así es la fecunidad materna y misionera. María.

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San Mateo apóstol y evangelista (sábado 21 septiembre 2019)

De Corazón a corazón: Ef 4,1-13 (“Conservar la unidad del Espíritu… apóstoles… profetas… evangelizadores… pastores… maestros… para edificación del Cuerpo de Cristo”); Mt 9,9-13 (“Vio Jesús a un hombre llamado Mateo… Sígueme… no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”)

Contemplación, vivencia, misión: En la comunidad o familia de Jesús, cada uno recibe dones peculiares para realizar una misión irrepetible. No necesitamos envidiar ni suplantar a nadie. A todos nos ha llamado porque nos ama de modo irrepetible. Y “tenemos este tesoro en vasos de barro” (2Cor 4,7). Todos estamos llamados a construir la familia eclesial en la unidad del amor. Los Apóstoles y sus sucesores (como humildes servicores) tienen la misión de garantizar y suscitar la verdad de esta unidad, también y especialmente en el discernimiento y fomento de los carisma que el Espíritu Santo comunica a su Iglesia. Esta unidad se resquebraja cuando anteponemos nuestras preferencias al amor de Cristo. “San Beda el Venerable, comentando esta escena del Evangelio, escribió que Jesús miró a Mateo con amor misericordioso y lo eligió" (Papa Francisco, Misericordiae Vultus, n.8).

*Somos Iglesia misionera y madre como María: San Mateo describe a María como Virgen Madre de “Dios con nosotros” (Mt 1,23); los Magos de Oriente encuentran a Jesús “con María su Madre” (Mt 2,11). Jesús ha venido para toda la humanidad.

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Viernes semana 24ª Tiempo Ordinario (20 septiembre, mártires coreanos)

De Corazón a corazón: 1Tim 6,2-12 ("No hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él… Combate el buen combate de la fe"); Lc 8,1-3 ("Iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios: le acompañaban los Doce y algunas mujeres")

Contemplación, vivencia, misión: Jesús cambia las costumbres rutinarias de la sociedad. Para él, hombre y mujer tienen la misma dignidad y la misma oportunidad para el seguimiento evangélico, con servicios diferenciados. También las mujeres que seguían a Jesús ayudaron a combatir el buen combate de la fe: al pie de la cruz, hacia el sepulcro, mensajeras de la resurrección. Con esta armonía de discípulos y discípulas, sin privilegios ni ventajas materiales por parte de nadie, las tensiones y divisiones desaparecerían.

*Somos Iglesia misionera y madre como María: El grupo apostólico era familiar como en Nazaret, bajo la sombra y "memoria" materna de María (cfr. Jn 2,12). El concilio invitabs a “aclarar cuidadosamente tanto la misión de la Bienaventurada Virgen María en el misterio del Verbo Encarnado y del Cuerpo Místico, como los deberes de los hombres redimidos hacia la Madre de Dios, Madre de Cristo y Madre de los hombres” (LG 54)

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Jueves semana 24ª Tiempo Ordinario (19 septiembre. S. Genaro)

De Corazón a corazón: 1Tim 4,12-16 ("Dedícate a la lectura… a la enseñanza… No descuides el carisma que se e comunicó por imposición de las manos de los presbíteros"); Lc 7,36-50 ("Quedan perdonados sus muchos pecados porque ha mostrad mucho amor")

Contemplación, vivencia, misión: Jesús alaba el mucho amor de la pobre pecadora. Pero es él mismo quien manifiesta mejor ese amor sin medida. Su amor, injertado en el nuestro, borra todos los pecados y nos hace renacer a la vida nueva. Cristo es nuestra esperanza: perdona y hace posible que le amemos con su mismo amor. Los carismas o gracias especiales que se reciben, son para servir y compartirlos. Pertenecen a todo el pueblo de Dios.

*Somos Iglesia misionera y madre como María: María, la toda santa, amó más a Cristo porque fue “redimida de modo eminente” (LG 52). En su "Magníficat" agradece la misericordia y se hace servidora y mensajera de la misma para toda la humanidad, “de generación en generación”. Así es el canto misionero de la Iglesia.

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Miércoles semana 24ª Tiempo Odinario (18 septiembre 2019)

De Corazón a corazón: 1Tim 3,14-16 ("La Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad"); Lc 7,31-35 ("Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros")

Contemplación, vivencia, misión: Jesús era un buen observador de las costumbres, incluso de los juegos de los niños sobre bodas y funerales. Pero las “niñerías” las comentemos principalmente los adultos: todo nos parece mal, si no es como lo hemos previsto y según nuestros baremos y preferencias. Jesús es más allá de toda crítica y valoración humana. Y así quiere a su Iglesia, como “columna” y fundamento de la verdad: pensar, vivir, hablar, servir la Verdad, que es el mismo Jesús. Ahí está la fuerza evangelizadora del diálogo y del testimonio.

*Somos Iglesia misionera y madre como María: De la "infancia" de Jesús, vivida con María y José, conocemos su caminar anual a la Pascua y su decisión de seguir su vocación según los designios del Padre (cfr. Lc 2,41.49). En la sagrada familia (y en la Iglesia) no hay lugar para veleidades. Respecto a la Iglesia, María es “su prototipo y modelo destacadísimo en la fe y caridad, y la Iglesia católica, enseñada por el Espíritu Santo, la honra con filial afecto de piedad como a Madre amantísima” (LG 53)

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Martes semana 24ª Tiempo Odinario (17 septiembre, S. Roberto Belarmino)

De Corazón a corazón: 1Tim 3,1-13 (Función de los ministros: "Cuidar de la Iglesia de Dios"); Lc 7,11-17 (Resurrección del hijo único de una viuda en Naim: "Se compadeció… No llores… Joven, levántate")

Contemplación, vivencia, misión: A veces buscamos la “identidad” del apóstol (laico, sacerdote o persona consagrada) por las nubes de nuestra fantasía. No es necesario hacer tantos rodeos; basta con saber que se trata de "cuidar de la Iglesia de Dios", amarla, servirla sin servirse de ella. La fuente del auténtico celo apostólico no está principalmente en motivaciones sociológicas. “Si hubiese en la Iglesia corazones de madre en los sacerdotes que amargamente llorasen de ver muerto a sus espirituales hijos, el Señor, que es misericordioso, les diría lo que a la viuda de Naim: No quieras llorar. Y les daría resucitadas las ánimas de los pecadores" (S. Juan de Ávila, Plática 2ª).

*Somos Iglesia misionera y madre como María: “María es el ejemplo de aquel amor maternal que es necesario que estén animados todos aquellos que, en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres” (LG 65 y RMi 92). La mirada de compasión de Jesús en Naim es un esbozo de su "mirada" a María (Jn 19,26), de pie junto a la cruz, para declararla "nuestra Madre en el orden de la gracia" (LG 61).

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