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VIDA NUEVA EN EL ESPÍRITU SANTO

-Cristo Sacerdote: “Ungido por el Espíritu, pasó haciendo el bien” (Hech 10,38; Lc 4,18)

-Nuestra actitud de fidelidad: Su presencia, luz, acción santificadora y misionera (Jn 7,37-38; 14-16; 20,21-23) “El Espíritu de la verdad… dará testimonio de mí” (Jn 15,25). “Vivimos… obremos según el Espíritu” (Gal 5,25)

-Proceso de discernimiento: “Desierto” (humildad), “pobres” (caridad), “gozo” (Lc 4,1.18; 10,21). “Discernimiento de espíritus (1Cor 12,10; cfr. 1Jn 4,1). “Guiados por el Espíritu” (Rom 8,14).

-Oración, actitud filial: “Nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!” (Rom 8,15; Gal 4,7)

-María y Iglesia en Pentecostés: “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hech 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.284)

Pentecostés permanente: “La Iglesia vive, crece y se despierta en las almas, que – como la Virgen María – acogen la Palabra de Dios y la conciben por obra del Espíritu Santo; ofrecen a Dios la propia carne y, precisamente en su pobreza y humildad, se hacen capaces de generar a Cristo hoy en el mundo” (Benedicto XVI, Palabras de despedida … a los cardenales presentes en Roma, 28 febrero 2013) Trasfondo de San León Magno, que citamos a continuación:

SAN LEÓN MAGNO:

“Gracias al mismo Espíritu por cuya virtud Cristo fue concebido y nació, hemos nacido de nuevo de un origen espiritual” (Carta 31,4).

“Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo… nos resucitó a la vida de Cristo (cfr. Efes 2,5) para que fuésemos en él una nueva criatura, una nueva obra de sus manos… Reconoce, cristiano, tu dignidad, pues participas de la naturaleza divina (cfr. 2Pe 1,4)” (Homilía 21, sobre la Natividad del Señor)

“Para todo hombre que renace, el agua del bautismo se identifica con el seno de la Virgen, porque es el mismo Espíritu Santo quien llena la fuente del bautismo, así como fecundó el seno de la Virgen” (Homilía 24, sobre la Navidad del Señor).

“Aquellos inicios que él asumió en el seno de la Virgen, los transfirió después a las fuentes bautismales. Dio al agua lo que había dado a la madre. Aquello que la potencia del Altísimo realizó en María cuando la cubrió con el Espíritu Santo, para que de ella naciera el Salvador, aquello mismo lo realiza en las aguas a fin de que el creyente se regenere” (Homilía 25, sobre la Natividad del Señor)

“El Espíritu, por el que del cuerpo de su madre inviolada nació Cristo, es también el mismo por el que de las entrañas de la santa Iglesia renace el cristiano, para el que la verdadera paz nunca está separada de la voluntad de Dios, y encuentra sus delicias solamente en lo que Dios ama” (Homilía 29, sobre la Natividad del Señor).

“Por obra del Espíritu Santo nació él de una Virgen, y por obra del mismo Espíritu Santo fecunda también su Iglesia pura, a fin de que, a través del bautismo, dé a luz a una multitud innumerable de hijos de Dios, de quienes está escrito: Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios” (Homilía 63, sobre la pasión)

“Los Apóstoles, una vez llenos y con más abundancia del Espíritu Santo… despreciando la muerte, llevaron a todas las naciones el evangelio de la verdad” (Homilía 76, sobre Pentecostés)

CRISTO NUESTRA ESPERANZA EN EL “ADVIENTO” DE UN MUNDO QUE CAMBIA

“Ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo” (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, n.80). “¡No nos dejemos robar la esperanza!”. “¡No nos dejemos robar la fuerza misionera! (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.86 y 109)

  1. El Dios de la esperanza

– “Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Rom 5,2).
– “El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Rom 15,13).
– “Tenemos puesta la esperanza en Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, principalmente de los creyentes” (1Tim 4,10).

– “Descansa sólo en Dios, alma mía, porque él es mi esperanza” (Sal 61,2). “En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene” (Sal 62,7-9)

= Venimos de Dios, que nos ha creado y nos sostiene con amor, y volvemos a Dios. El camino del hombre consiste en vivir de la esperanza. “Canta y camina”.

  1. Cristo, nuestra esperanza

– “Cristo Jesús nuestra esperanza” (1Tim 1,1), “esperanza de la gloria” (Col 1,27)
– “Vivir… aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tito 2,13)
– “Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro” (1Jn 3,3).

– “Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha” (Sal 15,11)

= El misterio del hombre desvelado en el encuentro con Cristo (cfr. Jn 14,6; GS 22)

  1. El Señor está cerca

– “Alegraos, el Señor está cerca!” (Fil 4,4-5). “Vengo pronto” (Ap 3,11)
– “La esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5,5).
– “Poned toda vuestra esperanza en la gracia que se os procurará mediante la Revelación de Jesucristo” (I Pe 1,13).
– “Mantenemos la entereza y la gozosa satisfacción de la esperanza” (Heb 3,6).

= Cristo Resucitado nos lleva en su Corazón, nos acompaña, nos envía, nos espera…

  1. María Madre de la esperanza

– María, “signo de esperanza segura y de consuelo” (LG 68).

“Madre de la esperanza, Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino” (Papa Benedicxto XVI, Spe salvi,  n.50)

“La memoria del pueblo fiel, como la de María, debe quedar rebosante de las maravillas de Dios. Su corazón, esperanzado en la práctica alegre y posible del amor que se le comunicó, siente que toda palabra en la Escritura es primero don antes que exigencia” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.142). “Ella (María)  es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia” (ibid., n.286). “Es el Resucitado quien nos dice, con una potencia que nos llena de inmensa confianza y de firmísima esperanza: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). Con María avanzamos confiados hacia esta promesa” (ibid., n.288)

“Que los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios estén siempre vueltos hacia nosotros. Ella es la primera en abrir camino y nos acompaña cuando damos testimonio del amor. La Madre de Misericordia acoge a todos bajo la protección de su manto, tal y como el arte la ha representado a menudo. Confiemos en su ayuda materna y sigamos su constante indicación de volver los ojos a Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

= Presencia activa y materna de María en la Iglesia, en la vida de cada persona y comunidad.

LA MADRE DE JESÚS EN NUESTRA COMUNIDAD FAMILIAR

“Él mismo (Jesús) a los doce años responde a María y a José que tiene otra misión más alta que cumplir más allá de su familia histórica (cf. Lc 2,48-50)” (Amoris Laetitia, n.18).

“Como María, (las familias) son exhortadas a vivir con coraje y serenidad sus desafíos familiares, tristes y entusiasmantes, y a custodiar y meditar en el corazón las maravillas de Dios (cf. Lc 2,19.51). En el tesoro del corazón de María están también todos los acontecimientos de cada una de nuestras familias, que ella conserva cuidadosamente. Por eso puede ayudarnos a interpretarlos para reconocer en la historia familiar el mensaje de Dios” (Amoris Laetitia, n.30)

“Necesitamos sumergirnos en el misterio del nacimiento de Jesús, en el sí de María al anuncio del ángel, cuando germinó la Palabra en su seno; también en el sí de José, que dio el nombre a Jesús y se hizo cargo de María; en la fiesta de los pastores junto al pesebre, en la adoración de los Magos; en fuga a Egipto, en la que Jesús participa en el dolor de su pueblo exiliado, perseguido y humillado… Y luego, penetrar en los treinta largos años donde Jesús se ganaba el pan trabajando con sus manos, susurrando la oración y la tradición creyente de su pueblo y educándose en la fe de sus padres, hasta hacerla fructificar en el misterio del Reino” (Amoris Laetitia, n.65).

“(A las madres) Ocúpate de lo que haya que hacer o preparar, pero sin obsesionarte, y alaba como María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su sierva» (Lc 1,46-48). Vive ese sereno entusiasmo en medio de tus molestias, y ruega al Señor que cuide tu alegría para que puedas transmitirla a tu niño” (Amoris Laetitia, n.171).

«¿No es este el hijo del carpintero?» (Mt 13,55). Esto confirma que era una familia sencilla, cercana a todos, integrada con normalidad en el pueblo. Jesús tampoco creció en una relación cerrada y absorbente con María y con José, sino que se movía gustosamente en la familia ampliada, que incluía a los parientes y amigos” (Amoris Laetitia, n.182).

“No sería bueno que se llegue al casamiento sin haber orado juntos, el uno por el otro, pidiendo ayuda a Dios para ser fieles y generosos, preguntándole juntos a Dios qué es lo que él espera de ellos, e incluso consagrando su amor ante una imagen de María” (Amoris Laetitia, n.216)

“Otro camino de acercamiento (a las familias) es la bendición de los hogares o la visita de una imagen de la Virgen, que dan la ocasión para desarrollar un diálogo pastoral acerca de la situación de la familia” (Amoris Laetitia, n.230)

«Es hermoso cuando las mamás enseñan a los hijos pequeños a mandar un beso a Jesús o a la Virgen. ¡Cuánta ternura hay en ello! En ese momento el corazón de los niños se convierte en espacio de oración»” (Amoris Laetitia, n.287; cita catequesis).

“Se pueden encontrar unos minutos cada día para estar unidos ante el Señor vivo, decirle las cosas que preocupan, rogar por las necesidades familiares, orar por alguno que esté pasando un momento difícil, pedirle ayuda para amar, darle gracias por la vida y por las cosas buenas, pedirle a la Virgen que proteja con su manto de madre” (Amoris Laetitia, n.318).

(Final) Oración a la Sagrada Familia: Jesús, María y José, en vosotros contemplamos el esplendor del verdadero amor, a vosotros, confiados, nos dirigimos… escuchad, acoged nuestra súplica. Amén.