Archivo de la categoría: Nueva Evangelizacion

VIDA NUEVA EN EL ESPÍRITU SANTO

-Cristo Sacerdote: “Ungido por el Espíritu, pasó haciendo el bien” (Hech 10,38; Lc 4,18)

-Nuestra actitud de fidelidad: Su presencia, luz, acción santificadora y misionera (Jn 7,37-38; 14-16; 20,21-23) “El Espíritu de la verdad… dará testimonio de mí” (Jn 15,25). “Vivimos… obremos según el Espíritu” (Gal 5,25)

-Proceso de discernimiento: “Desierto” (humildad), “pobres” (caridad), “gozo” (Lc 4,1.18; 10,21). “Discernimiento de espíritus (1Cor 12,10; cfr. 1Jn 4,1). “Guiados por el Espíritu” (Rom 8,14).

-Oración, actitud filial: “Nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!” (Rom 8,15; Gal 4,7)

-María y Iglesia en Pentecostés: “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hech 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.284)

Pentecostés permanente: “La Iglesia vive, crece y se despierta en las almas, que – como la Virgen María – acogen la Palabra de Dios y la conciben por obra del Espíritu Santo; ofrecen a Dios la propia carne y, precisamente en su pobreza y humildad, se hacen capaces de generar a Cristo hoy en el mundo” (Benedicto XVI, Palabras de despedida … a los cardenales presentes en Roma, 28 febrero 2013) Trasfondo de San León Magno, que citamos a continuación:

SAN LEÓN MAGNO:

“Gracias al mismo Espíritu por cuya virtud Cristo fue concebido y nació, hemos nacido de nuevo de un origen espiritual” (Carta 31,4).

“Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo… nos resucitó a la vida de Cristo (cfr. Efes 2,5) para que fuésemos en él una nueva criatura, una nueva obra de sus manos… Reconoce, cristiano, tu dignidad, pues participas de la naturaleza divina (cfr. 2Pe 1,4)” (Homilía 21, sobre la Natividad del Señor)

“Para todo hombre que renace, el agua del bautismo se identifica con el seno de la Virgen, porque es el mismo Espíritu Santo quien llena la fuente del bautismo, así como fecundó el seno de la Virgen” (Homilía 24, sobre la Navidad del Señor).

“Aquellos inicios que él asumió en el seno de la Virgen, los transfirió después a las fuentes bautismales. Dio al agua lo que había dado a la madre. Aquello que la potencia del Altísimo realizó en María cuando la cubrió con el Espíritu Santo, para que de ella naciera el Salvador, aquello mismo lo realiza en las aguas a fin de que el creyente se regenere” (Homilía 25, sobre la Natividad del Señor)

“El Espíritu, por el que del cuerpo de su madre inviolada nació Cristo, es también el mismo por el que de las entrañas de la santa Iglesia renace el cristiano, para el que la verdadera paz nunca está separada de la voluntad de Dios, y encuentra sus delicias solamente en lo que Dios ama” (Homilía 29, sobre la Natividad del Señor).

“Por obra del Espíritu Santo nació él de una Virgen, y por obra del mismo Espíritu Santo fecunda también su Iglesia pura, a fin de que, a través del bautismo, dé a luz a una multitud innumerable de hijos de Dios, de quienes está escrito: Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios” (Homilía 63, sobre la pasión)

“Los Apóstoles, una vez llenos y con más abundancia del Espíritu Santo… despreciando la muerte, llevaron a todas las naciones el evangelio de la verdad” (Homilía 76, sobre Pentecostés)

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CRISTO NUESTRA ESPERANZA EN EL “ADVIENTO” DE UN MUNDO QUE CAMBIA

“Ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo” (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, n.80). “¡No nos dejemos robar la esperanza!”. “¡No nos dejemos robar la fuerza misionera! (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.86 y 109)

  1. El Dios de la esperanza

– “Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Rom 5,2).
– “El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Rom 15,13).
– “Tenemos puesta la esperanza en Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, principalmente de los creyentes” (1Tim 4,10).

– “Descansa sólo en Dios, alma mía, porque él es mi esperanza” (Sal 61,2). “En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene” (Sal 62,7-9)

= Venimos de Dios, que nos ha creado y nos sostiene con amor, y volvemos a Dios. El camino del hombre consiste en vivir de la esperanza. “Canta y camina”.

  1. Cristo, nuestra esperanza

– “Cristo Jesús nuestra esperanza” (1Tim 1,1), “esperanza de la gloria” (Col 1,27)
– “Vivir… aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tito 2,13)
– “Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro” (1Jn 3,3).

– “Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha” (Sal 15,11)

= El misterio del hombre desvelado en el encuentro con Cristo (cfr. Jn 14,6; GS 22)

  1. El Señor está cerca

– “Alegraos, el Señor está cerca!” (Fil 4,4-5). “Vengo pronto” (Ap 3,11)
– “La esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5,5).
– “Poned toda vuestra esperanza en la gracia que se os procurará mediante la Revelación de Jesucristo” (I Pe 1,13).
– “Mantenemos la entereza y la gozosa satisfacción de la esperanza” (Heb 3,6).

= Cristo Resucitado nos lleva en su Corazón, nos acompaña, nos envía, nos espera…

  1. María Madre de la esperanza

– María, “signo de esperanza segura y de consuelo” (LG 68).

“Madre de la esperanza, Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino” (Papa Benedicxto XVI, Spe salvi,  n.50)

“La memoria del pueblo fiel, como la de María, debe quedar rebosante de las maravillas de Dios. Su corazón, esperanzado en la práctica alegre y posible del amor que se le comunicó, siente que toda palabra en la Escritura es primero don antes que exigencia” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.142). “Ella (María)  es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia” (ibid., n.286). “Es el Resucitado quien nos dice, con una potencia que nos llena de inmensa confianza y de firmísima esperanza: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). Con María avanzamos confiados hacia esta promesa” (ibid., n.288)

“Que los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios estén siempre vueltos hacia nosotros. Ella es la primera en abrir camino y nos acompaña cuando damos testimonio del amor. La Madre de Misericordia acoge a todos bajo la protección de su manto, tal y como el arte la ha representado a menudo. Confiemos en su ayuda materna y sigamos su constante indicación de volver los ojos a Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

= Presencia activa y materna de María en la Iglesia, en la vida de cada persona y comunidad.

LA MADRE DE JESÚS EN NUESTRA COMUNIDAD FAMILIAR

“Él mismo (Jesús) a los doce años responde a María y a José que tiene otra misión más alta que cumplir más allá de su familia histórica (cf. Lc 2,48-50)” (Amoris Laetitia, n.18).

“Como María, (las familias) son exhortadas a vivir con coraje y serenidad sus desafíos familiares, tristes y entusiasmantes, y a custodiar y meditar en el corazón las maravillas de Dios (cf. Lc 2,19.51). En el tesoro del corazón de María están también todos los acontecimientos de cada una de nuestras familias, que ella conserva cuidadosamente. Por eso puede ayudarnos a interpretarlos para reconocer en la historia familiar el mensaje de Dios” (Amoris Laetitia, n.30)

“Necesitamos sumergirnos en el misterio del nacimiento de Jesús, en el sí de María al anuncio del ángel, cuando germinó la Palabra en su seno; también en el sí de José, que dio el nombre a Jesús y se hizo cargo de María; en la fiesta de los pastores junto al pesebre, en la adoración de los Magos; en fuga a Egipto, en la que Jesús participa en el dolor de su pueblo exiliado, perseguido y humillado… Y luego, penetrar en los treinta largos años donde Jesús se ganaba el pan trabajando con sus manos, susurrando la oración y la tradición creyente de su pueblo y educándose en la fe de sus padres, hasta hacerla fructificar en el misterio del Reino” (Amoris Laetitia, n.65).

“(A las madres) Ocúpate de lo que haya que hacer o preparar, pero sin obsesionarte, y alaba como María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su sierva» (Lc 1,46-48). Vive ese sereno entusiasmo en medio de tus molestias, y ruega al Señor que cuide tu alegría para que puedas transmitirla a tu niño” (Amoris Laetitia, n.171).

«¿No es este el hijo del carpintero?» (Mt 13,55). Esto confirma que era una familia sencilla, cercana a todos, integrada con normalidad en el pueblo. Jesús tampoco creció en una relación cerrada y absorbente con María y con José, sino que se movía gustosamente en la familia ampliada, que incluía a los parientes y amigos” (Amoris Laetitia, n.182).

“No sería bueno que se llegue al casamiento sin haber orado juntos, el uno por el otro, pidiendo ayuda a Dios para ser fieles y generosos, preguntándole juntos a Dios qué es lo que él espera de ellos, e incluso consagrando su amor ante una imagen de María” (Amoris Laetitia, n.216)

“Otro camino de acercamiento (a las familias) es la bendición de los hogares o la visita de una imagen de la Virgen, que dan la ocasión para desarrollar un diálogo pastoral acerca de la situación de la familia” (Amoris Laetitia, n.230)

«Es hermoso cuando las mamás enseñan a los hijos pequeños a mandar un beso a Jesús o a la Virgen. ¡Cuánta ternura hay en ello! En ese momento el corazón de los niños se convierte en espacio de oración»” (Amoris Laetitia, n.287; cita catequesis).

“Se pueden encontrar unos minutos cada día para estar unidos ante el Señor vivo, decirle las cosas que preocupan, rogar por las necesidades familiares, orar por alguno que esté pasando un momento difícil, pedirle ayuda para amar, darle gracias por la vida y por las cosas buenas, pedirle a la Virgen que proteja con su manto de madre” (Amoris Laetitia, n.318).

(Final) Oración a la Sagrada Familia: Jesús, María y José, en vosotros contemplamos el esplendor del verdadero amor, a vosotros, confiados, nos dirigimos… escuchad, acoged nuestra súplica. Amén.

 

CENÁCULO DE PENTECOSTÉS CON LA MADRE DE JESÚS Un Pentecostés permanente

(Concilio Vaticano II) “Fue en Pentecostés cuando empezaron “los hechos de los Apóstoles“, como había sido concebido Cristo al venir al Espíritu Santo sobre la Virgen María, y Cristo había sido impulsado a la obra de su ministerio, bajando el mismo Espíritu Santo sobre El mientras oraba” (Ad Gentes, n.4) “Vemos a los Apóstoles antes del día de Pentecostés “perseverar unánimemente en la oración con las muje­res, y María la Madre de Jesús y los hermanos de Este” (Hech, 1,14); y a María implorando con sus ruegos el don del Espíritu Santo, quien ya la había cubierto con su sombra en la Anunciación” (Lumen Gentium, 59; cfr. n. 4)

(Bto Pablo VI) “En la mañana de Pentecos­tés ella presidió con su oración el comienzo de la evangelización bajo el influjo del Espíritu Santo. Sea ella la estrella de la evangelización siempre renovada que la Iglesia, dócil al mandato del Señor, debe promover y realizar, sobre todo en estos tiempos difíciles y llenos de esperanza” (Evangelii Nuntiandi, n.82)

(San Juan Pablo II) “Los Apóstoles, con la venida del Espíritu Santo, se sintieron idóneos para realizar la misión que se les había confiado” (Dominum et Vivificantem, n.25). “Las palabras que Jesús pronuncia desde lo alto de la cruz significan que la maternidad de su madre encuentra una nueva continuación en la Iglesia y a través de la Iglesia” (Redemptoris Mater, n.24). “María acoge, con su nueva maternidad en el Espíritu, a todos y a cada uno en la Iglesia, acoge también a todos y a cada uno por medio de la Iglesia. En este sentido María, Madre de la Iglesia, es también su Modelo” (ibid., n.47). “Plena docilidad al Espíritu… dejarse plasmar interiormente por él, para hacerse cada vez más semejantes a Cristo” (Redemptoris Missio, n.87). “Como los Apóstoles después de la Ascensión de Cristo, la Iglesia debe reunirse en el Cenáculo con «María, la madre de Jesús» (Act 1, 14), para implorar el Espíritu y obtener fuerza y valor para cumplir el mandato misionero. También nosotros, mucho más que los Apóstoles, tenemos necesidad de ser transformados y guiados por el Espíritu” (ibid., n.92)

(Benedicto XVI) “En el momento de Pentecostés, serán los discípulos los que se agrupen en torno a ella en espera del Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14)” (Deus Caritas est, n. 41). “Estuviste en la comunidad de los creyentes que en los días después de la Ascensión oraban unánimes en espera del don del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14), que recibieron el día de Pentecostés” (Spe Salvi, n.50). “El Espíritu desciende sobre los Doce, reunidos en oración con María el día de Pentecostés (cf. 2,1-4), y les anima a la misión de anunciar a todos los pueblos la Buena Nueva” (Verbum Domini, n.15). “Cuanto más sepamos ponernos a disposición de la Palabra divina, tanto más podremos constatar que el misterio de Pentecostés está vivo también hoy en la Iglesia de Dios. El Espíritu del Señor sigue derramando sus dones sobre la Iglesia para que seamos guiados a la verdad plena, desvelándonos el sentido de las Escrituras y haciéndonos anunciadores creíbles de la Palabra de salvación en el mundo” (ibid., n.123). “Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo ” (Porta Fidei, n.13)

(Papa Francisco) “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hech 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización” (Evangelii Gaudium, n.284).

(Prefacio Ascensión)Jesucristo, Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés”.

(San Juan de Ávila): “Cuando tengas el Espíritu Santo, él mata todo lo que daña; pero si hay pajitas, señal es que no hay fuego que las queme… y todo quema el Espíritu Santo cuando viene, y no hay cosa que se le resista” (Sermón 32). “¿Quién le quiere? Mirad que se da de balde” (Sermón ). “Si no está el Espíritu Santo, todo es perdido” (Sermón 28). “No sólo lo hemos de desear, pero hemos de aderezar la casa limpia” (Sermón 27).”Conoce muy bien el Espíritu Santo las entrañas de la Virgen, conoce muy bien aquel corazón tan limpísimo… No hizo la Virgen, ni pensó, ni habló cosa que en un solo punto desagradase al Espíritu Santo” (Sermón 30).

UN CORAZON UNIFICADO PARA SEMBRAR LA PAZ

Presentación: (Papa Francisco, Mensaje Cuaresma 2015) “Quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón como dijo Benedicto XVI… Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro”.

– Arriesgarse a ser “felices”, “limpios de corazón” para ser “sembradores de la paz” (Mt 5,8-9)

– Tener un “corazón manso y humilde” para ser voceros del Señor: “Venid a mí todos… y yo os aliviaré” (Mt 11,28)

– Dejar entrar la Palabra hasta el fondo del corazón (Lc 1,19.51) para poder proclamar hoy: “Hemos visto al Señor” (Jn 20,25), “os anunciamos la Palabra de la vida” (1jn 1,1ss). Nos interpelan: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21)

– ” Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquiero hasta encontrarte” (San Agustín). El origen de toda división humana está en el corazón  dividido (cfr. GS 10 y 78)

  1. Corazón unificado según el proyecto de Dios amor en Cristo

– Mi lugar de hijo en el corazón de Dios: Ef 1,3ss; 1Jn 4,9 (“para que vivamos por él”)

– Un proyecto para toda la humanidad: Jn 1,3; Col 1,16-17; 1Cor 15,28. Ordenar la vida según el amor (“ordo amoris”, Sto. Tomás)

– “Los limpios de corazón verán a Dios”: Mt 5,8. – Un corazón unificado descubre a Dios en todo: “Dios mío y todas las cosas” (S. Francisco)..

– “Amar con todo el corazón” (Mt 22,37; Deut 6,5): no dudar de su amor, dejar que el “Todo” tome nuestro “todo” resumido en un “sí” (Lc 1,38: María; Hech 9,6 y 22,10: Pablo)

– Dejarse sorprender por Dios: “Lazos de amor” (Os 11,1-4); “amor eterno” (Jer 3,15)

  1. “Yo escruto el corazón” (Jer 17,10)

– Dejarse cuestionar por Dios: “eres tibio” (Ap 3,16). “El corazón es lo más retorcido, ¿quién lo conoce?” (Jer 17,9). Conocer y purificar “lo que sale del corazón” (Mt 15,18-19)

– Corazón duro: alejado de Dios, tapadera de la propia debilidad, destruye al prójimo utilizándolo y descartándolo. Corazón frágil, desordenado, oscuro.

– “Os daré un corazón nuevo”: Ez 36,25ss; “crea en mí un corazón limpio” (Sal 50)

– Corazón abierto al “primer amor” (Ap 2,4; 7,14); tener “el sentido de Cristo” (1Cor 2,16) (Jesús en la mente, en el corazón, en la vida)

– “Conversión” (Mc 1,15): abrirse a los nuevos planes de Dios Amor: Ap 3,20

– Dios “habla al corazón”, en el “desierto” (Os 2,16). Cristo me espera en mi realidad (“en lo más íntimo”: San Agustín): Jn 4,6; Lc 15.

– La misericordia divina (fidelidad a la Alianza y ternura materna) ablanda el corazón. Saber jugar limpio con Dios. María, “Madre de misericordia”.

  1. “Tu Palabra es la alegría de mi corazón” (Jer 15,16)

– Buscar y amar a Dios “de todo corazón”: Sal 118,2.10.38 (sin hacer trampas)

– “Dilata mi corazón”: Sal 118,32; “espero en su Palabra”: Sal 118,74. “Mi herencia es guardar tus palabras”: Sal 118,57. “La semilla es la Palabra de Dios… en un corazón bueno”: Lc 8,11.15

– Oración: “El encuentro de la sed de Dios con la sed de hombre” (San Agustín)

– “Vacíame de mí, lléname de ti, haz de mí un don”… (S.Nicolás de Flüe)

– “Meditar en el corazón”, como María: Lc 2,19.51. El eco del evangelio en su corazón. El Magníficat (“éxtasis de su Corazón”) en el corazón de la Iglesia

  1. Corazón indiviso (1Cor 7,32-33)

– “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”: Mt 11,29

– “Amar con todo el corazón” (Mt 22,37; Deut 6,5), “como vuestro Padre” (Mt 5,44.48), “como yo os he amado” (Jn 13,34). Bienaventuranzas y mandato del amor.

– Santidad, la “perfección de la caridad”: LG 40. “No anteponer nada al amor de Cristo” (San Cipriano y San Benito). Compartir esponsalmente su misma vida: Mc 10,38 (copa de Alianza)

– “Lo hemos dejado todo y te hemos seguido”: Mt 19,27 (v. 29: “por mi nombre”)

– El modo de amar de Jesús: da la vida (Jn 10,11; 15,13), dándose él (Mt 8,20), sin pertenecerse (Jn 4,34), como consorte, esposo enamorado, “redentor” (Mt 9,15; 20,28)

– Como María, su misma “espada” en el “alma” (corazón): Lc 2,35. “María en el corazón de la Iglesia”: RMa 27.

  1. De corazón a corazón

– Como el discípulo amado: Jn 13,23-25; 14,21. “Permaneced en mi amor”: Jn 15,9; cfr. Fil 2,5; 1Jn 4,9. Corazón unificado: ser pan partido como Jesús Eucaristía: Jn 6,51-57

– Costado (corazón) abierto (Jn 19,34-37): “lleno de bondad y amor” (letanía)

– “Mostró sus manos y su costado”: Jn 20,20ss. “Mete tu mano en mi costado”: Jn 20,27

– “Nuestro corazón ardía en el camino”: Lc 24,32 (“nuestro corazón semejante al tuyo”

– Iglesia signo de unidad (LG ): “un solo corazón y una sola alma”: Hech 4,32

– Iglesia misionera como María “la mujer vestida de sol”: Ap 12

– Ser expresión (signo personal, huella) de su amor: Jn 16,14; 17,10

  1. Ser y dejar huellas de donación

– Las huellas de Dios en todo corazón humano (GS 14: “donde Dios le aguarda”)

– Corazón transparente, sin postizos. Huellas de armonía en el cosmos, de los planes de Dios Amor, de Jesús muerto y resucitado, de hacer de la vida un “sí” como María.

– Jesús espera al apóstol “en el corazón de todo hombre” (RMi 88)

– Ser huella de Jesús para discernir y despertar esas huellas en los demás.

– “La santidad de vida permite a cada creyente ser fecundo en la misión de la Iglesia” (RMi 77)

– “La Iglesia es la cuna en la que María coloca a Jesús y lo entrega a la adoración y contemplación de todos los pueblos” (Bula IM 11)

 

SAN PABLO: VIDA Y MISIÓN EN EL ESPÍRITU SANTO

La vida y misión de Pablo, a la sorpresa del Espíritu de amor: “Mirad que ahora yo, encadenado en el espíritu, me dirijo a Jerusalén, sin saber lo que allí me sucederá” (Hech 20,22).

En todo bautizado, la prenda y sello del Espíritu: “Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa” (Ef 1,13).“Él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho  nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de  regeneración y de renovación del Espíritu Santo” (Tit 3,5).

La presencia vivificante del Espíritu Santo: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5,5).

Insertados en la misma vida trinitaria de Dios Amor: “Por Cristo, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu edificados …  hasta ser morada de Dios en el Espíritu” (Ef 2,18.22).

Vida en el Espíritu, vida en Cristo: “La ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte” (Rom 8,2)

Hijos de Dios, partícipes de la filiación divina de Cristo: “Recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios” (Rom 8,15-16). “La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros  corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre!” (Gal 4,6)

Orar en el Espíritu, desde la propia pobreza: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom 8,26-27).

Dones y carismas de comunión eclesial y unidad:  “Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu;  a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad” (1Cor 12,8-11)

La vida cristiana, biografía de Cristo escrita por el Espíritu: “Sois, por medio de mi ministerio, una carta de Cristo… escrita por el Espíritu Santo” (2Cor 3,3).

Caminar con el gozo de la esperanza, a velas desplegadas: “No extingáis el Espíritu” (1Tes 5,19). “El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad,  mansedumbre, dominio de sí” (Gal 5,22-23).

NUEVA EVANGELIZACIÓN, Tiempos “recios”, habla Santa Teresa

“Andan ya las cosas del servicio de Dios tan flacas, que es menester hacerse espaldas unos a otros los que le sirven para ir adelante” (Vida, cap.7, 22)

“En especial en estos tiempos son menester amigos fuertes de Dios para sustentar a los flacos” (Vida, cap.15,5)

“O estén todos los que yo trato locos de vuestro amor o permitáis que no trate yo con nadie … Seamos todos locos  por amor de quien por nosotros se lo llamaron” (Vida, cap.16,4 y 6).

“¡Con qué amistad se tratarían todos si faltase interés de honra y de dineros! Tengo para mí se remediaría todo” (Vida, cap.19,27).

“Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán que se puso en lo primero para padecer, todo se puede sufrir, es ayuda y da esfuerzo; nunca falta, es amigo verdadero” (Vida, cap.22,6)

“Amor saca amor” (Vida, cap.22,14). “Sois Vos el amigo verdadero… cuán fiel sois a vuestros amigos… Todas las cosas faltan; Vos, Señor de todas ellas, nunca faltáis” (Vida, cap.25,17)

“Mirando a Cristo en la cruz tan pobre y desnudo, no podía poner a paciencia ser rica;  suplicábale con lágrimas lo ordenase de manera que yo me viese pobre como Él” (Vida, cap.35,3)

“Señor, esta casa no es mía, que por Vos se ha hecho, ahora que no hay nadie que negocie, hágalo vuestra Majestad … Quedaba tan descansada y tan sin pena, como si tuviera a todo el mundo que negociara por mí, y luego tenía por seguro el negocio” (Vida, cap.36,17)

“Es todo asco cuanto podemos hacer, en comparación de una gota de sangre de las que el Señor por nosotros derramó” (Vida, cap.39,18)

“Me dijo con rigor … «Que una cosa examinase bien en mí: si del todo estaba dada por suya, o no» (Vida, cap.39,24)

«¿Sabes qué es amarme con verdad? Entender que todo es mentira lo que no es agradable a mí» (Vida, cap.40,1)

“Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo … quieren poner su Iglesia por el suelo, ¿y hemos de gastar tiempo en cosas que por ventura, si Dios se las diese, tendríamos un alma menos en el cielo?” Camino, cap.1,5)

“No es ahora tiempo de ver imperfecciones en los que han de enseñar… lo mucho que va en tenerlo todo debajo de los pies y estar desasidos de las cosas que se acaban” (Camino, cap.3,4)

“Dios de misericordia, habedla de esta pecadorcilla, gusanillo que así se os atreve… habed lástima de tantas almas como se pierden y favoreced vuestra Iglesia. No permitáis ya más daños en la cristiandad” (Camino, cap.3,9)

“O somos esposas de tan gran rey, o no. Si lo somos, ¿qué mujer honrada hay que no participe de las deshonras que a su esposo hacen?” (Camino, cap.13,2)

“Mirad que no son tiempos de creer a todos, sino a los que viereis van conforme a la vida de Cristo” (Camino, cap.21,10)

“Procurad tener limpia conciencia y humildad, menosprecio de todas las cosas del mundo y creer firmemente lo que tiene la Madre Santa Iglesia, y a buen seguro que vais buen camino” (Camino, cap.21,10)

“Haceos sorda a las murmuraciones; tropezando, cayendo con vuestro Esposo, no os apartéis de la cruz ni la dejéis” (Camino, cap.26,7)

“Quienes de veras aman a Dios, todo lo bueno aman… no aman sino verdades y cosa que sea digna de amar” (Camino cap.40,3)

“Ya es tiempo de caminar” (de sus últimas palabras)