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(IIIº) MADRE DE MISERICORDIA, MADRE DE DIOS, MADRE DE ESPERANZA

(Jubileo de la Misericordia, Santa Mª Mayor, apertura Puerta Santa, 1 enero 2016)

«Dios te salve, Madre de misericordia, Madre de Dios y Madre del perdón, Madre de la esperanza y Madre de la gracia, Madre llena de santa alegría». En estas pocas palabras se sintetiza la fe de generaciones de personas que, con sus ojos fijos en el icono de la Virgen, piden su intercesión y su consuelo.

Hoy más que nunca resulta muy apropiado que invoquemos a la Virgen María, sobre todo como Madre de la Misericordia … Ella es Madre de la misericordia, porque ha engendrado en su seno el Rostro mismo de la misericordia divina, Jesús, el Emmanuel, el Esperado de todos los pueblos, el «Príncipe de la Paz» (Is 9,5). El Hijo de Dios, que se hizo carne para nuestra salvación, nos ha dado a su Madre, que se hace peregrina con nosotros para no dejarnos nunca solos en el camino de nuestra vida, sobre todo en los momentos de incertidumbre y de dolor.

María es Madre de Dios, es Madre de Dios que perdona, que ofrece el perdón, y por eso podemos decir que es Madre del perdón … Y sólo quien ama de verdad puede llegar a perdonar, olvidando la ofensa recibida. A los pies de la cruz, María vio cómo su Hijo se ofrecía totalmente a sí mismo, dando así testimonio de lo que significa amar como lo hace Dios. En aquel momento escuchó unas palabras pronunciadas por Jesús y que probablemente nacían de lo que ella misma le había enseñado desde niño: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). En aquel momento, María se convirtió para todos nosotros en Madre del perdón. Ella misma, siguiendo el ejemplo de Jesús y con su gracia, fue capaz de perdonar a los que estaban matando a su Hijo inocente …

La Madre del perdón enseña a la Iglesia que el perdón ofrecido en el Gólgota no conoce límites. No lo puede detener la ley con sus argucias, ni los saberes de este mundo con sus disquisiciones. El perdón de la Iglesia ha de tener la misma amplitud que el de Jesús en la Cruz, y el de María a sus pies. No hay alternativa. Por este motivo, el Espíritu Santo ha hecho que los Apóstoles sean instrumentos eficaces de perdón, para que todo lo que hemos obtenido por la muerte de Jesús pueda llegar a todos los hombres, en cualquier momento y lugar (cfr. Jn 20,19-23).

El himno mariano, por último, continúa diciendo: «Madre de la esperanza y Madre de la gracia, Madre llena de santa alegría». La esperanza, la gracia y la santa alegría son hermanas: son don de Cristo, es más, son otros nombres suyos, escritos, por así decir, en su carne. El regalo que María nos hace al darnos a Jesucristo es el del perdón que renueva la vida, que permite cumplir de nuevo la voluntad de Dios, y que llena de auténtica felicidad. Esta gracia abre el corazón para mirar el futuro con la alegría de quien espera … La fuerza del perdón es el auténtico antídoto contra la tristeza provocada por el rencor y la venganza. El perdón nos abre a la alegría y a la serenidad porque libera el alma de los pensamientos de muerte, mientras el rencor y la venganza perturban la mente y desgarran el corazón quitándole el reposo y la paz …

La Virgen Madre nos acompaña, la Santa Madre de Dios, que intercede por nosotros. Dejémonos acompañar por ella para redescubrir la belleza del encuentro con su Hijo Jesús. Abramos nuestro corazón de par en par a la alegría del perdón, conscientes de la esperanza cierta que se nos restituye, para hacer de nuestra existencia cotidiana un humilde instrumento del amor de Dios. Y con amor de hijos aclamémosla con las mismas palabras pronunciadas por el pueblo de Éfeso, en tiempos del histórico Concilio: «Santa Madre de Dios». Y os invito a que, todos juntos, pronunciemos esta aclamación tres veces, fuerte, con todo el corazón y el amor. Todos juntos: «Santa Madre de Dios, Santa Madre de Dios, Santa Madre de Dios».

*Ver texto completo:  http://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2016/documents/papa-francesco_20160101_giubileo-omelia-portasanta-smmaggiore.html . *Ver todos los esquemas en: https://compartirencristo.files.wordpress.com/2019/02/papa-francisco-marc3ada-esquemas-1.doc

 

Papa Francisco invita a rezar el Rosario en sintonía con la Madre de Jesús

Santuario Mater Misericordiae, Vilna,  Lituania, 22 de septiembre de 2018

… La “Virgen de la Misericordia”, la Santa Madre de Dios que siempre está dispuesta a socorrernos, a salir en nuestro auxilio.

Esta Madre, sin Niño, toda dorada, es la Madre de todos; ella ve en cada uno de los que vienen hasta aquí lo que tantas veces ni nosotros mismos alcanzamos a percibir: el rostro de su Hijo Jesús grabado en nuestro corazón.

La Madre de la Misericordia, como toda buena madre, busca reunir a la familia y nos dice al oído: “Busca a tu hermano”. Así nos abre la puerta a un nuevo amanecer, a una nueva aurora.

Que al cruzar este umbral experimentemos la fuerza que purifica nuestro modo de abordar a los demás, y la Madre nos permita mirar sus limitaciones y defectos con misericordia y humildad, sin creernos superiores a nadie.

Que al contemplar los misterios del rosario le pidamos ser una comunidad que sabe anunciar a Cristo Jesús, nuestra esperanza, a fin de construir una patria que sabe acoger a todos, que recibe de la Virgen Madre los dones del diálogo y la paciencia, de la cercanía y la acogida que ama, perdona y no condena.

Que María sea siempre la Puerta de la Aurora para toda esta bendita tierra. Dejándonos guiar por ella, recemos ahora una decena del Rosario, contemplando el tercer misterio gozoso…

Santuario de la Madre de Dios de Aglona, Letonia, 24 de septiembre de 2018

Al adentrarnos en el misterio de la Palabra, ella nos muestre cuál es la Buena Noticia que el Señor hoy quiere compartirnos… Todos los descartados de la sociedad pueden hacer experiencia de esta Madre delicadamente cercana, porque en el que sufre siguen abiertas las llagas de su Hijo Jesús.

María le cree a Jesús y recibe al discípulo, porque las relaciones que nos sanan y liberan son las que nos abren al encuentro y a la fraternidad con los demás, porque descubren en el otro al mismo Dios… María se muestra también como la mujer que se deja recibir, que humildemente acepta pasar a ser parte de las cosas del discípulo.

Al pie de la cruz, María nos recuerda el gozo de haber sido reconocidos como sus hijos, y su Hijo Jesús nos invita a traerla a casa, a ponerla en medio de nuestra vida.

Ella nos quiere regalar su valentía, para estar firmemente de pie; su humildad, que la hace adaptarse a las coordenadas de cada momento de la historia.

Roma, vigilia mariana, 8 de octubre de 2016, sobre el rezo del Rosario

Por muchos aspectos, la oración del Rosario es la síntesis de la historia de la misericordia de Dios que se transforma en historia de salvación para quienes se dejan plasmar por la gracia.

Por medio de la plegaria y de la meditación de la vida de Jesucristo, volvemos a ver su rostro misericordioso que sale al encuentro de todos en las diversas necesidades de la vida. María nos acompaña en este camino, indicando al Hijo que irradia la misericordia misma del Padre. En cada misterio del Rosario la sentimos cercana a nosotros y la contemplamos como la primera discípula de su Hijo, la que cumple la voluntad del Padre.

“AMORIS LAETITIA”, APERTURA COMPROMETIDA AL AMOR MISERICORDIOSO

Invitación a la lectura creyente y contemplativa de “Amoris Laetia” (Reenvío con ocasión de la fiesta de la SAGRADA FAMILIA. Ver abajo nota adicional)

En la perspectiva Trinitaria de Dios Amor (cap.1): “Que conformen una comunión de personas que sea imagen de la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo” (n.29)

En la realidad actual iluminada por la misericordia divina (cap.2): “Alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo” (introd. n.5). “Tenemos que ser humildes y realistas, para reconocer que a veces nuestro modo de presentar las convicciones cristianas, y la forma de tratar a las personas, han ayudado a provocar lo que hoy lamentamos” (n.36)

A la luz de la realidad esponsal de Cristo, reflejada en la Iglesia y de modo especial en la familia (cap.3): “Contemplar a Cristo vivo presente en tantas historias de amor, e invocar el fuego del Espíritu sobre todas las familias del mundo” (n.59). “El matrimonio es una vocación… es una respuesta al llamado específico a vivir el amor conyugal como signo imperfecto del amor entre Cristo y la Iglesia” (n.72)

En la vivencia del himno de la caridad (cap.4): “El Espíritu que infunde el Señor renueva el corazón y hace al hombre y a la mujer capaces de amarse como Cristo nos amó. El amor conyugal alcanza de este modo la plenitud a la que está ordenado interiormente, la caridad conyugal” (n.120; FC n.13).

Con el servicio y discernimiento específico de cada vocación cristiana (cap.5-8): “Asumir el matrimonio como un camino de maduración, donde cada uno de los cónyuges es un instrumento de Dios para hacer crecer al otro” (n.221). “Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, «no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino»” (n.308; EG 45)

Ayudar y alentar a los matrimonios que vivan y comuniquen esta gracia con gozo y generosidad (cap.9): “La presencia del Señor habita en la familia real y concreta… la espiritualidad matrimonial es una espiritualidad del vínculo habitado por el amor divino” (n.315). “Si la familia logra concentrarse en Cristo, él unifica e ilumina toda la vida familiar” (n.317)

Reflexiones para compartir: Dar la mano al hermano necesitado para ayudarle a llegar a ser reflejo de la Trinidad y del amor esponsal de Cristo (santidad = “perfección de la caridad”). Es necesario realizar nuestro propio camino de perfección como experiencia y anuncio de misericordia. Sin deseo y compromiso sincero de santidad, no se captará ni aplicará bien “Amoris Laetitia”.

El compromiso por asumir es acuciante para todos: catequesis prematrimonial más adecuada, acompañamiento permanente. La comunidad eclesial está llamada a vivir el camino de santidad para realizar esta reforma. La familia cristiana necesita ver la vida de “comunión” eclesial y evangélica en las personas consagradas (que son “memoria del Verbo Encarnado”) y en quienes son signo personal del buen Pastor en la “fraternidad sacramental” del Presbiterio.

La reflexión teológica y el discernimiento son auténticos si tienen dimensión contemplativa y de caridad pastoral (especialmente para el sacerdote llamado a ser signo del Buen Pastor). Todos puedan ayudar, si viven en la caridad y en la fe, que es “conocimiento de Cristo vivido personalmente” (S. Pablo II, Veritatis Splendor, n.88).

Pedro en sus sucesores sigue presente hoy mediante el servicio de “presidir la caridad universal”. El Magisterio se sigue con fe viva y con el corazón enamorado y unificado: las expresiones magisteriales de cada época (siempre mejorables), por la gracia del Espíritu Santo están en armonía con el Magisterio anterior y así hay que leerlas. “Señor, yo no prestaría fe a tu Evangelio, si no me moviese a ello la autoridad de la Iglesia” (S. Agustín). “Quien abandona la cátedra de Pedro, sobre quien está fundada la Iglesia, se engaña si cree estar dentro de la Iglesia” (S. Cipriano). Los Santos Padres no anteponían nada (ni sus propias opiniones) al amor de Cristo. Actitudes previas: Bajo la mirada materna de María, figura de la Iglesia… Quien ha experimentado la misericordia divina, no hace rebajas en las exigencias ni descarta a los hermanos necesitados.

NOTA adicional: Resumo mis impresiones de lecturas y observación sobre la Exhortación, al final de Viajes 2016 (ver en este blog, pestañas superiores: MISIÓN/Libros/Viajes misioneros 2016).