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“AMORIS LAETITIA”, APERTURA COMPROMETIDA AL AMOR MISERICORDIOSO

Invitación a la lectura creyente y contemplativa de “Amoris Laetia” (Reenvío con ocasión de la fiesta de la SAGRADA FAMILIA. Ver abajo nota adicional)

En la perspectiva Trinitaria de Dios Amor (cap.1): “Que conformen una comunión de personas que sea imagen de la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo” (n.29)

En la realidad actual iluminada por la misericordia divina (cap.2): “Alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo” (introd. n.5). “Tenemos que ser humildes y realistas, para reconocer que a veces nuestro modo de presentar las convicciones cristianas, y la forma de tratar a las personas, han ayudado a provocar lo que hoy lamentamos” (n.36)

A la luz de la realidad esponsal de Cristo, reflejada en la Iglesia y de modo especial en la familia (cap.3): “Contemplar a Cristo vivo presente en tantas historias de amor, e invocar el fuego del Espíritu sobre todas las familias del mundo” (n.59). “El matrimonio es una vocación… es una respuesta al llamado específico a vivir el amor conyugal como signo imperfecto del amor entre Cristo y la Iglesia” (n.72)

En la vivencia del himno de la caridad (cap.4): “El Espíritu que infunde el Señor renueva el corazón y hace al hombre y a la mujer capaces de amarse como Cristo nos amó. El amor conyugal alcanza de este modo la plenitud a la que está ordenado interiormente, la caridad conyugal” (n.120; FC n.13).

Con el servicio y discernimiento específico de cada vocación cristiana (cap.5-8): “Asumir el matrimonio como un camino de maduración, donde cada uno de los cónyuges es un instrumento de Dios para hacer crecer al otro” (n.221). “Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, «no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino»” (n.308; EG 45)

Ayudar y alentar a los matrimonios que vivan y comuniquen esta gracia con gozo y generosidad (cap.9): “La presencia del Señor habita en la familia real y concreta… la espiritualidad matrimonial es una espiritualidad del vínculo habitado por el amor divino” (n.315). “Si la familia logra concentrarse en Cristo, él unifica e ilumina toda la vida familiar” (n.317)

Reflexiones para compartir: Dar la mano al hermano necesitado para ayudarle a llegar a ser reflejo de la Trinidad y del amor esponsal de Cristo (santidad = “perfección de la caridad”). Es necesario realizar nuestro propio camino de perfección como experiencia y anuncio de misericordia. Sin deseo y compromiso sincero de santidad, no se captará ni aplicará bien “Amoris Laetitia”.

El compromiso por asumir es acuciante para todos: catequesis prematrimonial más adecuada, acompañamiento permanente. La comunidad eclesial está llamada a vivir el camino de santidad para realizar esta reforma. La familia cristiana necesita ver la vida de “comunión” eclesial y evangélica en las personas consagradas (que son “memoria del Verbo Encarnado”) y en quienes son signo personal del buen Pastor en la “fraternidad sacramental” del Presbiterio.

La reflexión teológica y el discernimiento son auténticos si tienen dimensión contemplativa y de caridad pastoral (especialmente para el sacerdote llamado a ser signo del Buen Pastor). Todos puedan ayudar, si viven en la caridad y en la fe, que es “conocimiento de Cristo vivido personalmente” (S. Pablo II, Veritatis Splendor, n.88).

Pedro en sus sucesores sigue presente hoy mediante el servicio de “presidir la caridad universal”. El Magisterio se sigue con fe viva y con el corazón enamorado y unificado: las expresiones magisteriales de cada época (siempre mejorables), por la gracia del Espíritu Santo están en armonía con el Magisterio anterior y así hay que leerlas. “Señor, yo no prestaría fe a tu Evangelio, si no me moviese a ello la autoridad de la Iglesia” (S. Agustín). “Quien abandona la cátedra de Pedro, sobre quien está fundada la Iglesia, se engaña si cree estar dentro de la Iglesia” (S. Cipriano). Los Santos Padres no anteponían nada (ni sus propias opiniones) al amor de Cristo. Actitudes previas: Bajo la mirada materna de María, figura de la Iglesia… Quien ha experimentado la misericordia divina, no hace rebajas en las exigencias ni descarta a los hermanos necesitados.

NOTA adicional: Resumo mis impresiones de lecturas y observación sobre la Exhortación, al final de Viajes 2016 (ver en este blog, pestañas superiores: MISIÓN/Libros/Viajes misioneros 2016).

ESPERANZA, experiencia, y testimonio de MISERICORDIA

“Cristo, nuestra Esperanza” (1Tim 1,1). “Jesucristo ayer, hoy y siempre” (Heb 13,8). (Ayer, hoy, hacia el futuro): “El tiempo (de las promesas) se ha cumplido, el reino de Dios está cerca, cambiad el corazón y creed en el Evangelio” (Mc 1,15). Fe cristiana como adhesión personal a Cristo y respuesta a su llamada. Fe y discernimiento vocacional (Sínodo 2018, juventud). Camino mariano de las JMJ (2017-2019)

Del gozo de la misericordia, a la vivencia misionera como testigos de la esperanza: “La MISERICORDIA no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre” (Misericordia et misera, n.1). “No nos dejemos robar nunca la ESPERANZA que proviene de la fe en el Señor resucitado” (ibid. n.13)

1:Esperanza, experiencia gozosa de la Misericordia:

Jesucristo “ayer” en nuestra historia: Alegría, gratitud, disponibilidad, dejarse sorprender…

“La miseria del pecado ha sido revestida por la misericordia del amor” (Misericordia et misera, n.1). “La MISERICORDIA suscita alegría porque el corazón se abre a la ESPERANZA de una vida nueva. La alegría del perdón es difícil de expresar, pero se trasparenta en nosotros cada vez que la experimentamos. En su origen (del perdón) está el amor con el cual Dios viene a nuestro encuentro, rompiendo el círculo del egoísmo que nos envuelve, para hacernos también a nosotros instrumentos de misericordia” (ibid., n. 3)

Con María: “Confiemos en su ayuda materna y sigamos su constante indicación de volver los ojos a Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

2:Esperanza, vivencia confiada de la Misericordia:

Jesucristo “hoy” en nuestra realidad de aquí y ahora: confianza, intimidad, camina con nosotros (“contemporáneo”)

“Experimentar la MISERICORDIA produce alegría. No permitamos que las aflicciones y preocupaciones nos la quiten; que permanezca bien arraigada en nuestro corazón y nos ayude a mirar siempre con serenidad la vida cotidiana” (Misericordia et misera, n. 3). “Es él mismo quien nos da palabras de ESPERANZA, porque nada ni nadie podrán jamás separarnos de su amor (cfr. Rom 8,35)” (ibid., n. 15).

Con María: “Que los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios estén siempre vueltos hacia nosotros” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

3:Esperanza, testimonio misionero de la Misericordia:

Jesucristo “siempre” en nuestro caminar histórico: fidelidad, generosidad, compartir.

“Mirar el futuro con ESPERANZA y a estar lista para encaminar nuevamente su vida; de ahora en adelante, si lo querrá, podrá «caminar en la caridad» (cfr. Ef 5,2). Una vez que hemos sido revestidos de MISERICORDIA, aunque permanezca la condición de debilidad por el pecado, esta debilidad es superada por el amor que permite mirar más allá y vivir de otra manera” (Misericordia et misera, n.1). “Se necesitan TESTIGOS de la esperanza y de la verdadera alegría para deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales. El vacío profundo de muchos puede ser colmado por la ESPERANZA que llevamos en el corazón y por la alegría que brota de ella. Hay mucha necesidad de reconocer la alegría que se revela en el corazón que ha sido tocado por la MISERICORDIA” (ibid., n.3). “Que llegue una palabra de esperanza a cuantos sufren y padecen” (ibid., n.13).

Con María: “Ella es la primera en abrir camino y nos acompaña cuando damos testimonio del amor. La MADRE DE MISERICORDIA acoge a todos bajo la protección de su manto, tal y como el arte la ha representado a menudo” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

4:Camino de fe, esperanza y caridad (temas de JMJ), con María:

(Año 2017, mirada al pasado) “el Todopoderoso ha hecho en mí maravillas” (Lc 1,49); (año 2018, mirada al presente) “no temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios” (Lc 1,30); (año 2019, mirada al futuro) “he aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

Con la herencia mariana del Jubileo de la Misericordia, para vivirla y compartirla: “La dulzura de su mirada nos acompañe … para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios… Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús. Su canto de alabanza, en el umbral de la casa de Isabel, estuvo dedicado a la misericordia que se extiende « de generación en generación» (Lc 1,50). También nosotros estábamos presentes en aquellas palabras proféticas de la Virgen María… Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios. María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir ninguno. Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús” (Misericordiae Vultus, n.24).

Su presencia activa y materna en nuestro camino de oración, vocación, santidad, fraternidad y misión.

MISERICORDIA, CAMINO DE LA IGLESIA

Una herencia recibida para vivirla y compartirla

La compasión y misericordia de Jesús: “Tengo compasión” (Mt 15,32). “Dios es Amor… envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él…nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1Jn 4,8-10).  “Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres, él nos salvó… según su misericordia…  ” (Tit 3,4-7). “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra… Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor” (MisericodiaeVultus n.1)
= Encarnación y redención, misterio de amor misericordioso: Jesús “camino”, Buen Pastor que busca; el Padre espera, mira y se conmueve; el hijo vuelve al corazón del Padre (Lc 15)

1.Memoria de la misericordia, camino de vocación

La misericordia de Jesús al llamar a los suyos: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros” (Jn 15,16). “El Padre… nos ha elegido en Cristo antes de la creación del mundo” (Efes 1,3-4). “Dios, rico de misericordia, por el grande amor con que nos amó,  estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo” (Ef 2,4-5). “Doy gracias… a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me consideró digno de confianza al colocarme en el ministerio…  Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores; y el primero de ellos soy yo” (1Tim 1,12-15).
= “Miserando atque eligendo” (S. Beda, llamada a Mateo: Mc 2,18; Lc 5,32 )

2.Experiencia de la misericordia, camino de oración

Invita a la samaritana: Orar al Padre “en Espíritu y en verdad” (Jn 4,23; cfr. Lc 10,21). “Recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!” (Rom 8,15-16). “El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom 8,26).
= Orar reconociéndose “pobres” y “amados” (contentos con su presencia)

3.Actitud de misericordia, camino de santidad

“Sed misericordiosos –compasivos- como vuestro Padre celestial” (Lc 6,36) ); “sed perfectos como vuestro Padre celestial” (Mt 5,48). “Sed más bien buenos entre vosotros, misericordiosos, perdonándoos mutuamente como os perdonó Dios en Cristo” (Efes 4.32)
= Las bienaventuranzas y el mandato del amor: reaccionar amando como Él

4.Compartir la misericordia, camino de misión

(Jesús) “Se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismode conversión para perdón de los pecados” (Lc 3,3).  (Resurrección) “Como el Padre me envió, también yo os envío… Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados” (Jn 20,21-23). “¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,  Padre de los misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación” (2Cor 1,3-4)
= Que todos le conozcan, se sientan amados por él y le amen

5.Pasado, presente y futuro de la misericordia, clave del camino histórico de la Iglesia

“Jesucristo ayer, hoy y siempre” (Heb 13,8). “Cuando llegó la plenitud de los tiempos”… (Gal 4,19). El Magníficat: mirada de misericordia al presente, hacia el futuro, desde el pasado.

“La Iglesia … existe en este mundo y vive y actúa con él. Nacida del amor del Padre Eterno, fundada en el tiempo por Cristo Redentor, reunida en el Espíritu Santo, la Iglesia tiene una finalidad escatológica y de salvación, que sólo en el mundo futuro podrá alcanzar plenamente” (GS 40)

La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes… La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo… El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza” (MisericodiaeVultus n.10)
= La historia (del mundo y de la Iglesia) se construye amando

“AMORIS LAETITIA”, APERTURA COMPROMETIDA AL AMOR MISERICORDIOSO

Invitación a la lectura creyente y contemplativa de “Amoris Laetia”:

En la perspectiva Trinitaria de Dios Amor (cap.1): “Que conformen una comunión de personas que sea imagen de la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo” (n.29)

En la realidad actual iluminada por la misericordia divina (cap.2): “Alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo” (introd. n.5). “Tenemos que ser humildes y realistas, para reconocer que a veces nuestro modo de presentar las convicciones cristianas, y la forma de tratar a las personas, han ayudado a provocar lo que hoy lamentamos” (n.36)

A la luz de la realidad esponsal de Cristo, reflejada en la Iglesia y de modo especial en la familia (cap.3): “Contemplar a Cristo vivo presente en tantas historias de amor, e invocar el fuego del Espíritu sobre todas las familias del mundo” (n.59). “El matrimonio es una vocación… es una respuesta al llamado específico a vivir el amor conyugal como signo imperfecto del amor entre Cristo y la Iglesia” (n.72)

En la vivencia del himno de la caridad (cap.4): “El Espíritu que infunde el Señor renueva el corazón y hace al hombre y a la mujer capaces de amarse como Cristo nos amó. El amor conyugal alcanza de este modo la plenitud a la que está ordenado interiormente, la caridad conyugal” (n.120; FC n.13).

Con el servicio y discernimiento específico de cada vocación cristiana (cap.5-8): “Asumir el matrimonio como un camino de maduración, donde cada uno de los cónyuges es un instrumento de Dios para hacer crecer al otro” (n.221). “Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, «no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino»” (n.308; EG 45)

Ayudar y alentar a los matrimonios que vivan y comuniquen esta gracia con gozo y generosidad (cap.9): “La presencia del Señor habita en la familia real y concreta… la espiritualidad matrimonial es una espiritualidad del vínculo habitado por el amor divino” (n.315). “Si la familia logra concentrarse en Cristo, él unifica e ilumina toda la vida familiar” (n.317)

Reflexiones para compartir: Dar la mano al hermano necesitado para ayudarle a llegar a ser reflejo de la Trinidad y del amor esponsal de Cristo (santidad = “perfección de la caridad”). Es necesario realizar nuestro propio camino de perfección como experiencia y anuncio de misericordia. Sin deseo y compromiso sincero de santidad, no se captará ni aplicará bien “Amoris Laetitia”.

El compromiso por asumir es acuciante para todos: catequesis prematrimonial más adecuada, acompañamiento permanente. La comunidad eclesial está llamada a vivir el camino de santidad para realizar esta reforma. La familia cristiana necesita ver la vida de “comunión” eclesial y evangélica en las personas consagradas (que son “memoria del Verbo Encarnado”) y en quienes son signo personal del buen Pastor en la “fraternidad sacramental” del Presbiterio.

La reflexión teológica y el discernimiento son auténticos si tienen dimensión contemplativa y de caridad pastoral (especialmente para el sacerdote llamado a ser signo del Buen Pastor). Todos puedan ayudar, si viven en la caridad y en la fe, que es “conocimiento de Cristo vivido personalmente” (S. Pablo II, Veritatis Splendor, n.88).

Pedro en sus sucesores sigue presente hoy mediante el servicio de “presidir la caridad universal”. El Magisterio se sigue con fe viva y con el corazón enamorado y unificado: las expresiones magisteriales de cada época (siempre mejorables), por la gracia del Espíritu Santo están en armonía con el Magisterio anterior y así hay que leerlas. “Señor, yo no prestaría fe a tu Evangelio, si no me moviese a ello la autoridad de la Iglesia” (S. Agustín). “Quien abandona la cátedra de Pedro, sobre quien está fundada la Iglesia, se engaña si cree estar dentro de la Iglesia” (S. Cipriano). Los Santos Padres no anteponían nada (ni sus propias opiniones) al amor de Cristo.

Actitudes previas: Bajo la mirada materna de María, figura de la Iglesia… Quien ha experimentado la misericordia divina, no hace rebajas en las exigencias ni descarta a los hermanos necesitados.

Ver esquemas de “Amoris Laetitia” publicados en este blog (categorías): Misericordia, “Amoris Laetitia”, la lógica de la misericordia (12 abril). María, La Madre de Jesús en nuestra comunidad familiar (3 abril); La mirada de María (retiro sacerdotal, Papa Francisco, 2 junio, publicado 3 junio).

“LA MIRADA DE MARÍA… ME PONGA JUNTO A SU CORAZÓN”

(Papa Francisco, Jubileo sacerdotal, 2 junio 2016, Sta Mª María Mayor “¡Estamos en su casa!”)

María como recipiente y fuente de misericordia … Ella es el recipiente simple y perfecto, con el cual recibir y repartir la misericordia. Su «sí» libre a la gracia es la imagen opuesta del pecado que llevó al hijo pródigo a la nada. Ella integra una misericordia a la vez muy suya, muy de nuestra alma y muy eclesial. Como dice en el Magnificat: se sabe mirada con bondad en su pequeñez y sabe ver cómo la misericordia de Dios alcanza a todas las generaciones. Ella sabe ver las obras que esa misericordia despliega y se siente «acogida», junto con todo Israel, por esa misericordia. Ella guarda la memoria y la promesa de la misericordia infinita de Dios para con su pueblo. El suyo es el Magnificat de un corazón íntegro, no agujereado, que mira la historia y a cada persona con su misericordia maternal. En aquel rato a solas con María que me regaló el pueblo mexicano, mirando a nuestra Señora la Virgen de Guadalupe y dejándome mirar por ella, le pedí por ustedes, queridos sacerdotes, para que sean buenos curas. Y en el discurso a los obispos les decía que había reflexionado largamente sobre el misterio de la mirada de María, sobre su ternura y su dulzura que nos infunde valor para dejarnos misericordiar por Dios. Quisiera ahora recordarles algunos «modos» de mirar que tiene nuestra Señora, especialmente a sus sacerdotes, porque a través de nosotros quiere mirar a su gente.

María nos mira de modo tal que uno se siente acogido en su regazo. Ella nos enseña que «la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios. Aquello que encanta y atrae, aquello que doblega y vence, aquello que abre y desencadena, no es la fuerza de los instrumentos o la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de su misericordia» (Discurso a los obispos de México, 13 febrero 2016). Lo que sus pueblos buscan en los ojos de María es «un regazo en el cual los hombres, siempre huérfanos y desheredados, están en la búsqueda de un resguardo, de un hogar». Y eso tiene que ver con sus modos de mirar: el espacio que abren sus ojos es el de un regazo, no el de un tribunal o el de un consultorio «profesional». Si alguna vez notan que se les ha endurecido la mirada, que cuando ven a la gente sienten fastidio o no sienten nada, vuelvan a mirarla a ella; mírenla con los ojos de los más pequeños de su gente, que mendiga un regazo, y ella les limpiará la mirada de toda «catarata» que no deja ver a Cristo en las almas, les curará toda miopía que vuelve borrosas las necesidades de la gente, que son las del Señor encarnado, y de toda presbicia que se pierde los detalles, «la letra chica» donde se juegan las realidades importantes de la vida de la Iglesia y de la familia.

Otro «modo de mirar de María» tiene que ver con el tejido: María mira «tejiendo», viendo cómo puede combinar para bien todas las cosas que le trae su gente. Les decía a los obispos mexicanos que, «en el manto del alma mexicana, Dios ha tejido, con el hilo de las huellas mestizas de su gente, el rostro de su manifestación en la Morenita» (ibíd.) Un maestro espiritual enseña que lo que se dice de María de manera especial, se dice de la Iglesia de modo universal y de cada alma en particular (cf. Isaac de la Estrella, Sermón 51: PL 194, 1863). Al ver cómo tejió Dios el rostro y la figura de la Guadalupana en la tilma de Juan Diego podemos rezar contemplando cómo teje nuestra alma y la vida de la Iglesia. Dicen que no se puede ver cómo está «pintada» la imagen. Es como si estuviera estampada. Me gusta pensar que el milagro no fue sólo «estampar o pintar la imagen con un pincel», sino que «se recreó el manto entero», se transfiguró de pies a cabeza, y cada hilo ―esos que las mujeres aprenden a tejer desde pequeñas, y para las prendas más finas usan las fibras del corazón del maguey (la penca de la que se sacan los hilos)―, cada hilo que ocupó su lugar fue transfigurado, asumiendo los detalles que brillan en su sitio y, entretejido con los demás, de igual manera transfigurados, hacen aparecer el rostro de nuestra Señora y toda su persona y lo que la rodea.La misericordia hace eso mismo, no nos «pinta» desde fuera una cara de buenos, no nos hace el photoshop, sino que, con los hilos mismos de nuestras miserias y pecados, entretejidos con amor de Padre, nos teje de tal manera que nuestra alma se renueva recuperando su verdadera imagen, la de Jesús. Sean, por tanto, sacerdotes «capaces de imitar esta libertad de Dios eligiendo cuanto es humilde para hacer visible la majestad de su rostro y de copiar esta paciencia divina en tejer, con el hilo fino de la humanidad que encuentren, aquel hombre nuevo que su país espera. No se dejen llevar por la vana búsqueda de cambiar de pueblo, como si el amor de Dios no tuviese bastante fuerza para cambiarlo» (Discurso a los obispos de México, 13 febrero 2016).

El tercer modo es el de la atención: María mira con atención, se vuelca toda y se involucra entera con el que tiene delante, como una madre cuando es todo ojos para su hijito que le cuenta algo. «Como enseña la bella tradición guadalupana, la Morenita custodia las miradas de aquellos que la contemplan, refleja el rostro de aquellos que la encuentran. Es necesario aprender que hay algo de irrepetible en cada uno de aquellos que nos miran en la búsqueda de Dios. Toca a nosotros no volvernos impermeables a tales miradas. Custodiar en nosotros a cada uno de ellos, conservarlos en el corazón, resguardarlos. Sólo una Iglesia capaz de resguardar el rostro de los hombres que van a tocar a su puerta es capaz de hablarles de Dios. Si no desciframos sus sufrimientos, si no nos damos cuenta de sus necesidades, nada podremos ofrecerles. La riqueza que tenemos fluye solamente cuando encontramos la poquedad de aquellos que mendigan, y dicho encuentro se realiza precisamente en nuestro corazón de pastores» (ibíd.). A sus obispos les decía que estén atentos a ustedes, sus sacerdotes, «que no los dejen expuestos a la soledad y al abandono, presa de la mundanidad que devora el corazón» (ibíd.). El mundo nos observa con atención pero para «devorarnos», para volvernos consumidores… Todos necesitamos ser mirados con atención, con interés gratuito, digamos. «Ustedes estén atentos ―les decía a los obispos― y aprendan a leer las miradas de sus sacerdotes, para alegrarse con ellos cuando sientan el gozo de contar cuanto “han hecho y enseñado” (Mc 6,30), y también para no echarse atrás cuando se sienten un poco rebajados y no puedan hacer otra cosa que llorar porque “han negado al Señor” (cf. Lc 22,61-62), y también para sostener […], en comunión con Cristo, cuando alguno, abatido, saldrá con Judas “en la noche” (cf. Jn 13,30). En estas situaciones, que nunca falte la paternidad de ustedes, obispos, para con sus sacerdotes. Animen la comunión entre ellos; hagan perfeccionar sus dones; intégrenlos en las grandes causas, porque el corazón del apóstol no fue hecho para cosas pequeñas» (ibíd.)

Por último, María mira de modo «íntegro», uniendo todo, nuestro pasado, presente y futuro. No tiene una mirada fragmentada: la misericordia sabe ver la totalidad y capta lo más necesario. Como María en Caná, que es capaz de «compadecerse» anticipadamente de lo que acarreará la falta de vino en la fiesta de bodas y pide a Jesús que lo solucione, sin que nadie se dé cuenta, así toda nuestra vida sacerdotal la podemos ver como «anticipada por la misericordia» de María, que previendo nuestras carencias ha provisto todo lo que tenemos. Si algo de «vino bueno» hay en nuestra vida, no es por mérito nuestro sino por su «misericordia anticipada», esa que ya en el Magníficat canta cómo el Señor «miró con bondad su pequeñez» y «se acordó de su (alianza de) misericordia», una «misericordia que se extiende de generación en generación» sobre sus pobres y oprimidos . La lectura que hace María es la de la historia como misericordia.

Podemos terminar rezando la Salve Regina en cuyas invocaciones late el espíritu del Magnificat. Ella es la Madre de la misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Sus ojos misericordiosos son los que consideramos el mejor recipiente de la misericordia, en el sentido de poder beber en ellos esa mirada indulgente y buena de la que tenemos sed como sólo se puede tener sed de una mirada. Esos ojos misericordiosos son también los que nos hacen ver las obras de la misericordia de Dios en la historia de los hombres y descubrir a Jesús en sus rostros. En ella encontramos la tierra prometida —el reino de la misericordia instaurado por nuestro Señor― que viene, ya en esta vida, después de cada destierro al que nos arroja el pecado. De su mano y bajo su mirada podemos cantar con alegría las grandezas del Señor. Podemos decirle: Mi alma te canta, Señor, porque miraste con bondad la humildad y pequeñez de tu servidor. Feliz de mí, que he sido perdonado. Tu misericordia, la que practicaste con todos tus santos y con todo tu pueblo fiel, también me ha alcanzado a mí. He andado disperso, buscándome a mí mismo, por la soberbia de mi corazón, pero no he ocupado ningún trono, Señor, y mi única exaltación es que tu Madre me alce a su regazo, me cubra con su manto y me ponga junto a su corazón. Quiero ser amado por ti como uno más de los más humildes de tu pueblo, colmar con tu pan a los que tienen hambre de ti. Acuérdate, Señor, de tu alianza de misericordia con tus hijos, los sacerdotes de tu pueblo. Que con María seamos signo y sacramento de tu misericordia.

 

CON LA MIRADA MISERICORDIOSA DE JESÚS

“Ver el mundo a través de la mirada de amor de Jesús y comprender la vida como una llamada a servir a Dios” (Amoris Letitia, n.279). “Los primeros discípulos, inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn 1,41)” (Evangelii Gaudium, n.120). “Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cfr. 19, 37) … Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar” (Deus Caritas est, n.12).

MIRAR: Con la misma mirada de Jesús, un proyecto de amor (Efes 1)

SONREIR: Ante un misterio de amor (Col 3,3; GS 22), admiración, escucha

SERVIR: Amar como Jesús (Jn 13 y 15). Todos los puestos son importantes para darse y compartir

CAMINAR: Iglesia peregrina, esperanza, acompañar, “canta y camina”, “soy yo”, “estoy contigo”, te acompaño, me quieres completar?… “de dos en dos”, “dos o más, yo en medio”, “un solo corazón”, “que sean uno”

LAS MIRADAS DE JESÚS EN EL EVANGELIO:

Jn 1,38: “viendo que le seguían”
Jn 1,48: “Cuando estabas debajo de la higuera, te vi”
Mc 10,21: “Le miró con amor”
Lc 5,27: “vio a un publicano llamado Leví”
Lc 19,5: “levantando la vista le dijo: Zaqueo, baja enseguida”
Mc 5,32: “Miraba a su alrededor”
Mt 14,14: “Vio mucha gente, sintió compasión de ellos”
Jn 11,35: “Se echó a llorar” (por Lázaro)
Lc 19,41: “Lloró por la ciudad” (Jerusalén)
Mt 14,19: “Levantando los ojos al cielo, dio gracias”…
Lc 22,61: “Miró a Pedro”
Jn 19,26: “Viendo a su Madre y al discípulo amado”

SÍNTESIS PARA COMPARTIR:

* La mirada de Jesús se dirige a todos y a cada uno:
– a sus amigos y discípulos, – a los alejados y pecadores, – a los enfermos y a los que sufren, – a su Madre y al discípulo amado.

* Las características de su mirada son:
– una llamada amorosa, – un examen sobre el fondo del corazón, – una exigencia de respuesta, – una sintonía de compasión, – una oferta de perdón, – una propuesta de amistad y donación mutua.

* Su mirada es actual, en el aquí y ahora de nuestra vida:
– en la eucaristía y en su evangelio, – en los signos sacramentales, – en nuestro Nazaret, Tabor y Calvario, – en el hermano necesitado, – comunicándonos su Espíritu, – haciéndonos reflejo de su mirada para mirar como él.

* ¿Cuál es mi experiencia personal de esta mirada? ¿Qué puedo compartir con los demás? ¿Qué huellas de esta mirada descubro en la vida de los hermanos? ¿Cómo ser trasunto de su mirada hacia todos los hermanos? ¿Cómo “mirar” a los demás para construir la comunidad como reflejo de la Trinidad de Dios Amor?

MARÍA, MADRE DE MISERICORDIA, en S. JUAN DE ÁVILA

(Selección) “Cuando nos dicen de la Virgen … que tiene puestos en nosotros sus ojos de misericordia, esto nos agrada y satisface más. ¿Quién será tan desagradecido que no os agradezca esto, y tan triste que no se alegre en veros misericordiosa?” (Sermón 58, n.1-2).

“Mas todo lo que en ella hay es blandura, no sólo para los justos que andan en lumbre, mas como luna perfecta y hermosa, llena de misericordia… y tan cercana para nuestro remedio, que [a] ninguna pura criatura en la tierra ni en el cielo tan presto le tocan nuestras miserias como a su virginal corazón, tan rico en misericordia, que la llama la Iglesia Madre de misericordia … y esta piadosa Señora está diputada por Dios para socorro de atribulados, y es universal limosnera de todas las misericordias que Dios hace a los hombres” (Sermón 60, Natividad de María, n.18).

“Ten, hermano, confianza en esta Virgen sagrada, que si tú quieres llamarla con ruegos, hacerla servicios, implorar su misericordia y oficio de interceder, sentirás que ni ella es sorda para oírte ni tus oraciones y servicios saldrán en balde” (Sermón 60, n.24).

“Señora, ponemos nuestras heridas para que las curéis, pues sois enfermera del hospital de la misericordia de Dios, donde los llagados se curan… creemos que os dotó Dios de tanta misericordia, que vuestra limpieza y pureza no se desdeña ni alanza de sí a los pecadores llagados, mas que cuanto es mayor su necesidad, tanto más vuestra misericordia os mueve a su remedio” (Sermón 60, n.32).

“Pues para tal día como este de la encarnación de Dios, tal mañana se requiere como la bienaventurada Virgen… ella es alba saludable; si día de misericordia, ella es madre de misericordia; si día de gracia, ella es madre de gracia” (Sermón 61 – natividad – , n.6).

“Es muy grande la misericordia de la Virgen, a muchos se extiende: para todos los que la llaman” (Sermón 62, n.48).

… “el día de la Purificación o Presentación; y compró un par de tórtolas o palominos como pobre, porque el oro que los reyes le habían dado ya lo había, como misericordiosa, expendido a pobres” (Sermón 64, n.4).

“Y aquel tiene a la Virgen, que tiene a su Hijo o lo quiere tener; el que está en gracia le tiene. Y quien gime sus pecados y los confiesa también le tendrá; que no sólo la Virgen es Madre de los justos, mas también abogada para alcanzar perdón al pecador” (Sermón 66, Visitación, n.17).

“Llama a San Juan: ­Di, hijo mío, ¿adónde están mis hijos? Vuestros hermanos, ¿dónde están? Los racimos de mi corazón, los pedazos de mis entrañas, ¿adónde están? … traédmelos, que yo les prometo perdón de mi Hijo … Calla, hermano, que perdonarte ha; ¿no conoces ya su misericordia? La Madre me ha prometido de alcanzar perdón… no hayas vergüenza” (Sermón 67, Soledad n.42-43).

“En sus entrañas tiene, aun estando en el cielo, entrañable compasión de nosotros … ¡Oh Virgen para siempre bendita! ¡Oh Madre de misericordia!” (Sermón 68, nn.18 y 20).

“Mas tengo hijos en el mundo, la salvación de los cuales deseo con muy amoroso y maternal corazón… no he perdido la compasión de ellos ni el deseo de su salvación que tenía en el mundo, antes se me ha acrecentado, porque el Señor me ha acrecentado la caridad” (Sermón 69, Asunción, n.39).

“De la Virgen se dice que estaba con Dios componiendo todas las cosas (Prov 8,30)… teniendo el sello de su misericordia abierto para recibir a todos… Mas no por eso en el día de su grande honra se olvida de los pobres hijuelos que son los cristianos, y desea que la llamásemos y pidiésemos misericordia y que supiésemos que tiene poder para nos la alcanzar de su Hijo bendito” (Sermón 71, Asunción, n.27).

“Corazón de madre tiene la Virgen contigo… las riquezas que ha enviado la Virgen a sus pobres hijos que en la tierra tenía, alcanzando a unos perdón de pecados por graves que fuesen, librando a otros de penosas y graves tentaciones, dando consuelo a los tristes, conforte a los de flaco corazón … Acuérdate de estas y otras muchas misericordias que ha hecho a los que de verdad la llaman” (Sermón 71, Asunción, n.29).