Archivo de la categoría: Espiritualidad

APÓSTOLES PARA UNA IGLESIA MISIONERA EN ESTADO DE CONVERSIÓN

El anuncio del “Evangelio”, un cambio de “mentalidad” y de corazón:

Jesús: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca; convertíos (meta-noeite) y creed en el evangelio” (Mc 1,15).  Cambio de paradigma: (A Nicodemo) “Si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn 3, 5). (A la mujer samaritana) “¡En espíritu y en verdad” (Jn 4,24).

Apóstoles (Pedro): “Convertíos y que cada uno de vosotros se  haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). Como Pablo: “Habéis sido enseñados… a renovar el espíritu de vuestra mente y a revestiros del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la  justicia y santidad de la verdad” (Ef 4,21. 23-24). “Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, y de ellos el primero soy yo” (1Tim 1,15).

“Conversión”: abrirse al amor, “creer” (adherirse a Cristo y su mensaje), “bautizarse” y guiar a los bautizados (“transformarse” en Cristo). Camino de santidad, “la perfección de la caridad” (Lumen Gentium 40 y 45).

Actualidad: Conversión y renovación de la Iglesia hoy. “El anuncio de la Palabra de Dios tiene como objetivo la conversión cristiana, es decir, la adhesión plena y sincera a Cristo y su Evangelio a través de la fe” (Redemptoris Missio 46).

“Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera… El Concilio Vaticano II presentó la conversión eclesial como la apertura a una permanente reforma de sí por fidelidad a Jesucristo … Sin vida nueva y auténtico espíritu evangélico… cualquier estructura nueva se corrompe en poco tiempo” (Evangelii Gaudium 25-26).

Mensaje Cuaresma 2019: “El camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual… La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna”.

La naturaleza misionera de la Iglesia, evangelizadora y evangelizada:

“La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser el sacramento universal de la salvación, obedeciendo el mandato de su Fundador (cf. Mc. 16,15) … la Iglesia, sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt. 5,13-14), se siente llamada con más urgencia a salvar y renovar a toda criatura para que todo se instaure en Cristo y todos los hombres constituyan en El una única familia” (Ad Gentes 1). “No podemos predicar la conversión si nosotros no nos convertimos todos los días” (Redemptoris Missio 47). “Cada Iglesia … es por su propia naturaleza misionera, evangelizada y evangelizadora” (ibid. 49)

El apóstol y la comunidad en permanente estado de conversión:

Apóstol: “El hombre de las bienaventuranzas” (Redemptoris Missio 91).
Vivir la conversión, para anunciar la conversión. Transparencia del evangelio.

Convertirse al “seguimiento” de Cristo: vivir como Cristo “pobre” (el Buen Pastor que da vida para evangelizar a los pobres). Los evangelizados tienen derecho a ver en nosotros el modo de vivir y amar de Jesús. Conversión al “Padre Nuestro”: “contemplación” (ver 1Jn 1,1). Dios escucha el corazón. Decir “Abba”, con la voz y el amor de Jesús en el Espíritu (Gal 4,6; Rom 8,15). Conversión a las “bienaventuranzas”: “la perfección de la caridad” (LG 40).

Conversión a la “comunión” (coinonia): “que sean uno” (Jn 17.21), “un solo corazón y una sola alma” (Hechos 4,32). Conversión al “servicio” (diaconía): Mc 10,45; Jn 13,14-16. Servir y lavar los pies. Conversión para ser “testigo” (martyria): un signo creíble y una exégesis viva del Evangelio.
“La llamada a la misión deriva de por sí de la llamada a la santidad … La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la Misión … El renovado impulso hacia la misión ad gentes exige misioneros santos … es necesario suscitar un nuevo anhelo de santidad entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana” (RMi 90).

Proceso permanente de conversión, “estado de vida” abierto al Amor:

Proceso de oblación en Cristo (liturgia, Eucaristía): “Por medio de él, por lo tanto, continuamente ofrecemos un sacrificio de alabanza a Dios” (Heb 13,15). Proceso de apertura a la Palabra (“discípulos”): “criterios”, “valores”, “actitudes”. Comunidad fraterna y eclesial de “conversos” en proceso: consejo espiritual, corrección fraterna, compartir, donación de sí mismo, atentos a los demás.

Discernimiento: personal, comunitario = fidelidad al Espíritu Santo. La última “conversión” de San Agustín: “He entendido que solo uno es verdaderamente perfecto y que las palabras del Sermón de la Montaña se realizan totalmente en una sola: en el mismo Jesucristo. En su lugar, toda la Iglesia, todos nosotros, incluidos los Apóstoles, debemos orar todos los días: perdónanos nuestras deudas como perdonamos a los que nos ofenden” (Retractaciones I,19). (Primera conversión): “Tú estabas, ciertamente, delante de mí, mas yo me había alejado también de mí, y no acertaba a hallarme, ¡cuánto menos a ti!” (Confesiones V, 2, 2).

Nuestra “gran conversión”: apertura al Misterio de la Encarnación y Redención. Dejarse sorprender como la Madre de Jesús: “fiat” (Lc 1,38), “magníficat” (Lc 1,46), “meditaba en el corazón” (Lc 2,19.51), “estaba de pie” (Jn 19,25), “gran señal” (Ap 12,1).

Anuncios

LA VIRGEN DE NUESTRO “SÍ”, Papa Francisco, Panamá JMJ enero 2019

(Discurso a los jóvenes, 24 enero 2019) … María se animó a decir “sí”. Se animó a darle vida al sueño de Dios… ¿Nos animamos a decirle al ángel, como María: he aquí los siervos del Señor, hágase? No contesten acá, cada uno conteste en su corazón. Hay preguntas que solo se contestan en silencio.

(Vía Crucis con los jóvenes, 25 de enero de 2019) Hay una certeza que llena de esperanza este Camino de la Cruz: Jesús lo recorrió con amor. Y también lo vivió la Virgen Gloriosa, la que desde el comienzo de la Iglesia ha querido sostener con su ternura el camino de la evangelización…

¿Nos animamos a permanecer al pie de la cruz como María? Contemplamos a María, mujer fuerte. De ella queremos aprender a estar de pie al lado de la cruz. Con su misma decisión y valentía, sin evasiones ni espejismos. Ella supo acompañar el dolor de su Hijo, tu Hijo, Padre, sostenerlo en la mirada, cobijarlo con el corazón. Dolor que sufrió, pero no la resignó. Fue la mujer fuerte del “sí”, que sostiene y acompaña, cobija y abraza. Ella es la gran custodia de la esperanza.

De María aprendemos a decir “sí” al aguante recio y constante de tantas madres, padres, abuelos que no dejan de sostener y acompañar a sus hijos y nietos cuando “están en la mala”.

De ella aprendemos a decir “sí” a la testaruda paciencia y creatividad de aquellos que no se achican y vuelven a comenzar en situaciones que parecen que todo está perdido, buscando crear espacios, hogares, centros de atención que sean mano tendida en la dificultad.

En María aprendemos la fortaleza para decir “sí” a quienes no se han callado y no se callan ante una cultura del maltrato y del abuso, del desprestigio y la agresión y trabajan para brindar oportunidades y condiciones de seguridad y protección. En María aprendemos a recibir y hospedar a todos aquellos que han sufrido el abandono, que han tenido que dejar o perder su tierra, sus raíces, sus familias, su trabajo.

Padre, como María queremos ser Iglesia, la Iglesia que propicie una cultura que sepa acoger, proteger, promover e integrar; que no estigmatice y menos generalice en la más absurda e irresponsable condena de identificar a todo emigrante como portador del mal social.

De ella queremos aprender a estar de pie al lado de la cruz, pero no con un corazón blindado y cerrado, sino con un corazón que sepa acompañar, que conozca de ternura y devoción; que entienda de piedad al tratar con reverencia, delicadeza y comprensión. Queremos ser una Iglesia de la memoria que respete y valorice a los ancianos y reivindique el lugar que tienen como custodios de nuestras raíces.

Padre, como María queremos aprender a estar. Enséñanos Señor a estar al pie de la cruz, al pie de las cruces; despierta esta noche nuestros ojos, nuestro corazón; rescátanos de la parálisis y de la confusión, del miedo y de la desesperación. Padre, enséñanos a decir: Aquí estoy junto a tu Hijo, junto a María y junto a tantos discípulos amados que quieren hospedar tu Reino en el corazón. Amén. Y después de haber vivido la Pasión del Señor junto a María al pie de la cruz, nos vamos con el corazón silencioso y en paz, alegre y con muchas ganas de seguir a Jesús. que Jesús los acompañe y que la Virgen los cuide.

(Vigilia con los jóvenes, 26 enero 2019) … Él siempre nos primerea, es primero. Y así sorprendió a María y la invitó a formar parte de esta historia de amor. Sin lugar a dudas la joven de Nazaret no salía en las “redes sociales” de la época, ella no era una “influencer”, pero sin quererlo ni buscarlo se volvió la mujer que más influenció en la historia. Y le podemos decir con confianza de hijos: María, la “influencer” de Dios. Con pocas palabras se animó a decir “sí” y a confiar en el amor, a confiar en las promesas de Dios, que es la única fuerza capaz de renovar, de hacer nuevas todas las cosas…

Siempre llama la atención la fuerza del “sí” de María, Joven. La fuerza de ese «hágase» que le dijo al ángel. Fue una cosa distinta a una aceptación pasiva o resignada. Fue algo distinto a un “sí” como diciendo: bueno, vamos a probar a ver qué pasa. María no conocía esa expresión: vamos a ver qué pasa. Era decidida, supo de qué se trataba y dijo “sí”, sin vueltas. Fue algo más, fue algo distinto. Fue el “sí” de quien quiere comprometerse y el que quiere arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa…

María tendría, sin dudas, una misión difícil, pero las dificultades no eran una razón para decir “no”. Seguro que tendría complicaciones, pero no serían las mismas complicaciones que se producen cuando la cobardía nos paraliza por no tener todo claro o asegurado de antemano. ¡María no compró un seguro de vida! ¡María se jugó y por eso es fuerte, por eso es una influencer, es la influencer de Dios! El “sí” y las ganas de servir fueron más fuertes que las dudas y las dificultades.

Esta tarde también escuchamos cómo el “sí” de María hace eco y se multiplica de generación en generación. Muchos jóvenes a ejemplo de María arriesgan y apuestan, guiados por una promesa…

… frente a todos los anuncios y dificultades que aparecían, tomaron una decisión y dijeron como María «hágase», decidieron amarla … Decir “sí” como María a esta historia de amor es decir “sí” a ser instrumentos para construir, en nuestros barrios, comunidades eclesiales capaces de callejear la ciudad, abrazar y tejer nuevas relaciones.

… Ustedes fueron creados para algo más. María lo comprendió y dijo: ¡Hágase! A ustedes jóvenes le pregunto: ¿Quieren ser “influencer” al estilo de María? [¡Si!”] Ella se animó a decir «hágase».

… Amigos: Les pido también que en ese cara a cara con Jesús sean buenos, y le pidan por mí para que yo tampoco tenga miedo de abrazar la vida, para que sea capaz de cuidar las raíces y diga como María: ¡Hágase según tu palabra!

(Homilía Misa de Clausura, 27 enero 2019): Todos estos días de forma especial ha susurrado como música de fondo el “hágase” de María. Ella no solo creyó en Dios y en sus promesas como algo posible, le creyó a Dios y se animó a decir “sí” para participar en este ahora del Señor. Sintió que tenía una misión, se enamoró y eso lo decidió todo… Que vuestro “sí” siga siendo la puerta de ingreso para que el Espíritu Santo nos regale un nuevo Pentecostés a la Iglesia y al mundo. (Saludo al final de la Misa): … Con María sigan diciendo “sí” al sueño que Dios sembró en ustedes.

 

DEJÉMONOS MIRAR, ABRAZAR, TOMAR DE LA MANO DE MARÍA (1 enero 2019, selección de frases de la homilía de Papa Francisco)

Dios es un niño pequeño en brazos de una mujer, que nutre a su Creador… Está en el regazo de su madre, que es también nuestra madre, y desde allí derrama una ternura nueva sobre la humanidad.

La Madre de Dios nos ayuda: Madre que ha engendrado al Señor, nos engendra a nosotros para el Señor. Es madre y regenera en los hijos el asombro de la fe, porque la fe es un encuentro, no es una religión.

La Virgen lleva a la Iglesia la atmósfera de casa, de una casa habitada por el Dios de la novedad. Acojamos con asombro el misterio de la Madre de Dios… Dejémonos mirar, dejémonos abrazar, dejémonos tomar de la mano por ella.

Dejémonos mirar. Especialmente en el momento de la necesidad, cuando nos encontramos atrapados por los nudos más intrincados de la vida, hacemos bien en mirar a la Virgen, a la Madre,

Pero es hermoso ante todo dejarnos mirar por la Virgen. Cuando ella nos mira, no ve pecadores, sino hijos. Se dice que los ojos son el espejo del alma, los ojos de la llena de gracia reflejan la belleza de Dios, reflejan el cielo sobre nosotros.

Jesús ha dicho que el ojo es «la lámpara del cuerpo» (Mt 6,22): los ojos de la Virgen saben iluminar toda oscuridad, vuelven a encender la esperanza en todas partes. Su mirada dirigida hacia nosotros nos dice: “Queridos hijos, ánimo; estoy yo, vuestra madre”.

Esta mirada materna, que infunde confianza, ayuda a crecer en la fe. La fe es un vínculo con Dios que involucra a toda la persona, y que para ser custodiado necesita de la Madre de Dios. Su mirada materna nos ayuda a sabernos hijos amados en el pueblo creyente de Dios y a amarnos entre nosotros, más allá de los límites y de las orientaciones de cada uno. La Virgen nos arraiga en la Iglesia, donde la unidad cuenta más que la diversidad, y nos exhorta a cuidar los unos de los otros.

La mirada de María recuerda que para la fe es esencial la ternura, que combate la tibieza. Ternura: la Iglesia de la ternura. Ternura, palabra que muchos quieren hoy borrar del diccionario.

Cuando en la fe hay espacio para la Madre de Dios, nunca se pierde el centro: el Señor, porque María jamás se señala a sí misma, sino a Jesús; y a los hermanos, porque María es Madre.

Mirada de la Madre, mirada de las madres… Madre de Dios, enséñanos tu mirada sobre la vida y vuelve tu mirada sobre nosotros, sobre nuestras miserias. Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos.

Dejémonos abrazar. Después de la mirada, entra en juego el corazón, en el que, dice el Evangelio de hoy, «María conservaba todas estas cosas, meditándolas» (Lc 2,19). Es decir, la Virgen guardaba todo en el corazón, abrazaba todo, hechos favorables y contrarios. Y todo lo meditaba, es decir, lo llevaba a Dios. Este es su secreto. Del mismo modo se preocupa por la vida de cada uno de nosotros: desea abrazar todas nuestras situaciones y presentarlas a Dios.

En la vida fragmentada de hoy, donde corremos el riesgo de perder el hilo, el abrazo de la Madre es esencial. Hay mucha dispersión y soledad a nuestro alrededor, el mundo está totalmente conectado, pero parece cada vez más desunido.

Necesitamos confiarnos a la Madre. En la Escritura, ella abraza numerosas situaciones concretas y está presente allí donde se necesita: acude a la casa de su prima Isabel, ayuda a los esposos de Caná, anima a los discípulos en el Cenáculo…

María es el remedio a la soledad y a la disgregación. Es la Madre de la consolación, que consuela porque permanece con quien está solo. Ella sabe que para consolar no bastan las palabras, se necesita la presencia; allí está presente como madre. Permitámosle abrazar nuestra vida.

En la Salve Regina la llamamos “vida nuestra”: parece exagerado, porque Cristo es la vida (cf. Jn 14,6), pero María está tan unida a él y tan cerca de nosotros que no hay nada mejor que poner la vida en sus manos y reconocerla como “vida, dulzura y esperanza nuestra”.

Entonces, en el camino de la vida, dejémonos tomar de la mano. Las madres toman de la mano a los hijos y los introducen en la vida con amor. Pero cuántos hijos hoy van por su propia cuenta, pierden el rumbo, se creen fuertes y se extravían, se creen libres y se vuelven esclavos. Cuántos, olvidando el afecto materno, viven enfadados consigo mismos e indiferentes a todo…

Dios no prescindió de la Madre: con mayor razón la necesitamos nosotros. Jesús mismo nos la ha dado, no en un momento cualquiera, sino en la cruz: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27) dijo al discípulo, a cada discípulo.

La Virgen no es algo opcional: debe acogerse en la vida. Es la Reina de la paz, que vence el mal y guía por el camino del bien, que trae la unidad entre los hijos, que educa a la compasión.

Tómanos de la mano, María. Aferrados a ti superaremos los recodos más estrechos de la historia. Llévanos de la mano para redescubrir los lazos que nos unen. Reúnenos juntos bajo tu manto, en la ternura del amor verdadero, donde se reconstituye la familia humana: “Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios”.

EL ENCUENTRO CON CRISTO SEGÚN SAN JUAN

Un nuevo y permanente Adviento de Cristo para toda la humanidad:

“El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado… El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre” (Gaudium et Spes 22; cfr. Jn 1,14)

Encuentro (sorpresa), relación (amistad), seguimiento (compartir), comunión fraterna,  misión (testigos del encuentro):

“El Verbo se hizo carne … Hemos contemplado su gloria” (Jn 1,14)
“Estuvieron con él, hemos encontrado a Jesús” (Jn 1,35-51)
“¿A quién iremos?” (Jn 6,68). “Habéis estado conmigo desde el principio” (Jn 15,27)

Diversos encuentros: Nicodemo, samaritana, paralítico, muchedumbre, Cafarnaún (panes y Eucaristía), oyentes, pecadora, ciego de nacimiento, Betania, etc.
Reclinando la cabeza sobre el pecho de Jesús (Jn 13,25)
Junto a la cruz con “la Madre de Jesús”, “mirar al que traspasaron” (Jn 19,25ss)
En el sepulcro vacío (“vio y creyó”) (Jn 20,8)
Jesús resucitado sigue presente: Magdalena, discípulos, junto al lago, hoy

Resonancia en su primera carta:

“Os anunciamos lo que hemos visto y oído” (1Jn 1,1ss).
“Hemos conocido el amor” (1Jn 4,16)

Llamadas de Juan en el Apocalipsis

“El alfa y omega, principio y fin” (Apo 1,8). “Has perdido el primer amor” (Apo 2,4)
“Estoy a la puerta y llamo” (Apo 3,20).
“Vengo pronto… Ven, Señor Jesús” (Apo 22,7.20)

Relectura comprometida (dones para compartir, según los testigos del encuentro):

El cristianismo empieza con un “encuentro”, al que todos están llamados
Conocimiento de Cristo vivido personalmente
La historia se construye amando en la verdad de la donación
Hoy se nos pide nuestra experiencia de Dios, nuestra propia experiencia de Jesús
Experimentar la presencia de Cristo: “Soy yo” (Jn 6,20; cfr. Hech 18,10)
No sentirse nunca solo, no dudar de su amor. No anteponer nada a su amor, reaccionar amando
Me espera en mi realidad pobre y limitada (donde resuena su Palabra y donde se inserta él como pan de vida – eucaristía): experiencia de su amor misericordioso
Encontrarle “en medio” de los hermanos (su “Iglesia”), “como yo os he amado”
En el “silencio” resuena la Palabra, meditando en el corazón como María
En la “ausencia” se encuentra una nueva presencia (“Emmanuel”)
El evangelio sigue aconteciendo en la historia; falta mi página (todavía en blanco)

GAUDETE ET EXSULTATE, gestos y afirmaciones de los Santos

Invitación general.  N.4: Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión. N.9: La santidad es el rostro más bello de la Iglesia. N.19: Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio. N.21: Así, cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo. N.22: Lo que hay que contemplar es el conjunto de su vida, su camino entero de santificación, esa figura que refleja algo de Jesucristo.  N.138: Los santos sorprenden, desinstalan, porque sus vidas nos invitan a salir de la mediocridad tranquila y anestesiante.

N.5: Beata María Gabriela Sagheddu, que ofreció su vida por la unión de los cristianos.

N.8: Santa Teresa Benedicta de la Cruz… «En la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible. Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia».

N.12: El «genio femenino» también se manifiesta en estilos femeninos de santidad… Podemos mencionar a santa Hildegarda de Bingen, santa Brígida, santa Catalina de Siena, santa Teresa de Ávila o santa Teresa de Lisieux. Pero me interesa recordar a tantas mujeres desconocidas u olvidadas…

N.20: La contemplación de estos misterios (de Cristo), como proponía san Ignacio de Loyola, nos orienta a hacerlos carne en nuestras opciones y actitudes (Ejercicios). (Ver N. 39 y 153 “la memoria agradecida… en su «Contemplación para alcanzar amor».

N.32: Santa Josefina Bakhita, quien fue «secuestrada y vendida como esclava a la tierna edad de siete años… Pero llegó a comprender la profunda verdad de que Dios, y no el hombre, es el verdadero Señor de todo ser humano, de toda vida humana».

N.46: San Francisco de Asís… escribió esto a san Antonio de Padua: «Me agrada que enseñes sagrada teología a los hermanos con tal que, en el estudio de la misma, no apagues el espíritu de oración y devoción».

N.49: Como enseñaba san Agustín, Dios te invita a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas; o bien a decirle al Señor humildemente: «Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras» (Confesiones)

N.52: San Juan Crisóstomo decía que Dios derrama en nosotros la fuente misma de todos los dones antes de que nosotros hayamos entrado en el combate  (Homilía). San Basilio Magno remarcaba que el fiel se gloría solo en Dios, porque «reconoce estar privado de la verdadera justicia y que es justificado únicamente mediante la fe en Cristo» (Homilía sobre la humildad).

N.72: Para santa Teresa de Lisieux «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarse de sus debilidades» (Manuscrito C). Ver N.145: « De pronto, oí a lo lejos el sonido armonioso de un instrumento musical… Luego posé la mirada en la pobre enferma, a quien sostenía. En lugar de una melodía, escuchaba de vez en cuando sus gemidos lastimeros […]. No puedo expresar lo que pasó por mi alma. Lo único que sé es que el Señor la iluminó con los rayos de la verdad… no podía creer en mi felicidad» (Manuscrito C).

N.96: Decía san Juan Pablo II que «si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse» (Novo millennio ineunte, 49).

N.102: San Benito… estableció que a todos los huéspedes que se presentaran en el monasterio se los acogiera «como a Cristo» y que a los pobres y peregrinos se los tratara «con el máximo cuidado y solicitud» (Regla)

N.106: Santo Tomás de Aquino …  « la misericordia, que socorre los defectos ajenos, es el sacrificio que más le agrada, ya que causa más de cerca la utilidad del prójimo» (II-II, q.30)

N.107: Santa Teresa de Calcuta: «Sí, tengo muchas debilidades humanas, muchas miserias humanas. […] Pero él baja y nos usa, a usted y a mí, para ser su amor y su compasión en el mundo… » (Cristo en los pobres).

N.117: San Juan de la Cruz proponía: «Sea siempre más amigo de ser enseñado por todos que de querer enseñar aun al que es menos que todos»… «Gozándote del bien de los otros como de ti mismo… Procura ejercitarlo más con los que menos te caen en gracia. Y sabe que si no ejercitas esto, no llegarás a la verdadera caridad ni aprovecharás en ella» (Cautelas). Ver N.141: … decía a un discípulo: estás viviendo con otros «para que te labren y ejerciten» (Cautelas). También, N.148: … recomendaba «procurar andar siempre en la presencia de Dios… de acuerdo con lo que le permitan las obras que esté haciendo» (Grados de perfección).

N.121: Cristo transmitió a santa Faustina Kowalska que «la humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la misericordia divina» (Diario).

N.126: Ordinariamente la alegría cristiana está acompañada del sentido del humor, tan destacado, por ejemplo, en santo Tomás Moro, en san Vicente de Paúl o en san Felipe Neri.

N.141: En varias ocasiones la Iglesia ha canonizado a comunidades enteras que vivieron heroicamente el Evangelio o que ofrecieron a Dios la vida de todos sus miembros.

N.149: Para santa Teresa de Ávila la oración es «tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama» (Vida, 8,5)

N.152: El «peregrino ruso», que caminaba en oración continua, cuenta que esa oración no lo separaba de la realidad externa: «Cuando me encontraba con la gente, me parecía que eran todos tan amables como si fueran mi propia familia. […]» (Relatos).

N.155: (Bto) Carlos de Foucauld: «Apenas creí que Dios existía, comprendí que solo podía vivir para él» (Carta 14 agosto 1901).

N.162: El santo cura Brochero, «¿qué importa que Lucifer os prometa liberar y aun os arroje al seno de todos sus bienes, si son bienes engañosos, si son bienes envenenados?».

N.176: María … ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada…

Discernimiento y fidelidad al Espíritu Santo con la Madre de Jesús

Vida cristiana es un itinerario de fidelidad al Espíritu Santo: “Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu” (Gal 5,25). El camino de santidad y de misión, es itinerario de discernimiento y de fidelidad: “No habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo” (Evangelii Nuntiandi, n.75).

“El discernimiento nos lleva a reconocer los medios concretos que el Señor predispone en su misterioso plan de amor, para que no nos quedemos solo en las buenas intenciones” (Gaudete et Exsultate, n.169)

Jesús, en la última cena, prometió la presencia, la luz y la acción santificadora y evangelizadora del Espíritu Santo: “Estará con vosotros para siempre… os lo enseñará todo …  él dará testimonio de mí” (Jn 14,16.26; 15,26).

En la vida de Jesús hay una dinámica que se convierte en un paradigma misionero permanente: “Conducido por el Espíritu hacia el desierto … iba enseñando … para anunciar la buena nueva a los pobres” (Lc 4,1.15.18). Es la pauta del discernimiento vocacional y misionero. Porque si es el Espíritu quien mueve el corazón del misionero, lo lleva hacia el desierto (oración y sacrificio) y luego hacia el anuncio del Evangelio que se concreta en la donación de sí mismo a los “pobres” en todos los campos de caridad.

Fidelidad al Espíritu Santo indica, pues, una actitud relacional de estar atentos a su presencia, de abrirse a sus luces y mociones, de entregarse con generosidad y gratuidad a la obra salvadora y redentora de Jesús. Quien obra según el Espíritu de amor, no busca ni espera otro premio que el de amar y hacer amar al Amor. “Únicamente el Espíritu sabe penetrar en los pliegues más oscuros de la realidad y tener en cuenta todos sus matices, para que emerja con otra luz la novedad del Evangelio” (Gaudete et Exsultate, n.173)

Dios Amor, por medio del Espíritu Santo, durante toda la historia, ya ha ido sembrando las semillas del Verbo y del Evangelio en todos los pueblos. “Es también el Espíritu quien esparce « las semillas de la Palabra » presentes en los ritos y culturas, y los prepara para su madurez en Cristo” (Redemptoris Missio, n.28).

Estamos llamados a ser “evangelizadores con Espíritu”, es decir, “evangelizadores que se abren sin temor, a la acción del Espíritu Santo” (Evangelii Gaudium, n.259). La Iglesia y los apóstoles de todos los tiempos tienen necesidad de “reunirse en el Cenáculo con « María, la madre de Jesús » (Act 1, 14), para implorar el Espíritu y obtener fuerza y valor para cumplir el mandato misionero”; nosotros también, “tenemos necesidad de ser transformados y guiados por el Espíritu” (Evangelii Nuntiandi, n.92).

En todos los momentos del caminar histórico de la Iglesia tiene lugar un “nuevo Pentecostés”, en el sentido de que recibimos nuevas gracias del Espíritu Santo para afrontar las nuevas situaciones que se van presentando.

El Espíritu Santo, que comunica nuevas gracias para afrontar las nuevas situaciones, convierte a los apóstoles “en testigos o profetas (cf. Act 1, 8; 2, 17-18), infundiéndoles una serena audacia que les impulsa a transmitir a los demás su experiencia de Jesús y la esperanza que los anima” (Redemptoris Missio, n.24).

La vida cristiana de santidad y de apostolado en cada época histórica se ha forjado, bajo la acción del Espíritu Santo, “con María la madre de Jesús” (Hech 1,14): “Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios” (Evangelii Gaudium, n.286).

ITINERARIO DE SANTIDAD Y MISIÓN (Pautas de Gaudete et Exsultate)

1.Iglesia llamada a la santidad en proyecto misionero

“Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada” (n.1). “Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió” (n.2). “La santidad es el rostro más bello de la Iglesia” (n.9). “Cada uno por su camino” (n.11; LG 11). “Reconozcamos nuestra fragilidad pero dejemos que Jesús la tome con sus manos y nos lance a la misión” (n.131). “Toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de santidad” (n.177) (Ver todo el cap.I; tentaciones de hoy: cap.II). Citas bíblicas: “Alegraos” (Mt 5,12). “Camina en mi presencia y sé perfecto” (Gen 17,1). Elegidos “para que fuésemos e irreprochables ante él por el amor” (Efes 1,4). “Sed santos, porque yo soy santo” (Lv 11,45; 1Pe 1,16). “Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1Tes 4,3)

2.El camino de las bienaventuranzas y del mandato del amor

“Volvamos a escuchar a Jesús, con todo el amor y el respeto que merece el Maestro. Permitámosle que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un cambio real de vida” (n.66). “Ante la contundencia de estos pedidos de Jesús es mi deber rogar a los cristianos que los acepten y reciban con sincera apertura, «sine glossa», es decir, sin comentario, sin elucubraciones y excusas que les quiten fuerza. El Señor nos dejó bien claro que la santidad no puede entenderse ni vivirse al margen de estas exigencias suyas, porque la misericordia es «el corazón palpitante del Evangelio»” (n.97) (ver todo el cap.III). Citas bíblicas: Bienaventuranzas, himno de la caridad (cfr. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23; 1Cor 13). Mandato del amor (Jn 13,34). Jesús “siendo rico se hizo pobre” (2 Cor 8,9). “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas” (Mt 11,29). “Llorad con los que lloran” (Rom 12,15). “Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella” (Mt 7,12). “Sed perfectos” (Mt 5,48).”Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36-38). “Como yo tuve compasión de tí” (Mt 18,33). “El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz” (Sant 3,18), “Procuremos lo que favorece la paz” (Rom  14,19). “Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber” (Mt 25,35-36). “Entonces surgirá tu luz como la aurora” (Is 58,7-8)

3.En comunión fraterna

“La santificación es un camino comunitario, de dos en dos… San Juan de la Cruz decía… «para que te labren y ejerciten»” (n.141). “La comunidad está llamada a crear ese «espacio teologal en el que se puede experimentar la presencia mística del Señor resucitado». Compartir la Palabra y celebrar juntos la Eucaristía nos hace más hermanos y nos va convirtiendo en comunidad santa y misionera” (n.142). “La comunidad que preserva los pequeños detalles del amor, donde los miembros se cuidan unos a otros y constituyen un espacio abierto y evangelizador, es lugar de la presencia del Resucitado que la va santificando según el proyecto del Padre” (n.145). “En contra de la tendencia al individualismo consumista que termina aislándonos en la búsqueda del bienestar al margen de los demás, nuestro camino de santificación no puede dejar de identificarnos con aquel deseo de Jesús: «Que todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti» (Jn 17,21)” (n.146; cfr. nn.140-146; también nn.6, 128, 154). Citas bíblicas: “Donde están dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy en medio de ellos” (Mt 18,20). “Que todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti” (Jn 17,21). “Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por el pueblo” (2Mac 15,14). “Hay más dicha en dar que en recibir” (Hech 20,35). “Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9,7). “Alegraos con los que están alegres” (Rom 12,15). “Un solo corazón y una sola alma… todo lo compartían en común” (Hech 4,32).

4.Discernir guiados por el Espíritu Santo

“En ese silencio (dela oración) es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone” (n.150). “El discernimiento nos lleva a reconocer los medios concretos que el Señor predispone en su misterioso plan de amor, para que no nos quedemos solo en las buenas intenciones” (n.169). “Únicamente el Espíritu sabe penetrar en los pliegues más oscuros de la realidad y tener en cuenta todos sus matices, para que emerja con otra luz la novedad del Evangelio” (n.173).  “Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento” (n.177). Citas bíblicas: Jesús guiado por el Espíritu al desierto, la predicación, los pobres (cfr. Lc 4), siempre “lleno de gozo en el Espíritu” (Lc 10,21). “Escudriñad todo; quedaos con lo bueno” (1Tes 5,21). “Cuantos son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” ((Rom 8,14). “Distinguir entre el Espíritu de la verdad y el espíritu del error” (1Jn 4,6).

5.Con y como la Madre de Jesús

“María, que supo descubrir la novedad que Jesús traía, cantaba: «Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1,47)” (n.124). “Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…»” (n.176). Citas bíblicas: María escucha (Lc 1,29), concibe por obra del Espíritu Santo (Lc 1,35), hace de la vida un “sí” y un “magníficat” (Lc 1,38.46), “medita en el corazón” (Lc 2,19.51), se asocia a Jesús en la cruz (Jn 19,25), acompaña a la Iglesia orando para recibir el Espíritu Santo (Hech 1,14).