Archivo de la categoría: Espiritualidad

LA VIRGEN MARÍA MADRE DE LA IGLESIA. Meditación

CELEBRACIÓN: Lunes después de Pentecostés: Gen 3, 9-15.20 (“Madre de todos los vivientes”); Hch 1, 12-14 (“Perseveraban en la oración, con un mismo espíritu… con María la madre de Jesús”); Jn 19, 25-34 («Mujer, ahí tienes a tu hijo» … «Ahí tienes a tu madre»). Meditación (retiro):

*MADRE NUESTRA, MADRE DE LA IGLESIA:

Somos herederos del amor de Cristo hacia su madre, que es también la nuestra. Y aprendemos de ella a ser Iglesia misionera y madre: “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27). Ella es “Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa” (Pablo VI, 21.11.64).

 “La Virgen María… es verdadera­mente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella Cabeza … a quien (a María) la Iglesia católica, enseñada por el Espíritu Santo, honra con filial afecto de piedad como a Madre amantísima” (Lumen Gentium, n.53).

*MATERNIDAD PERMANENTE:

La misión materna de María continúa durante toda la historia. Se actualiza en cada persona y comunidad. Ella sigue mirando, acogiendo, acompañando, como Madre del “Jesús total”:

Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación, y lo mantuvo sin vacilación al pie de la Cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la Bienaventurada Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora” (Lumen Gentium, n.62)

*SENTIDO DE LA CELEBRACIÓN LITÚRGICA:

La comunidad eclesial (y cada creyente) vive orando en sintonía con la Madre de Jesús, en cada momento histórico de nuevas gracias del Espíritu Sato:

“La Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Jn 19, 25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina, convirtiéndose en amorosa nodriza de la Iglesia que Cristo ha engendrado en la cruz, entregando el Espíritu … Cristo elige a todos los discípulos como herederos de su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto filial. María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14) … El crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos” (Decreto Congregación del Culto, 11 febrero 2018).

*LA IGLESIA LA RECIBE COMO MADRE Y MODELO DE SU PROPIA MATERNIDAD:

La Iglesia recibe nuevas gracias del Espíritu Santo para avanzar en la perfección de la caridad (santidad) y en el proceso de comunicar Cristo al mundo (misión). La maternidad de María “encuentra una nueva continuación en la Iglesia y por medio de la Iglesia” (Redemptoris Mater, n.24). Por esto la Iglesia “aprende de María su propia maternidad ministerial”, que “se lleva a cabo no sólo según el modelo y la figura de la Madre de Dios, sino también con su cooperación” (ibídem, nn.43-44):

Porque en el misterio de la Iglesia que con razón también es llamada madre y virgen, la Bienaventurada Virgen María la prece­dió, mostrando en forma eminente y singular el modelo de la virgen y de la madre… Dio a luz al Hijo a quien Dios constituyó como primogénito entre muchos hermanos (Rom., 8,29), a saber, los fieles a cuya generación y educación coopera con materno amor” (Lumen Gentium, n.63)“Fue en Pentecostés cuando empezaron “los hechos de los Apóstoles”, como había sido concebido Cristo al venir al Espíritu Santo sobre la Virgen María, y Cristo había sido impulsado a la obra de su ministerio, bajando el mismo Espíritu Santo sobre El mientras oraba” (Ad Gentes, n.4)

*LA ESPIRITUALIDAD MISIONERA de cada época histórica se ha forjado, bajo la acción del Espíritu Santo, “con María la madre de Jesús” (Hch 1,14):

María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura … Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios” (Evangelii Gaudium, n.286).

GLOBALIZACIÓN, SANTIDAD Y MISIÓN en tiempo de pandemia

Invitación de Papa Francisco, después del Ángelus, 22 marzo 2020: A todos los cristianos, de todas las Iglesias y comunidades, para el día 25 (Anunciación), a mediodía, para recitar el “Padre nuestro” todos a la vez, con vistas a pedir el cese de la pandemia. Lo motiva así:  “Que en el día en que muchos cristianos recordamos el anuncio a la Virgen María de la Encarnación del Verbo, pueda el Señor escuchar nuestra oración unánime de todos sus discípulos que se preparan a celebrar la victoria de Cristo Resucitado”.

Siempre ha habido momentos difíciles en la historia: Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo… y ¿hemos de gastar tiempo en cosas que por ventura, si Dios nos la diese, tendríamos un alma menos en el cielo?… No es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia” (Santa Teresa, Camino de perfección, cap.1, n.5)

La clave de la historia es el misterio de Cristo, Verbo Encarnado: “El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado … Cristo… manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación… El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre… Nacido de la Virgen María, se hizo verdadera­mente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado” (Gaudium e Spes, n.22).

El anuncio de Evangelio hoy: En la realidad histórica actual, el creyente y el apóstol en concreto, descubre nuevas posibilidades de vivir y anunciar a Cristo. Son los nuevos retos o “areópagos” de hoy. Hay situaciones de pobreza e injusticia, en un contexto de globalización e intercambio de áreas culturales. “El primer areópago del tiempo moderno es el mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad y transformándola —como suele decirse— en una « aldea global »” (S. Juan Pablo II, Redemptoris Missio, n.37). Todo ello influye especialmente en la juventud, la familia, el trabajo, la dignidad de la mujer, el valor de la vida humana…

La mirada del apóstol es la de Jesús: “Nuestro tiempo es dramático y al mismo tiempo fascinador. Mientras por un lado los hombres dan la impresión de ir detrás de la prosperidad material y de sumergirse cada vez más en el materialismo consumístico, por otro, manifiestan la angustiosa búsqueda de sentido, la necesidad de interioridad , el deseo de aprender nuevas formas y modos de concentración y de oración… se busca la dimensión espiritual de la vida como antídoto a la deshumanización… La Iglesia tiene un inmenso patrimonio espiritual para ofrecer a la humanidad: en Cristo, que se proclama « el Camino, la Verdad y la Vida » (Jn 14, 6). Es la vía cristiana para el encuentro con Dios, para la oración, la ascesis, el descubrimiento del sentido de la vida. También éste es un areópago que hay que evangelizar” (S. Juan Pablo II, Redemptoris Missio, n.38).

Urgencia de santidad y misión en tiempo de pandemia: Por primera vez en la historia, un proceso acelerado de “globalización” (también como noticiero total e inmediato), ha puesto a toda la humanidad en vilo y sintiendo la necesidad de ayudarse. Si se trata de una “pandemia” (año 2020), no es como tantas veces en la historia pasada; ahora se convierte de modo inédito, en una noticia vivida y seguida por todos, en la sorpresa del día a día; es la primera vez que una pandemia se hace noticia en el fenómeno de la globalización. Se toma conciencia de que se trata de la suerte de toda la humanidad. Estamos en la misma barca de un minúsculo planeta en la inmensidad inabarcable del cosmos.

Y ahora es el momento en que se mira al Cristianismo con un corazón más dispuesto a recibir la sorpresa de las bienaventuranzas y del mandato del amor. Estamos, pues, en tiempos de “esperanza gozosa” (Rom 12,12), es decir, momentos en que el cristiano (y especialmente el apóstol) tiene que presentar el testimonio del “verdadero gozo pascual” (Presbyterorum Ordinis, n.11). El verdadero apóstol de Cristo sabe atestiguar que siempre se puede hacer lo mejor: hacer de la vida una donación. Es el proyecto de Dios concebido en su corazón de Padre.

 

EL SEGUIMIENTO EVANGÉLICO DE LOS APÓSTOLES: COMPARTIR LA VIDA Y MISIÓN DE CRISTO

(Con ocasión de la fiesta de la Presentación de la Santísima Virgen, 21 noviembre).
Fiesta entrañable de muchos santos sacerdotes, especialmente a partir de la escuela francesa de espiritualidad sacerdotal (siglo XVII), que, continuando la obra sacerdotal de San Juan de Ávila, suscitó un gran resurgir espiritual y apostólico en toda la Iglesia. Es una entrega sacerdotal al estilo de María siempre Virgen: nosotros somos “los amigos del Esposo” (sentido de la castidad evangélica, celibato sacerdotal).

La presencia activa y materna de María desde el primer encuentro con Cristo: “En Caná de Galilea … Jesús manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos. Después bajó a Cafarnaúm con su madre … y sus discípulos” (Jn 2,11-12). “Ahí tienes a tu madre… el discípulo la recibió como algo propio” (Jn 19,27). “Perseveraban unánimes en oración –en sintonía- … con María la Madre de Jesús” (Hech 1,14) (La Virgen del “sí” de fidelidad virginal, del “magníficat” misionero, del “meditar en el corazón” contemplativo, del “estar de pie junto a la cruz” como oblación y amor de totalidad, del Cenáculo de Pentecostés esperando activamente al Espíritu Santo que hace a la Iglesia misionera y madre como María)

Seguimiento evangélico de amistad y totalidad en la entrega: “Se quedaron con él” (Jn 2,39). “Llamó a los que quiso… para que estuvieran con él” (Mc 3,13-14). “Dejándolo todo, le siguieron” (Lc 5,11); “a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68); “lo hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mt 19,27).

(Experiencia renovada de encuentro que dio sentido a la vida. Ser signo, memoria y visibilidad de cómo ama Él: dándose a sí mismo – pobreza -, según el proyecto del Padre –obediencia -, como esposo enamorado que da la vida por la esposa, por la Iglesia y la humanidad – castidad-).

Compartir su misma “suerte”, sentido “esponsal”, compartir sus amores:

“Los amigos del Esposo” (Mt 9,15). “Podéis beber el cáliz que yo he de beber?” (Mc 10,38). “Permaneced en mi amor… mi gozo en vosotros… dar la vida… vosotros sois mis amigos” (Jn 15,9-14). “Haced esto en memoria mía… el cáliz de la Alianza en mi sangre” (Lc 22,19-20). “Padre … los que tú me has dado… he sido glorificado en ellos…  como tú me enviaste, yo los envío… por ellos me ofrezco… los has amado como a mí… yo estoy en ellos” (Jn 17,1-26). “Como el Padre me envió, así yo os envío” (Jn 20,21).

(Misión, compartir y comunicar sus amores: que el Padre sea conocido y amado, vivir en Cristo guiados por el Espíritu Santo, que en todo corazón humano y en toda comunidad humana resuene el “Padre nuestro” – orar como Jesús -, las “bienaventuranzas” – vivir como Jesús -, el “mandato del amor” – amar virginalmente como Jesús – porque nada ni nadie puede suplir a Jesús).

Para promover las vocaciones, presentar “el verdadero gozo pascual” por parte de quien es signo del modo de amar del Buen Pastor:

Gozo que nace de la profunda amistad con Cristo, y es fuente de vocaciones: “Ante todo, preocúpense los presbíteros de exponer a los fieles, por el ministerio de la palabra y con el propio testimonio de la vida, que manifieste abiertamente el espíritu de servicio y el verdadero gozo pascual, la excelencia y necesidad del sacerdo­cio” (Presbyterorum Ordinis, n.11).

“Hace falta sobre todo tener la valentía de proponer a los jóvenes la radicalidad del seguimiento de Cristo, mostrando su atractivo” (Sacramentum Caritatis, n.25). “En muchos lugares escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Frecuentemente esto se debe a la ausencia en las comunidades de un fervor apostólico contagioso, lo cual no entusiasma ni suscita atractivo. Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas” (Evangelii Gaudium, n.107).

“El sacerdote está llamado a ser imagen viva de Jesucristo Esposo de la Iglesia… está llamado a revivir en su vida espiritual el amor de Cristo Esposo con la Iglesia esposa … y, por eso, ser capaz de amar a la gente con un corazón nuevo, grande y puro, con auténtica renuncia de sí mismo, con entrega total, continua y fiel, y a la vez con una especie de «celo» divino (cf. 2 Cor 11, 2), con una ternura que incluso asume matices del cariño materno, capaz de hacerse cargo de los «dolores de parto» hasta que «Cristo sea formado» en los fieles (cf. Gál 4, 19)” (Pastores dabo vobis, n.22).