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ESPERANZA Y DISCERNIMIENTO, ITINERARIO DE CUARESMA HACIA EL MISTERIO PASCUAL

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte…  una fuerte llamada a la conversión…crecer en la amistad con el Señor… En la base de todo está la Palabra de Dios” (Mensaje Cuaresma 2017)

Itinerario de discernimiento a la luz de la fe, esperanza, caridad:
Discernir, guiados por el Espíritu Santo hacia el “desierto” y los “pobres” (Lc 4,1.18)
Criterios, escala de valores, actitudes de Cristo: su “gozo” pascual (Lc 10,21)
El Misterio de Cristo, muerto y resucitado, presente en la Iglesia y en el mundo.
Bautismo: injertados en un proceso de discernimiento, sintonía y configuración con Cristo, en “la perfección de la caridad” (LG 40), pensar, sentir y amar como él.
“Discípulos”: ¿Movidos por el Espíritu Santo? (cfr. Rom 8,14; 1Jn 4,1-6). Dejarse sorprender por el Amor como María (Lc 1,29ss; 2,49; Jn 2,4); la Palabra escuchada en el corazón (cfr. Lc 2,19.51). “Rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Rom 15,13).
“El otro es un don … La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil” (Mensaje Cuaresma 2017)

Esperanza que purifica y consuela:

Cristo nos libera de temores, desconfianza, miedos, autosuficiencia, autorreferencia, pecados. Cristo “Salvador” (cfr. Mateo, Zaqueo… ). Un “perdón” sin medida. Su nombre  (Jesús), el “kerigma” (anuncio del Reino), parábolas, Eucaristía, Cruz, Resurrección, misión. “Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro” (1Jn 3,3). Experiencia de encuentro con Cristo Salvador, como Pablo (1Tim 1,15). La fuerza del Espíritu en la propia debilidad humana (2Cor 12,9-10). Itinerario del discipulado: hacer de la vida un “sí” y un “Magníficat”.

“La Palabra es un don. El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca… La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios” (Mensaje Cuaresma 2017)

Esperanza que ilumina y sostiene:

Más allá de la lógica humana, sentido de la vida y de la historia. Todo nos habla del amor de Dios. Cristo, Palabra personal, el Hijo, en la plenitud de los tiempos, concebido por obra del Espíritu en el seno de María. El itinerario de dejarse sorprender día a día por la novedad de la Palabra de Dios.

“Nacido de la mujer”, para hacernos “hijos” de adopción por obra del Espíritu Santo (cfr. Gal 4,4-7), “hijos en el Hijo” (Efes 1,5; cfr. GS 22), como regalo del Padre, con la “garantía del Espíritu” (Efes 1,13-14).

“La Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo” (Mensaje Cuaresma 2017)

Esperanza que transforma en “testigos” y “visibilidad” de Cristo:

Deseos sinceros de entrega y de identificación con Cristo (sus amores: en sintonía con la voluntad del Padre). “No anteponer nada al amor de Cristo” (San Cipriano y San Benito). “Vivir según el Espíritu, caminar según el Espíritu” (cfr. Gal 5,25). “Cristo vive en mí” (Gal 2,20). “Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2Cor 5,15). “La esperanza no delude, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5,5). Misión y esperanza: Testigos del gozo pascual; sin rebajas ni fronteras: los dones son para compartir. “Vivir… aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tito 2,13). “Vengo pronto” (Ap 3,11); “Ven, Señor Jesús” (Ap 22,20). “Cristo, nuestra esperanza” (1Tim 1,1). María Madre de la Esperanza, “signo de esperanza segura y de consuelo” (LG 68).

“Que el Espíritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados… Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua” (Mensaje Cuaresma 2017)

“AMORIS LAETITIA”, APERTURA COMPROMETIDA AL AMOR MISERICORDIOSO

Invitación a la lectura creyente y contemplativa de “Amoris Laetia” (Reenvío con ocasión de la fiesta de la SAGRADA FAMILIA. Ver abajo nota adicional)

En la perspectiva Trinitaria de Dios Amor (cap.1): “Que conformen una comunión de personas que sea imagen de la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo” (n.29)

En la realidad actual iluminada por la misericordia divina (cap.2): “Alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo” (introd. n.5). “Tenemos que ser humildes y realistas, para reconocer que a veces nuestro modo de presentar las convicciones cristianas, y la forma de tratar a las personas, han ayudado a provocar lo que hoy lamentamos” (n.36)

A la luz de la realidad esponsal de Cristo, reflejada en la Iglesia y de modo especial en la familia (cap.3): “Contemplar a Cristo vivo presente en tantas historias de amor, e invocar el fuego del Espíritu sobre todas las familias del mundo” (n.59). “El matrimonio es una vocación… es una respuesta al llamado específico a vivir el amor conyugal como signo imperfecto del amor entre Cristo y la Iglesia” (n.72)

En la vivencia del himno de la caridad (cap.4): “El Espíritu que infunde el Señor renueva el corazón y hace al hombre y a la mujer capaces de amarse como Cristo nos amó. El amor conyugal alcanza de este modo la plenitud a la que está ordenado interiormente, la caridad conyugal” (n.120; FC n.13).

Con el servicio y discernimiento específico de cada vocación cristiana (cap.5-8): “Asumir el matrimonio como un camino de maduración, donde cada uno de los cónyuges es un instrumento de Dios para hacer crecer al otro” (n.221). “Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, «no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino»” (n.308; EG 45)

Ayudar y alentar a los matrimonios que vivan y comuniquen esta gracia con gozo y generosidad (cap.9): “La presencia del Señor habita en la familia real y concreta… la espiritualidad matrimonial es una espiritualidad del vínculo habitado por el amor divino” (n.315). “Si la familia logra concentrarse en Cristo, él unifica e ilumina toda la vida familiar” (n.317)

Reflexiones para compartir: Dar la mano al hermano necesitado para ayudarle a llegar a ser reflejo de la Trinidad y del amor esponsal de Cristo (santidad = “perfección de la caridad”). Es necesario realizar nuestro propio camino de perfección como experiencia y anuncio de misericordia. Sin deseo y compromiso sincero de santidad, no se captará ni aplicará bien “Amoris Laetitia”.

El compromiso por asumir es acuciante para todos: catequesis prematrimonial más adecuada, acompañamiento permanente. La comunidad eclesial está llamada a vivir el camino de santidad para realizar esta reforma. La familia cristiana necesita ver la vida de “comunión” eclesial y evangélica en las personas consagradas (que son “memoria del Verbo Encarnado”) y en quienes son signo personal del buen Pastor en la “fraternidad sacramental” del Presbiterio.

La reflexión teológica y el discernimiento son auténticos si tienen dimensión contemplativa y de caridad pastoral (especialmente para el sacerdote llamado a ser signo del Buen Pastor). Todos puedan ayudar, si viven en la caridad y en la fe, que es “conocimiento de Cristo vivido personalmente” (S. Pablo II, Veritatis Splendor, n.88).

Pedro en sus sucesores sigue presente hoy mediante el servicio de “presidir la caridad universal”. El Magisterio se sigue con fe viva y con el corazón enamorado y unificado: las expresiones magisteriales de cada época (siempre mejorables), por la gracia del Espíritu Santo están en armonía con el Magisterio anterior y así hay que leerlas. “Señor, yo no prestaría fe a tu Evangelio, si no me moviese a ello la autoridad de la Iglesia” (S. Agustín). “Quien abandona la cátedra de Pedro, sobre quien está fundada la Iglesia, se engaña si cree estar dentro de la Iglesia” (S. Cipriano). Los Santos Padres no anteponían nada (ni sus propias opiniones) al amor de Cristo. Actitudes previas: Bajo la mirada materna de María, figura de la Iglesia… Quien ha experimentado la misericordia divina, no hace rebajas en las exigencias ni descarta a los hermanos necesitados.

NOTA adicional: Resumo mis impresiones de lecturas y observación sobre la Exhortación, al final de Viajes 2016 (ver en este blog, pestañas superiores: MISIÓN/Libros/Viajes misioneros 2016).

ESPERANZA, experiencia, y testimonio de MISERICORDIA

“Cristo, nuestra Esperanza” (1Tim 1,1). “Jesucristo ayer, hoy y siempre” (Heb 13,8). (Ayer, hoy, hacia el futuro): “El tiempo (de las promesas) se ha cumplido, el reino de Dios está cerca, cambiad el corazón y creed en el Evangelio” (Mc 1,15). Fe cristiana como adhesión personal a Cristo y respuesta a su llamada. Fe y discernimiento vocacional (Sínodo 2018, juventud). Camino mariano de las JMJ (2017-2019)

Del gozo de la misericordia, a la vivencia misionera como testigos de la esperanza: “La MISERICORDIA no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre” (Misericordia et misera, n.1). “No nos dejemos robar nunca la ESPERANZA que proviene de la fe en el Señor resucitado” (ibid. n.13)

1:Esperanza, experiencia gozosa de la Misericordia:

Jesucristo “ayer” en nuestra historia: Alegría, gratitud, disponibilidad, dejarse sorprender…

“La miseria del pecado ha sido revestida por la misericordia del amor” (Misericordia et misera, n.1). “La MISERICORDIA suscita alegría porque el corazón se abre a la ESPERANZA de una vida nueva. La alegría del perdón es difícil de expresar, pero se trasparenta en nosotros cada vez que la experimentamos. En su origen (del perdón) está el amor con el cual Dios viene a nuestro encuentro, rompiendo el círculo del egoísmo que nos envuelve, para hacernos también a nosotros instrumentos de misericordia” (ibid., n. 3)

Con María: “Confiemos en su ayuda materna y sigamos su constante indicación de volver los ojos a Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

2:Esperanza, vivencia confiada de la Misericordia:

Jesucristo “hoy” en nuestra realidad de aquí y ahora: confianza, intimidad, camina con nosotros (“contemporáneo”)

“Experimentar la MISERICORDIA produce alegría. No permitamos que las aflicciones y preocupaciones nos la quiten; que permanezca bien arraigada en nuestro corazón y nos ayude a mirar siempre con serenidad la vida cotidiana” (Misericordia et misera, n. 3). “Es él mismo quien nos da palabras de ESPERANZA, porque nada ni nadie podrán jamás separarnos de su amor (cfr. Rom 8,35)” (ibid., n. 15).

Con María: “Que los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios estén siempre vueltos hacia nosotros” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

3:Esperanza, testimonio misionero de la Misericordia:

Jesucristo “siempre” en nuestro caminar histórico: fidelidad, generosidad, compartir.

“Mirar el futuro con ESPERANZA y a estar lista para encaminar nuevamente su vida; de ahora en adelante, si lo querrá, podrá «caminar en la caridad» (cfr. Ef 5,2). Una vez que hemos sido revestidos de MISERICORDIA, aunque permanezca la condición de debilidad por el pecado, esta debilidad es superada por el amor que permite mirar más allá y vivir de otra manera” (Misericordia et misera, n.1). “Se necesitan TESTIGOS de la esperanza y de la verdadera alegría para deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales. El vacío profundo de muchos puede ser colmado por la ESPERANZA que llevamos en el corazón y por la alegría que brota de ella. Hay mucha necesidad de reconocer la alegría que se revela en el corazón que ha sido tocado por la MISERICORDIA” (ibid., n.3). “Que llegue una palabra de esperanza a cuantos sufren y padecen” (ibid., n.13).

Con María: “Ella es la primera en abrir camino y nos acompaña cuando damos testimonio del amor. La MADRE DE MISERICORDIA acoge a todos bajo la protección de su manto, tal y como el arte la ha representado a menudo” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

4:Camino de fe, esperanza y caridad (temas de JMJ), con María:

(Año 2017, mirada al pasado) “el Todopoderoso ha hecho en mí maravillas” (Lc 1,49); (año 2018, mirada al presente) “no temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios” (Lc 1,30); (año 2019, mirada al futuro) “he aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

Con la herencia mariana del Jubileo de la Misericordia, para vivirla y compartirla: “La dulzura de su mirada nos acompañe … para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios… Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús. Su canto de alabanza, en el umbral de la casa de Isabel, estuvo dedicado a la misericordia que se extiende « de generación en generación» (Lc 1,50). También nosotros estábamos presentes en aquellas palabras proféticas de la Virgen María… Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios. María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir ninguno. Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús” (Misericordiae Vultus, n.24).

Su presencia activa y materna en nuestro camino de oración, vocación, santidad, fraternidad y misión.

CRISTO NUESTRA ESPERANZA EN EL “ADVIENTO” DE UN MUNDO QUE CAMBIA

“Ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo” (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, n.80). “¡No nos dejemos robar la esperanza!”. “¡No nos dejemos robar la fuerza misionera! (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.86 y 109)

  1. El Dios de la esperanza

– “Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Rom 5,2).
– “El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Rom 15,13).
– “Tenemos puesta la esperanza en Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, principalmente de los creyentes” (1Tim 4,10).

– “Descansa sólo en Dios, alma mía, porque él es mi esperanza” (Sal 61,2). “En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene” (Sal 62,7-9)

= Venimos de Dios, que nos ha creado y nos sostiene con amor, y volvemos a Dios. El camino del hombre consiste en vivir de la esperanza. “Canta y camina”.

  1. Cristo, nuestra esperanza

– “Cristo Jesús nuestra esperanza” (1Tim 1,1), “esperanza de la gloria” (Col 1,27)
– “Vivir… aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tito 2,13)
– “Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro” (1Jn 3,3).

– “Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha” (Sal 15,11)

= El misterio del hombre desvelado en el encuentro con Cristo (cfr. Jn 14,6; GS 22)

  1. El Señor está cerca

– “Alegraos, el Señor está cerca!” (Fil 4,4-5). “Vengo pronto” (Ap 3,11)
– “La esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5,5).
– “Poned toda vuestra esperanza en la gracia que se os procurará mediante la Revelación de Jesucristo” (I Pe 1,13).
– “Mantenemos la entereza y la gozosa satisfacción de la esperanza” (Heb 3,6).

= Cristo Resucitado nos lleva en su Corazón, nos acompaña, nos envía, nos espera…

  1. María Madre de la esperanza

– María, “signo de esperanza segura y de consuelo” (LG 68).

“Madre de la esperanza, Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino” (Papa Benedicxto XVI, Spe salvi,  n.50)

“La memoria del pueblo fiel, como la de María, debe quedar rebosante de las maravillas de Dios. Su corazón, esperanzado en la práctica alegre y posible del amor que se le comunicó, siente que toda palabra en la Escritura es primero don antes que exigencia” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.142). “Ella (María)  es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia” (ibid., n.286). “Es el Resucitado quien nos dice, con una potencia que nos llena de inmensa confianza y de firmísima esperanza: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). Con María avanzamos confiados hacia esta promesa” (ibid., n.288)

“Que los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios estén siempre vueltos hacia nosotros. Ella es la primera en abrir camino y nos acompaña cuando damos testimonio del amor. La Madre de Misericordia acoge a todos bajo la protección de su manto, tal y como el arte la ha representado a menudo. Confiemos en su ayuda materna y sigamos su constante indicación de volver los ojos a Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

= Presencia activa y materna de María en la Iglesia, en la vida de cada persona y comunidad.

MARÍA en la Const. Apost. VULTUM DEI QUAERERE

Sobre la vida contemplativa femenina (Papa Francisco)

(Ejemplo de María contemplativa)

10.A lo largo de los siglos, la Iglesia nos ha mostrado siempre a María como summa contemplatrix. De la anunciación a la resurrección, pasando por la peregrinación de la fe culminada a los pies de la cruz, María queda en contemplación del Misterio que la habita. En María vislumbramos el camino místico de la persona consagrada, establecida en la humilde sabiduría que gusta el misterio del cumplimiento último. A ejemplo de la Virgen Madre, el contemplativo es la persona centrada en Dios, es aquel para quien Dios es el unum necessarium (cf. Lc 10,42), ante el cual todo cobra su verdadero sentido, porque se mira con nuevos ojos. …

(Las vibraciones del Verbo y la voz del Espíritu)

11.Contemplar, pues, es tener en Cristo Jesús, que tiene el rostro dirigido constantemente hacia el Padre (cf. Jn 1,18), una mirada transfigurada por la acción del Espíritu, mirada en la que florece el asombro por Dios y por sus maravillas; es tener una mente limpia en la que resuenan las vibraciones del Verbo y la voz del Espíritu como soplo de brisa suave (cf. 1 R 19,12).

(Contemplara Cristo siguiendo el modelo de María)

16… La contemplación de Cristo encuentra su modelo insuperable en la Virgen María. El rostro del Hijo le pertenece por título singular. Madre y Maestra de la perfecta conformación con el Hijo, con su presencia ejemplar y maternal, es de gran apoyo en la cotidiana fidelidad a la oración (cf. Hch 1,14) peculiarmente filial.

(En el silencio de María)

33… (el silencio) Que en esto os sea de ejemplo el silencio de María Santísima, que pudo acoger la Palabra porque era mujer de silencio: no un silencio estéril, vacío; por el contrario, un silencio lleno, rico. Y el de la Virgen María es también un silencio rico de caridad, que se dispone para acoger al Otro y a los otros.

(Prolongar el misterio de María virgen, esposa y madre)

37… Vivid, pues, en profunda comunión con la Iglesia para ser en ella viva prolongación del misterio de María virgen, esposa y madre, que acoge y guarda la Palabra para devolverla al mundo, contribuyendo así a que Cristo nazca y crezca en el corazón de los hombres sedientos, aunque a menudo de manera inconsciente, de Aquel que es «camino, verdad y vida» (Jn 14,6). Al igual que María, sed también vosotras «escalera» por la que Dios baja para encontrar al hombre y el hombre sube para encontrar a Dios y contemplar su rostro en el rostro de Cristo.

MISERICORDIA, CAMINO DE LA IGLESIA

Una herencia recibida para vivirla y compartirla

La compasión y misericordia de Jesús: “Tengo compasión” (Mt 15,32). “Dios es Amor… envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él…nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1Jn 4,8-10).  “Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres, él nos salvó… según su misericordia…  ” (Tit 3,4-7). “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra… Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor” (MisericodiaeVultus n.1)
= Encarnación y redención, misterio de amor misericordioso: Jesús “camino”, Buen Pastor que busca; el Padre espera, mira y se conmueve; el hijo vuelve al corazón del Padre (Lc 15)

1.Memoria de la misericordia, camino de vocación

La misericordia de Jesús al llamar a los suyos: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros” (Jn 15,16). “El Padre… nos ha elegido en Cristo antes de la creación del mundo” (Efes 1,3-4). “Dios, rico de misericordia, por el grande amor con que nos amó,  estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo” (Ef 2,4-5). “Doy gracias… a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me consideró digno de confianza al colocarme en el ministerio…  Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores; y el primero de ellos soy yo” (1Tim 1,12-15).
= “Miserando atque eligendo” (S. Beda, llamada a Mateo: Mc 2,18; Lc 5,32 )

2.Experiencia de la misericordia, camino de oración

Invita a la samaritana: Orar al Padre “en Espíritu y en verdad” (Jn 4,23; cfr. Lc 10,21). “Recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!” (Rom 8,15-16). “El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom 8,26).
= Orar reconociéndose “pobres” y “amados” (contentos con su presencia)

3.Actitud de misericordia, camino de santidad

“Sed misericordiosos –compasivos- como vuestro Padre celestial” (Lc 6,36) ); “sed perfectos como vuestro Padre celestial” (Mt 5,48). “Sed más bien buenos entre vosotros, misericordiosos, perdonándoos mutuamente como os perdonó Dios en Cristo” (Efes 4.32)
= Las bienaventuranzas y el mandato del amor: reaccionar amando como Él

4.Compartir la misericordia, camino de misión

(Jesús) “Se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismode conversión para perdón de los pecados” (Lc 3,3).  (Resurrección) “Como el Padre me envió, también yo os envío… Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados” (Jn 20,21-23). “¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,  Padre de los misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación” (2Cor 1,3-4)
= Que todos le conozcan, se sientan amados por él y le amen

5.Pasado, presente y futuro de la misericordia, clave del camino histórico de la Iglesia

“Jesucristo ayer, hoy y siempre” (Heb 13,8). “Cuando llegó la plenitud de los tiempos”… (Gal 4,19). El Magníficat: mirada de misericordia al presente, hacia el futuro, desde el pasado.

“La Iglesia … existe en este mundo y vive y actúa con él. Nacida del amor del Padre Eterno, fundada en el tiempo por Cristo Redentor, reunida en el Espíritu Santo, la Iglesia tiene una finalidad escatológica y de salvación, que sólo en el mundo futuro podrá alcanzar plenamente” (GS 40)

La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes… La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo… El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza” (MisericodiaeVultus n.10)
= La historia (del mundo y de la Iglesia) se construye amando

ROSARIO: CAMINO DE CONTEMPLACIÓN, PERFECCIÓN, MISIÓN

“Dios ha mirado la nada de su sierva” (Lc 1,48). “Haced lo que él os diga” (Jn 2,3.5).

– “El salterio de la Virgen” (Pablo VI, Marialis Cultus 48). Contemplar los misterios de Cristo, con y como María. Camino de contemplación, perfección y misión en la comunión. “El compendio de todo el Evangelio” (Pio XII, Paolo VI). “Concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio. En él resuena la oración de María, su perenne Magníficat” (Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae 1)

“Redescubrir el valor de la oración del Rosario como camino para un encuentro personal con Cristo” (Benedicto XVI, 6 octubre 2010).

Relacionarse con ella: «¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!… ¡Ahí tienes a tu Madre!» (Jn 19, 26-27)

CAMINO DE CONTEMPLACIÓN

“Atesorar” en el corazón como María (Lc 2,19.51). Aprender a “admirar”: Lc 1,29; 2,33

– “Pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo… y nos ponen en comunión vital con Jesús a través –podríamos decir– del Corazón de su Madre… De este modo la sencilla plegaria del Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana” (RVM 2).

– “El Rosario, comprendido en su pleno significado, conduce al corazón mismo del vida cristiana y ofrece una oportunidad ordinaria y fecunda espiritual y pedagógica, para la contemplación personal, la formación del Pueblo de Dios y la nueva evangelización … Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo” (RVM 3).

CAMINO DE PERFECCIÓN

Lc 1,38: “Sí”. Silencio de donación (cfr. Jn 19,25-27: Madre, al pie de la Cruz).

“Mi madre y mis hermanos son quienes escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 8,21).

– “Una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad” (RVM 1).
-“El Magníficat —un retrato de su alma, por decirlo así— está completamente tejido por los hilos tomados de la Sagrada Escritura, de la Palabra de Dios. Así se pone de relieve que la Palabra de Dios es verdaderamente su propia casa, de la cual sale y entra con toda naturalidad. Habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios. Así se pone de manifiesto, además, que sus pensamientos están en sintonía con el pensamiento de Dios, que su querer es un querer con Dios. Al estar íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, puede convertirse en madre de la Palabra encarnada” (Benedicto XVI, Deus Caritas est 41)

CAMINO DE MISIÓN EN COMUNIÓN FRATERNA

María fue “aprisa” a servir en la casa de Isabel (Lc 1,39; cfr. Hech 1,14: Cenáculo misionero).

– “María propone continuamente a los creyentes los ‘misterios’ de su Hijo, con el deseo de que sean contemplados, para que puedan derramar toda su fuerza salvadora. Cuando recita el Rosario, la comunidad cristiana está en sintonía con el recuerdo y con la mirada de María” (RVM 11).

-«Magníficat» (Lc 1, 46)… “expresa todo el programa de su vida: no ponerse a sí misma en el centro, sino dejar espacio a Dios, a quien encuentra tanto en la oración como en el servicio al prójimo; sólo entonces el mundo se hace bueno” (Benedicto XVI, DCe 41)
Tiene una “aptitud para desarrollar una oración contemplativa” y una “connatural eficacia para promover la vida cristiana y el empeño apostólico” (Pablo VI, Marialis Cultus, 42).

-“Pienso en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se aferran a un rosario … para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.125).