Archivo de la categoría: María

LA VIRGEN MARÍA MADRE DE LA IGLESIA

(Celebración: lunes después de Pentecostés. Esquema de retiro)
Madre nuestra, Madre de la Iglesia:

“Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27). Somos herederos del amor de Cristo hacia su madre, que es también la nuestra. Y aprendemos de ella a ser Iglesia misionera y madre.

“La Virgen María… es verdadera­mente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella Cabeza … a quien (a María) la Iglesia católica, enseñada por el Espíritu Santo, honra con filial afecto de piedad como a Madre amantísima” (Lumen Gentium, n.53).

“Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación, y lo mantuvo sin vacilación al pie de la Cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la Bienaventurada Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora” (Lumen Gentium, n.62)

Ella es “Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa” (Pablo VI, 21.11.64).

“María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cfr. Hech 1,14)” (Congregación del Culto, 11.2.18).

La Iglesia la recibe como Madre y como modelo de su propia maternidad:

“Porque en el misterio de la Iglesia que con razón también es llamada madre y virgen, la Bienaventurada Virgen María la prece­dió, mostrando en forma eminente y singular el modelo de la virgen y de la madre… Dio a luz al Hijo a quien Dios constituyó como primogénito entre muchos hermanos (Rom., 8,29), a saber, los fieles a cuya generación y educación coopera con materno amor” (Lumen Gentium, n.63).

“Fue en Pentecostés cuando empezaron “los hechos de los Apóstoles”, como había sido concebido Cristo al venir al Espíritu Santo sobre la Virgen María, y Cristo había sido impulsado a la obra de su ministerio, bajando el mismo Espíritu Santo sobre El mientras oraba” (Ad Gentes, n.4)..

La maternidad de María “encuentra una nueva continuación en la Iglesia y por medio de la Iglesia” (Redemptoris Mater, n.24). Por esto la Iglesia “aprende de María su propia maternidad ministerial”, que “se lleva a cabo no sólo según el modelo y la figura de la Madre de Dios, sino también con su cooperación” (ibídem, nn.43-44).

“La Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Jn 19, 25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina, convirtiéndose en amorosa nodriza de la Iglesia que Cristo ha engendrado en la cruz, entregando el Espíritu … Cristo elige a todos los discípulos como herederos de su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto filial. María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14) … El crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos” (Decreto Congregación del Culto, 11 febrero 2018).

La espiritualidad misionera de cada época histórica se ha forjado, bajo la acción del Espíritu Santo, “con María la madre de Jesús” (Hech 1,14): “Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios” (Evangelii Gaudium, n.286).

“El pueblo cristiano comprendió desde el inicio que en las dificultades y en las pruebas es necesario acudir a la Madre… No serán las ideas o la tecnología lo que nos dará consuelo y esperanza, sino el rostro de la Madre, sus manos que acarician la vida, su manto que nos protege … La Madre no es algo opcional … es el testamento de Cristo” (Papa Francisco, Sta.María Mayor, 28.1.18).

Anuncios

Discernimiento y fidelidad al Espíritu Santo con la Madre de Jesús

Vida cristiana es un itinerario de fidelidad al Espíritu Santo: “Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu” (Gal 5,25). El camino de santidad y de misión, es itinerario de discernimiento y de fidelidad: “No habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo” (Evangelii Nuntiandi, n.75).

“El discernimiento nos lleva a reconocer los medios concretos que el Señor predispone en su misterioso plan de amor, para que no nos quedemos solo en las buenas intenciones” (Gaudete et Exsultate, n.169)

Jesús, en la última cena, prometió la presencia, la luz y la acción santificadora y evangelizadora del Espíritu Santo: “Estará con vosotros para siempre… os lo enseñará todo …  él dará testimonio de mí” (Jn 14,16.26; 15,26).

En la vida de Jesús hay una dinámica que se convierte en un paradigma misionero permanente: “Conducido por el Espíritu hacia el desierto … iba enseñando … para anunciar la buena nueva a los pobres” (Lc 4,1.15.18). Es la pauta del discernimiento vocacional y misionero. Porque si es el Espíritu quien mueve el corazón del misionero, lo lleva hacia el desierto (oración y sacrificio) y luego hacia el anuncio del Evangelio que se concreta en la donación de sí mismo a los “pobres” en todos los campos de caridad.

Fidelidad al Espíritu Santo indica, pues, una actitud relacional de estar atentos a su presencia, de abrirse a sus luces y mociones, de entregarse con generosidad y gratuidad a la obra salvadora y redentora de Jesús. Quien obra según el Espíritu de amor, no busca ni espera otro premio que el de amar y hacer amar al Amor. “Únicamente el Espíritu sabe penetrar en los pliegues más oscuros de la realidad y tener en cuenta todos sus matices, para que emerja con otra luz la novedad del Evangelio” (Gaudete et Exsultate, n.173)

Dios Amor, por medio del Espíritu Santo, durante toda la historia, ya ha ido sembrando las semillas del Verbo y del Evangelio en todos los pueblos. “Es también el Espíritu quien esparce « las semillas de la Palabra » presentes en los ritos y culturas, y los prepara para su madurez en Cristo” (Redemptoris Missio, n.28).

Estamos llamados a ser “evangelizadores con Espíritu”, es decir, “evangelizadores que se abren sin temor, a la acción del Espíritu Santo” (Evangelii Gaudium, n.259). La Iglesia y los apóstoles de todos los tiempos tienen necesidad de “reunirse en el Cenáculo con « María, la madre de Jesús » (Act 1, 14), para implorar el Espíritu y obtener fuerza y valor para cumplir el mandato misionero”; nosotros también, “tenemos necesidad de ser transformados y guiados por el Espíritu” (Evangelii Nuntiandi, n.92).

En todos los momentos del caminar histórico de la Iglesia tiene lugar un “nuevo Pentecostés”, en el sentido de que recibimos nuevas gracias del Espíritu Santo para afrontar las nuevas situaciones que se van presentando.

El Espíritu Santo, que comunica nuevas gracias para afrontar las nuevas situaciones, convierte a los apóstoles “en testigos o profetas (cf. Act 1, 8; 2, 17-18), infundiéndoles una serena audacia que les impulsa a transmitir a los demás su experiencia de Jesús y la esperanza que los anima” (Redemptoris Missio, n.24).

La vida cristiana de santidad y de apostolado en cada época histórica se ha forjado, bajo la acción del Espíritu Santo, “con María la madre de Jesús” (Hech 1,14): “Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios” (Evangelii Gaudium, n.286).

ITINERARIO DE SANTIDAD Y MISIÓN (Pautas de Gaudete et Exsultate)

1.Iglesia llamada a la santidad en proyecto misionero

“Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada” (n.1). “Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió” (n.2). “La santidad es el rostro más bello de la Iglesia” (n.9). “Cada uno por su camino” (n.11; LG 11). “Reconozcamos nuestra fragilidad pero dejemos que Jesús la tome con sus manos y nos lance a la misión” (n.131). “Toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de santidad” (n.177) (Ver todo el cap.I; tentaciones de hoy: cap.II). Citas bíblicas: “Alegraos” (Mt 5,12). “Camina en mi presencia y sé perfecto” (Gen 17,1). Elegidos “para que fuésemos e irreprochables ante él por el amor” (Efes 1,4). “Sed santos, porque yo soy santo” (Lv 11,45; 1Pe 1,16). “Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1Tes 4,3)

2.El camino de las bienaventuranzas y del mandato del amor

“Volvamos a escuchar a Jesús, con todo el amor y el respeto que merece el Maestro. Permitámosle que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un cambio real de vida” (n.66). “Ante la contundencia de estos pedidos de Jesús es mi deber rogar a los cristianos que los acepten y reciban con sincera apertura, «sine glossa», es decir, sin comentario, sin elucubraciones y excusas que les quiten fuerza. El Señor nos dejó bien claro que la santidad no puede entenderse ni vivirse al margen de estas exigencias suyas, porque la misericordia es «el corazón palpitante del Evangelio»” (n.97) (ver todo el cap.III). Citas bíblicas: Bienaventuranzas, himno de la caridad (cfr. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23; 1Cor 13). Mandato del amor (Jn 13,34). Jesús “siendo rico se hizo pobre” (2 Cor 8,9). “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas” (Mt 11,29). “Llorad con los que lloran” (Rom 12,15). “Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella” (Mt 7,12). “Sed perfectos” (Mt 5,48).”Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36-38). “Como yo tuve compasión de tí” (Mt 18,33). “El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz” (Sant 3,18), “Procuremos lo que favorece la paz” (Rom  14,19). “Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber” (Mt 25,35-36). “Entonces surgirá tu luz como la aurora” (Is 58,7-8)

3.En comunión fraterna

“La santificación es un camino comunitario, de dos en dos… San Juan de la Cruz decía… «para que te labren y ejerciten»” (n.141). “La comunidad está llamada a crear ese «espacio teologal en el que se puede experimentar la presencia mística del Señor resucitado». Compartir la Palabra y celebrar juntos la Eucaristía nos hace más hermanos y nos va convirtiendo en comunidad santa y misionera” (n.142). “La comunidad que preserva los pequeños detalles del amor, donde los miembros se cuidan unos a otros y constituyen un espacio abierto y evangelizador, es lugar de la presencia del Resucitado que la va santificando según el proyecto del Padre” (n.145). “En contra de la tendencia al individualismo consumista que termina aislándonos en la búsqueda del bienestar al margen de los demás, nuestro camino de santificación no puede dejar de identificarnos con aquel deseo de Jesús: «Que todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti» (Jn 17,21)” (n.146; cfr. nn.140-146; también nn.6, 128, 154). Citas bíblicas: “Donde están dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy en medio de ellos” (Mt 18,20). “Que todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti” (Jn 17,21). “Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por el pueblo” (2Mac 15,14). “Hay más dicha en dar que en recibir” (Hech 20,35). “Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9,7). “Alegraos con los que están alegres” (Rom 12,15). “Un solo corazón y una sola alma… todo lo compartían en común” (Hech 4,32).

4.Discernir guiados por el Espíritu Santo

“En ese silencio (dela oración) es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone” (n.150). “El discernimiento nos lleva a reconocer los medios concretos que el Señor predispone en su misterioso plan de amor, para que no nos quedemos solo en las buenas intenciones” (n.169). “Únicamente el Espíritu sabe penetrar en los pliegues más oscuros de la realidad y tener en cuenta todos sus matices, para que emerja con otra luz la novedad del Evangelio” (n.173).  “Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento” (n.177). Citas bíblicas: Jesús guiado por el Espíritu al desierto, la predicación, los pobres (cfr. Lc 4), siempre “lleno de gozo en el Espíritu” (Lc 10,21). “Escudriñad todo; quedaos con lo bueno” (1Tes 5,21). “Cuantos son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” ((Rom 8,14). “Distinguir entre el Espíritu de la verdad y el espíritu del error” (1Jn 4,6).

5.Con y como la Madre de Jesús

“María, que supo descubrir la novedad que Jesús traía, cantaba: «Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1,47)” (n.124). “Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…»” (n.176). Citas bíblicas: María escucha (Lc 1,29), concibe por obra del Espíritu Santo (Lc 1,35), hace de la vida un “sí” y un “magníficat” (Lc 1,38.46), “medita en el corazón” (Lc 2,19.51), se asocia a Jesús en la cruz (Jn 19,25), acompaña a la Iglesia orando para recibir el Espíritu Santo (Hech 1,14).

 

CENTENARIO DE FATIMA: 1917-2017

Apariciones marianas y santuarios: Se han dado en toda la historia de la Iglesia. Indican la presencia activa y materna de María. El Evangelio acontece: Jn 19, 25-27 (cfr. Hech 1,14). Criterios de discernimiento: autenticidad del mensaje, honestidad de videntes, frutos. La Iglesia atiende a la situación pastoral que surge. Propiamente no hay obligación de creer por fe. No es nueva revelación, sino motivaciones y luces para vivir el Evangelio.

FÁTIMA: Tema recomendado por Papa Francisco, Jornadas Mundiales Juventud 2017-2019.
Tener en cuenta contexto social, cultural, eclesial: “Su contenido fundamental es la verdad y la llamada del Evangelio” (Juan Pablo II, 13 mayo 1982). Hay una experiencia mística y un contenido profético auténtico. La Iglesia lo aprobó (consagración de Portugal en 1931) por el testimonio auténtico de los tres pastorcitos videntes, profundidad evangélica del mensaje, reacción espontánea del pueblo fiel. La canonización de Francisco y Jacinta (13 mayo 2017) indica el sentido y la importancia para el momento actual (dificultades, persecuciones, misericordia divina).

Las apariciones de 1917, precedidas por las del ángel (1915-1916): Oración del Ángel: “Dios mío, creo, os adoro y vos amo”. Oraciones y sacrificios por pecadores. Devoción trinitaria y eucarística.

(13 mayo 1917) Cueva de Iría. La Virgen les dice que aparecerá el día 13 de cada mes. Pide rezar el Rosario y hacer sacrificios por los pecadores: Dios está muy ofendido. Los tres irán al cielo. “Tendréis que padecer mucho, pero la gracia de Dios será vuestra fuerza”.

(13 junio) Algunas personas presentes. La Virgen pide rezar el Rosario diariamente. “Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado”. “Os queréis ofrecer a Dios?” Muestra su Corazón en su mano derecha, con espinas. Después de la aparición, comienzan las dificultades.

(13 julio) Pide rezar el Rosario por la paz. Según narraciones posteriores de Lucía (las tres partes del secreto): Visión del infierno, hacer la consagración del mundo al Corazón de María, paz y guerra, persecuciones y martirio: “Mi Corazón triunfará” (lo pueden contar a Francisco y a nadie más). Jaculatoria: “Oh Jesús, por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Corazón Inmaculado de María”. Aumentan las dificultades.

(17 agosto) Después de ser liberados (fueron apresados el 13). La Virgen pide ir diariamente a la Cueva de Iría a rezar el Rosario. Promete un milagro para el mes de octubre.

(13 septiembre) Pide rezar el Rosario. Acude muchedumbre; algunos piden curaciones: La Virgen curará algunos durante año si se convierten. “En octubre… haré el milagro para que todos crean”.

(13 octubre) 50 mil personas. “Que no ofendan a Dios que ya está muy ofendido”. Pide Capilla. “Soy la Virgen del Rosario”, “la guerra terminará”. Lucía pide por los enfermos: algunos curarán si piden perdón. Se les aparece San José y el Niño Jesús bendiciendo el mundo. El sol se movió bruscamente muchas veces (numerosos testigos). Reacciones positivas y negativas.

Los tres videntes y sus vivencias (gracias) peculiares): Lucía veía y escuchaba, hablando con la Virgen; Jacinta veía y escuchaba; Francisco solamente veía (y después se lo contaban). Los tres hicieron un camino de transformación espiritual. No pedían curación para ellos. El mensaje y el buen ejemplo de los pastorcitos convenció a todos.

Jacinta: Jacinta muere en 1920 (nació en 1910). Se conmovía al oír hablar de Cristo crucificado y de la pasión. “Murió por nosotros”. Preguntaba: “Por qué fue clavado en la cruz?… Explícamelo cómo fue… No quiero que Jesús sufra más”. Su amor a María. Sacrificios por pecadores. En el proceso de canonización: alegre y servicial. Caridad con los pobres (daba su merienda). Hacía rezar el Rosario en casa. Enferma 14 meses. Confianza en Dios y en María (cuando enferma, tuvo aparición mariana y se lo contó a Lucía). Encargó a Lucía propagar la devoción a Corazón de María.

Francisco: Murió en 1919 (nació en 1908). Gozaba recordando a Jesús y María. Se sentía lleno de la luz de Dios en el alma. Muy sensible a que Dios había sido ofendido: “Me da mucha penda que esté triste… Si no pudiera consolarle… Sufro para consolar a Ntro Señor y a Ntra Señora… Lo ofrezco todo por los pecadores y por el Santo Padre… Ya me falta poco para ir a cielo y allí podré consolar a Ntro Señor y Ntra Señora”. En el proceso de canonización: contemplativo, callado, deseoso de Eucaristía, sacrificios, caridad con los pobres. Sensible al pecado del mundo, consolar a Dios.

Lucía: Nació en 1907. A los 14 años inició su formación primaria con las Doroteas y luego pasó a España, Tuy y Pontevera, 1921 y siguientes; profesión perpetua en 1934; regresa a Portugal en 1946; entró en las Carmelitas de Coimbra (1948). Fue a Fátima en la visita de Pablo VI y Juan Pablo II (murió en 2005). Depositaria del testimonio de los dos hermanitos. Anuncia “el misterio de amor de Dios… todos somos hijos del mismo Dios”. Ofrece la propia vida para superar el mal. Propaga devoción al Corazón Inmaculado de María. Escribe 20 años después de las apariciones siempre por obediencia: cuatro “memorias” sobre las apariciones de Fátima (1935, 1937, 1941 dos memorias). La redacción del tercer secreto (por obediencia) fue en 1944. Se expresa según su cultura y peculiaridad, con variantes, pero siempre coherente y objetiva en lo esencial.

La actitud de la Iglesia y la invitación de los Papas (visitas y mensajes): Aprobación inicial de los obispos portugueses. Actuaciones pontificias laudatorias: desde Pío XI a Papa Francisco.

La consagración del mundo al Corazón de María: Obispos portugueses (1931). Pío XII (1942, etc.), Juan Pablo II (1981, etc). Los “secretos” de Fátima (publicación del tercer secreto: 2000)

Resumen: Mensaje claro y concreto, oración (Rosario), sacrifico (reparación). En un contexto cultural e histórico, pero va más allá del tiempo y del lugar (pecado y persecuciones). Impacto permanente, local y universal. Una experiencia mística y un mensaje profético, con expresiones personales. Invitación (motivaciones) para vivir el Evangelio hoy (miserias y pecados de la humanidad), desde el amor de Dios (revelado en Cristo y expresado en el Corazón de su Madre).

EUCARISTIA, MARIA, MISION, VOCACIONES

(Cfr. “Ecclesia de Eucharistia”: EdE, “Mane nobiscum, Domine”: MND, “Sacramentum Caritatis”: SCa)

1.Espiritualidad relacional (Presencia) (Mt 26,27; cfr. 28,20): “Renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor” (EdE 25).“Almas enamoradas de El… escuchando su voz y sintiendo los latidos de su corazón” (MND 18). “La adoración fuera de la santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica” (SCa 66).

2.Espiritualidad oblativa (sacrificio) (Lc 22,19-20; imitación): «El Señor Jesús, la noche en que fue entregado» (1 Cor 11, 23), instituyó el Sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre… Es el sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos” (EdE 11). “El sacrificio de conformarnos a Cristo” (EdE 57). “La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús… nos implicamos en la dinámica de su entrega” (SCa 11; cita DCe 13).

3.Espiritualidad de transformación (comunión) (Jn 6,57): “Comunión con Dios Padre, mediante la identificación con el Hijo Unigénito, por obra del Espíritu Santo” (EdE 34). “Vivir en él (en Cristo) la vida trinitaria” (EdE 60). “Iglesia… comunión” (EdE 61). “En la escuela de los santos” (EdE 62) “Formamos una realidad fundada ontológicamente en el Bautismo y alimentada por la Eucaristía” (SCa 76).

4.Espiritualidad escatológica (esperanza) (1Cor 11,26):  “El mundo retorna a Él, redimido por Cristo” (EdE 8). “Semilla de viva esperanza” (EdE 20). “La prenda del fin al que todo hombre aspira” (EdE 59). “Transformar con él (Cristo) la historia” (EdE 60). “La Eucaristía nos proyecta hacia el futuro de la última venida de Cristo… un dinamismo que abre al camino cristiano el paso a la esperanza” (MND 15). “La esperanza de la resurrección de la carne y la posibilidad de encontrar de nuevo, cara a cara, a quienes nos han precedido en el signo de la fe, se fortalece en nosotros mediante la celebración del Memorial de nuestra salvación” (SCa 32).

5.Espiritualidad mariana (Lc 1,31; Hech 1,14):  “En la escuela de María” (EdE 7 y cap.VI). “Mujer eucarística con toda su vida” (EdE 53). “Amén” (fiat de María). “Primer tabernáculo de la historia” (EdE 55). “Desde la perspectiva mariana” (MND 9). “Tomando a María como modelo… Ave verum corpus matum de Maria Virgine” (MND 31). “Cada vez que en la Liturgia eucarística nos acercamos al Cuerpo y Sangre de Cristo, nos dirigimos también a Ella que, adhiriéndose plenamente al sacrificio de Cristo, lo ha acogido para toda la Iglesia… Es el modelo de cómo cada uno de nosotros está llamado a recibir el don que Jesús hace de sí mismo en la Eucaristía” (SCa 33; cfr. LG 58).

6.Espiritualidad eclesial (Iglesia comunión) (Hech 2,42; 4,32):  “La Iglesia vive de la Eucaristía… «fuente y cima de toda la vida cristiana» (LG 11)… La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, el mismo Cristo” (EdE 1). “La Eucaristía, construyendo la Iglesia, crea precisamente por ello comunidad entre los hombres” (EdE 24). “La Iglesia expresa realmente lo que es… sacramento universal de salvación y comunión” (EdE 61). “La Eucaristía es fuente de unidad eclesial y, a la vez, su máxima expresión” (MND 21). “La comunión tiene siempre y de modo inseparable una connotación vertical y una horizontal: comunión con Dios y comunión con los hermanos y hermanas” (SCa 76).

7.Espiritualidad ministerial-sacerdotal (Lc 22,19; 1Cor 11,25):  “El sacerdote pone su boca y su voz a disposición de Aquél que las pronunció en el Cenáculo” (EdE 5). “In persona, es decir, en la identificación específica, sacramental con el sumo y eterno Sacerdote” (EdE 29). “Centro y cumbre de la vida sacerdotal… Cada jornada será así verdaderamente eucarística… puesto central en la pastoral de las vocaciones sacerdotales” (EdE 31). “Vosotros, sacerdotes… dejaos interpelar por la gracia… con la alegría y el fervor de la primera vez, y haciendo oración frecuentemente ante el sagrario” (MND 30). “Experimentar la delicia, no solo de participar cada día en la santa Misa, sino también de dialogar reposadamente con Jesús Eucaristía” (MND 30). “Antes que nada, el sacerdote es servidor y tiene que esforzarse continuamente en ser signo que, como dócil instrumento en sus manos, se refiere a Cristo… profundizar siempre en la conciencia del propio ministerio eucarístico como un humilde servicio a Cristo y a su Iglesia” (SCa 23)

8.Espiritualidad de vida consagrada (Alianza: Lc 22,20): “Consagrados y consagradas… Jesús en el Sagrario espera teneros a su lado para rociar vuestros corazones con esa íntima experiencia de su amistad, la única que puede dar sentido y plenitud a vuestra vida” (MND 30). “El testimonio profético de las consagradas y de los consagrados, que encuentran en la Celebración eucarística y en la adoración la fuerza para el seguimiento radical de Cristo obediente, pobre y casto” (SCa 81).

9.Espiritualidad misionera (Mt 26,28; Jn 6,51): “La Iglesia se expresa como sacramento universal de salvación” (EdE 61). “Cristo… centro de la historia de la humanidad… gozo de todos los corazones” (MND 6; GS 45). “Verdaderamente, nada hay más hermoso que encontrar a Cristo y comunicarlo a los demás… No podemos acercarnos a la Mesa eucarística sin dejarnos llevar por ese movimiento de la misión que, partiendo del corazón mismo de Dios, tiende a llegar a todos los hombres. Así pues, el impulso misionero es parte constitutiva de la forma eucarística de la vida cristiana” (SCa 84).

VIDA NUEVA EN EL ESPÍRITU SANTO

-Cristo Sacerdote: “Ungido por el Espíritu, pasó haciendo el bien” (Hech 10,38; Lc 4,18)

-Nuestra actitud de fidelidad: Su presencia, luz, acción santificadora y misionera (Jn 7,37-38; 14-16; 20,21-23) “El Espíritu de la verdad… dará testimonio de mí” (Jn 15,25). “Vivimos… obremos según el Espíritu” (Gal 5,25)

-Proceso de discernimiento: “Desierto” (humildad), “pobres” (caridad), “gozo” (Lc 4,1.18; 10,21). “Discernimiento de espíritus (1Cor 12,10; cfr. 1Jn 4,1). “Guiados por el Espíritu” (Rom 8,14).

-Oración, actitud filial: “Nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!” (Rom 8,15; Gal 4,7)

-María y Iglesia en Pentecostés: “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hech 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.284)

Pentecostés permanente: “La Iglesia vive, crece y se despierta en las almas, que – como la Virgen María – acogen la Palabra de Dios y la conciben por obra del Espíritu Santo; ofrecen a Dios la propia carne y, precisamente en su pobreza y humildad, se hacen capaces de generar a Cristo hoy en el mundo” (Benedicto XVI, Palabras de despedida … a los cardenales presentes en Roma, 28 febrero 2013) Trasfondo de San León Magno, que citamos a continuación:

SAN LEÓN MAGNO:

“Gracias al mismo Espíritu por cuya virtud Cristo fue concebido y nació, hemos nacido de nuevo de un origen espiritual” (Carta 31,4).

“Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo… nos resucitó a la vida de Cristo (cfr. Efes 2,5) para que fuésemos en él una nueva criatura, una nueva obra de sus manos… Reconoce, cristiano, tu dignidad, pues participas de la naturaleza divina (cfr. 2Pe 1,4)” (Homilía 21, sobre la Natividad del Señor)

“Para todo hombre que renace, el agua del bautismo se identifica con el seno de la Virgen, porque es el mismo Espíritu Santo quien llena la fuente del bautismo, así como fecundó el seno de la Virgen” (Homilía 24, sobre la Navidad del Señor).

“Aquellos inicios que él asumió en el seno de la Virgen, los transfirió después a las fuentes bautismales. Dio al agua lo que había dado a la madre. Aquello que la potencia del Altísimo realizó en María cuando la cubrió con el Espíritu Santo, para que de ella naciera el Salvador, aquello mismo lo realiza en las aguas a fin de que el creyente se regenere” (Homilía 25, sobre la Natividad del Señor)

“El Espíritu, por el que del cuerpo de su madre inviolada nació Cristo, es también el mismo por el que de las entrañas de la santa Iglesia renace el cristiano, para el que la verdadera paz nunca está separada de la voluntad de Dios, y encuentra sus delicias solamente en lo que Dios ama” (Homilía 29, sobre la Natividad del Señor).

“Por obra del Espíritu Santo nació él de una Virgen, y por obra del mismo Espíritu Santo fecunda también su Iglesia pura, a fin de que, a través del bautismo, dé a luz a una multitud innumerable de hijos de Dios, de quienes está escrito: Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios” (Homilía 63, sobre la pasión)

“Los Apóstoles, una vez llenos y con más abundancia del Espíritu Santo… despreciando la muerte, llevaron a todas las naciones el evangelio de la verdad” (Homilía 76, sobre Pentecostés)

MARIA EN EL CAMINO HACIA LAS JORNADAS MUNDIALES DE LA JUVENTUD (II)

Mensaje de Papa Francisco (selección IIª: Magníficat)

… Creer en Dios es un don inestimable, pero exige también recibirlo; e Isabel bendice a María por eso. Ella, a su vez, responde con el canto del Magnificat (cf. Lc 1,46-55), donde encontramos las palabras: «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (v. 49).

La oración de María es revolucionaria, es el canto de una joven llena de fe, consciente de sus límites, pero que confía en la misericordia divina.

Esta pequeña y valiente mujer da gracias a Dios porque ha mirado su pequeñez y porque ha realizado la obra de la salvación en su pueblo, en los pobres y humildes.

La fe es el corazón de toda la historia de María. Su cántico nos ayuda a comprender cómo la misericordia del Señor es el motor de la historia, tanto de la persona, de cada uno de nosotros, como del conjunto de la humanidad.

Cuando Dios toca el corazón de un joven o de una joven, se vuelven capaces de grandes obras. Las «cosas grandes» que el Todopoderoso ha hecho en la vida de María nos hablan también del viaje de nuestra vida, que no es un deambular sin sentido, sino una peregrinación que, aun con todas sus incertidumbres y sufrimientos, encuentra en Dios su plenitud…

Cuando el Señor nos llama no se fija en lo que somos, en lo que hemos hecho. Al contrario, en el momento en que nos llama, él está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de ofrecer. Como la joven María, podéis hacer que vuestra vida se convierta en un instrumento para mejorar el mundo. Jesús os llama a dejar vuestra huella en la vida, una huella que marque la historia, vuestra historia y la historia de muchos.

María es poco más que una adolescente, como muchos de vosotros. Sin embargo, en el Magnificat alaba a su pueblo, su historia. Esto nos enseña que ser joven no significa estar desconectado del pasado.

Nuestra historia personal forma parte de una larga estela, de un camino comunitario que nos ha precedido durante siglos. Como María, pertenecemos a un pueblo…

De María se dice que conservaba todas las cosas, meditándolas en su corazón (cf. Lc 2,19.51). Esta sencilla muchacha de Nazaret nos enseña con su ejemplo a conservar la memoria de los acontecimientos de la vida, y también a reunirlos, recomponiendo la unidad de los fragmentos, que unidos pueden formar un mosaico…

Leyendo el Magnificat nos damos cuenta del conocimiento que María tenía de la Palabra de Dios. Cada versículo de este cántico tiene su paralelo en el Antiguo Testamento. La joven madre de Jesús conocía bien las oraciones de su pueblo. Seguramente se las habían enseñado sus padres y sus abuelos…

María recoge el patrimonio de fe de su pueblo y compone con él un canto totalmente suyo y que es también el canto de toda la Iglesia. La Iglesia entera lo canta con ella. Para que también vosotros, jóvenes, podáis cantar un Magnificat totalmente vuestro y hacer de vuestra vida un don para toda la humanidad, es fundamental que conectéis con la tradición histórica y la oración de aquellos que os han precedido…

María nos enseña a vivir en una actitud eucarística, esto es, a dar gracias, a cultivar la alabanza y a no quedarnos sólo anclados en los problemas y las dificultades…

Hemos visto que el Magnificat brota del corazón de María en el momento en que se encuentra con su anciana prima Isabel, quien, con su fe, con su mirada perspicaz y con sus palabras, ayuda a la Virgen a comprender mejor la grandeza del obrar de Dios en ella, de la misión que él le ha confiado

Como María con Isabel, dirigid vuestra mirada hacia los ancianos, hacia vuestros abuelos. Ellos os contarán cosas que entusiasmarán vuestra mente y emocionarán vuestro corazón…

Cuando María en el Evangelio dice que «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (Lc 1,49), se refiere a que aquellas «cosas grandes» no han terminado, sino que continúan realizándose en el presente. No se trata de un pasado remoto…

La joven de Nazaret, que en todo el mundo ha asumido miles de rostros y de nombres para acercarse a sus hijos, interceda por cada uno de nosotros y nos ayude a proclamar las grandes obras que el Señor realiza a través de nosotros.