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LA VIRGEN DE NUESTRO “SÍ”, Papa Francisco, Panamá JMJ enero 2019

(Discurso a los jóvenes, 24 enero 2019) … María se animó a decir “sí”. Se animó a darle vida al sueño de Dios… ¿Nos animamos a decirle al ángel, como María: he aquí los siervos del Señor, hágase? No contesten acá, cada uno conteste en su corazón. Hay preguntas que solo se contestan en silencio.

(Vía Crucis con los jóvenes, 25 de enero de 2019) Hay una certeza que llena de esperanza este Camino de la Cruz: Jesús lo recorrió con amor. Y también lo vivió la Virgen Gloriosa, la que desde el comienzo de la Iglesia ha querido sostener con su ternura el camino de la evangelización…

¿Nos animamos a permanecer al pie de la cruz como María? Contemplamos a María, mujer fuerte. De ella queremos aprender a estar de pie al lado de la cruz. Con su misma decisión y valentía, sin evasiones ni espejismos. Ella supo acompañar el dolor de su Hijo, tu Hijo, Padre, sostenerlo en la mirada, cobijarlo con el corazón. Dolor que sufrió, pero no la resignó. Fue la mujer fuerte del “sí”, que sostiene y acompaña, cobija y abraza. Ella es la gran custodia de la esperanza.

De María aprendemos a decir “sí” al aguante recio y constante de tantas madres, padres, abuelos que no dejan de sostener y acompañar a sus hijos y nietos cuando “están en la mala”.

De ella aprendemos a decir “sí” a la testaruda paciencia y creatividad de aquellos que no se achican y vuelven a comenzar en situaciones que parecen que todo está perdido, buscando crear espacios, hogares, centros de atención que sean mano tendida en la dificultad.

En María aprendemos la fortaleza para decir “sí” a quienes no se han callado y no se callan ante una cultura del maltrato y del abuso, del desprestigio y la agresión y trabajan para brindar oportunidades y condiciones de seguridad y protección. En María aprendemos a recibir y hospedar a todos aquellos que han sufrido el abandono, que han tenido que dejar o perder su tierra, sus raíces, sus familias, su trabajo.

Padre, como María queremos ser Iglesia, la Iglesia que propicie una cultura que sepa acoger, proteger, promover e integrar; que no estigmatice y menos generalice en la más absurda e irresponsable condena de identificar a todo emigrante como portador del mal social.

De ella queremos aprender a estar de pie al lado de la cruz, pero no con un corazón blindado y cerrado, sino con un corazón que sepa acompañar, que conozca de ternura y devoción; que entienda de piedad al tratar con reverencia, delicadeza y comprensión. Queremos ser una Iglesia de la memoria que respete y valorice a los ancianos y reivindique el lugar que tienen como custodios de nuestras raíces.

Padre, como María queremos aprender a estar. Enséñanos Señor a estar al pie de la cruz, al pie de las cruces; despierta esta noche nuestros ojos, nuestro corazón; rescátanos de la parálisis y de la confusión, del miedo y de la desesperación. Padre, enséñanos a decir: Aquí estoy junto a tu Hijo, junto a María y junto a tantos discípulos amados que quieren hospedar tu Reino en el corazón. Amén. Y después de haber vivido la Pasión del Señor junto a María al pie de la cruz, nos vamos con el corazón silencioso y en paz, alegre y con muchas ganas de seguir a Jesús. que Jesús los acompañe y que la Virgen los cuide.

(Vigilia con los jóvenes, 26 enero 2019) … Él siempre nos primerea, es primero. Y así sorprendió a María y la invitó a formar parte de esta historia de amor. Sin lugar a dudas la joven de Nazaret no salía en las “redes sociales” de la época, ella no era una “influencer”, pero sin quererlo ni buscarlo se volvió la mujer que más influenció en la historia. Y le podemos decir con confianza de hijos: María, la “influencer” de Dios. Con pocas palabras se animó a decir “sí” y a confiar en el amor, a confiar en las promesas de Dios, que es la única fuerza capaz de renovar, de hacer nuevas todas las cosas…

Siempre llama la atención la fuerza del “sí” de María, Joven. La fuerza de ese «hágase» que le dijo al ángel. Fue una cosa distinta a una aceptación pasiva o resignada. Fue algo distinto a un “sí” como diciendo: bueno, vamos a probar a ver qué pasa. María no conocía esa expresión: vamos a ver qué pasa. Era decidida, supo de qué se trataba y dijo “sí”, sin vueltas. Fue algo más, fue algo distinto. Fue el “sí” de quien quiere comprometerse y el que quiere arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa…

María tendría, sin dudas, una misión difícil, pero las dificultades no eran una razón para decir “no”. Seguro que tendría complicaciones, pero no serían las mismas complicaciones que se producen cuando la cobardía nos paraliza por no tener todo claro o asegurado de antemano. ¡María no compró un seguro de vida! ¡María se jugó y por eso es fuerte, por eso es una influencer, es la influencer de Dios! El “sí” y las ganas de servir fueron más fuertes que las dudas y las dificultades.

Esta tarde también escuchamos cómo el “sí” de María hace eco y se multiplica de generación en generación. Muchos jóvenes a ejemplo de María arriesgan y apuestan, guiados por una promesa…

… frente a todos los anuncios y dificultades que aparecían, tomaron una decisión y dijeron como María «hágase», decidieron amarla … Decir “sí” como María a esta historia de amor es decir “sí” a ser instrumentos para construir, en nuestros barrios, comunidades eclesiales capaces de callejear la ciudad, abrazar y tejer nuevas relaciones.

… Ustedes fueron creados para algo más. María lo comprendió y dijo: ¡Hágase! A ustedes jóvenes le pregunto: ¿Quieren ser “influencer” al estilo de María? [¡Si!”] Ella se animó a decir «hágase».

… Amigos: Les pido también que en ese cara a cara con Jesús sean buenos, y le pidan por mí para que yo tampoco tenga miedo de abrazar la vida, para que sea capaz de cuidar las raíces y diga como María: ¡Hágase según tu palabra!

(Homilía Misa de Clausura, 27 enero 2019): Todos estos días de forma especial ha susurrado como música de fondo el “hágase” de María. Ella no solo creyó en Dios y en sus promesas como algo posible, le creyó a Dios y se animó a decir “sí” para participar en este ahora del Señor. Sintió que tenía una misión, se enamoró y eso lo decidió todo… Que vuestro “sí” siga siendo la puerta de ingreso para que el Espíritu Santo nos regale un nuevo Pentecostés a la Iglesia y al mundo. (Saludo al final de la Misa): … Con María sigan diciendo “sí” al sueño que Dios sembró en ustedes.

 

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DEJÉMONOS MIRAR, ABRAZAR, TOMAR DE LA MANO DE MARÍA (1 enero 2019, selección de frases de la homilía de Papa Francisco)

Dios es un niño pequeño en brazos de una mujer, que nutre a su Creador… Está en el regazo de su madre, que es también nuestra madre, y desde allí derrama una ternura nueva sobre la humanidad.

La Madre de Dios nos ayuda: Madre que ha engendrado al Señor, nos engendra a nosotros para el Señor. Es madre y regenera en los hijos el asombro de la fe, porque la fe es un encuentro, no es una religión.

La Virgen lleva a la Iglesia la atmósfera de casa, de una casa habitada por el Dios de la novedad. Acojamos con asombro el misterio de la Madre de Dios… Dejémonos mirar, dejémonos abrazar, dejémonos tomar de la mano por ella.

Dejémonos mirar. Especialmente en el momento de la necesidad, cuando nos encontramos atrapados por los nudos más intrincados de la vida, hacemos bien en mirar a la Virgen, a la Madre,

Pero es hermoso ante todo dejarnos mirar por la Virgen. Cuando ella nos mira, no ve pecadores, sino hijos. Se dice que los ojos son el espejo del alma, los ojos de la llena de gracia reflejan la belleza de Dios, reflejan el cielo sobre nosotros.

Jesús ha dicho que el ojo es «la lámpara del cuerpo» (Mt 6,22): los ojos de la Virgen saben iluminar toda oscuridad, vuelven a encender la esperanza en todas partes. Su mirada dirigida hacia nosotros nos dice: “Queridos hijos, ánimo; estoy yo, vuestra madre”.

Esta mirada materna, que infunde confianza, ayuda a crecer en la fe. La fe es un vínculo con Dios que involucra a toda la persona, y que para ser custodiado necesita de la Madre de Dios. Su mirada materna nos ayuda a sabernos hijos amados en el pueblo creyente de Dios y a amarnos entre nosotros, más allá de los límites y de las orientaciones de cada uno. La Virgen nos arraiga en la Iglesia, donde la unidad cuenta más que la diversidad, y nos exhorta a cuidar los unos de los otros.

La mirada de María recuerda que para la fe es esencial la ternura, que combate la tibieza. Ternura: la Iglesia de la ternura. Ternura, palabra que muchos quieren hoy borrar del diccionario.

Cuando en la fe hay espacio para la Madre de Dios, nunca se pierde el centro: el Señor, porque María jamás se señala a sí misma, sino a Jesús; y a los hermanos, porque María es Madre.

Mirada de la Madre, mirada de las madres… Madre de Dios, enséñanos tu mirada sobre la vida y vuelve tu mirada sobre nosotros, sobre nuestras miserias. Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos.

Dejémonos abrazar. Después de la mirada, entra en juego el corazón, en el que, dice el Evangelio de hoy, «María conservaba todas estas cosas, meditándolas» (Lc 2,19). Es decir, la Virgen guardaba todo en el corazón, abrazaba todo, hechos favorables y contrarios. Y todo lo meditaba, es decir, lo llevaba a Dios. Este es su secreto. Del mismo modo se preocupa por la vida de cada uno de nosotros: desea abrazar todas nuestras situaciones y presentarlas a Dios.

En la vida fragmentada de hoy, donde corremos el riesgo de perder el hilo, el abrazo de la Madre es esencial. Hay mucha dispersión y soledad a nuestro alrededor, el mundo está totalmente conectado, pero parece cada vez más desunido.

Necesitamos confiarnos a la Madre. En la Escritura, ella abraza numerosas situaciones concretas y está presente allí donde se necesita: acude a la casa de su prima Isabel, ayuda a los esposos de Caná, anima a los discípulos en el Cenáculo…

María es el remedio a la soledad y a la disgregación. Es la Madre de la consolación, que consuela porque permanece con quien está solo. Ella sabe que para consolar no bastan las palabras, se necesita la presencia; allí está presente como madre. Permitámosle abrazar nuestra vida.

En la Salve Regina la llamamos “vida nuestra”: parece exagerado, porque Cristo es la vida (cf. Jn 14,6), pero María está tan unida a él y tan cerca de nosotros que no hay nada mejor que poner la vida en sus manos y reconocerla como “vida, dulzura y esperanza nuestra”.

Entonces, en el camino de la vida, dejémonos tomar de la mano. Las madres toman de la mano a los hijos y los introducen en la vida con amor. Pero cuántos hijos hoy van por su propia cuenta, pierden el rumbo, se creen fuertes y se extravían, se creen libres y se vuelven esclavos. Cuántos, olvidando el afecto materno, viven enfadados consigo mismos e indiferentes a todo…

Dios no prescindió de la Madre: con mayor razón la necesitamos nosotros. Jesús mismo nos la ha dado, no en un momento cualquiera, sino en la cruz: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27) dijo al discípulo, a cada discípulo.

La Virgen no es algo opcional: debe acogerse en la vida. Es la Reina de la paz, que vence el mal y guía por el camino del bien, que trae la unidad entre los hijos, que educa a la compasión.

Tómanos de la mano, María. Aferrados a ti superaremos los recodos más estrechos de la historia. Llévanos de la mano para redescubrir los lazos que nos unen. Reúnenos juntos bajo tu manto, en la ternura del amor verdadero, donde se reconstituye la familia humana: “Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios”.

Papa Francisco invita a rezar el Rosario en sintonía con la Madre de Jesús

Santuario Mater Misericordiae, Vilna,  Lituania, 22 de septiembre de 2018

… La “Virgen de la Misericordia”, la Santa Madre de Dios que siempre está dispuesta a socorrernos, a salir en nuestro auxilio.

Esta Madre, sin Niño, toda dorada, es la Madre de todos; ella ve en cada uno de los que vienen hasta aquí lo que tantas veces ni nosotros mismos alcanzamos a percibir: el rostro de su Hijo Jesús grabado en nuestro corazón.

La Madre de la Misericordia, como toda buena madre, busca reunir a la familia y nos dice al oído: “Busca a tu hermano”. Así nos abre la puerta a un nuevo amanecer, a una nueva aurora.

Que al cruzar este umbral experimentemos la fuerza que purifica nuestro modo de abordar a los demás, y la Madre nos permita mirar sus limitaciones y defectos con misericordia y humildad, sin creernos superiores a nadie.

Que al contemplar los misterios del rosario le pidamos ser una comunidad que sabe anunciar a Cristo Jesús, nuestra esperanza, a fin de construir una patria que sabe acoger a todos, que recibe de la Virgen Madre los dones del diálogo y la paciencia, de la cercanía y la acogida que ama, perdona y no condena.

Que María sea siempre la Puerta de la Aurora para toda esta bendita tierra. Dejándonos guiar por ella, recemos ahora una decena del Rosario, contemplando el tercer misterio gozoso…

Santuario de la Madre de Dios de Aglona, Letonia, 24 de septiembre de 2018

Al adentrarnos en el misterio de la Palabra, ella nos muestre cuál es la Buena Noticia que el Señor hoy quiere compartirnos… Todos los descartados de la sociedad pueden hacer experiencia de esta Madre delicadamente cercana, porque en el que sufre siguen abiertas las llagas de su Hijo Jesús.

María le cree a Jesús y recibe al discípulo, porque las relaciones que nos sanan y liberan son las que nos abren al encuentro y a la fraternidad con los demás, porque descubren en el otro al mismo Dios… María se muestra también como la mujer que se deja recibir, que humildemente acepta pasar a ser parte de las cosas del discípulo.

Al pie de la cruz, María nos recuerda el gozo de haber sido reconocidos como sus hijos, y su Hijo Jesús nos invita a traerla a casa, a ponerla en medio de nuestra vida.

Ella nos quiere regalar su valentía, para estar firmemente de pie; su humildad, que la hace adaptarse a las coordenadas de cada momento de la historia.

Roma, vigilia mariana, 8 de octubre de 2016, sobre el rezo del Rosario

Por muchos aspectos, la oración del Rosario es la síntesis de la historia de la misericordia de Dios que se transforma en historia de salvación para quienes se dejan plasmar por la gracia.

Por medio de la plegaria y de la meditación de la vida de Jesucristo, volvemos a ver su rostro misericordioso que sale al encuentro de todos en las diversas necesidades de la vida. María nos acompaña en este camino, indicando al Hijo que irradia la misericordia misma del Padre. En cada misterio del Rosario la sentimos cercana a nosotros y la contemplamos como la primera discípula de su Hijo, la que cumple la voluntad del Padre.

LA VIRGEN MARÍA MADRE DE LA IGLESIA

(Celebración: lunes después de Pentecostés. Esquema de retiro)
Madre nuestra, Madre de la Iglesia:

“Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27). Somos herederos del amor de Cristo hacia su madre, que es también la nuestra. Y aprendemos de ella a ser Iglesia misionera y madre.

“La Virgen María… es verdadera­mente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella Cabeza … a quien (a María) la Iglesia católica, enseñada por el Espíritu Santo, honra con filial afecto de piedad como a Madre amantísima” (Lumen Gentium, n.53).

“Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación, y lo mantuvo sin vacilación al pie de la Cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la Bienaventurada Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora” (Lumen Gentium, n.62)

Ella es “Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa” (Pablo VI, 21.11.64).

“María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cfr. Hech 1,14)” (Congregación del Culto, 11.2.18).

La Iglesia la recibe como Madre y como modelo de su propia maternidad:

“Porque en el misterio de la Iglesia que con razón también es llamada madre y virgen, la Bienaventurada Virgen María la prece­dió, mostrando en forma eminente y singular el modelo de la virgen y de la madre… Dio a luz al Hijo a quien Dios constituyó como primogénito entre muchos hermanos (Rom., 8,29), a saber, los fieles a cuya generación y educación coopera con materno amor” (Lumen Gentium, n.63).

“Fue en Pentecostés cuando empezaron “los hechos de los Apóstoles”, como había sido concebido Cristo al venir al Espíritu Santo sobre la Virgen María, y Cristo había sido impulsado a la obra de su ministerio, bajando el mismo Espíritu Santo sobre El mientras oraba” (Ad Gentes, n.4)..

La maternidad de María “encuentra una nueva continuación en la Iglesia y por medio de la Iglesia” (Redemptoris Mater, n.24). Por esto la Iglesia “aprende de María su propia maternidad ministerial”, que “se lleva a cabo no sólo según el modelo y la figura de la Madre de Dios, sino también con su cooperación” (ibídem, nn.43-44).

“La Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Jn 19, 25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina, convirtiéndose en amorosa nodriza de la Iglesia que Cristo ha engendrado en la cruz, entregando el Espíritu … Cristo elige a todos los discípulos como herederos de su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto filial. María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14) … El crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos” (Decreto Congregación del Culto, 11 febrero 2018).

La espiritualidad misionera de cada época histórica se ha forjado, bajo la acción del Espíritu Santo, “con María la madre de Jesús” (Hech 1,14): “Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios” (Evangelii Gaudium, n.286).

“El pueblo cristiano comprendió desde el inicio que en las dificultades y en las pruebas es necesario acudir a la Madre… No serán las ideas o la tecnología lo que nos dará consuelo y esperanza, sino el rostro de la Madre, sus manos que acarician la vida, su manto que nos protege … La Madre no es algo opcional … es el testamento de Cristo” (Papa Francisco, Sta.María Mayor, 28.1.18).

Discernimiento y fidelidad al Espíritu Santo con la Madre de Jesús

Vida cristiana es un itinerario de fidelidad al Espíritu Santo: “Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu” (Gal 5,25). El camino de santidad y de misión, es itinerario de discernimiento y de fidelidad: “No habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo” (Evangelii Nuntiandi, n.75).

“El discernimiento nos lleva a reconocer los medios concretos que el Señor predispone en su misterioso plan de amor, para que no nos quedemos solo en las buenas intenciones” (Gaudete et Exsultate, n.169)

Jesús, en la última cena, prometió la presencia, la luz y la acción santificadora y evangelizadora del Espíritu Santo: “Estará con vosotros para siempre… os lo enseñará todo …  él dará testimonio de mí” (Jn 14,16.26; 15,26).

En la vida de Jesús hay una dinámica que se convierte en un paradigma misionero permanente: “Conducido por el Espíritu hacia el desierto … iba enseñando … para anunciar la buena nueva a los pobres” (Lc 4,1.15.18). Es la pauta del discernimiento vocacional y misionero. Porque si es el Espíritu quien mueve el corazón del misionero, lo lleva hacia el desierto (oración y sacrificio) y luego hacia el anuncio del Evangelio que se concreta en la donación de sí mismo a los “pobres” en todos los campos de caridad.

Fidelidad al Espíritu Santo indica, pues, una actitud relacional de estar atentos a su presencia, de abrirse a sus luces y mociones, de entregarse con generosidad y gratuidad a la obra salvadora y redentora de Jesús. Quien obra según el Espíritu de amor, no busca ni espera otro premio que el de amar y hacer amar al Amor. “Únicamente el Espíritu sabe penetrar en los pliegues más oscuros de la realidad y tener en cuenta todos sus matices, para que emerja con otra luz la novedad del Evangelio” (Gaudete et Exsultate, n.173)

Dios Amor, por medio del Espíritu Santo, durante toda la historia, ya ha ido sembrando las semillas del Verbo y del Evangelio en todos los pueblos. “Es también el Espíritu quien esparce « las semillas de la Palabra » presentes en los ritos y culturas, y los prepara para su madurez en Cristo” (Redemptoris Missio, n.28).

Estamos llamados a ser “evangelizadores con Espíritu”, es decir, “evangelizadores que se abren sin temor, a la acción del Espíritu Santo” (Evangelii Gaudium, n.259). La Iglesia y los apóstoles de todos los tiempos tienen necesidad de “reunirse en el Cenáculo con « María, la madre de Jesús » (Act 1, 14), para implorar el Espíritu y obtener fuerza y valor para cumplir el mandato misionero”; nosotros también, “tenemos necesidad de ser transformados y guiados por el Espíritu” (Evangelii Nuntiandi, n.92).

En todos los momentos del caminar histórico de la Iglesia tiene lugar un “nuevo Pentecostés”, en el sentido de que recibimos nuevas gracias del Espíritu Santo para afrontar las nuevas situaciones que se van presentando.

El Espíritu Santo, que comunica nuevas gracias para afrontar las nuevas situaciones, convierte a los apóstoles “en testigos o profetas (cf. Act 1, 8; 2, 17-18), infundiéndoles una serena audacia que les impulsa a transmitir a los demás su experiencia de Jesús y la esperanza que los anima” (Redemptoris Missio, n.24).

La vida cristiana de santidad y de apostolado en cada época histórica se ha forjado, bajo la acción del Espíritu Santo, “con María la madre de Jesús” (Hech 1,14): “Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios” (Evangelii Gaudium, n.286).

ITINERARIO DE SANTIDAD Y MISIÓN (Pautas de Gaudete et Exsultate)

1.Iglesia llamada a la santidad en proyecto misionero

“Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada” (n.1). “Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió” (n.2). “La santidad es el rostro más bello de la Iglesia” (n.9). “Cada uno por su camino” (n.11; LG 11). “Reconozcamos nuestra fragilidad pero dejemos que Jesús la tome con sus manos y nos lance a la misión” (n.131). “Toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de santidad” (n.177) (Ver todo el cap.I; tentaciones de hoy: cap.II). Citas bíblicas: “Alegraos” (Mt 5,12). “Camina en mi presencia y sé perfecto” (Gen 17,1). Elegidos “para que fuésemos e irreprochables ante él por el amor” (Efes 1,4). “Sed santos, porque yo soy santo” (Lv 11,45; 1Pe 1,16). “Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1Tes 4,3)

2.El camino de las bienaventuranzas y del mandato del amor

“Volvamos a escuchar a Jesús, con todo el amor y el respeto que merece el Maestro. Permitámosle que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un cambio real de vida” (n.66). “Ante la contundencia de estos pedidos de Jesús es mi deber rogar a los cristianos que los acepten y reciban con sincera apertura, «sine glossa», es decir, sin comentario, sin elucubraciones y excusas que les quiten fuerza. El Señor nos dejó bien claro que la santidad no puede entenderse ni vivirse al margen de estas exigencias suyas, porque la misericordia es «el corazón palpitante del Evangelio»” (n.97) (ver todo el cap.III). Citas bíblicas: Bienaventuranzas, himno de la caridad (cfr. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23; 1Cor 13). Mandato del amor (Jn 13,34). Jesús “siendo rico se hizo pobre” (2 Cor 8,9). “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas” (Mt 11,29). “Llorad con los que lloran” (Rom 12,15). “Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella” (Mt 7,12). “Sed perfectos” (Mt 5,48).”Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36-38). “Como yo tuve compasión de tí” (Mt 18,33). “El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz” (Sant 3,18), “Procuremos lo que favorece la paz” (Rom  14,19). “Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber” (Mt 25,35-36). “Entonces surgirá tu luz como la aurora” (Is 58,7-8)

3.En comunión fraterna

“La santificación es un camino comunitario, de dos en dos… San Juan de la Cruz decía… «para que te labren y ejerciten»” (n.141). “La comunidad está llamada a crear ese «espacio teologal en el que se puede experimentar la presencia mística del Señor resucitado». Compartir la Palabra y celebrar juntos la Eucaristía nos hace más hermanos y nos va convirtiendo en comunidad santa y misionera” (n.142). “La comunidad que preserva los pequeños detalles del amor, donde los miembros se cuidan unos a otros y constituyen un espacio abierto y evangelizador, es lugar de la presencia del Resucitado que la va santificando según el proyecto del Padre” (n.145). “En contra de la tendencia al individualismo consumista que termina aislándonos en la búsqueda del bienestar al margen de los demás, nuestro camino de santificación no puede dejar de identificarnos con aquel deseo de Jesús: «Que todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti» (Jn 17,21)” (n.146; cfr. nn.140-146; también nn.6, 128, 154). Citas bíblicas: “Donde están dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy en medio de ellos” (Mt 18,20). “Que todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti” (Jn 17,21). “Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por el pueblo” (2Mac 15,14). “Hay más dicha en dar que en recibir” (Hech 20,35). “Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9,7). “Alegraos con los que están alegres” (Rom 12,15). “Un solo corazón y una sola alma… todo lo compartían en común” (Hech 4,32).

4.Discernir guiados por el Espíritu Santo

“En ese silencio (dela oración) es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone” (n.150). “El discernimiento nos lleva a reconocer los medios concretos que el Señor predispone en su misterioso plan de amor, para que no nos quedemos solo en las buenas intenciones” (n.169). “Únicamente el Espíritu sabe penetrar en los pliegues más oscuros de la realidad y tener en cuenta todos sus matices, para que emerja con otra luz la novedad del Evangelio” (n.173).  “Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento” (n.177). Citas bíblicas: Jesús guiado por el Espíritu al desierto, la predicación, los pobres (cfr. Lc 4), siempre “lleno de gozo en el Espíritu” (Lc 10,21). “Escudriñad todo; quedaos con lo bueno” (1Tes 5,21). “Cuantos son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” ((Rom 8,14). “Distinguir entre el Espíritu de la verdad y el espíritu del error” (1Jn 4,6).

5.Con y como la Madre de Jesús

“María, que supo descubrir la novedad que Jesús traía, cantaba: «Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1,47)” (n.124). “Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…»” (n.176). Citas bíblicas: María escucha (Lc 1,29), concibe por obra del Espíritu Santo (Lc 1,35), hace de la vida un “sí” y un “magníficat” (Lc 1,38.46), “medita en el corazón” (Lc 2,19.51), se asocia a Jesús en la cruz (Jn 19,25), acompaña a la Iglesia orando para recibir el Espíritu Santo (Hech 1,14).

 

CENTENARIO DE FATIMA: 1917-2017

Apariciones marianas y santuarios: Se han dado en toda la historia de la Iglesia. Indican la presencia activa y materna de María. El Evangelio acontece: Jn 19, 25-27 (cfr. Hech 1,14). Criterios de discernimiento: autenticidad del mensaje, honestidad de videntes, frutos. La Iglesia atiende a la situación pastoral que surge. Propiamente no hay obligación de creer por fe. No es nueva revelación, sino motivaciones y luces para vivir el Evangelio.

FÁTIMA: Tema recomendado por Papa Francisco, Jornadas Mundiales Juventud 2017-2019.
Tener en cuenta contexto social, cultural, eclesial: “Su contenido fundamental es la verdad y la llamada del Evangelio” (Juan Pablo II, 13 mayo 1982). Hay una experiencia mística y un contenido profético auténtico. La Iglesia lo aprobó (consagración de Portugal en 1931) por el testimonio auténtico de los tres pastorcitos videntes, profundidad evangélica del mensaje, reacción espontánea del pueblo fiel. La canonización de Francisco y Jacinta (13 mayo 2017) indica el sentido y la importancia para el momento actual (dificultades, persecuciones, misericordia divina).

Las apariciones de 1917, precedidas por las del ángel (1915-1916): Oración del Ángel: “Dios mío, creo, os adoro y vos amo”. Oraciones y sacrificios por pecadores. Devoción trinitaria y eucarística.

(13 mayo 1917) Cueva de Iría. La Virgen les dice que aparecerá el día 13 de cada mes. Pide rezar el Rosario y hacer sacrificios por los pecadores: Dios está muy ofendido. Los tres irán al cielo. “Tendréis que padecer mucho, pero la gracia de Dios será vuestra fuerza”.

(13 junio) Algunas personas presentes. La Virgen pide rezar el Rosario diariamente. “Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado”. “Os queréis ofrecer a Dios?” Muestra su Corazón en su mano derecha, con espinas. Después de la aparición, comienzan las dificultades.

(13 julio) Pide rezar el Rosario por la paz. Según narraciones posteriores de Lucía (las tres partes del secreto): Visión del infierno, hacer la consagración del mundo al Corazón de María, paz y guerra, persecuciones y martirio: “Mi Corazón triunfará” (lo pueden contar a Francisco y a nadie más). Jaculatoria: “Oh Jesús, por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Corazón Inmaculado de María”. Aumentan las dificultades.

(17 agosto) Después de ser liberados (fueron apresados el 13). La Virgen pide ir diariamente a la Cueva de Iría a rezar el Rosario. Promete un milagro para el mes de octubre.

(13 septiembre) Pide rezar el Rosario. Acude muchedumbre; algunos piden curaciones: La Virgen curará algunos durante año si se convierten. “En octubre… haré el milagro para que todos crean”.

(13 octubre) 50 mil personas. “Que no ofendan a Dios que ya está muy ofendido”. Pide Capilla. “Soy la Virgen del Rosario”, “la guerra terminará”. Lucía pide por los enfermos: algunos curarán si piden perdón. Se les aparece San José y el Niño Jesús bendiciendo el mundo. El sol se movió bruscamente muchas veces (numerosos testigos). Reacciones positivas y negativas.

Los tres videntes y sus vivencias (gracias) peculiares): Lucía veía y escuchaba, hablando con la Virgen; Jacinta veía y escuchaba; Francisco solamente veía (y después se lo contaban). Los tres hicieron un camino de transformación espiritual. No pedían curación para ellos. El mensaje y el buen ejemplo de los pastorcitos convenció a todos.

Jacinta: Jacinta muere en 1920 (nació en 1910). Se conmovía al oír hablar de Cristo crucificado y de la pasión. “Murió por nosotros”. Preguntaba: “Por qué fue clavado en la cruz?… Explícamelo cómo fue… No quiero que Jesús sufra más”. Su amor a María. Sacrificios por pecadores. En el proceso de canonización: alegre y servicial. Caridad con los pobres (daba su merienda). Hacía rezar el Rosario en casa. Enferma 14 meses. Confianza en Dios y en María (cuando enferma, tuvo aparición mariana y se lo contó a Lucía). Encargó a Lucía propagar la devoción a Corazón de María.

Francisco: Murió en 1919 (nació en 1908). Gozaba recordando a Jesús y María. Se sentía lleno de la luz de Dios en el alma. Muy sensible a que Dios había sido ofendido: “Me da mucha penda que esté triste… Si no pudiera consolarle… Sufro para consolar a Ntro Señor y a Ntra Señora… Lo ofrezco todo por los pecadores y por el Santo Padre… Ya me falta poco para ir a cielo y allí podré consolar a Ntro Señor y Ntra Señora”. En el proceso de canonización: contemplativo, callado, deseoso de Eucaristía, sacrificios, caridad con los pobres. Sensible al pecado del mundo, consolar a Dios.

Lucía: Nació en 1907. A los 14 años inició su formación primaria con las Doroteas y luego pasó a España, Tuy y Pontevera, 1921 y siguientes; profesión perpetua en 1934; regresa a Portugal en 1946; entró en las Carmelitas de Coimbra (1948). Fue a Fátima en la visita de Pablo VI y Juan Pablo II (murió en 2005). Depositaria del testimonio de los dos hermanitos. Anuncia “el misterio de amor de Dios… todos somos hijos del mismo Dios”. Ofrece la propia vida para superar el mal. Propaga devoción al Corazón Inmaculado de María. Escribe 20 años después de las apariciones siempre por obediencia: cuatro “memorias” sobre las apariciones de Fátima (1935, 1937, 1941 dos memorias). La redacción del tercer secreto (por obediencia) fue en 1944. Se expresa según su cultura y peculiaridad, con variantes, pero siempre coherente y objetiva en lo esencial.

La actitud de la Iglesia y la invitación de los Papas (visitas y mensajes): Aprobación inicial de los obispos portugueses. Actuaciones pontificias laudatorias: desde Pío XI a Papa Francisco.

La consagración del mundo al Corazón de María: Obispos portugueses (1931). Pío XII (1942, etc.), Juan Pablo II (1981, etc). Los “secretos” de Fátima (publicación del tercer secreto: 2000)

Resumen: Mensaje claro y concreto, oración (Rosario), sacrifico (reparación). En un contexto cultural e histórico, pero va más allá del tiempo y del lugar (pecado y persecuciones). Impacto permanente, local y universal. Una experiencia mística y un mensaje profético, con expresiones personales. Invitación (motivaciones) para vivir el Evangelio hoy (miserias y pecados de la humanidad), desde el amor de Dios (revelado en Cristo y expresado en el Corazón de su Madre).