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MARÍA, MADRE DE MISERICORDIA, en S. JUAN DE ÁVILA

(Selección) “Cuando nos dicen de la Virgen … que tiene puestos en nosotros sus ojos de misericordia, esto nos agrada y satisface más. ¿Quién será tan desagradecido que no os agradezca esto, y tan triste que no se alegre en veros misericordiosa?” (Sermón 58, n.1-2).

“Mas todo lo que en ella hay es blandura, no sólo para los justos que andan en lumbre, mas como luna perfecta y hermosa, llena de misericordia… y tan cercana para nuestro remedio, que [a] ninguna pura criatura en la tierra ni en el cielo tan presto le tocan nuestras miserias como a su virginal corazón, tan rico en misericordia, que la llama la Iglesia Madre de misericordia … y esta piadosa Señora está diputada por Dios para socorro de atribulados, y es universal limosnera de todas las misericordias que Dios hace a los hombres” (Sermón 60, Natividad de María, n.18).

“Ten, hermano, confianza en esta Virgen sagrada, que si tú quieres llamarla con ruegos, hacerla servicios, implorar su misericordia y oficio de interceder, sentirás que ni ella es sorda para oírte ni tus oraciones y servicios saldrán en balde” (Sermón 60, n.24).

“Señora, ponemos nuestras heridas para que las curéis, pues sois enfermera del hospital de la misericordia de Dios, donde los llagados se curan… creemos que os dotó Dios de tanta misericordia, que vuestra limpieza y pureza no se desdeña ni alanza de sí a los pecadores llagados, mas que cuanto es mayor su necesidad, tanto más vuestra misericordia os mueve a su remedio” (Sermón 60, n.32).

“Pues para tal día como este de la encarnación de Dios, tal mañana se requiere como la bienaventurada Virgen… ella es alba saludable; si día de misericordia, ella es madre de misericordia; si día de gracia, ella es madre de gracia” (Sermón 61 – natividad – , n.6).

“Es muy grande la misericordia de la Virgen, a muchos se extiende: para todos los que la llaman” (Sermón 62, n.48).

… “el día de la Purificación o Presentación; y compró un par de tórtolas o palominos como pobre, porque el oro que los reyes le habían dado ya lo había, como misericordiosa, expendido a pobres” (Sermón 64, n.4).

“Y aquel tiene a la Virgen, que tiene a su Hijo o lo quiere tener; el que está en gracia le tiene. Y quien gime sus pecados y los confiesa también le tendrá; que no sólo la Virgen es Madre de los justos, mas también abogada para alcanzar perdón al pecador” (Sermón 66, Visitación, n.17).

“Llama a San Juan: ­Di, hijo mío, ¿adónde están mis hijos? Vuestros hermanos, ¿dónde están? Los racimos de mi corazón, los pedazos de mis entrañas, ¿adónde están? … traédmelos, que yo les prometo perdón de mi Hijo … Calla, hermano, que perdonarte ha; ¿no conoces ya su misericordia? La Madre me ha prometido de alcanzar perdón… no hayas vergüenza” (Sermón 67, Soledad n.42-43).

“En sus entrañas tiene, aun estando en el cielo, entrañable compasión de nosotros … ¡Oh Virgen para siempre bendita! ¡Oh Madre de misericordia!” (Sermón 68, nn.18 y 20).

“Mas tengo hijos en el mundo, la salvación de los cuales deseo con muy amoroso y maternal corazón… no he perdido la compasión de ellos ni el deseo de su salvación que tenía en el mundo, antes se me ha acrecentado, porque el Señor me ha acrecentado la caridad” (Sermón 69, Asunción, n.39).

“De la Virgen se dice que estaba con Dios componiendo todas las cosas (Prov 8,30)… teniendo el sello de su misericordia abierto para recibir a todos… Mas no por eso en el día de su grande honra se olvida de los pobres hijuelos que son los cristianos, y desea que la llamásemos y pidiésemos misericordia y que supiésemos que tiene poder para nos la alcanzar de su Hijo bendito” (Sermón 71, Asunción, n.27).

“Corazón de madre tiene la Virgen contigo… las riquezas que ha enviado la Virgen a sus pobres hijos que en la tierra tenía, alcanzando a unos perdón de pecados por graves que fuesen, librando a otros de penosas y graves tentaciones, dando consuelo a los tristes, conforte a los de flaco corazón … Acuérdate de estas y otras muchas misericordias que ha hecho a los que de verdad la llaman” (Sermón 71, Asunción, n.29).

 

NAVIDAD, en los escritos de San Juan de Ávila

¡Quién os viera hoy madre y virgen, tan virgen como las vírgenes y tan madre como las madres! … Y si queréis ver alguna hermosura en la tierra, suplicad a nuestro Señor que os dé ojos de consideración, para ver una doncella hoy en el portal de Belén con un Doncel en sus brazos. No hay cosa más hermosa … (Sermón 4)

¿Y quién puede oír que la Sacratísima Virgen tiene en sus brazos a Jesucristo, que no se regocije? Fue hecho gozo no solamente para la Virgen, sino para todos los que lo oyeren (Sermón 4)

Ya hoy es día de mostrar Dios su misericordia. Esta señal os doy para que no perdáis de vista al Mesías: «infante envuelto en pañales, puesto en un pesebre»… Es hoy día de las misericordias de Dios y que rebosa de alegría y de confianza para los pecadores (Sermón 4)

Convido a los errados, a los desmayados y grandes pecadores, que vamos al pesebre a ver llorar al Niño … De ternura y de amor de su corazón llora el Niño (Sermón 4)

Comencemos vida nueva, pues el Niño la comienza. Salir del vientre de vuestra Madre a correr la carrera así como gigante (cf. Sal 18,6). Vais por humildad, por pobreza. A la corte vais por mis negocios. Quiérome ir con vos … ¿Que trabajéis vos por mí y descanse yo? Yo seré vuestro compañero. Con vos me quiero ir, pues que vais por mis negocios … ¡Enhorabuena se ponga el Hijo de Dios en el pesebre para mi remedio y para enseñar el amor que nos tiene! (Sermón 4)

¿Queréis ver la cosa más linda de las lindas? Ved una doncella en el portal de Belén con un doncel en los brazos, dándole a mamar … No hay cosa más hermosa de ver. Rogad a la Virgen que os dé ojos para saberla mirar. Cuando yo veo a una imagen con un Niño en los brazos, pienso que he visto todas las cosas (Sermón 4)

¡Enhorabuena venga tal día, en el cual el Padre Eterno nos da a su Hijo, y su santa Madre también, y el Niño lo ha por bien! ¿Qué resta sino que, echando yo de mí los pecados, reciba yo a este Niño y lo ose llamar de aquí adelante con gran regocijo: Niño mío y Dios mío? … Quien le ama, fácilmente cumple lo demás (Sermón 4)

No hay cosa que más lastime mi alma como ver que ya ha nacido Dios y que ya ha llorado, y derramado su sangre, y sufrido la muerte con la cruz, y que no haya quien se aproveche de ello (Sermón 5/1)

Para hallar a Cristo, buscad al enfermo, y al pobre, y al olvidado del mundo. Temo que por falta de esta estrella no buscan muchos a Cristo (Sermón 5/1)

Pues nosotros, que hemos hallado al Niño, ¿qué le daremos? ¿Hemos de parecer delante de él sin dones? No hay ninguno que no tenga que ofrecer, pues a sí mismo se puede todo quemar en holocausto (Sermón 5/1)

Esta fiesta, hermano, de nacer Dios y hacerse chiquito por amor de los hombres, por vos se hace … Andá, id allá, daos prisa, acorred al Salvador a ser salvos (Sermón 5/2)

No hay cosa que más me desmaye ni que más me haga caer la faz de vergüenza que ver el amor con que me buscaste y el descuido con que yo te busco … Dos alforjas has de llevar para buscar a Dios, que son confianza y perseverancia (ibídem)

Ábrele el corazón, y abrirásle el tesoro con que más se huelga. Ya abrió Dios sus entrañas y corazón … Más vale delante de Dios tantico corazón que tanto de ofrenda sin corazón … Conoce tu miseria y llégate al portalico a demandar limosna. Si no hay oro, ofrece oración. El que no ora tiene su casa hedionda … Aquel ama a Dios verdaderamente que no guarda nada de sí mismo para sí (Sermón 5/2)

 

San Juan de Ávila (10 mayo)

De Corazón a corazón: 1Cor 2,1-7 (“No quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado”); Lc 10,1-9 (“Los envió de dos en dos… donde él había de ir… La mies es mucha, los obreros pocos… orad… no llevéis bolsa”)

Contemplación, vivencia, misión: San Juan de Ávila es una exégesis viva del evangelio, al estilo de San Pablo. Se sabe amado por Él, no puede prescindir de Él, no antepone nada a su amor. La fecundidad de su vida apostólica radica en la sintonía de amor con Cristo: amarle y hacerle amar. “¡Oh cruz, hazme lugar, y recibe mi cuerpo, y deja el de mi Señor!” (Tratado del amor de Dios). “Segador era” (epitafio, Montilla).

* En el día a día con la Madre de Jesús: Somos fruto de sus entrañas, bajo la acción del mismo Espíritu Santo que formó a Jesús en ella. “Pastora, no jornalera que buscase su propio interés, pues que amaba tanto a las ovejas, que, después de haber dado por la vida de ellas la vida de su amantísimo Hijo, diera de muy buena gana su vida propia, si necesidad de ella tuvieran” (Sermón 70).

EL ITINERARIO DE LA FE EN SAN JUAN DE ÁVILA

Vida cristiana, vida de fe:

La fe es “virginidad” del alma: “La fe sin error es parte de virginidad, y una esperanza firme que Dios te ha de salvar y que te ama” (Ser 6). La fe es la “estrella” para buscar a “Dios escondido” (Carta 43).

La fe viva justifica: “Ni circuncisión, ni obras, todo vale nada delante de Dios si no hay fe; y tampoco la fe vale delante de sus ojos si no tiene vida… Vida tiene de tener nuestra fe, caridad y amor de Dios y del prójimo, que ésta es su vida, y éstas son las señales de que no es muerta” (Gálatas, n.52). “Cristo no sólo es verdad, mas bondad; pues negáis la bondad, contra Cristo sois” (Juan I, lec. 15ª).

La fe está en relación con la esperanza y la caridad: “Por la fe con caridad, dice que mora Cristo en nosotros. La fe es la que le aposenta, la que le da el señorío, la que con él nos liga; y ella misma es las arras, los dones y los collares que da Cristo a la esposa con quien se casa” (Gálatas, n.52). “No creer solo, no bautismo solo; fe y sacramentos, bien recibidos, y obras, son menester para ser salvos” (Ser 33).

Itinerario de la fe en el “Audi Filia”: el hombre debe creer a Dios si revela (cap. 38), aunque revele misterios ininteligibles (cap. 32), por la autoridad de Dios que no se engaña ni nos engaña (cap. 42). Para movernos a la fe, Dios nos ofrece (especialmente por medio de Jesucristo) milagros y profecías (cap. 33-38) y una doctrina que llega a satisfacer el corazón humano (cap. 34-38). Pero la fe no es un producto de la lógica humana, sino un don de Dios, que respeta siempre la libertad del hombre (cap. 43ss).

Don de Dios:

“Él pone este don en nosotros, y después de haberle puesto, él le fortalece, para que confiemos en él… Este don pone Dios en sus grandes amigos y en aquellos que saben aprovecharse de él como fue en Abraham” (Gálatas, n.28). “La Palabra de Dios no puede faltar, sino que es verdadera… Más vale creer que ver” (Ser 41).

Fe y razón:

“La fe ensancha el corazón a creer que aquello que nos parece tan sobre nuestro juicio, aquello tan sobre nuestro merecimiento y medida, aquello es Dios y propio rastro y señal de El” (Carta 133).

“Nuestra fe cree cosas que aunque no sean contra razón, no se pueden alcanzar por razón” (AF cap. 32). “Así como sólo Dios por su Iglesia declara lo que se ha de creer, así El solo puede dar fuerzas para lo creer” (AF cap. 43). Por esto hay que dar gracias a Dios por haber recibido la fe (cfr. AF cap. 44; Ser 4).

Se asiente a las verdades divinas por la autoridad de Dios que se manifiesta (AF cap. 31-32 y 38). “Cree la fe lo que no ve, y adora con firmeza lo que a la razón es escondido” (AF cap. 31).

“Esta fe no está arrimada a razones ni motivos… Mas la fe que Dios infunde está arrimada a la Verdad divinal y hace creer con mayor firmeza que si lo viese con sus propios ojos… porque ni puede el entendimiento alcanzar con su propia razón a tener claridad de las cosas de la fe, ni la fe es tener evidencia, porque no sería fe ni habría merecimiento” (AF cap. 43). Es “honra de Dios, del cual, mientras cosas más altas creemos y que sobrepujan a nuestra razón, más le honramos y más nos le sometemos” (Carta 150).

Fe que supera las dificultades de la vida:

“Cuando un alma, con el amor de Dios, que es vida de la fe, desprecia lo próspero y adverso del mundo, y cree y confía en Dios, al cual no ve, no hay por donde el demonio le entre” (AF cap. 29). Con esta fe, “no haríamos tanto caudal” de las cosas de este mundo (cfr. Ser 13).

Itinerario de vida espiritual, fe esperanza y caridad

La fe es “el principio de la vida espiritual”, como don de Dios y fruto también de nuestra escucha de la Palabra de Dios (AF cap. 1). Escuchar con fe la Palabra de Dios: “Estas palabras, devota esposa de Jesucristo, dice… Dios a la Iglesia cristiana, amonestándole lo que debe hacer para que el gran Rey Jesucristo la ame, de lo cual a ella se le siguen todos los bienes” (AF cap.1).

“Cuando un ánima, con el amor de Dios, que es vida de la fe, desprecia lo próspero y adverso del mundo, y cree y confía en Dios, al cual no ve, no hay por donde el demonio le entre” (AF cap. 29).

Fe, esperanza y caridad: “Creyendo firme con el entendimiento que todo el poder es de Dios, y confortados con el capacete de la esperanza, y ofrecidos a Dios con el amor, tomando de buena gana lo que El nos enviare, venga por donde viniere, haremos burla de nuestro enemigo, y adoraremos al Señor” (AF cap. 30).

La fe es “perla preciosa, sin la cual cuanto uno más tiene, más pobre está”, y es la “disposición para dársenos el Espíritu Santo” (Carta 150, 89ss). Somos invitados a imitar la fe de Abraham (cfr. Gálatas, n.28). Pero especialmente es María el modelo de nuestra fe: “Si Abraham se dice padre de creyentes, más razón hay para que la Virgen se llame madre de fe” (Ser 5 -2-). “Así como Dios entró en el vientre de María haciéndose hombre, porque ella creyó la palabra que le fue dicha, así venga Dios en el ánima por la palabra de la fe. Abraham fue justificado por la fe, y los que tienen fe son verdaderos hijos de Abraham” (Carta 150).

 

Lunes semana 27 Tiempo Ordinario (8 octubre 2012)

De corazón a corazón: Gal 1,6-12 (“El evangelio … lo recibí por revelación de Jesucristo”); Lc 10,25-37 (“¿Quién es mi prójimo?”…(el buen samaritano)…  “Haz tú lo mismo”)

Contemplación, vivencia, misión: Sólo en sintonía con el Corazón de Cristo, se comprende su mensaje de actitud filial para con Dios y de amor fraterno para con todos. “¿Mi prójimo?” es toda persona que se cruza en mi camino. Es el mismo Jesús que vive en el corazón de todo ser humano, como llamando a la puerta para entrar en nuestro corazón. Esta “ciencia” del “crucificado”  no estará nunca de moda, pero es la única sabiduría que da sentido a la vida.

*En el día a día con la Madre de Jesús: “Con el Rosario, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor” (Juan Pablo II, RVM 1)

SAN JUAN DE ÁVILA, NUEVO DOCTOR DE LA IGLESIA UNIVERSAL “Es un Santo español del 1500, gran predicador, gran escritor, gran promotor de la reforma de la Iglesia, en el período del concilio de Trento, y gran maestro de vida espiritual. De entre sus libros sobre sale uno que merecería ser conocido también hoy en Italia, especialmente por parte de las almas religiosas, titulado «Audi Filia», escucha, hija” (Pablo VI,1970).

Domingo 27 Tiempo Ordinario (7 octubre 2012, Ntra Sra. del Rosario)

De Corazón a corazón: Gen 2,18-24 (“No es bueno que el hombre esté solo… El Señor formó la mujer”); Heb 2,9-11 (“A Jesús le vemos coronado de gloria y dignidad por haber sufrido la muerte… en beneficio de todos”); Mc 10,2-16 (“Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”)

Contemplación, vivencia, misión: La humanidad entera y cada ser humano está llamado a ser reflejo de Dios Amor, donde cada persona es sólo relación de donación. Ser familia y vivir en familia es nuestra razón de ser. Jesús “hermano” y “esposo” de toda la humanidad hace posible que en el matrimonio resuene su “sí” al Padre, en el amor de Espíritu Santo. Él, desde la Encarnación, ha elevado el matrimonio de los “bautizados” a ámbito de este “sí” de donación esponsal. Pero su vida de donación es el punto de referencia y llama a algunos a ser signo de este su amor esponsal y virginal, como anticipación de una realidad de resucitados en Cristo. Sólo los “niños” captan que todo esto es don de amor del Padre de todos los pueblos.

En el día a día  con la Madre de Jesús: Las diferencias son para completarse y realizarse amando de verdad. La Sagrada Familia (Jesús, María y José) son el punto de referencia. Benedicto XVI  nos invita a “redescubrir el valor de la oración del Rosario como camino para un encuentro personal con Cristo”.

SAN JUAN DE ÁVILA, NUEVO DOCTOR DE LA IGLESIA UNIVERSAL (7 octubre 2012) “Su profundo conocimiento de la Sagrada Escritura, de los santos padres, de los concilios, de las fuentes litúrgicas y de la sana teología, junto con su amor fiel y filial a la Iglesia, hizo de él un auténtico renovador, en una época difícil de la historia de la Iglesia” (Benedicto XVI).

Sábado semana 26 Tiempo Ordinario (6 octubre 2012, S. Bruno)

De Corazón a corazón: Job 42,1-3.5-6.12-17 (“Te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos”); Lc 10,17-24 (“Sí, Padre, porque tal ha sido tu beneplácito”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús acoge en su Corazón a los pequeños, enfermos, marginados, resquebrajado, sin distinción de color, religión y clase social. Su gozo consiste en poderlos presentar al Padre como un pedazo de sus entrañas. Estamos injertados en él por el bautismo. El Padre nos mira en él con el amor del Espíritu Santo. Pero hay que purificarse de todo lo que no suene a autenticidad y donación, para poderle “ver” caminando a nuestro lado, y también en cada hermano.

*En el día a día con la Madre de Jesús: Somos “elegidos” en Cristo por parte del Padre (Efes 1,4), somos “un pensamiento de Dios” (Bta. Inés Teresa). En esta elección desde la eternidad, está también su Madre y nuestra, como miembros de una misma familia “cristiana”.

SAN JUAN DE ÁVILA, NUEVO DOCTOR DE LA IGLESIA UNIVERSAL  (VIIº) (Próximo 7 octubre 2012) Ver artículos en el Blog (texto digital en pestañas: Misión, Sacerdocio, Espiritualidad). Algunos artículos más recientes: Juan de Ávila, una figura que trasciende su época: Seminarios, 57 (2011) 13-31;  La figura histórica de san Juan de Ávila, doctor de la Iglesia y su incidencia en los retos actuales de la espiritualidad sacerdotal: Anuario de Historia de la Iglesia, 21 (2012) 37-61; La fisonomía de san Juan de Ávila como Doctor: Palabra (agosto-septiembre 2012) n. especial, pp.4-6; La espiritualidad del itinerario litúrgica en san Juan de Ávila: Liturgia y Espiritualidad 43 (2012) 459-467.