Archivo de la categoría: Misión

VOCACIÓN, ÍNTIMA AMISTAD CON CRISTO

La vocación, amistad con Cristo

“Hemos visto su gloria” (Jn 1,14). “Hemos conocido el amor” (1Jn 4,16). “Lo que hemos visto y oído… el Verbo de la vida” (1Jn 1,1ss). “Estuvieron con Él (Jn 1,39;cfr. Jn 1.35-51). “Llamó a los que quiso… para que estuvieran con él” (Mc 3,13-14); “habéis estado conmigo desde el principio” (Jn 15,27).

Su declaración de amistad, el amor más hermoso:

Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, ofrece su amistad, como declaración de amor, participación en su misma vida y entrega de su vida por sus amigos como señal del amor más hermoso (Jn 15,4-17).  “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Jn 15,13-14). “Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él… Verdaderamente, nada hay más hermoso que encontrar a Cristo y comunicarlo a los demás” (Sacramentum Caritatis, n.84).

Nada y nadie puede ocupar su puesto en nuestro corazón:

“Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68). “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor” (Jn 15,9). “Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios” (Ef 3,17-20).

Una vida toda para Él:

“Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí ‑ que quiere decir,  “Maestro” ‑ ¿dónde vives?». Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima” (Jn 1,38-39). A los santos se les ha llamado “amigos de Dios” (cfr. Sal 31,24; 37,28; 89,20).

En las dificultades:

“Soy yo, no temáis” (Jn 6,20). “Precisamente porque es « enviado », el misionero experimenta la presencia consoladora de Cristo, que lo acompaña en todo momento de su vida. « No tengas miedo … porque yo estoy contigo » (Hech 18, 9-10). Cristo lo espera en el corazón de cada hombre” (RMi 88). “Con tan buen amigo presente, todo se puede sufrir” (Sta Teresa de Ávila). Amigo de todas las horas, especialmente de las que parecen más oscuras y sin sentido.

Actitudes de amistad con Él:

No dudar de su amor. No abandona. No sentirse nunca solo. No anteponer nada a su amor. La oración como “tratar de amistad… estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama” (Sta Teresa de Ávila). Amar a todos con su mismo amor: “como yo os he amado” (Jn 13,34). Hacer todo “por Él, con Él, en Él”. Una vida gastada para hacerle conocer y amar: “El Espíritu Santo dará testimonio de mi, vosotros daréis testimonio porque habéis estado conmigo desde el principio” (Jn 15,26-27). Intimidad en dimensión mariana, su Madre es nuestra Madre: “he aquí a tu hijo”(Jn 19,26); había escuchado: “y estoy en ellos” (Jn 17,26)

(Cfr. Encuentro con Cristo, Madrid, Edibesa, 2012)

 

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EUCARISTIA, MARIA, MISION, VOCACIONES

(Cfr. “Ecclesia de Eucharistia”: EdE, “Mane nobiscum, Domine”: MND, “Sacramentum Caritatis”: SCa)

1.Espiritualidad relacional (Presencia) (Mt 26,27; cfr. 28,20): “Renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor” (EdE 25).“Almas enamoradas de El… escuchando su voz y sintiendo los latidos de su corazón” (MND 18). “La adoración fuera de la santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica” (SCa 66).

2.Espiritualidad oblativa (sacrificio) (Lc 22,19-20; imitación): «El Señor Jesús, la noche en que fue entregado» (1 Cor 11, 23), instituyó el Sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre… Es el sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos” (EdE 11). “El sacrificio de conformarnos a Cristo” (EdE 57). “La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús… nos implicamos en la dinámica de su entrega” (SCa 11; cita DCe 13).

3.Espiritualidad de transformación (comunión) (Jn 6,57): “Comunión con Dios Padre, mediante la identificación con el Hijo Unigénito, por obra del Espíritu Santo” (EdE 34). “Vivir en él (en Cristo) la vida trinitaria” (EdE 60). “Iglesia… comunión” (EdE 61). “En la escuela de los santos” (EdE 62) “Formamos una realidad fundada ontológicamente en el Bautismo y alimentada por la Eucaristía” (SCa 76).

4.Espiritualidad escatológica (esperanza) (1Cor 11,26):  “El mundo retorna a Él, redimido por Cristo” (EdE 8). “Semilla de viva esperanza” (EdE 20). “La prenda del fin al que todo hombre aspira” (EdE 59). “Transformar con él (Cristo) la historia” (EdE 60). “La Eucaristía nos proyecta hacia el futuro de la última venida de Cristo… un dinamismo que abre al camino cristiano el paso a la esperanza” (MND 15). “La esperanza de la resurrección de la carne y la posibilidad de encontrar de nuevo, cara a cara, a quienes nos han precedido en el signo de la fe, se fortalece en nosotros mediante la celebración del Memorial de nuestra salvación” (SCa 32).

5.Espiritualidad mariana (Lc 1,31; Hech 1,14):  “En la escuela de María” (EdE 7 y cap.VI). “Mujer eucarística con toda su vida” (EdE 53). “Amén” (fiat de María). “Primer tabernáculo de la historia” (EdE 55). “Desde la perspectiva mariana” (MND 9). “Tomando a María como modelo… Ave verum corpus matum de Maria Virgine” (MND 31). “Cada vez que en la Liturgia eucarística nos acercamos al Cuerpo y Sangre de Cristo, nos dirigimos también a Ella que, adhiriéndose plenamente al sacrificio de Cristo, lo ha acogido para toda la Iglesia… Es el modelo de cómo cada uno de nosotros está llamado a recibir el don que Jesús hace de sí mismo en la Eucaristía” (SCa 33; cfr. LG 58).

6.Espiritualidad eclesial (Iglesia comunión) (Hech 2,42; 4,32):  “La Iglesia vive de la Eucaristía… «fuente y cima de toda la vida cristiana» (LG 11)… La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, el mismo Cristo” (EdE 1). “La Eucaristía, construyendo la Iglesia, crea precisamente por ello comunidad entre los hombres” (EdE 24). “La Iglesia expresa realmente lo que es… sacramento universal de salvación y comunión” (EdE 61). “La Eucaristía es fuente de unidad eclesial y, a la vez, su máxima expresión” (MND 21). “La comunión tiene siempre y de modo inseparable una connotación vertical y una horizontal: comunión con Dios y comunión con los hermanos y hermanas” (SCa 76).

7.Espiritualidad ministerial-sacerdotal (Lc 22,19; 1Cor 11,25):  “El sacerdote pone su boca y su voz a disposición de Aquél que las pronunció en el Cenáculo” (EdE 5). “In persona, es decir, en la identificación específica, sacramental con el sumo y eterno Sacerdote” (EdE 29). “Centro y cumbre de la vida sacerdotal… Cada jornada será así verdaderamente eucarística… puesto central en la pastoral de las vocaciones sacerdotales” (EdE 31). “Vosotros, sacerdotes… dejaos interpelar por la gracia… con la alegría y el fervor de la primera vez, y haciendo oración frecuentemente ante el sagrario” (MND 30). “Experimentar la delicia, no solo de participar cada día en la santa Misa, sino también de dialogar reposadamente con Jesús Eucaristía” (MND 30). “Antes que nada, el sacerdote es servidor y tiene que esforzarse continuamente en ser signo que, como dócil instrumento en sus manos, se refiere a Cristo… profundizar siempre en la conciencia del propio ministerio eucarístico como un humilde servicio a Cristo y a su Iglesia” (SCa 23)

8.Espiritualidad de vida consagrada (Alianza: Lc 22,20): “Consagrados y consagradas… Jesús en el Sagrario espera teneros a su lado para rociar vuestros corazones con esa íntima experiencia de su amistad, la única que puede dar sentido y plenitud a vuestra vida” (MND 30). “El testimonio profético de las consagradas y de los consagrados, que encuentran en la Celebración eucarística y en la adoración la fuerza para el seguimiento radical de Cristo obediente, pobre y casto” (SCa 81).

9.Espiritualidad misionera (Mt 26,28; Jn 6,51): “La Iglesia se expresa como sacramento universal de salvación” (EdE 61). “Cristo… centro de la historia de la humanidad… gozo de todos los corazones” (MND 6; GS 45). “Verdaderamente, nada hay más hermoso que encontrar a Cristo y comunicarlo a los demás… No podemos acercarnos a la Mesa eucarística sin dejarnos llevar por ese movimiento de la misión que, partiendo del corazón mismo de Dios, tiende a llegar a todos los hombres. Así pues, el impulso misionero es parte constitutiva de la forma eucarística de la vida cristiana” (SCa 84).

VIDA NUEVA EN EL ESPÍRITU SANTO

-Cristo Sacerdote: “Ungido por el Espíritu, pasó haciendo el bien” (Hech 10,38; Lc 4,18)

-Nuestra actitud de fidelidad: Su presencia, luz, acción santificadora y misionera (Jn 7,37-38; 14-16; 20,21-23) “El Espíritu de la verdad… dará testimonio de mí” (Jn 15,25). “Vivimos… obremos según el Espíritu” (Gal 5,25)

-Proceso de discernimiento: “Desierto” (humildad), “pobres” (caridad), “gozo” (Lc 4,1.18; 10,21). “Discernimiento de espíritus (1Cor 12,10; cfr. 1Jn 4,1). “Guiados por el Espíritu” (Rom 8,14).

-Oración, actitud filial: “Nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!” (Rom 8,15; Gal 4,7)

-María y Iglesia en Pentecostés: “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hech 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.284)

Pentecostés permanente: “La Iglesia vive, crece y se despierta en las almas, que – como la Virgen María – acogen la Palabra de Dios y la conciben por obra del Espíritu Santo; ofrecen a Dios la propia carne y, precisamente en su pobreza y humildad, se hacen capaces de generar a Cristo hoy en el mundo” (Benedicto XVI, Palabras de despedida … a los cardenales presentes en Roma, 28 febrero 2013) Trasfondo de San León Magno, que citamos a continuación:

SAN LEÓN MAGNO:

“Gracias al mismo Espíritu por cuya virtud Cristo fue concebido y nació, hemos nacido de nuevo de un origen espiritual” (Carta 31,4).

“Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo… nos resucitó a la vida de Cristo (cfr. Efes 2,5) para que fuésemos en él una nueva criatura, una nueva obra de sus manos… Reconoce, cristiano, tu dignidad, pues participas de la naturaleza divina (cfr. 2Pe 1,4)” (Homilía 21, sobre la Natividad del Señor)

“Para todo hombre que renace, el agua del bautismo se identifica con el seno de la Virgen, porque es el mismo Espíritu Santo quien llena la fuente del bautismo, así como fecundó el seno de la Virgen” (Homilía 24, sobre la Navidad del Señor).

“Aquellos inicios que él asumió en el seno de la Virgen, los transfirió después a las fuentes bautismales. Dio al agua lo que había dado a la madre. Aquello que la potencia del Altísimo realizó en María cuando la cubrió con el Espíritu Santo, para que de ella naciera el Salvador, aquello mismo lo realiza en las aguas a fin de que el creyente se regenere” (Homilía 25, sobre la Natividad del Señor)

“El Espíritu, por el que del cuerpo de su madre inviolada nació Cristo, es también el mismo por el que de las entrañas de la santa Iglesia renace el cristiano, para el que la verdadera paz nunca está separada de la voluntad de Dios, y encuentra sus delicias solamente en lo que Dios ama” (Homilía 29, sobre la Natividad del Señor).

“Por obra del Espíritu Santo nació él de una Virgen, y por obra del mismo Espíritu Santo fecunda también su Iglesia pura, a fin de que, a través del bautismo, dé a luz a una multitud innumerable de hijos de Dios, de quienes está escrito: Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios” (Homilía 63, sobre la pasión)

“Los Apóstoles, una vez llenos y con más abundancia del Espíritu Santo… despreciando la muerte, llevaron a todas las naciones el evangelio de la verdad” (Homilía 76, sobre Pentecostés)

Jornada Mundial Vocaciones, Domingo Buen Pastor (7 mayo 2017)

(Mensaje de Papa Francisco, selección)
Empujados por el Espíritu para la Misión
… invitación a «salir de sí mismo», para escuchar la voz del Señor, la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta.

Quisiera centrarme en la dimensión misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad.

Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. El discípulo, en efecto, no recibe el don del amor de Dios como un consuelo privado… simplemente ha sido tocado y trasformado por la alegría de sentirse amado por Dios y no puede guardar esta experiencia solo para sí.

Por eso, el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe: la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor.

Todo cristiano, en virtud de su Bautismo, es un «cristóforo», es decir, «portador de Cristo» para los hermanos… ¿Qué significa ser misionero del Evangelio? ¿Quién nos da la fuerza y el valor para anunciar? ¿Cuál es la lógica evangélica que inspira la misión? A estos interrogantes podemos responder contemplando tres escenas evangélicas: el comienzo de la misión de Jesús en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-30), el camino que él hace, ya resucitado, junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), y por último la parábola de la semilla (cf. Mc 4,26-27).

Jesús es ungido por el Espíritu y enviado. Ser discípulo misionero significa participar activamente en la misión de Cristo (Lc 4,18)… Jesús camina con nosotros…
Si contemplamos a Jesús Resucitado, que camina junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evangélica tenemos una auténtica y propia «liturgia del camino», que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jesús está a nuestro lado…

El cristiano no lleva adelante él solo la tarea de la misión, sino que experimenta, también en las fatigas y en las incomprensiones, «que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera» (Evangelii Gaudium, n.266)

La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra » (Mc 4,26-27). Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana.

Nunca podrá haber pastoral vocacional, ni misión cristiana, sin la oración asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relación personal con el Señor en la adoración eucarística, «lugar» privilegiado del encuentro con Dios. Animo con fuerza a vivir esta profunda amistad con el Señor, sobre todo para implorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

El Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio. Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios.

Nuestros jóvenes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jesús, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de soñar, gracias a él, con una vida plenamente humana, dichosa de gastarse amando.

María Santísima, Madre de nuestro Salvador, tuvo la audacia de abrazar este sueño de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesión nos obtenga su misma apertura de corazón, la disponibilidad para decir nuestro «aquí estoy» a la llamada del Señor y la alegría de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.

ESPERANZA Y DISCERNIMIENTO, ITINERARIO DE CUARESMA HACIA EL MISTERIO PASCUAL

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte…  una fuerte llamada a la conversión…crecer en la amistad con el Señor… En la base de todo está la Palabra de Dios” (Mensaje Cuaresma 2017)

Itinerario de discernimiento a la luz de la fe, esperanza, caridad:
Discernir, guiados por el Espíritu Santo hacia el “desierto” y los “pobres” (Lc 4,1.18)
Criterios, escala de valores, actitudes de Cristo: su “gozo” pascual (Lc 10,21)
El Misterio de Cristo, muerto y resucitado, presente en la Iglesia y en el mundo.
Bautismo: injertados en un proceso de discernimiento, sintonía y configuración con Cristo, en “la perfección de la caridad” (LG 40), pensar, sentir y amar como él.
“Discípulos”: ¿Movidos por el Espíritu Santo? (cfr. Rom 8,14; 1Jn 4,1-6). Dejarse sorprender por el Amor como María (Lc 1,29ss; 2,49; Jn 2,4); la Palabra escuchada en el corazón (cfr. Lc 2,19.51). “Rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Rom 15,13).
“El otro es un don … La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil” (Mensaje Cuaresma 2017)

Esperanza que purifica y consuela:

Cristo nos libera de temores, desconfianza, miedos, autosuficiencia, autorreferencia, pecados. Cristo “Salvador” (cfr. Mateo, Zaqueo… ). Un “perdón” sin medida. Su nombre  (Jesús), el “kerigma” (anuncio del Reino), parábolas, Eucaristía, Cruz, Resurrección, misión. “Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro” (1Jn 3,3). Experiencia de encuentro con Cristo Salvador, como Pablo (1Tim 1,15). La fuerza del Espíritu en la propia debilidad humana (2Cor 12,9-10). Itinerario del discipulado: hacer de la vida un “sí” y un “Magníficat”.

“La Palabra es un don. El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca… La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios” (Mensaje Cuaresma 2017)

Esperanza que ilumina y sostiene:

Más allá de la lógica humana, sentido de la vida y de la historia. Todo nos habla del amor de Dios. Cristo, Palabra personal, el Hijo, en la plenitud de los tiempos, concebido por obra del Espíritu en el seno de María. El itinerario de dejarse sorprender día a día por la novedad de la Palabra de Dios.

“Nacido de la mujer”, para hacernos “hijos” de adopción por obra del Espíritu Santo (cfr. Gal 4,4-7), “hijos en el Hijo” (Efes 1,5; cfr. GS 22), como regalo del Padre, con la “garantía del Espíritu” (Efes 1,13-14).

“La Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo” (Mensaje Cuaresma 2017)

Esperanza que transforma en “testigos” y “visibilidad” de Cristo:

Deseos sinceros de entrega y de identificación con Cristo (sus amores: en sintonía con la voluntad del Padre). “No anteponer nada al amor de Cristo” (San Cipriano y San Benito). “Vivir según el Espíritu, caminar según el Espíritu” (cfr. Gal 5,25). “Cristo vive en mí” (Gal 2,20). “Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2Cor 5,15). “La esperanza no delude, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5,5). Misión y esperanza: Testigos del gozo pascual; sin rebajas ni fronteras: los dones son para compartir. “Vivir… aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tito 2,13). “Vengo pronto” (Ap 3,11); “Ven, Señor Jesús” (Ap 22,20). “Cristo, nuestra esperanza” (1Tim 1,1). María Madre de la Esperanza, “signo de esperanza segura y de consuelo” (LG 68).

“Que el Espíritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados… Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua” (Mensaje Cuaresma 2017)

“AMORIS LAETITIA”, APERTURA COMPROMETIDA AL AMOR MISERICORDIOSO

Invitación a la lectura creyente y contemplativa de “Amoris Laetia” (Reenvío con ocasión de la fiesta de la SAGRADA FAMILIA. Ver abajo nota adicional)

En la perspectiva Trinitaria de Dios Amor (cap.1): “Que conformen una comunión de personas que sea imagen de la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo” (n.29)

En la realidad actual iluminada por la misericordia divina (cap.2): “Alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo” (introd. n.5). “Tenemos que ser humildes y realistas, para reconocer que a veces nuestro modo de presentar las convicciones cristianas, y la forma de tratar a las personas, han ayudado a provocar lo que hoy lamentamos” (n.36)

A la luz de la realidad esponsal de Cristo, reflejada en la Iglesia y de modo especial en la familia (cap.3): “Contemplar a Cristo vivo presente en tantas historias de amor, e invocar el fuego del Espíritu sobre todas las familias del mundo” (n.59). “El matrimonio es una vocación… es una respuesta al llamado específico a vivir el amor conyugal como signo imperfecto del amor entre Cristo y la Iglesia” (n.72)

En la vivencia del himno de la caridad (cap.4): “El Espíritu que infunde el Señor renueva el corazón y hace al hombre y a la mujer capaces de amarse como Cristo nos amó. El amor conyugal alcanza de este modo la plenitud a la que está ordenado interiormente, la caridad conyugal” (n.120; FC n.13).

Con el servicio y discernimiento específico de cada vocación cristiana (cap.5-8): “Asumir el matrimonio como un camino de maduración, donde cada uno de los cónyuges es un instrumento de Dios para hacer crecer al otro” (n.221). “Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, «no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino»” (n.308; EG 45)

Ayudar y alentar a los matrimonios que vivan y comuniquen esta gracia con gozo y generosidad (cap.9): “La presencia del Señor habita en la familia real y concreta… la espiritualidad matrimonial es una espiritualidad del vínculo habitado por el amor divino” (n.315). “Si la familia logra concentrarse en Cristo, él unifica e ilumina toda la vida familiar” (n.317)

Reflexiones para compartir: Dar la mano al hermano necesitado para ayudarle a llegar a ser reflejo de la Trinidad y del amor esponsal de Cristo (santidad = “perfección de la caridad”). Es necesario realizar nuestro propio camino de perfección como experiencia y anuncio de misericordia. Sin deseo y compromiso sincero de santidad, no se captará ni aplicará bien “Amoris Laetitia”.

El compromiso por asumir es acuciante para todos: catequesis prematrimonial más adecuada, acompañamiento permanente. La comunidad eclesial está llamada a vivir el camino de santidad para realizar esta reforma. La familia cristiana necesita ver la vida de “comunión” eclesial y evangélica en las personas consagradas (que son “memoria del Verbo Encarnado”) y en quienes son signo personal del buen Pastor en la “fraternidad sacramental” del Presbiterio.

La reflexión teológica y el discernimiento son auténticos si tienen dimensión contemplativa y de caridad pastoral (especialmente para el sacerdote llamado a ser signo del Buen Pastor). Todos puedan ayudar, si viven en la caridad y en la fe, que es “conocimiento de Cristo vivido personalmente” (S. Pablo II, Veritatis Splendor, n.88).

Pedro en sus sucesores sigue presente hoy mediante el servicio de “presidir la caridad universal”. El Magisterio se sigue con fe viva y con el corazón enamorado y unificado: las expresiones magisteriales de cada época (siempre mejorables), por la gracia del Espíritu Santo están en armonía con el Magisterio anterior y así hay que leerlas. “Señor, yo no prestaría fe a tu Evangelio, si no me moviese a ello la autoridad de la Iglesia” (S. Agustín). “Quien abandona la cátedra de Pedro, sobre quien está fundada la Iglesia, se engaña si cree estar dentro de la Iglesia” (S. Cipriano). Los Santos Padres no anteponían nada (ni sus propias opiniones) al amor de Cristo. Actitudes previas: Bajo la mirada materna de María, figura de la Iglesia… Quien ha experimentado la misericordia divina, no hace rebajas en las exigencias ni descarta a los hermanos necesitados.

NOTA adicional: Resumo mis impresiones de lecturas y observación sobre la Exhortación, al final de Viajes 2016 (ver en este blog, pestañas superiores: MISIÓN/Libros/Viajes misioneros 2016).

ESPERANZA, experiencia, y testimonio de MISERICORDIA

“Cristo, nuestra Esperanza” (1Tim 1,1). “Jesucristo ayer, hoy y siempre” (Heb 13,8). (Ayer, hoy, hacia el futuro): “El tiempo (de las promesas) se ha cumplido, el reino de Dios está cerca, cambiad el corazón y creed en el Evangelio” (Mc 1,15). Fe cristiana como adhesión personal a Cristo y respuesta a su llamada. Fe y discernimiento vocacional (Sínodo 2018, juventud). Camino mariano de las JMJ (2017-2019)

Del gozo de la misericordia, a la vivencia misionera como testigos de la esperanza: “La MISERICORDIA no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre” (Misericordia et misera, n.1). “No nos dejemos robar nunca la ESPERANZA que proviene de la fe en el Señor resucitado” (ibid. n.13)

1:Esperanza, experiencia gozosa de la Misericordia:

Jesucristo “ayer” en nuestra historia: Alegría, gratitud, disponibilidad, dejarse sorprender…

“La miseria del pecado ha sido revestida por la misericordia del amor” (Misericordia et misera, n.1). “La MISERICORDIA suscita alegría porque el corazón se abre a la ESPERANZA de una vida nueva. La alegría del perdón es difícil de expresar, pero se trasparenta en nosotros cada vez que la experimentamos. En su origen (del perdón) está el amor con el cual Dios viene a nuestro encuentro, rompiendo el círculo del egoísmo que nos envuelve, para hacernos también a nosotros instrumentos de misericordia” (ibid., n. 3)

Con María: “Confiemos en su ayuda materna y sigamos su constante indicación de volver los ojos a Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

2:Esperanza, vivencia confiada de la Misericordia:

Jesucristo “hoy” en nuestra realidad de aquí y ahora: confianza, intimidad, camina con nosotros (“contemporáneo”)

“Experimentar la MISERICORDIA produce alegría. No permitamos que las aflicciones y preocupaciones nos la quiten; que permanezca bien arraigada en nuestro corazón y nos ayude a mirar siempre con serenidad la vida cotidiana” (Misericordia et misera, n. 3). “Es él mismo quien nos da palabras de ESPERANZA, porque nada ni nadie podrán jamás separarnos de su amor (cfr. Rom 8,35)” (ibid., n. 15).

Con María: “Que los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios estén siempre vueltos hacia nosotros” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

3:Esperanza, testimonio misionero de la Misericordia:

Jesucristo “siempre” en nuestro caminar histórico: fidelidad, generosidad, compartir.

“Mirar el futuro con ESPERANZA y a estar lista para encaminar nuevamente su vida; de ahora en adelante, si lo querrá, podrá «caminar en la caridad» (cfr. Ef 5,2). Una vez que hemos sido revestidos de MISERICORDIA, aunque permanezca la condición de debilidad por el pecado, esta debilidad es superada por el amor que permite mirar más allá y vivir de otra manera” (Misericordia et misera, n.1). “Se necesitan TESTIGOS de la esperanza y de la verdadera alegría para deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales. El vacío profundo de muchos puede ser colmado por la ESPERANZA que llevamos en el corazón y por la alegría que brota de ella. Hay mucha necesidad de reconocer la alegría que se revela en el corazón que ha sido tocado por la MISERICORDIA” (ibid., n.3). “Que llegue una palabra de esperanza a cuantos sufren y padecen” (ibid., n.13).

Con María: “Ella es la primera en abrir camino y nos acompaña cuando damos testimonio del amor. La MADRE DE MISERICORDIA acoge a todos bajo la protección de su manto, tal y como el arte la ha representado a menudo” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

4:Camino de fe, esperanza y caridad (temas de JMJ), con María:

(Año 2017, mirada al pasado) “el Todopoderoso ha hecho en mí maravillas” (Lc 1,49); (año 2018, mirada al presente) “no temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios” (Lc 1,30); (año 2019, mirada al futuro) “he aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

Con la herencia mariana del Jubileo de la Misericordia, para vivirla y compartirla: “La dulzura de su mirada nos acompañe … para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios… Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús. Su canto de alabanza, en el umbral de la casa de Isabel, estuvo dedicado a la misericordia que se extiende « de generación en generación» (Lc 1,50). También nosotros estábamos presentes en aquellas palabras proféticas de la Virgen María… Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios. María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir ninguno. Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús” (Misericordiae Vultus, n.24).

Su presencia activa y materna en nuestro camino de oración, vocación, santidad, fraternidad y misión.