Archivo de la categoría: Misión

EL SEÑOR VIENE, EL EVANGELIO SIGUE ACONTECIENDO

1:El “Adviento” de cada momento histórico:

El Evangelio (y toda la revelación) sigue aconteciendo: “La Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros” (Jn 1,14). “Id… predicad… estaré con vosotros” (Mt 28,19-20).  “Este es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias, escuchadlo” (Mt 17,5). “Sí, vengo pronto… ¡Ven, Señor Jesús!” (Apo 22,20).

Es como una página en blanco que se está escribiendo con Palabra viva: “Sois una carta de Cristo, redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones” (2Cor 3,3). “Orad por nosotros para que la Palabra del Señor siga propagándose” (2Tes 3,1). “Las palabras divinas crecen con quien las lee” (S. Gregorio Magno)

2:El evangelio sigue aconteciendo:

Cristo se nos hace contemporáneo: “La verdadera fe tiene este poder de no estar ausente en espíritu de los hechos en los que no ha podido estar presente con el cuerpo” (S. León Magno). “La contemporaneidad de Cristo respecto al hombre de cada época se realiza en el cuerpo vivo de la Iglesia” (Juan Pablo II, Veritatis splendor, 25). “Dios, que habló en otros tiempos, sigue conversando siempre con la esposa de su Hijo amado; y el Espíritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y por ella en el mundo, va introduciendo a los fieles en la verdad plena y hace que habite en ellos intensamente la palabra de Cristo (cfr. Col 3,16)” (Vaticano II, Dei Verbum, 8).

3:La presencialización del amor de Cristo, Verbo encarnado y redentor:

Cada palabra del Evangelio (y de toda la Escritura) es una epifanía, que deja entrever los latidos del corazón de Dios y su misma Palabra personal: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único” (Jn 3,16). Toda la creación es reflejo de su amor: “hace salir su sol sobre buenos y malos” (Mt 5,45).

La historia humana es una búsqueda continua de la Verdad y del Bien. “Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta encontrarte a ti” (San Agustín). Los santos han sabido leer la creación, la historia y especialmente la Escritura como quien recibe la visita más ansiada y sorprendente: “Hemos conocido el amor… Dios es Amor… nos ha amado primero” (1Jn 3,16; 4-20). “Me ha amado” (Gal 2,20), “por el gran amor con que nos amó” (Efes 2,4; cfr. 1,4ss), “caminad en el amor… nos ha amado… amó a su Iglesia” (Efes 5,5.25).

“Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado… Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (Gaudium et Spes, n.22). Es nuestra vocación de “hijos en el Hijo”: “Este es el gran misterio del hombre que la Revelación cristi­ana esclarece a los fieles. Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta obscuridad. Cristo resucitó; con su ­muerte destruyó la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: Abba!, «¡Padre!»” (ibídem).

4:El Evangelio del Amor, actualizado, predicado y vivido por los santo y apóstoless:

Cristo comparte con nosotros el amor del Padre: “Como el Padre me amó, yo también os he amado” (Jn 15,9). Es la base “nupcial” (de la nueva Alianza, en su sangre) la que inspiró la frase conciliar: “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre” (Gaudium et Spes 22). En este trasfondo “nupcial” de la Encarnación redentora ha sido el motor de la renovación eclesial (santidad y misión). Así se capta el ansia misionera: “mi oveja”, “mi hijo”, “mis hermanos”, “mi Iglesia”…

A Cristo solo se le conoce y recibe amando: “Si alguno me ama… yo manifestaré a él” (Jn 14,21). La acción del Espíritu ser recibe meditando su palabra en el corazón (cfr. Lc 2,19.51), en sintonía con la Madre de Jesús (cfr. Hech 1,14). “Cor ad cor loquitur” (S. Francisco de Sales).

Anuncios

EUCARISTIA, SANTIDAD Y MISION (Esquema Iº)

(Siglas de documentos) EdE: “Ecclesia de Eucharistia” (Juan Pablo II); MND: “Mane nobiscum, Domine” (ídem); VC: “Vita Consecrata” (ídem); SCa: “Sacramentum Caritatis” (Benedicto XVI); EG:  “Evangelii Gaudium” (Papa Francisco); LS: “Laudato sì” (ídem). Del concilio Vaticano II: LG (“Lumen Gentium”), SC (“Sacrosantum Concilium”), PO (“Presbyterorum Ordinis”), etc.

1.Presencia pide presencia (Mt 26,27; cfr. 28,20: “Renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor” (EdE 25).“Almas enamoradas de El… escuchando su voz y sintiendo los latidos de su corazón” (MND 18). “La adoración fuera de la santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica” (SCa 66). “De la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual­ las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin” (SC 10). “La Iglesia necesita imperiosamente el pulmón de la oración, y me alegra enormemente que se multipliquen en todas las instituciones eclesiales los grupos de oración, de intercesión, de lectura orante de la Palabra, las adoraciones perpetuas de la Eucaristía.” (EG 262).

2.Sacrificio pide donación, oblación: (Lc 22,19-20; imitación): «El Señor Jesús, la noche en que fue entregado» (1 Cor 11, 23), instituyó el Sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre… Es el sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos” (EdE 11). “El sacrificio de conformarnos a Cristo” (EdE 57). “La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús… nos implicamos en la dinámica de su entrega” (SCa 11; cita DCe 13). “El divino sacrificio de la Eucaristía contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida, y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia” (SC 2)

3.Comunión pide vida en Cristo, ser pan partido (Jn 6,57): “Comunión con Dios Padre, mediante la identificación con el Hijo Unigénito, por obra del Espíritu Santo” (EdE 34). “Vivir en él (en Cristo) la vida trinitaria” (EdE 60). “Iglesia… comunión” (EdE 61). “En la escuela de los santos” (EdE 62) “Formamos una realidad fundada ontológicamente en el Bautismo y alimentada por la Eucaristía” (SCa 76). “En la Eucaristía lo creado encuentra su mayor elevación. La gracia, que tiende a manifestarse de modo sensible, logra una expresión asombrosa cuando Dios mismo, hecho hombre, llega a hacerse comer por su criatura” (LS 236).

4.Esperanza, confianza y tensión escatológica (1Cor 11,26; Ap 22,20):  “El mundo retorna a Él, redimido por Cristo” (EdE 8). “Semilla de viva esperanza” (EdE 20). “La prenda del fin al que todo hombre aspira” (EdE 59). “Transformar con él (Cristo) la historia” (EdE 60). “La Eucaristía nos proyecta hacia el futuro de la última venida de Cristo… un dinamismo que abre al camino cristiano el paso a la esperanza” (MND 15). “La esperanza de la resurrección de la carne y la posibilidad de encontrar de nuevo, cara a cara, a quienes nos han precedido en el signo de la fe, se fortalece en nosotros mediante la celebración del Memorial de nuestra salvación” (SCa 32). “En la Eucaristía ya está realizada la plenitud, y es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y de vida inagotable. Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaristía, todo el cosmos da gracias a Dios. En efecto, la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico: «¡Sí, cósmico! »” (LS 236). “En este día (el domingo) los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la palabra de Dios y partici­pando en la Eucaristía, recuerden la Pasión, la Resurrección y la gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios, que los «hizo renacer a la viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (1Pe 1,3)” (SC 106).

5.Con María, Madre del “pan de vida” (Lc 1,31; Hech 1,14):  “En la escuela de María” (EdE 7 y cap.VI). “Mujer eucarística con toda su vida” (EdE 53). “Amén” (fiat de María). “Primer tabernáculo de la historia” (EdE 55). “Desde la perspectiva mariana” (MND 9). “Tomando a María como modelo… Ave verum corpus matum de Maria Virgine” (MND 31). “Cada vez que en la Liturgia eucarística nos acercamos al Cuerpo y Sangre de Cristo, nos dirigimos también a Ella que, adhiriéndose plenamente al sacrificio de Cristo, lo ha acogido para toda la Iglesia… Es el modelo de cómo cada uno de nosotros está llamado a recibir el don que Jesús hace de sí mismo en la Eucaristía” (SCa 33; cfr. LG 58). (Seguirá esquema II)

VOCACIÓN, ÍNTIMA AMISTAD CON CRISTO

La vocación, amistad con Cristo

“Hemos visto su gloria” (Jn 1,14). “Hemos conocido el amor” (1Jn 4,16). “Lo que hemos visto y oído… el Verbo de la vida” (1Jn 1,1ss). “Estuvieron con Él (Jn 1,39;cfr. Jn 1.35-51). “Llamó a los que quiso… para que estuvieran con él” (Mc 3,13-14); “habéis estado conmigo desde el principio” (Jn 15,27).

Su declaración de amistad, el amor más hermoso:

Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, ofrece su amistad, como declaración de amor, participación en su misma vida y entrega de su vida por sus amigos como señal del amor más hermoso (Jn 15,4-17).  “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Jn 15,13-14). “Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él… Verdaderamente, nada hay más hermoso que encontrar a Cristo y comunicarlo a los demás” (Sacramentum Caritatis, n.84).

Nada y nadie puede ocupar su puesto en nuestro corazón:

“Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68). “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor” (Jn 15,9). “Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios” (Ef 3,17-20).

Una vida toda para Él:

“Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí ‑ que quiere decir,  “Maestro” ‑ ¿dónde vives?». Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima” (Jn 1,38-39). A los santos se les ha llamado “amigos de Dios” (cfr. Sal 31,24; 37,28; 89,20).

En las dificultades:

“Soy yo, no temáis” (Jn 6,20). “Precisamente porque es « enviado », el misionero experimenta la presencia consoladora de Cristo, que lo acompaña en todo momento de su vida. « No tengas miedo … porque yo estoy contigo » (Hech 18, 9-10). Cristo lo espera en el corazón de cada hombre” (RMi 88). “Con tan buen amigo presente, todo se puede sufrir” (Sta Teresa de Ávila). Amigo de todas las horas, especialmente de las que parecen más oscuras y sin sentido.

Actitudes de amistad con Él:

No dudar de su amor. No abandona. No sentirse nunca solo. No anteponer nada a su amor. La oración como “tratar de amistad… estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama” (Sta Teresa de Ávila). Amar a todos con su mismo amor: “como yo os he amado” (Jn 13,34). Hacer todo “por Él, con Él, en Él”. Una vida gastada para hacerle conocer y amar: “El Espíritu Santo dará testimonio de mi, vosotros daréis testimonio porque habéis estado conmigo desde el principio” (Jn 15,26-27). Intimidad en dimensión mariana, su Madre es nuestra Madre: “he aquí a tu hijo”(Jn 19,26); había escuchado: “y estoy en ellos” (Jn 17,26)

(Cfr. Encuentro con Cristo, Madrid, Edibesa, 2012)

 

EUCARISTIA, MARIA, MISION, VOCACIONES

(Cfr. “Ecclesia de Eucharistia”: EdE, “Mane nobiscum, Domine”: MND, “Sacramentum Caritatis”: SCa)

1.Espiritualidad relacional (Presencia) (Mt 26,27; cfr. 28,20): “Renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor” (EdE 25).“Almas enamoradas de El… escuchando su voz y sintiendo los latidos de su corazón” (MND 18). “La adoración fuera de la santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica” (SCa 66).

2.Espiritualidad oblativa (sacrificio) (Lc 22,19-20; imitación): «El Señor Jesús, la noche en que fue entregado» (1 Cor 11, 23), instituyó el Sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre… Es el sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos” (EdE 11). “El sacrificio de conformarnos a Cristo” (EdE 57). “La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús… nos implicamos en la dinámica de su entrega” (SCa 11; cita DCe 13).

3.Espiritualidad de transformación (comunión) (Jn 6,57): “Comunión con Dios Padre, mediante la identificación con el Hijo Unigénito, por obra del Espíritu Santo” (EdE 34). “Vivir en él (en Cristo) la vida trinitaria” (EdE 60). “Iglesia… comunión” (EdE 61). “En la escuela de los santos” (EdE 62) “Formamos una realidad fundada ontológicamente en el Bautismo y alimentada por la Eucaristía” (SCa 76).

4.Espiritualidad escatológica (esperanza) (1Cor 11,26):  “El mundo retorna a Él, redimido por Cristo” (EdE 8). “Semilla de viva esperanza” (EdE 20). “La prenda del fin al que todo hombre aspira” (EdE 59). “Transformar con él (Cristo) la historia” (EdE 60). “La Eucaristía nos proyecta hacia el futuro de la última venida de Cristo… un dinamismo que abre al camino cristiano el paso a la esperanza” (MND 15). “La esperanza de la resurrección de la carne y la posibilidad de encontrar de nuevo, cara a cara, a quienes nos han precedido en el signo de la fe, se fortalece en nosotros mediante la celebración del Memorial de nuestra salvación” (SCa 32).

5.Espiritualidad mariana (Lc 1,31; Hech 1,14):  “En la escuela de María” (EdE 7 y cap.VI). “Mujer eucarística con toda su vida” (EdE 53). “Amén” (fiat de María). “Primer tabernáculo de la historia” (EdE 55). “Desde la perspectiva mariana” (MND 9). “Tomando a María como modelo… Ave verum corpus matum de Maria Virgine” (MND 31). “Cada vez que en la Liturgia eucarística nos acercamos al Cuerpo y Sangre de Cristo, nos dirigimos también a Ella que, adhiriéndose plenamente al sacrificio de Cristo, lo ha acogido para toda la Iglesia… Es el modelo de cómo cada uno de nosotros está llamado a recibir el don que Jesús hace de sí mismo en la Eucaristía” (SCa 33; cfr. LG 58).

6.Espiritualidad eclesial (Iglesia comunión) (Hech 2,42; 4,32):  “La Iglesia vive de la Eucaristía… «fuente y cima de toda la vida cristiana» (LG 11)… La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, el mismo Cristo” (EdE 1). “La Eucaristía, construyendo la Iglesia, crea precisamente por ello comunidad entre los hombres” (EdE 24). “La Iglesia expresa realmente lo que es… sacramento universal de salvación y comunión” (EdE 61). “La Eucaristía es fuente de unidad eclesial y, a la vez, su máxima expresión” (MND 21). “La comunión tiene siempre y de modo inseparable una connotación vertical y una horizontal: comunión con Dios y comunión con los hermanos y hermanas” (SCa 76).

7.Espiritualidad ministerial-sacerdotal (Lc 22,19; 1Cor 11,25):  “El sacerdote pone su boca y su voz a disposición de Aquél que las pronunció en el Cenáculo” (EdE 5). “In persona, es decir, en la identificación específica, sacramental con el sumo y eterno Sacerdote” (EdE 29). “Centro y cumbre de la vida sacerdotal… Cada jornada será así verdaderamente eucarística… puesto central en la pastoral de las vocaciones sacerdotales” (EdE 31). “Vosotros, sacerdotes… dejaos interpelar por la gracia… con la alegría y el fervor de la primera vez, y haciendo oración frecuentemente ante el sagrario” (MND 30). “Experimentar la delicia, no solo de participar cada día en la santa Misa, sino también de dialogar reposadamente con Jesús Eucaristía” (MND 30). “Antes que nada, el sacerdote es servidor y tiene que esforzarse continuamente en ser signo que, como dócil instrumento en sus manos, se refiere a Cristo… profundizar siempre en la conciencia del propio ministerio eucarístico como un humilde servicio a Cristo y a su Iglesia” (SCa 23)

8.Espiritualidad de vida consagrada (Alianza: Lc 22,20): “Consagrados y consagradas… Jesús en el Sagrario espera teneros a su lado para rociar vuestros corazones con esa íntima experiencia de su amistad, la única que puede dar sentido y plenitud a vuestra vida” (MND 30). “El testimonio profético de las consagradas y de los consagrados, que encuentran en la Celebración eucarística y en la adoración la fuerza para el seguimiento radical de Cristo obediente, pobre y casto” (SCa 81).

9.Espiritualidad misionera (Mt 26,28; Jn 6,51): “La Iglesia se expresa como sacramento universal de salvación” (EdE 61). “Cristo… centro de la historia de la humanidad… gozo de todos los corazones” (MND 6; GS 45). “Verdaderamente, nada hay más hermoso que encontrar a Cristo y comunicarlo a los demás… No podemos acercarnos a la Mesa eucarística sin dejarnos llevar por ese movimiento de la misión que, partiendo del corazón mismo de Dios, tiende a llegar a todos los hombres. Así pues, el impulso misionero es parte constitutiva de la forma eucarística de la vida cristiana” (SCa 84).

VIDA NUEVA EN EL ESPÍRITU SANTO

-Cristo Sacerdote: “Ungido por el Espíritu, pasó haciendo el bien” (Hech 10,38; Lc 4,18)

-Nuestra actitud de fidelidad: Su presencia, luz, acción santificadora y misionera (Jn 7,37-38; 14-16; 20,21-23) “El Espíritu de la verdad… dará testimonio de mí” (Jn 15,25). “Vivimos… obremos según el Espíritu” (Gal 5,25)

-Proceso de discernimiento: “Desierto” (humildad), “pobres” (caridad), “gozo” (Lc 4,1.18; 10,21). “Discernimiento de espíritus (1Cor 12,10; cfr. 1Jn 4,1). “Guiados por el Espíritu” (Rom 8,14).

-Oración, actitud filial: “Nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!” (Rom 8,15; Gal 4,7)

-María y Iglesia en Pentecostés: “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hech 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.284)

Pentecostés permanente: “La Iglesia vive, crece y se despierta en las almas, que – como la Virgen María – acogen la Palabra de Dios y la conciben por obra del Espíritu Santo; ofrecen a Dios la propia carne y, precisamente en su pobreza y humildad, se hacen capaces de generar a Cristo hoy en el mundo” (Benedicto XVI, Palabras de despedida … a los cardenales presentes en Roma, 28 febrero 2013) Trasfondo de San León Magno, que citamos a continuación:

SAN LEÓN MAGNO:

“Gracias al mismo Espíritu por cuya virtud Cristo fue concebido y nació, hemos nacido de nuevo de un origen espiritual” (Carta 31,4).

“Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo… nos resucitó a la vida de Cristo (cfr. Efes 2,5) para que fuésemos en él una nueva criatura, una nueva obra de sus manos… Reconoce, cristiano, tu dignidad, pues participas de la naturaleza divina (cfr. 2Pe 1,4)” (Homilía 21, sobre la Natividad del Señor)

“Para todo hombre que renace, el agua del bautismo se identifica con el seno de la Virgen, porque es el mismo Espíritu Santo quien llena la fuente del bautismo, así como fecundó el seno de la Virgen” (Homilía 24, sobre la Navidad del Señor).

“Aquellos inicios que él asumió en el seno de la Virgen, los transfirió después a las fuentes bautismales. Dio al agua lo que había dado a la madre. Aquello que la potencia del Altísimo realizó en María cuando la cubrió con el Espíritu Santo, para que de ella naciera el Salvador, aquello mismo lo realiza en las aguas a fin de que el creyente se regenere” (Homilía 25, sobre la Natividad del Señor)

“El Espíritu, por el que del cuerpo de su madre inviolada nació Cristo, es también el mismo por el que de las entrañas de la santa Iglesia renace el cristiano, para el que la verdadera paz nunca está separada de la voluntad de Dios, y encuentra sus delicias solamente en lo que Dios ama” (Homilía 29, sobre la Natividad del Señor).

“Por obra del Espíritu Santo nació él de una Virgen, y por obra del mismo Espíritu Santo fecunda también su Iglesia pura, a fin de que, a través del bautismo, dé a luz a una multitud innumerable de hijos de Dios, de quienes está escrito: Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios” (Homilía 63, sobre la pasión)

“Los Apóstoles, una vez llenos y con más abundancia del Espíritu Santo… despreciando la muerte, llevaron a todas las naciones el evangelio de la verdad” (Homilía 76, sobre Pentecostés)

Jornada Mundial Vocaciones, Domingo Buen Pastor (7 mayo 2017)

(Mensaje de Papa Francisco, selección)
Empujados por el Espíritu para la Misión
… invitación a «salir de sí mismo», para escuchar la voz del Señor, la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta.

Quisiera centrarme en la dimensión misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad.

Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. El discípulo, en efecto, no recibe el don del amor de Dios como un consuelo privado… simplemente ha sido tocado y trasformado por la alegría de sentirse amado por Dios y no puede guardar esta experiencia solo para sí.

Por eso, el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe: la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor.

Todo cristiano, en virtud de su Bautismo, es un «cristóforo», es decir, «portador de Cristo» para los hermanos… ¿Qué significa ser misionero del Evangelio? ¿Quién nos da la fuerza y el valor para anunciar? ¿Cuál es la lógica evangélica que inspira la misión? A estos interrogantes podemos responder contemplando tres escenas evangélicas: el comienzo de la misión de Jesús en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-30), el camino que él hace, ya resucitado, junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), y por último la parábola de la semilla (cf. Mc 4,26-27).

Jesús es ungido por el Espíritu y enviado. Ser discípulo misionero significa participar activamente en la misión de Cristo (Lc 4,18)… Jesús camina con nosotros…
Si contemplamos a Jesús Resucitado, que camina junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evangélica tenemos una auténtica y propia «liturgia del camino», que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jesús está a nuestro lado…

El cristiano no lleva adelante él solo la tarea de la misión, sino que experimenta, también en las fatigas y en las incomprensiones, «que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera» (Evangelii Gaudium, n.266)

La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra » (Mc 4,26-27). Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana.

Nunca podrá haber pastoral vocacional, ni misión cristiana, sin la oración asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relación personal con el Señor en la adoración eucarística, «lugar» privilegiado del encuentro con Dios. Animo con fuerza a vivir esta profunda amistad con el Señor, sobre todo para implorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

El Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio. Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios.

Nuestros jóvenes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jesús, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de soñar, gracias a él, con una vida plenamente humana, dichosa de gastarse amando.

María Santísima, Madre de nuestro Salvador, tuvo la audacia de abrazar este sueño de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesión nos obtenga su misma apertura de corazón, la disponibilidad para decir nuestro «aquí estoy» a la llamada del Señor y la alegría de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.

ESPERANZA Y DISCERNIMIENTO, ITINERARIO DE CUARESMA HACIA EL MISTERIO PASCUAL

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte…  una fuerte llamada a la conversión…crecer en la amistad con el Señor… En la base de todo está la Palabra de Dios” (Mensaje Cuaresma 2017)

Itinerario de discernimiento a la luz de la fe, esperanza, caridad:
Discernir, guiados por el Espíritu Santo hacia el “desierto” y los “pobres” (Lc 4,1.18)
Criterios, escala de valores, actitudes de Cristo: su “gozo” pascual (Lc 10,21)
El Misterio de Cristo, muerto y resucitado, presente en la Iglesia y en el mundo.
Bautismo: injertados en un proceso de discernimiento, sintonía y configuración con Cristo, en “la perfección de la caridad” (LG 40), pensar, sentir y amar como él.
“Discípulos”: ¿Movidos por el Espíritu Santo? (cfr. Rom 8,14; 1Jn 4,1-6). Dejarse sorprender por el Amor como María (Lc 1,29ss; 2,49; Jn 2,4); la Palabra escuchada en el corazón (cfr. Lc 2,19.51). “Rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Rom 15,13).
“El otro es un don … La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil” (Mensaje Cuaresma 2017)

Esperanza que purifica y consuela:

Cristo nos libera de temores, desconfianza, miedos, autosuficiencia, autorreferencia, pecados. Cristo “Salvador” (cfr. Mateo, Zaqueo… ). Un “perdón” sin medida. Su nombre  (Jesús), el “kerigma” (anuncio del Reino), parábolas, Eucaristía, Cruz, Resurrección, misión. “Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro” (1Jn 3,3). Experiencia de encuentro con Cristo Salvador, como Pablo (1Tim 1,15). La fuerza del Espíritu en la propia debilidad humana (2Cor 12,9-10). Itinerario del discipulado: hacer de la vida un “sí” y un “Magníficat”.

“La Palabra es un don. El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca… La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios” (Mensaje Cuaresma 2017)

Esperanza que ilumina y sostiene:

Más allá de la lógica humana, sentido de la vida y de la historia. Todo nos habla del amor de Dios. Cristo, Palabra personal, el Hijo, en la plenitud de los tiempos, concebido por obra del Espíritu en el seno de María. El itinerario de dejarse sorprender día a día por la novedad de la Palabra de Dios.

“Nacido de la mujer”, para hacernos “hijos” de adopción por obra del Espíritu Santo (cfr. Gal 4,4-7), “hijos en el Hijo” (Efes 1,5; cfr. GS 22), como regalo del Padre, con la “garantía del Espíritu” (Efes 1,13-14).

“La Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo” (Mensaje Cuaresma 2017)

Esperanza que transforma en “testigos” y “visibilidad” de Cristo:

Deseos sinceros de entrega y de identificación con Cristo (sus amores: en sintonía con la voluntad del Padre). “No anteponer nada al amor de Cristo” (San Cipriano y San Benito). “Vivir según el Espíritu, caminar según el Espíritu” (cfr. Gal 5,25). “Cristo vive en mí” (Gal 2,20). “Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2Cor 5,15). “La esperanza no delude, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5,5). Misión y esperanza: Testigos del gozo pascual; sin rebajas ni fronteras: los dones son para compartir. “Vivir… aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tito 2,13). “Vengo pronto” (Ap 3,11); “Ven, Señor Jesús” (Ap 22,20). “Cristo, nuestra esperanza” (1Tim 1,1). María Madre de la Esperanza, “signo de esperanza segura y de consuelo” (LG 68).

“Que el Espíritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados… Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua” (Mensaje Cuaresma 2017)