Sábado semana 29ª Tiempo Ordinario (25 octubre 2014)

De corazón a corazón: Ef 4,7-16 (“Cada uno ha recibido su propio don… para la edificación del Cuerpo de Cristo…hasta la plenitud en Cristo”; Lc13,1-9 (“Higuera estéril… déjala todavía un año”)

Contemplación, vivencia, misión: La vida es una tarea hermosa cuando se reconocen y cultivan los dones recibidos de Dios para agradecer y compartir. Entre todos edificamos la familia humana como familia de hijos de Dios en Cristo. La historia parece larga, pero tiene como objetivo llegar a la perfección del proyecto de Dios Amor. El tiempo es la “paciencia” de Dios.

*En el día a día con la Madre de Jesús: A Cristo se le capta de corazón a corazón: “Pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo… y nos ponen en comunión vital con Jesús a través –podríamos decir– del Corazón de su Madre" (S. Juan Pablo II, RVM n.2).

*NUEVA EVANGELIZACIÓN, fidelidad al Espíritu: “En el Documento de Aparecida se describen las riquezas que el Espíritu Santo despliega en la piedad popular con su iniciativa gratuita” (Evangelii Gaudium, n.124).

Viernes semana 29ª Tempo Ordinario (24 octubre 2014, S.Antonio Mª Claret)

De corazón a corazón: Ef 4,1-6 (“Yo, prisionero por el Señor, os exhorto a comportaros de manera digna de la vocación recibida”); Lc 12,54-59 (“¿No sabéis discernir el tiempo presente?”)

Contemplación, vivencia, misión: Necesitamos abrir un poco más los ojos para descubrir las “huellas” de Cristo que nos acompaña siempre. A veces no las vemos porque, al llevarnos en su Corazón, sus huellas se identifican con las nuestras. La “vocación” más hermosa es la de ayudar a los hermanos a descubrir las huellas y los “latidos” del Corazón de Cristo en la propia vida. Compartimos una misma fe y una misma esperanza.

*En el día a día con la Madre de Jesús: “La Santísima Virgen ejerce también hoy… aquella solicitud materna para con todos los hijos de la Iglesia que el Redentor, poco antes de morir, le confió en la persona del discípulo predilecto: «¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!» (Jn 19, 26)" (S.Juan Pablo II, RVM n.7). "Tenía mi madre cuidado de hacernos rezar y ponernos a ser devotos de nuestra Señora" (Sta. Teresa, Vida, 1,1).

*NUEVA EVANGELIZACIÓN, fidelidad al Espíritu: “La piedad popular… se trata de una realidad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el agente principal” (Evangelii Gaudium, n.122).

Jueves semana 29ª Tiempo Ordinario (23 octubre 2014)

De corazón a corazón: Ef 3,14-21 (“Que Cristo habite en vuestros corazones… El amor de Cristo supera todo conocimiento”); Lc 12,49-53 (“He venido a traer fuego sobre la tierra”)

Contemplación, vivencia, misión: Ideas claras y “pasión” en la entrega, son el secreto del éxito. Pero el “éxito” de quien sigue a Cristo se fundamenta en su amor de donación total hasta la cruz. El verdadero premio es precisamente el amar como él. Este amor va más allá de nuestros proyectos y expectativas. Es el “fuego” que Cristo ha venido a traer al mundo, para hacer de toda la humanidad una sola familia.

*En el día a día con la Madre de Jesús: Un camino práctico para vivir la fe es “la meditación diaria de los misterios de Cristo en unión con María, la Virgen orante” (Benedicto XVI, 3.10.10). "Tomas a su bendita Madre por intercesora" (Sta. Teresa, Moradas)

*NUEVA EVANGELIZACIÓN, fidelidad al Espíritu: (Las auténticas expresiones de piedad popular) “Son la manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rom 5,5)” (Evangelii Gaudium, n.125).

Miércoles semana 29ª Tiempo Ordinario (22 octubre 2014, S. Pablo II)

De Corazón a corazón: Ef 3,2-12 (“Yo, el menor de todos los santos, he recibido la gracia de anunciar a los pueblos la insondable riqueza de Cristo”); Lc 12,39-48 (“Estad preparados”)

Contemplación, vivencia, misión: Se nos escurre el tiempo y las inmensas posibilidades de hacer el bien. Pablo se consideraba el menor de todos los cristianos, pero también escogido para hacer conocer y amar a Cristo sin esperas y sin fronteras. Nuestra razón de ser consiste en hacerse destello del amor de Cristo para todos. Hay que estar siempre a punto para esta misión de vivir y sembrar la verdadera felicidad.

*En el día a día con la Madre de Jesús: Todo hermano tiene un reflejo del rostro Cristo, que pide nuestra comprensión. “Con el rosario, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor” (San Juan Pablo II).

*NUEVA EVANGELIZACIÓN, fidelidad al Espíritu: “En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo” (Evangelii Gaudium, n.126).

Martes semana 29ª Tiempo Ordinario (21 octubre 2014)

De corazón a corazón: Ef 2,12-22 (“Cristo es nuestra paz… por Él… al Padre en un mismo Espíritu”); Lc 12,35-38 (“Tened las lámparas encendidas”)

Contemplación, vivencia, misión: Cristo unifica el corazón haciéndolo reflejo de Dios Amor. Así nos hace entrar en la intimidad divina y entonces comprendemos mejor la dignidad de todos nuestros hermanos: “por Él, al Padre, en un mismo Espíritu”. Por medio de nuestro corazón unificado, quiere construir la paz en nuestro entorno y en toda la familia humana. Con esta luz se puede caminar todo los días para percibir la sorpresa de Dios que nos ama en Cristo su Hijo y que nos comunica su misma vida.

*En el día a día con la Madre de Jesús: El evangelio meditado en el corazón, como y con María, “ilumina el misterio del hombre” (cfr. GS 22). "Gran provecho y aliento nos da la memoria… de la sacratísima Virgen" (Sta. Teresa, Moradas, VI, 6)

*NUEVA EVANGELIZACIÓN, fidelidad al Espíritu: “Confesar que el Espíritu Santo actúa en todos, implica reconocer que Él procura penetrar toda situación humana y todos los vínculos sociales” (Evangelii Gaudium, n.178)

Lunes semana 29ª Tiempo Ordinario (20 octubre 2014, S. Pablo de la Cruz)

De Corazón a corazón: Ef 2,1-10 (“Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó… nos vivificó juntamente con Cristo”); Lc 12,13-21 (“Aunque uno esté en la abundancia, no tiene asegurada la vida con sus riquezas”)

Contemplación, vivencia, misión: El mejor regalo que nos ha tocado es que, ya desde antes de que existiéramos, Dios nos ha delineado a imagen de su Hijo, para hacernos partícipes de su misma filiación y de su misma vida: “Hechura suya somos: creados en Cristo Jesús” (Ef 2,10). Ante este verdadero tesoro, la “calderilla” no vale nada. Pero no escarmentamos; queremos lo que se pueda tocar y disfrutar inmediatamente. La felicidad se nos escapa. Si Cristo no vive en el corazón, todo se nos escurre de las manos.

*En el día a día con la Madre de Jesús: "Cuando murió mi madre… fuíme afligida a una imagen de nuestra Señora y supliquéle fuese mi madre. Conocidamente he hallado a esta Virgen soberana en cuanto me ha encomendado a Ella" (Sta. Teresa, Vida, 1, 7)

*NUEVA EVANGELIZACIÓN, fidelidad al Espíritu: “El Espíritu Santo también enriquece a toda la Iglesia evangelizadora con distintos carismas… son regalos del Espíritu integrados en el cuerpo eclesial, atraídos hacia el centro que es Cristo, desde donde se encauzan en un impulso evangelizador… Una verdadera novedad suscitada por el Espíritu” (Evangelii Gaudium, n.130)

Bto. PABLO VI: Bajo el aliento del Espíritu Santo

“No habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo … Gracias al apoyo del Espíritu Santo, la Iglesia crece. Él es el alma de esta Iglesia. Él es quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio.

Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anuncia­do.

Las técnicas de evangelización son buenas pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no consigue absolu­tamente nada sin él. Sin él, la dialéctica más convincente es impotente sobre el espíritu de los hombres. Sin él, los esquemas más elaborados sobre bases sociológicas o sicológicas se revelan pronto despro­vistos de todo valor.

Nosotros vivimos en la Iglesia un momento privilegiado del Espíritu. Por todas partes se trata de conocerlo mejor, tal como lo revela la Escritura. Uno se siente feliz de estar bajo su moción. Se hace asamblea en torno a él. Quiere dejarse conducir por él…

Puede decirse que el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización : él es quien impulsa a cada uno a anunciar el Evangelio y quien en lo hondo de las conciencias hace aceptar y comprender la Palabra de salvación.

Pero se puede decir igualmente que él es el término de la evangelización : solamente él suscita la nueva creación, la humanidad nueva a la que la evangelización debe conducir, mediante la unidad en la variedad que la misma evangelización querría provocar en la comunidad cristiana. A través de él, la evangeliza­ción penetra en los corazones, ya que él es quien hace discernir los signos de los tiempos -signos de Dios- que la evangelización descubre y valoriza en el interior de la historia.

El Sínodo de los Obispos de 1974, insistiendo mucho sobre el puesto que ocupa el Espíritu Santo en la evangelización, expresó asimismo el deseo de que Pastores y teólogos -y añadiríamos también los fieles marcados con el sello del Espíritu en el Bautismo- estudien profundamente la naturaleza y la forma de la acción del Espíritu Santo en la evangelización de hoy día.

… Exhortamos a todos y cada uno de los evangelizadores a invocar constantemen­te con fe y fervor al Espíritu Santo y a dejarse guiar prudente­mente por él como inspirador decisivo de sus programas, de sus iniciati­vas, de su actividad evangelizadora”. (Exhor. Apost. Evangelii Nuntiandi, n.75)

“En la mañana de Pentecos­tés María presidió con su oración el comienzo de la evangelización bajo el influjo del Espíritu Santo. Sea ella la estrella de la evangelización siempre renovada que la Iglesia, dócil al mandato del Señor, debe promover y realizar, sobre todo en estos tiempos difíciles y llenos de esperanza” (Evangelii Nuntiandi, n.82)