SANTIAGO APÓSTOL (viernes 25 julio 204)

De Corazón a corazón: Hech 4,33; 5,12.27-33; 12,2 (Martirio de Santiago); 2Cor 4,7-15 (“Llevamos siempre en nuestros cuerpos el morir de Cristo”; Mt 20,20-28 (“Mi cáliz, sí lo beberéis”)

Contemplación, vivencia, misión: “Beber el cáliz” significa correr la misma suerte, compartir la misma vida. Cristo se comparó a un granito de trigo que, sepultado en la tierra, “muere”, aunque, en realidad se transforma en una nueva vida. Santiago fue el primer apóstol de Cristo que dio la vida por él, aunque el primer mártir había sido San Esteban. La vida cristiana es un injerto en la vida de Cristo, para vivir, morir y resucitar con él, amando y perdonando. Juan y Santiago amaron  y anunciaron a Cristo con pasión. Al principio del seguimiento evangélico, de modo exagerado (buscando los primeros puestos…); pero el Señor los fue limando y les ofreció beber su copa, correr su misma suerte.

* En el día a día con la Madre de Jesús: Santiago y Juan sintieron la presencia activa y materna de María, que sigue acompañando a todos los redimidos y especialmente a quienes lo han dejado todo por Cristo. Cada uno es una historia peculiar e irrepetible de la presencia de María.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora” (Evangelii Gaudium, n.24).

Jueves semana 16ª Tiempo Ordinario (24 julio 2014)

De Corazón a corazón: Jer 2,1-3,7-8.12-13 (“Recuerdo tu cariño juvenil… Me dejaron a mí, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas agrietadas”); Mt 13,10-17 (“¿Por qué les hablas en parábolas?… Se ha embotado el corazón de este pueblo”)

Contemplación, vivencia, misión: El lenguaje del “amor” parece que ha perdido sus raíces de entrega total y para siempre; se prefieren las “cisternas agrietadas”        que ya no contienen el “agua viva” de la donación sincera. Si nos ha creado Dios Amor, nuestro ser se construye con autenticidad, sólo cuando se realiza en la verdad de la donación. Sin referencia a Dios Amor, fuente de toda nuestra existencia, es imposible construir la historia humana. El corazón se embota cuando no entiende ni de gratuidad ni de solidaridad.

* En el día a día con la Madre de Jesús: El corazón de María estaba siempre abierto para dejarse sorprender por el misterio insondable de Dios Amor: le bastaba con admirar, callar y decir que “sí” de modo comprometido, dispuesta a servir con prontitud y alegría.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “El Espíritu, que inspiró los Evangelios y que actúa en el Pueblo de Dios, inspira también cómo hay que escuchar la fe del pueblo y cómo hay que predicar en cada Eucaristía. La prédica cristiana, por tanto, encuentra en el corazón cultural del pueblo una fuente de agua viva para saber lo que tiene que decir y para encontrar el modo como tiene que decirlo” (Evangelii Gaudium, n.139)

Santa Brígida, copatrona de Europa (miérrcoles 23 julio 2014)

De Corazón a corazón: Gal 2,19-20 (“Estoy crucificado con Cristo… es Cristo quien vive en mí”); Mc 3,31-35 (“Mi madre y mis hermanos”); Jn 15,1-8 (“Permaneced en mí y yo en vosotros”)

Contemplación, vivencia, misión: La cruz del Señor, con su trasfondo de resurrección, ha marcado la vida de todos los santos. Algunos han vivido siempre pendientes de este amor de donación de Cristo, que “amó a su Iglesia hasta darse en sacrificio por ella” (Ef 5,25). Así se entra a formar parte de la “familia” de Cristo, compartiendo su misma vida. A partir de este amor de Cristo, se quiere contagiar a todos para que “vivan para quien murió y resucitó por ellos” (2Cor 5,15).

*En el día a día con la Madre de Jesús: Las raíces cristianas de Europa están impregnadas de un amor de donación total a Cristo crucificado y resucitado. Ya no se puede prescindir de esta realidad histórica, cultural y salvífica. Los innumerables santuarios marianos son testigos de la presencia activa y materna de la Santísima Virgen.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “Así como algunos quisieran un Cristo puramente espiritual, sin carne y sin cruz, también se pretenden relaciones interpersonales sólo mediadas por aparatos sofisticados, por pantallas y sistemas que se puedan encender y apagar a voluntad” (Evangelii Gaudium, n.,88). Ver miércoles de semana 16ª en Año Litúrgico.

Santa María Magdalena (martes 22 julio 2014)

De Corazón a corazón: Cant 3,1-4 (“He buscado al amor de mi alma, y no lo hallé”) / 2Co 5,14-17 (“El amor de Cristo nos apremia”); Jn 20,1-18: “Junto al sepulcro llorando…  María… Maestro mío”)

Contemplación, vivencia, misión: Es un poco difícil entrar en la terminología del Evangelio y de toda la Escritura, cuando la palabra “amor” hoy se ha desvirtuado, dejándonos el corazón vacío, como una cisterna sin agua. Pero Dios en el Antiguo Testamento y Jesús (Hijo de Dios hecho hombre) en el Evangelio, no hablan más que de enamoramiento, porque todo ha sido creado por amor y nos habla de su amor. La esposa de los Cantares (que representa al pueblo elegido) y la Magdalena junto al sepulcro de Jesús, buscan al Esposo. Quien busca es que ya lo ha encontrado. Sólo buscan así los enamorados. “Mi corazón se fue tras Él” (Bta. M. Inés Teresa Arias).

* En el día a día con la Madre de Jesús: No conviene apagar el rescoldo de “deseos” de verdad y de amor que todavía quedan en el corazón de cada ser humano. Magdalena, ya perdonada, perseveró con María, de pie junto a la Cruz.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “La presencia de Dios acompaña las búsquedas sinceras que personas y grupos realizan para encontrar apoyo y sentido a sus vidas. Él vive entre los ciudadanos promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia” (Evangelii Gaudium, n.71). Ver martes semana 16ª en Año Litúrgico (Tiempo Ordinario)

Lunes semana 16ª Tiempo Ordinario (21 julio 2014)

De Corazón a corazón: Miq 6,1-8 (“Pueblo mío, ¿qué te he hecho?”); Sal 50,5; Mt 12,38-42 (“No se les dará otra señal que la del profeta Jonás”)

Contemplación, vivencia, misión: Si el crucifijo sólo fuera un adorno, no tendría que ver nada con la realidad de Jesús, que murió amando y perdonando, para luego resucitar. En su vida mortal le pidieron “signos” de garantía. Ahora, si el “signo” que nos dejó, fuera sólo un elemento cultural, se desvirtuaría la profundidad de su misterio pascual de muerto y resucitado para la salvación de toda la humanidad. El crucifijo es un examen de amor. Nos examina quien es el Amor y ha dado la vida por todos. Este valor es “transcultural” y ha dado pie a innumerables manifestaciones culturales auténticas de valor permanente.

* En el día a día con la Madre de Jesús: En nuestras casas cristianas siempre queda algún crucifijo, como invitación a hacer de la vida una donación a él y a los hermanos, con la esperanza de resucitar con él. Mirándole, el corazón recobra la serenidad. Él nos mira, como miró a su Madre (cfr. Jn 19,26), invitándonos a darnos de todo en sintonía con su amor de totalidad.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “La fe siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que no le quita la firmeza de su adhesión. Hay cosas que sólo se comprenden y valoran desde esa adhesión que es hermana del amor” (Evangelili Gaudium, n.42)

Domingo 16º Tiempo Ordinario (20 julio 2014)

De Corazón a corazón: Sab 12,13.16-19 (“No hay otro Dios que cuide de todos… Colmaste a tus hijos de una feliz esperanza”); Rom 8,26-27 (“No sabemos orar… El Espíritu ora por nosotros con gemidos inenarrables”); Mt 13,24-43 (“El Reino de Dios… buena semilla… grano de mostaza… puñado de levadura”)

Contemplación, vivencia, misión: Caminamos guiados por la mano de nuestro Padre, que nos lleva junto a su Corazón y que potencia nuestra libertad y responsabilidad. Dios “cuida” de nosotros, en el sentido de que “en todas las cosas interviene Dios para el bien de los que le aman” (Rom 8,28). Siempre queda lugar para la esperanza. Incluso cuando no sabemos orar ni reaccionar amando, el Espíritu Santo hace que oremos y amemos como Jesús. La cuestión consiste en no dejar crecer la cizaña egoísta en medio de esa “buena semilla”.

*En el día a día con la Madre de Jesús: Desde niño, Jesús vio diariamente cómo María preparaba el pan, poniendo un puñado de levadura en la masa de harina. La Madre de Jesús es la patrona de las cosas pequeñas de nuestro Nazaret cotidiano.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “Nuestra fe es desafiada a vislumbrar el vino en que puede convertirse el agua y a descubrir el trigo que crece en medio de la cizaña” (Evangelii Gaudium, n.84)

Sábado semana 15ª Tiempo Ordinario (19 julio 2014)

De Corazón a corazón: Mi 2,1-5 (“Ay de aquellos que meditan iniquidad”); Mt 12,14-21 (“Le siguieron muchos y los curó a todos… En su nombre pondrán las naciones su esperanza”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús será siempre “signo de contradicción” (Lc 2,34) porque es signo de “esperanza” verdadera. Esperar en él es confiar y también tender o abrirse gozosamente a su persona. Seguirle significa entrar en relación íntima con él, para aceptar su mensaje de salvación. Él sana las heridas del corazón y de la sociedad. Pero el precio es el amor. Si las preferencias propias se anteponen a su amor, entonces es prácticamente imposible recibir su luz y su sanación. Las contradicciones personales y comunitarias proceden siempre de un corazón dividido, que antepone su propio proyecto al proyecto de Dios.

* En el día a día con la Madre de Jesús: Jesús nos comunica su modo de mirar las cosas y de afrontar los acontecimientos. Su luz deslumbra porque abre el corazón a un más allá. María y José “se admiraban” (Lc 2,33) y “no entendían” (Lc 2,50), porque adoraban y amaban el misterio de Jesús.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida” (Evangelii Gaudium, n.49)