Viernes de Pascua (25 abril 2014, San Marcos)

De Corazón a corazón: Hech 4,1-12 (“No hay otro nombre -Jesús- por el que debamos salvarnos”); Jn 21,1-14 (“Es el Señor… Venid y comed”)

Contemplación, vivencia, misión: La “salvación” es el mismo “Jesús” en persona. Todas las “semillas” salvíficas que Dios ya ha sembrado en corazones y culturas, son “preparación evangélica”, que necesita recibir una nueva gracia para dar el salto a la fe. Pero a Él nada ni nadie le puede suplir como único “Salvador del mundo” (Jn 4,42). Se ha hecho “pan de vida” para todos. A Jesús se le descubre amando y siendo “pan partido” para los hermanos. Entonces nuestros ojos se abren a la luz.

*En el día a día con la Madre de Jesús: La Palabra que, ante la mirada de su Madre, “enmudeció” en la cruz, es ahora “pan de vida”. Y todavía conserva “el sabor de la Virgen Madre” (San Juan de Ávila).

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “El Salvador nació en un pesebre, entre animales, como lo hacían los hijos de los más pobres …A los que estaban cargados de dolor, agobiados de pobreza, les aseguró que Dios los tenía en el centro de su corazón” (Evangelii Gaudium, n.197). Para San Marcos Evangelista, ver Año Litúrgico (Santos)

EVANGELII GAUDIUM, Testigos de Cristo Resucitado, nuestra esperanza

10… Por consiguiente, un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral… «Y ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena Nueva… a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo» (cita EN 80).

31.El obispo… a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo.

86 (no nos dejemos robar)… Mantengan viva la esperanza … A veces el cántaro se convierte en una pesada cruz… el Señor se nos entregó como fuente de agua viva. ¡No nos dejemos robar la esperanza!

96… Nuestra historia de Iglesia, que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana… en el servicio.

108… Es conveniente escuchar a los jóvenes y a los ancianos. Ambos son la esperanza de los pueblos… Los jóvenes nos llaman a despertar y acrecentar la esperanza… nos abren al futuro … 109… Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada. ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!

114.Ser Iglesia es ser Pueblo de Dios, de acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre… Quiere decir anunciar y llevar la salvación de Dios en este mundo nuestro… necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, que den nuevo vigor en el camino.

121… Tu corazón sabe que… eso que te ayuda a vivir y que te da una esperanza, eso es lo que necesitas comunicar a los otros. 125… Pienso en la fe firme de esas madres … que se aferran a un rosario… o en tanta carga de esperanza… para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado.

142… La memoria del pueblo fiel, como la de María, debe quedar rebosante de las maravillas de Dios. Su corazón, esperanzado en la práctica alegre y posible del amor que se le comunicó.

159… Una predicación positiva siempre da esperanza, orienta hacia el futuro, no nos deja encerrados en la negatividad. 181… La verdadera esperanza cristiana, que busca el Reino escatológico, siempre genera historia.

183… La humanidad… con sus anhelos y esperanzasel pensamiento social de la Iglesia… no deja de ser un signo de esperanza que brota del corazón amante de Jesucristo.

265… «El misionero está convencido de que existe ya en las personas y en los pueblos, por la acción del Espíritu, una espera… El entusiasmo por anunciar a Cristo deriva de la convicción de responder a esta esperanza».

271… En nuestra relación con el mundo, se nos invita a dar razón de nuestra esperanza. 275… El hombre no puede vivir sin esperanza: su vida, condenada a la insignificancia, se volvería insoportable … Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza.

278… La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo… Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva!

286… Ella (María) es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia

288… Es el Resucitado quien nos dice, con una potencia que nos llena de inmensa confianza y de firmísima esperanza: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). Con María avanzamos confiados hacia esta promesa.

Jueves de Pascua (24 abril 2014)

De Corazón a corazón: Hech 3,11-26 (“Dios lo resucitó y nosotros somos testigos… Por la fe en su nombre, ha restablecido a este – tullido-”); Lc 24,35-48 (“Jesús se presentó en medio de ellos… La paz sea con vosotros… Soy yo mismo”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús Resucitado comunica la paz definitiva, la paz que sana de verdad los corazones y reconcilia las comunidades. La fe, como adhesión personal y comunitaria a Cristo, sana todas las heridas y repara todas las rupturas. Cuando Jesús está en su puesto, es decir, “en medio” para servir, se caen por su peso todas las máscaras. Entonces se le descubre presente en todos los hermanos.

*En el día a día con la Madre de Jesús: La “paz” que Jesús ofrece es la que los ángeles cantaron en Belén y que María meditó en su corazón (cfr. Lc 1,14.19). Ella es la Reina de la paz, colaborando a que todo se oriente hacia el mensaje de Jesús (cfr. Jn 2,5).

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “En la medida en que un carisma dirija mejor su mirada al corazón del Evangelio, más eclesial será su ejercicio. En la comunión, aunque duela, es donde un carisma se vuelve auténtica y misteriosamente fecundo. Si vive este desafío, la Iglesia puede ser un modelo para la paz en el mundo” (Evangelii Gaudium, n.130)

Miércoles de Pascua (23 abril 2014, S. Jorge)

De Corazón a corazón: Hech 3,1-10 (“No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina”); Lc 24,13-35 (“Quédate con nosotros… Nuestro corazón ardía mientras nos hablaba durante el camino”)

Contemplación, vivencia, misión: Todo es posible para quien tiene a Jesús en el centro del corazón. Purificados de toda escoria, podemos vivir en la paz de Cristo y ser anunciadores y comunicadores de su paz. Esa paz da sentido a la vida y sana todos los desequilibrios. No hay ningún ser humano abandonado por Cristo, puesto que Él se hace encontradizo con todos los que buscan la verdad y el bien. El corazón se serena y se revitaliza cuando, acompañados por Cristo Resucitado, se le deja hablar a Él y se comparte su pan (que es Él mismo) con los hermanos.

*En el día a día con la Madre de Jesús: El Señor quiere encontrar “un corazón bueno” (Lc 8,15) como el suyo (cfr. Mt 11,29) y como el de su Madre, que “meditaba sus palabras en su corazón” (Lc 2,51). Los discípulos de Emaús, superando su propia tristeza, se dejaron sorprender por las palabras de Jesús y le encontraron al “partir el pan”.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “(El predicador) siempre podrá entregar a Jesucristo, diciendo como Pedro: «No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te lo doy» (Hch 3,6). El Señor quiere usarnos como seres vivos, libres y creativos, que se dejan penetrar por su Palabra antes de transmitirla; su mensaje debe pasar realmente a través del predicador, pero no sólo por su razón, sino tomando posesión de todo su ser” (Evangelii Gaudium, n.151).

Martes de Pascua (22 abril 2014)

De Corazón a corazón: Hech 2,36-41 (“A este Jesús que han crucificado, Dios lo ha hecho Señor… Convertíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo”); Jn 20,11-18 (Jesús a Magdalena: “Ve a decir a mis hermanos: subo a mi Padre y a vuestro Padre”)

Contemplación, vivencia, misión: La Magdalena fue la primera en anunciar a los discípulos (los “hermanos”) que Cristo había resucitado. Pedro, después de Pentecostés, fue el primero en anunciar a Cristo Resucitado. Ser testigo de Cristo Resucitado, comporta expresar en la propia vida un cambio que sólo puede realizar Dios Amor. Por esto Pedro tiene la audacia de urgir a “abrirse” (convertirse) al proyecto de Dios para “configurarse” (bautizarse) en Cristo.

*En el día a día con la Madre de Jesús: Pedro, con los demás discípulos y algunas mujeres (entre ellas, la Magdalena), se formaron en el Cenáculo para ser testigos coherentes del Resucitado, “orando en sintonía con la Madre de Jesús” (Hech 1,14).

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: El Concilio Vaticano II presentó la conversión eclesial como la apertura a una permanente reforma de sí por fidelidad a Jesucristo… Hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador; igualmente las buenas estructuras sirven cuando hay una vida que las anima, las sostiene y las juzga” (Evangelii Gaudium, n.26)

Lunes de Pascua (21 abril 20124, S. Anselmo)

De Corazón a corazón: Hech 2,14.22-33 (“A Jesús de Nazaret… Dios lo resucitó y todos nosotros somos testigos”; Mt 28,8-15 (“Jesús salió al encuentro de las mujeres… No temáis; avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”)

Contemplación, vivencia, misión: “Galilea”, para Jesús y sus discípulos, sonaba a raíces muy hondas: Jesús de “Nazaret”, las bodas de Caná, la vocación junto al lago de Genesaret, el seguimiento evangélico en torno a Cafarnaún… Jesús resucitado se hace encontradizo en nuestras circunstancias históricas y culturales, en nuestra realidad concreta, personal y comunitaria. Se hace presente en lo más profundo de nuestra realidad histórica (armónica como presente, pasada y futura), para asumirla como historia propia donde sólo resuene el amor.

*En el día a día con la Madre de Jesús: María de “Nazaret”, con su “sí” en la Anunciación y su “estar de pie junto a la cruz”, es “la mujer”, la Nueva “Eva”, “madre de los vivientes” que participan de la misma vida de Cristo.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “También en esta época la gente prefiere escuchar a los testigos: «tiene sed de autenticidad … Exige a los evangelizadores que le hablen de un Dios a quien ellos conocen y tratan familiarmente como si lo estuvieran viendo» “ (Evangelii Gaudium, n.150, cita EN 76).

PASCUA DE RESURRECCIÓN (20 abril 2014)

De Corazón a corazón: Hech 10,34.37-43 (“Jesús de Nazaret… pasó haciendo el bien… Nosotros somos testigos… Dios lo resucitó al tercer día”); Col 3,1-4 (“Habéis resucitado con Cristo… Vuestra vida está oculta con Cristo en Dios… Cristo es vuestra vida”); Jn 20,1-9 (“El discípulo a quien Jesús amaba… entró en el sepulcro… vio y creyó”)

Contemplación, vivencia, misión: El anuncio de la resurrección de Jesús continúa en la historia humana por medio de sus discípulos (“bautizados”, que viven en Él). Cristiano es quien ha encontrado a Cristo Resucitado, especialmente al escuchar su Palabra y vivir la Eucaristía el “domingo” (“día del Señor resucitado) para ser pan partido entre los hermanos. Para encontrarle en estos signos “pobres”, como en el sepulcro vacío, se necesita la fe del discípulo amado: “Entró,.. vio y creyó”.

*En el día a día con la Madre de Jesús: El discípulo amado “la recibió en su casa” (Jn 19,27), es decir, “en comunión de vida”, en familia. Por esto nos alegramos con ella por la resurrección de Jesús: “Reina del cielo, alégrate… ha resucitado”. Ella sólo se alegra si la dejamos entrar para ayudarnos a creer y resucitar con Cristo.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “Tú, que estuviste plantada ante la cruz con una fe inquebrantable y recibiste el alegre consuelo de la resurrección, recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu para que naciera la Iglesia evangelizadora” (Evangelii Gaudium, final).