Lunes de Pascua (21 abril 20124, S. Anselmo)

De Corazón a corazón: Hech 2,14.22-33 (“A Jesús de Nazaret… Dios lo resucitó y todos nosotros somos testigos”; Mt 28,8-15 (“Jesús salió al encuentro de las mujeres… No temáis; avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”)

Contemplación, vivencia, misión: “Galilea”, para Jesús y sus discípulos, sonaba a raíces muy hondas: Jesús de “Nazaret”, las bodas de Caná, la vocación junto al lago de Genesaret, el seguimiento evangélico en torno a Cafarnaún… Jesús resucitado se hace encontradizo en nuestras circunstancias históricas y culturales, en nuestra realidad concreta, personal y comunitaria. Se hace presente en lo más profundo de nuestra realidad histórica (armónica como presente, pasada y futura), para asumirla como historia propia donde sólo resuene el amor.

*En el día a día con la Madre de Jesús: María de “Nazaret”, con su “sí” en la Anunciación y su “estar de pie junto a la cruz”, es “la mujer”, la Nueva “Eva”, “madre de los vivientes” que participan de la misma vida de Cristo.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “También en esta época la gente prefiere escuchar a los testigos: «tiene sed de autenticidad … Exige a los evangelizadores que le hablen de un Dios a quien ellos conocen y tratan familiarmente como si lo estuvieran viendo» “ (Evangelii Gaudium, n.150, cita EN 76).

PASCUA DE RESURRECCIÓN (20 abril 2014)

De Corazón a corazón: Hech 10,34.37-43 (“Jesús de Nazaret… pasó haciendo el bien… Nosotros somos testigos… Dios lo resucitó al tercer día”); Col 3,1-4 (“Habéis resucitado con Cristo… Vuestra vida está oculta con Cristo en Dios… Cristo es vuestra vida”); Jn 20,1-9 (“El discípulo a quien Jesús amaba… entró en el sepulcro… vio y creyó”)

Contemplación, vivencia, misión: El anuncio de la resurrección de Jesús continúa en la historia humana por medio de sus discípulos (“bautizados”, que viven en Él). Cristiano es quien ha encontrado a Cristo Resucitado, especialmente al escuchar su Palabra y vivir la Eucaristía el “domingo” (“día del Señor resucitado) para ser pan partido entre los hermanos. Para encontrarle en estos signos “pobres”, como en el sepulcro vacío, se necesita la fe del discípulo amado: “Entró,.. vio y creyó”.

*En el día a día con la Madre de Jesús: El discípulo amado “la recibió en su casa” (Jn 19,27), es decir, “en comunión de vida”, en familia. Por esto nos alegramos con ella por la resurrección de Jesús: “Reina del cielo, alégrate… ha resucitado”. Ella sólo se alegra si la dejamos entrar para ayudarnos a creer y resucitar con Cristo.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “Tú, que estuviste plantada ante la cruz con una fe inquebrantable y recibiste el alegre consuelo de la resurrección, recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu para que naciera la Iglesia evangelizadora” (Evangelii Gaudium, final).

VIGILIA PASCUAL (19 abril 2014)

Gen 1,1-2,2; Gn 22,1-18; Ex 14,15-15,1; Is 54,5-14; Is 55,1-11; 2 Ba 3,9-4,4; Ez 36,16-28; Rom 6,3-11; (Año A) Mt 28,1-10.

De Corazón a corazón: Ex 14,15-31.15,1 (paso del mar Rojo); Rom 6,3-11 (“Llevemos una vida nueva… Por el bautismo… consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús”); (Año A): Mt 28,1-10 (“Buscáis al crucificado… No está aquí… Ha resucitado”)

Contemplación, vivencia, misión: La vida hunana o es itinerario de “bautismo” (configuración con Cristo) o no es vida. Hay que dejar atrás mucha chatarra. “Morir” en Cristo equivale a “vivir” como él. Con esta actitud de fe comprometida, los ojos se abren para encontrar a Cristo Resucitado. Propiamente es Él quien se hace encontradizo con todos, pero respeta nuestra libertad.

*Vivir la alegría del Evangelio con la Madre de Jesús: Con María, la fe se concreta en esperanza viva: “Con esta fe, que en la oscuridad del Sábado Santo fue también certeza de la esperanza, te has ido a encontrar con la mañana de Pascua. La alegría de la resurrección ha conmovido tu corazón y te ha unido de modo nuevo a los discípulos, destinados a convertirse en familia de Jesús mediante la fe” (Benedicto XVI, Spe Salvi, 50). Cfr. Evangelii Gaudium, n.285 y oración final.

VIERNES SANTO (18 abril 2014)

De Corazón a corazón: Is 52,13-15.53,1-12 (“Mi Siervo será exaltado… Justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos”); Heb 4,14-16; 5,7-9 ((Jesús… Sumo Sacerdote que penetró el cielo… Por medio de sus propios sufrimientos… llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen”); Jn 18,1-40;19,1-42 (pasión según S. Juan)

Contemplación, vivencia, misión: “Me amó” (Gal 2,20), “nos amó” (Efes 5,2), “amó a la Iglesia” (Efes 5,25), dándose a sí mismo como Sacerdote y Víctima, Buen Pastor, Amigo único y de todas las horas. Su entrega fue total y dolorosa, asumiendo nuestra historia manchada en la suya inmaculada, para hacernos partícipes de su misma vida divina, pura y santa.

*En el día a día con la Madre de Jesús: “Recibiste entonces la palabra: « Mujer, ahí tienes a tu hijo » (Jn 19,26). Desde la cruz recibiste una nueva misión. A partir de la cruz te convertiste en madre de una manera nueva: madre de todos los que quieren creer en tu Hijo Jesús y seguirlo. La espada del dolor traspasó tu corazón… Junto a la cruz, según las palabras de Jesús mismo, te convertiste en madre de los creyentes” (Benedicto XVI, Spes Salvi 50)

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “En ese crucial instante, antes de dar por consumada la obra que el Padre le había encargado, Jesús le dijo a María: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» … Estas palabras de Jesús al borde de la muerte … son más bien una fórmula de revelación que manifiesta el misterio de una especial misión salvífica” (Evangelii Gaudium, n.285)

JUEVES SANTO (17 abril 2014)

(Misa Crismal): Is 61,1-9; Apoc 1,5-8; Lc 4,16-21. Cena del Señor: Ex 12,1-14; 1Co 11,23-26; Jn 13,1-15.

De Corazón a corazón: Ex 12,1-8.11-14 (“Es la Pascua del Señor… La sangre les servirá de señal”); 1Cor 11,23-26 (“Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros… mi sangre… Haced esto en memoria mía”); Jn 13,1-15 (“La hora de pasar de este mundo al Padre… los amó hasta el fin… empezó a lavar los pies a los discípulos… amaos como yo os he amado”)

Contemplación, vivencia, misión: Hoy es mejor "callar", dejándose sorprender y conquistar por el amor de Cristo: lavó los pies a los discípulos, instituyó la Eucaristía y el sacerdocio ministerial, nos dio el mandato nuevo del amor, declaró su amor de amigo que da la vida y pidió amor de retorno. “Aquel mandamiento nuevo que es el primero, el más grande, el que mejor nos identifica como discípulos” (Evangelii Gaudium, n.161).

*En el día a día con la Madre de Jesús: María vivió este acontecimiento, guiada por el Espíritu Santo, en sintonía de Madre, porque en su seno se había formado el "cuerpo" y la "sangre" de "su" Hijo. En su corazón resonó y sigue resonando la oración sacerdotal de Jesús al Padre: "Ellos son mi expresión… los amas como a mí… me inmolo por ellos… yo estoy en ellos" (Jn 17,10-26).

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “La Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaristía, alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana” (Evangelii Gaudium, n.174)

EVANGELII GAUDIUM Eucaristía, memoria evangelizadora

13… Jesús nos deja la Eucaristía como memoria cotidiana de la Iglesia, que nos introduce cada vez más en la Pascua (cf. Lc 22,19). La alegría evangelizadora siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida: es una gracia que necesitamos pedir.

47… La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles. Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia. A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores.

104… . El sacerdocio reservado a los varones, como signo de Cristo Esposo que se entrega en la Eucaristía, es una cuestión que no se pone en discusión, pero puede volverse particularmente conflictiva si se identifica demasiado la potestad sacramental con el poder… Su clave y su eje no son el poder entendido como dominio, sino la potestad de administrar el sacramento de la Eucaristía; de aquí deriva su autoridad, que es siempre un servicio al pueblo.

138… Cuando la predicación se realiza dentro del contexto de la liturgia, se incorpora como parte de la ofrenda que se entrega al Padre y como mediación de la gracia que Cristo derrama en la celebración. Este mismo contexto exige que la predicación oriente a la asamblea, y también al predicador, a una comunión con Cristo en la Eucaristía que transforme la vida.

139… El Espíritu, que inspiró los Evangelios y que actúa en el Pueblo de Dios, inspira también cómo hay que escuchar la fe del pueblo y cómo hay que predicar en cada Eucaristía.

174… La Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaristía, alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana. Ya hemos superado aquella vieja contraposición entre Palabra y Sacramento. La Palabra proclamada, viva y eficaz, prepara la recepción del Sacramento, y en el Sacramento esa Palabra alcanza su máxima eficacia.

262… La Iglesia necesita imperiosamente el pulmón de la oración, y me alegra enormemente que se multipliquen en todas las instituciones eclesiales los grupos de oración, de intercesión, de lectura orante de la Palabra, las adoraciones perpetuas de la Eucaristía.

Miércoles Santo (16 abril 2014)

De Corazón a corazón: Is 50,4-9 (“El Señor abrió mi oído… No retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían”); Mt 26,14-25 ("Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”)

Contemplación, vivencia, misión: Aquella "casa" se llamará "Cenáculo" y va a recordar siempre la última cena (Eucaristía), la apariciones de Cristo resucitado y la preparación para la venida del Espíritu Santo con la Madre de Jesús. Lo importante es celebrar continuamente la "Pascua" con el Señor, su "paso" por la cruz a la resurrección. El camino de Pascua es camino personal y comunitario de "escucha" comprometida de los planes de Dios Amor.

*En el día a día con la Madre de Jesús: La actitud decidida de Jesús se fue fraguando desde niño, en su corazón y en su vida, cuando María y José le enseñaban a memorizar la "shemá": "Escucha, Israel, amarás" (Deut 6,4).

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua” (Evangelii Gaudium, n.6)